Librecambismo

Periodismo Cuatro libros dan perfiles distintos de Julio Camba (1884-1962), el genial columnista de Villanueva de Arousa, artista del humorismo breve y mordaz observador cotidiano. Incluyendo la etapa de fogoso ácrata y la antirrepublicana.

https://i2.wp.com/image.casadellibro.com/a/l/t0/85/9788415862185.jpgJulio Camba, escritor gallego que publicó desde 1903 a 1962 en Madrid, es uno de los mejores columnistas que ha dado España, precisamente por lo particular de su condición. Camba era un periodista inusual, si nos atenemos a la definición común del oficio. Como sucede con John Fante, uno sospecha que lo que le apetecía a Camba era hablar de sus cosicas, y a la vez comentar su entorno cercano de la manera más subjetiva, autobiográfica e irónica posible. Camba era un cronista de viajes cuestionable, por ejemplo, a pesar de que su reputación nació allí. Una rápida ojeada a sus textos sobre Alemania o Inglaterra dejan claro que Camba al principio no daba pie con bola. “Yo tengo una ignorancia enciclopédica que revela un gran españolismo”, se jactaba en “Yo no soy alemán” (Mis páginas mejores). Si le daba por preguntar algo, Camba no entendía ni jota de lo que le contestaban, fuese aquello Chicago o París. Así que, ni corto ni perezoso, interpretaba lo visto con perspicaz mala fe e imaginación a espuertas. Camba me recuerda a los camareros españoles con los que me topaba en Londres cuando yo vivía allí, emperrados en seguir llamando “guiris” a los ingleses pese a la flagrante inversión de roles que había tenido lugar. Uno se imagina a Camba así: deambulando por Berlín, bajito y regordete y racialmente ibérico, mofándose de los godos en su propia casa porque hablan a ladridos y no saben cocinar los garbanzos.

Y, sin embargo, los atributos de Camba son legión: su prosa mordaz y tronchante, su completa falta de pretensiones (siempre dijo que “toda pompa es fúnebre”), su sagacidad y visión, su estilo grácil y elástico, su aparente capacidad de escribir sobre cualquier cosa y que siempre resultara ameno. Camba era el rey de la columna diaria breve. “He adquirido la facultad de convertir todas las cosas en artículos de periódicos”, diría. Era también un fiero individualista, misántropo ocasional y “aristoácrata” huraño (como Jardiel) que se enemistó con la República no por ser requeté o devoto, sino (se sospecha) por algún desaire institucional.

Mis páginas mejores incluye sus famosos textos anti-republicanos, y algunas de las ideas del Camba adulto suenan hoy retrógradas y mezquinas (no lean “El divorcio” si no quieren que se les atragante). Buscando combatir la visión hostil que, precisamente por aquellas ideas, se tiene de Camba en la España moderna, Pepitas de Calabaza ha realizado una titánica recuperación de sus escritos anarquistas de juventud. ¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno! aúna los textos que escribió entre 1903 y 1907 para diversas publicaciones libertarias, entre las que destaca su propio periódico, El Rebelde. La mayoría de estos trabajos fueron perseguidos sin tregua en la época, y Camba incluso fue a prisión por ellos, prueba de que comulgaba con genuino fervor revolucionario.

La única mácula de esta heroica selección es (¡ay!) precisamente dicho fervor creyente. En muchos de los escritos anarquistas el joven pontevedrés suena solemne y apostólico; serio, en una palabra. El Camba maduro aún no saca su sulfúrica lengua, así que leemos: “el combate nos llama. Hemos nacido para el combate como ha nacido el león para las selvas. Combatiremos, pues. Combatiremos con mayor energía que nunca, desnudo el pecho robusto y erguida al aire la frente soberana”. Buh. Como arenga jacobina está fetén, pero como texto del maestro… Según parece, el imberbe Camba de 1903 aún no había deducido lo de la “pompa fúnebre”.

Hacia 1906 empieza la fractura del predicador anarquista, y en 1907 escribe El destierro (glosa de su exilio bonaerense), uno de sus trabajos insignia. Camba habla aún como ácrata, pero ya emplea su audaz retranca, ya quita hierro a todo, ya se caricaturiza, ya salta al primer plano sin paracaídas (“El público se imaginará que yo soy únicamente el autor de esta novela, pero, en realidad, soy algo bastante más importante: soy el protagonista”). Unan eso a El matrimonio de Restrepo (1924), una mondante égloga novelada del celibato, y a la selección de sus textos de oficio Maneras de ser periodista, y el conjunto les mostrará a Camba en su inmensa grandeza. Con todos sus aciertos y morrones. Kiko Amat

“¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno!”; los escritos de la anarquía
Pepitas de Calabaza, 2014

El destierro y El matrimonio de Restrepo
Prólogo de Ignacio Ruiz Quintano
Ediciones del Viento, 2014

Mis páginas mejores
Prólogo de Manuel Jabois
Pepitas de Calabaza, 2012

Maneras de ser periodista
Edición de Francisco Fuster
Libros del K.O., 2014

(Artículo previamente publicado en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 22 de octubre del 2014)

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