Bono: el bardo de los poderosos

Bono BushCircula por ahí la historia apócrifa de un concierto de U2 donde Bono interrumpió cierta canción para empezar un lento aplauso de protesta, que culminó con la frase “Cada vez que doy una palmada con mis manos, muere un niño en África”. Dicen que entonces una voz le respondió: “¡Pues deja de hacerlo, gilipollas!”. Bono, como ven, cae gordo incluso a sus fans. Incluso a la hija adolescente de Harry Browne, autor de Bono: en el nombre del poder, que le dijo a papá: “Nadie le soporta, y (lo de los impuestos) nos da un motivo para sentirnos como nos sentíamos”. Incluso a mí -que no odio a nadie en esta buena tierra- me cae fatal, y todo (no crean) por razones extramusicales. Browne ha reunido aquí varias de esas razones y ha añadido con celo periodístico unas cuantas decenas más, todo para nuestro acusador solaz.

Está (tomen nota) su papel de “bardo de los poderosos” y “rostro solícito de la tecnocracia mundial”. Su “imitación plausible de un activista”. Su “sentimiento desproporcionado de la propia rectitud”. La impenetrabilidad de sus negocios, una “tela de araña” de sociedades opacas que impiden descubrir su fortuna real. Su notoria mudanza fiscal a los Países Bajos, tras décadas de escapismo tributario. Su opinión del conflicto en Irlanda del Norte, “una pseudoneutralidad que es esencialmente respaldo del statu quo” (la original primera estrofa de “Sunday Bloody Sunday” era “No me hables de los derechos del IRA”). Su respaldo incondicional a Tony Blair y George W. Bush, que, junto a otros insalubres como Jeffrey Sachs o Jesse Helms, conforman un insuperable club de villanos. Su apoyo también incondicional a la “guerra contra el terror” y la invasión de Iraq. Su utilización de África “como material de propaganda para fines comerciales” (vender bolsos de Louis Vuitton, por ejemplo). Su editorial de enero del 2010 para The New York Times que finalizaba con la espeluznante frase “Confiad en el capitalismo”. Su campaña RED, ejemplo obsceno de “blanqueo de la responsabilidad social corporativa”. Lo de Live Aid (Frank Zappa lo llamó “el mayor proyecto de blanqueo de dinero de cocaína de todos los tiempos”), lo de “Do They Know It’s Christmas Time?” (“una de las canciones más absurdamente paternalistas en la historia del sentimiento paternalista”), lo de Live 8 (patrocinada, entre otros, por BAE Systems, uno de los mayores fabricantes de armas del Reino Unido), sus milongas de “alivio de la deuda” (que en letra pequeña obligaban a los países liberados a permitir la “privatización de sus servicios públicos”) y lucha contra el Sida (cuyo programa, dictado por la derecha cristiana, incluía fomento de la “abstinencia sexual” y “restricciones estrictas sobre el uso de preservativos”).

Es este libro un juicio en toda regla, y Bono no sale bien parado de él. Después de treinta años “amplificando el discurso de la élite, promoviendo soluciones ineficaces, defendiendo de forma paternalista a los pobres y besando el culo de los poderosos”, además de defendiendo esa mezcla de “actividad misionera tradicional y colonialismo comercial”, es imposible no ver al líder de U2 como un problema, en lugar de una solución. ¿With or without you? Definitivamente without you, Bono.

Kiko Amat

Bono: en el nombre del poder
Harry Browne
Sexto Piso
Trad. María Tabuyo y Agustín López
288 págs.

(Artículo inédito)

Anuncios