Senior i El Cor Brutal: un escrache con guitarras

seniorLo de Senior a mí me asusta. Me asusta por él, por lo que pueda pasarle, por si aquella gent vienen de matinada a buscarle, le enchufan un saco de cebollas en la cabeza y me lo arrastran a una acequia para darle el paseíllo. Y adiós Senior; porque vamos a llorarle unos cuantos. Senior ha cambiado una pizca, pero no tanto. Siempre fue un compositor de canciones a lo Ovidi, que no temía hablar claro, y si tenía que llamarle “fill de puta” a alguien, pues se lo llamaba y somos arrieros y en el camino nos encontraremos. Y sin embargo, yo a Senior i El Cor Brutal no les había prestado demasiada atención. ¿Cómo les diría? Para mí Wilco son unos caballeros que acompañaron a Billy Bragg una vez, y el alt country… ¿música country de señores altos? Y por ello precisamente no me entretuve demasiado en escuchar a Senior i El Cor Brutal. Grababan en Nashville y Louisville y otros sitios acabados en ville, versionaban a Will Oldham y a M. Ward, en las entrevistas dejaban caer menciones al Zuma. Y llevaban (y llevan) barbas como zarzas y camisas muy tejanas. A él lo vi en un documental y me cayó de aúpa; pero uno no compra discos por lo simpáticos y nobles que sean sus autores.

Pero Senior i El Cor Brutal acaba de entregar el que para mí ya es el mejor disco en catalán del 2014. Me importa un pedo los que vengan tras él; que esperen bajo la lluvia; ya les llamaremos. Senior me ha emocionado, y se lo confieso así a todos ustedes, lectores de Cultura/S. El poder de voler (Malatesta 2014) es un disco político, sin arengas pero lleno de empellones y amagos de puñetazo-en-nariz a los malos. Lo de hacer música politizada ya saben ustedes que es más complicado que pintar una figurilla del caganer con una brocha del 6. Un mínimo desliz y has entregado el panfleto, emborronando todo el tema. Y panfletos sí que no. Recordemos las canciones más izquierdosas y verbosas y “con mensaje” de The Jam o The Style Council. Eran las peores con diferencia, por mucho que nos chifle danzarlas a medianoche (“Imagine if tomorrow the workers went on strike”, bla bla).

Senior no es así. Al igual que sus primos catalanes Samitier, un grupo de visión similar al suyo –recién disueltos hace tan solo un mes, por desgracia- Senior sabe que lo político solo puede explicarse desde lo más personal. Como me dijo un día el escritor Antonio Baños, “yo no sé qué es la libertad, pero sé perfectamente cuándo no me siento libre”. Senior habla de lo que está sucediendo ahora con una visión de cercanías, en primera persona o adoptando voces de personajes, y nos cuenta historias de precariedad y rabia y miedo y testiculos-llenos, sin clichés ni mendacidad ni cinismo (o, insisto, sermón). Sus frases cortan profundo y se quedan largo tiempo: “A que les coses les veus més clares quan t’estan amenaçant?”. “Vos espera una gran greu de ràbia, sorolls i veu / Tranquils, no cal que corregueu”. “El rock’n’roll és un niu de covards / Ningú és queixa, els egos s’alimenten / Mai voràs cap acció exemplar / mentres tinguen les ratlles ben fetes”. “En una cosa estem d’acord: un canó devant del nas / Té més força i més raó / que mil vagues generals”. Lo que yo decía al principio sobre el paseíllo venía por cosas como estas. Senior no va a hacer muchos amiguitos, si continúa diciendo frases así. Su disco es un escrache con guitarras. Amenaza a algunos H de P, avisa (dedo en ristre) que a todo cerdo le llega su proverbial San Martín y, en general, loa a la sublevación popular que está al caer. Y además, esta vez ha puesto el acento musical en Superchunk o Jawbreaker (según declaró para Cultura/S: “¡fuck americana, here comes Chapel Hill!”), no en los de la alternativa country. Más pop-punk vigoroso, menos aires de trigal.

Como el bueno de Bragg, las canciones de Senior están llenas también de amor y compasión. Amor por ellas y por ellos. Novias y colegas. Por “Roselleta” (“Roselleta / dis-me si pot ser, si em puc tombar / En la bodega del teu cor” ) y por “Lapido X” (“Deixa-mos la guitarra, Lapido Xicotet / Per rebentar-li la cara / al fill de puta aquell”). Incluso amor por el enemigo, pardiez. En la última estrofa de “El poder del voler”, mi corte favorito del álbum, Senior parece estar hablando de un viudo deshauciado que decide redirigir su ira hacia arriba en lugar de hacia abajo. Cuando está a punto de colgarse de una viga, cambia de idea. Es la mejor estrofa del disco: “Però la ràbia / ja és més forta que la pena / I se’n va corrent d’allí. / I el director ja no riu / quan veu com entra / i trau el rifle de l’abric”. Sí: es un tipo cosiendo a tiros a su ex-jefe. Y no es precisamente el tipo de letras al que nos tienen acostumbrados Manel o Mishima o Els Amics de les Arts, ¿verdad? Senior es un terrorista del cariño, porque solo los tanques, la sangre y el amor podrán hacernos libres. Senior es lo mejor de por aquí. Un ejército de cuatro. Un combatiente (barbudo) de lo nuestro. Una voz a seguir en la inofensiva bruma del pop en catalán. Muy fans (somos). Kiko Amat

(Artículo publicado previamente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 19 de noviembre del 2014)

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