Verano nuclear #4: No hay más que esto

foto-Moll-Grec-webEn L’Escala hay muchos niños y viejos. Allá en la Barceloneta uno tiene la feliz posibilidad de topar con la selección brasileña de voleibol femenino sub-22, bamboleando sus veraniegas turgencias a ambos lados de la red. Aquí, sin embargo, solo distingo gentiles ancianas de protésica sonrisa y niñas locales jugando al Uno en las dunas. Oh, y franceses. Un montón de ellos, paseando su gangosez y horterismo nacional por mis playas.
– ¿Quieres otra birra, Kiko? -me dice mi hermano.
– ¿El Papa es católico? -le contesto yo.

Estoy en el Moll Grec con mi bermeja familia. El aspecto de los bañistas mezcla Cocoon y la Familia Trapp: socarrones viejales con prodigioso dinamismo e infantes modositos de pinzable mofletón. Veraneo en L’Escala por lógica y tradición. La lógica: población guiri estable y recluida en guetos (Riells), nula “marcha” o bullanga nocturna. La tradición se la debemos a mi abuelo Josep, que se escaqueaba del servicio militar para liarse aquí con mi abuela. Los nietos vivimos aún según su ley: zampad sardinas, arrearos baños de trascendencia bautismal, leed como locos y no peguéis ni golpe.

En concordancia con mi encarnación urbana, en L’Escala voy siempre al mismo sitio: La Medusa. Enquistado allí cual tenaz verruga podal, leo a Karl Ove Knausgard y Jon Ronson. Contemplo el Golf de Roses. Contemplo a los golfos de mis hijos, galopando con sus rufas guedejas al viento como bravos arietes del Hibernian FC. Engullo burbujeantes bebibles y sesteo como aquejado de tripanosomosis.

– Así que es esto -le espeto a Naranja, la ígnea Maureen O’Hara que robó mi corazón- No hay más en la vida que este goce fugaz y de cercanías. Hay que aprender a saborearlo en su excelsa brevedad, porque es solo esto. Lo demás es propaganda.
– El gintonic de tarde siempre te pone filosófico, cariño -me dice ella.

Cerca del bar, unos fulanos en túnica blanca se sumergen en el agua siguiendo las pautas de algún ritual arcano. Cotilla irredento, voy hasta allí y averiguo que son baptistas. Anhelan renacer limpios de forma fundamental, sólo que en otra vida.
Vuelvo a la mesa con un pasquín empapado.
– ¿Qué es eso, Papá? -me pregunta mi hijo menor, sorbiendo de una Trina.
– Una cosa sobre Dios -le digo.
– ¿Dios es el señor que le hizo la señal en la frente a Harry Potter? -me contesta.
Me carcajeo como un demente. Es solo esto; estos momentos. No hay nada más. Lo demás es mentira.

Kiko Amat

(Artículo publicado previamente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 20 de agosto del 2014. Es la parte 4 de 6)

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