La canción del viernes #4: Hurrah! “Sweet sanity”

Siempre me han chiflado Hurrah!, y además no soy un maldito purista. Me chiflan incluso cuando ya eran casi AOR, y de un traspié podían haber acabado como el lechuguinazo Chesney Hawkes (con canciones mucho mejores). Hurrah! hacia esta época (1986) tienen ya un punto casi ridículo (las cazadoras de cuero, las poses, los pantalones rasgados a lo hard times) que es imposible de ignorar. Solo un par de años atrás iban con Rickenbackers y levis blancos y jerséis de cuello alto y tejanas de ante, caramba. El cambiazo fue colosal.

Pero eso, por supuesto, es algo que solo podría importarle a un lánguido esteta. Hurrah! nunca dejaron de hacer las mejores canciones del mundo, y podrían haberse vestidos de lagarterana, de Ronald McDonald o de Limp Bizkit; yo les seguiría amando. “Sweet sanity” me emociona ahora y siempre. Siempre me ha hecho una compañía tremenda. Me gusta no solo su empuje de stadium rock (con cimientos de pop sublime), sino también su espléndida letra.

“Sweet sanity” trata la cordura como algo que viene y va. Es un canto a no desesperar: la locura acabará desapareciendo, y todo volverá a ser normal, a ir bien, a estar en su sitio. Para los que padecemos algún tipo de chifladura (certificada o no), “Sweet sanity” es ciertamente balsámica, un masaje para el alma. Te conmina a apretar los dientes y los puños y a esperar, como si la majadería fuese una contracción de embarazada; algo pasajero, que tiene que hacerse ENORME antes de empezar a decrecer. Pero, ante todo, mucha calma.

Me gusta horrores este pedazo de letra, que les transcribo entera porque me sale de los tegumentos: “Yes, now and all this calamity / That you cause when you’re not here / Stops all thoughts of vanity / About this long and selfish career / And for a second sweet sanity / Did you say / That you’d go around here again / Oh, sweet sanity / Come and free me / From this ball and chain“.

La cordura es, en “Sweet sanity”, como un cartero de certificados importantes. Pasó por casa, pero no estabas, cretino. Ahora, cómo no, solo queda lidiar con la demencia, y tratar de librarnos de nuevo de esta “bola y cadena”.

Bueno, no será la primera vez, ni tampoco la última. Agradecidos, Hurrah!

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