Verano nuclear #6: Hola, mundo cruel

Zulo-webHola, mundo cruel. Las vacaciones han terminado y estoy de vuelta en el zulo. Mi despacho. Mierda. Solo los periquitos pasan tanto tiempo confinados en un espacio así, y ellos al menos cantan. Mi cubil es un lugar precario que, como los Sudetes, puede ser anexionado y rebautizado en cualquier momento por el enemigo. Como “habitación de nuevo bebé”, a lo peor.
– ¿No te gustaría tener una niñita? –me susurra al oído mi mujer, Naranja, poniendo chispeantes ojos de Heidi.
– ¿Qué te dice la ley de Murphy? –le contesto, señalando a mis dos chicos, que están jugando a Karate Kid y arreándose coces- Lo más seguro es que sea otro niño, y también pelirrojo. Vamos a parecer los Weasleys. Y además, ¿no recuerdas? –y me señalo el pito.
Me hice la vasectomía hace dos años, precisamente para disuadirla de tener esta conversación.
– La vasectomía se puede deshacer –me dice ella.
– En teoría sí –contesto yo- En la práctica es un misterio, porque ningún hombre lo ha probado.
Mi mujer se marcha humeando cual tren chu-chú, y yo vuelvo a quedarme solo y abatido. Miren la foto: ¿parezco contento? Hay gente que sueña con ser rapper enjoyado o piloto de helicópteros; yo solo anhelo tener un empleo normal rodeado de gente benigna y locuaz. Y algo borracha, si puede ser.

Pero no va a poder ser: no sé hacer nada más que esto. Lo que están leyendo, vamos. Ya: no es gran cosa, y dificilmente me convertirá en millonario. Mi mujer y yo llevamos algunos días berreándonos el uno al otro por dinero, y esa es la discusión más triste de todo el abanico.
Bueno: quitémonos de encima esta melancolía como si fuese caspa. Llevo demasiados días apesadumbrado. Quizás porque estoy leyendo La llegada del Tercer Reich, que no es como para soplar matasuegras. Hitler era bastante de derechas.
– ¿Vamos a tomar algo tú y yo? –me dice mi mujer, metiendo su cobriza cabeza en mi guarida, y es como el sol que aparece tras los nubarrones en el mapa del tiempo.
– ¡Viva! –le digo yo, apagando el ordenador con el dedo gordo del pie. Estaba viendo un documental sobre The Mekons que me ha devuelto el amor a la humanidad. “The Mekons transformaban su desespero y rabia en humor, sin perder nada de ese desespero y rabia”, dicen en él.
Ese es el truco. Emerjo del zulo y cierro la puerta. Esto se acabó. Kiko Amat

(Artículo publicado en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 10 de septiembre del 2014. Esta es la última entrega de la serie. Espero que lo hayan pasado de rechupete)

Anuncios