Chap chap es una tómbola

IMG-20150528-WA0001Tras comprobar que la reacción automática de muchos amigos y lectores después de adquirir un ejemplar de Chap chap era hacerse de inmediato un selfiazo con él (con índices variables de gansada), junto a Blackie maquinamos la posibilidad de crear un concurso de fotos Chap Chap.

Ese concurso ya está aireándose en el FB de Blackie Books, y al poco de publicarse ya había un señor elegante con porrón (y Chap Chap), una señora horizontal en calcetines (y Chap chap), un espléndido bodegón de florero + Chap chap y un envidiable desayuno de campeones con Chap chap.

Me pregunto cuándo empezarán a aparecer los retratos de Chap chap con diversos ejemplares de colgante genitalia masculina (enviados, sin duda, desde mi pueblo natal).

Manden sin dilación sus mejores instantáneas a Blackie Books o Bendito Atraso.

 

Kiko Amat vs. Kiko Amat: presentaciones de CHAP CHAP en MAD y BCN

Algunas cosas se explican a sí mismas.

2 fechas 2 de presentación de CHAP CHAP, en Barcelona (4 de junio) y en Madrid (5 de junio). Miren el (jocoso) cartel. A ese pájaro locatis le presentan ANTONIO BAÑOS (BCN) y MANUEL JABOIS (MAD).

PRES_chapchap_old_pq

Cosas que hacen BUM es un grupo de música pop

Cosas que hacen BUM era una novela, luego fue esa misma novela en edición de bolsillo, algo más tarde (hace dos días) fue la remaldita misma novela, pero en fgancés, y ahora es un grupo pop de Granada.

Aquí abajo está el disco, por si no me creen, y aquí está su perfil de FB, para que vean que no me lo acabo de inventar. Y para colmo molan.

Chuparos esa, escritores-sin-grupo-pop-con-nombre-de-novela-vuestra. Chincha y rabia.

2015-05-27 10.00.55

I am a tree: otra playlist de Kiko Amat

I am a tree / Counting the rings will do no good / I won’t live long / But I would be with you if I could“. Ese es el mensaje y estos son los discarros que Kiko Amat pinchó el sábado 23 de mayo en Heliogàbal, con ocasión del homenaje al Primera Persona 2015. Pueden escuchar la sesión en esta extraordinaria lista de Playmoss, titulada I am a tree… Y pueden hacer el nerdote resiguiendo con el dedo y tomando notas en la lista que sigue un poco más abajo.

Notarán dos diferencias, ocasionadas por la no disponibilidad de 2 canciones en You Tube. Una simplemente desaparece (“Spillane”, de Islandia Nunca Quema) y otra ha sido sustituida por una canción distinta a la pinchada (“First blood” de Jazzateers).

Lo demás es la pera. Todo 7″ y 12″. Escuchen y báilense un madison a su compás.

TV21 Waiting for the drop
THE CLAIM Plastic grip
THE FLYS We don’t mind the rave
RESTRICTED CODE First night on
THE CROOKS Me and my friends
BEAT HAPPENING Sea hunt
BIJOU Je me demande
EATER Lock it up
MARK ERIC I’d like to talk to you
JAZZATEERS First blood
MINUTEMEN History lesson pt.II
THE DONKEYS No way
LES CALAMITÉS Toutes les nuits
ADVERTISING Ich liebe dich
ISLANDIA NUNCA QUEMA Spillane
NEWTOWN NEUROTICS Suzi was a heartbreaker
THE BUSINESS Get out while you can
JAWBREAKER Boxcar
AINA Two questions
SEAM Get higher
THE BRILLIANT CORNERS Why do you have to go out with him when you could go out with me
RUDI When I was dead
THE KICK Armchair politician
DEXY’S MIDNIGHT RUNNERS Keep it pt.2 (Inferiority Pt. One)
THE HOUSEMARTINS Five get over excited
GUIDED BY VOICES I am a tree

El vermut de Kiko Amat #12: Juan Pablo Villalobos

Sé que lo estaban echando de menos. Por allá viene la doceava entrega del vermut de Kiko “Mad dog” Amat para Gent Normal, esta vez dedicada al extraordinario novelista mexicano Juan Pablo Villalobos, autor de algunas de las novelas más celebradas en esta casa durante los últimos diez años.

Ahí les pueden ver a ambos haciendo el payaso en la puerta del Bar Canigó. Bueno, solo uno está haciendo el payaso; salta a la vista.

La entrevista toca variados palos: visión pueblerina del mundo, padres encabronados, el humor como rebelión, metaliteratura de mentira, posicionamiento anti-solemne, la tradición de “echar carrilla” y cómo plantar cara a los “genocidios de la extravagancia”. Y qué guapante que te pongan al lado de Vonnegut en las librerías, ¿que no?

Incluye un avistamiento de ex-novia pleistocénica a la que creíamos fallecida o en un programa de protección de testigos, y que había protagonizado un pasado Saltos del Tiempo aquí, de Bendito Atraso. Mundo pequeño, este.

Parricidio frustrado en París (una crónica para Playground)

La típica broma que solo le hace gracia a uno mismo: Próxima parada, estación de SIMPLÓN

La típica broma que solo le hace gracia a uno mismo: Próxima parada, estación de SIMPLÓN

Vean en esta extraordinaria crónica para Playground cómo Kiko Amat, su escritor itinerante predilecto, está a un tris de lanzar ambos hijos al Sena y encerrar a su esposa en alguna mazmorra parisién, pero al final se apacigua y se lo toma a guasa, y repara en que es el único mastuerzo con cara de Predator tras haberse endiñado un cate al dedo pequeño del pie contra la chaise longue, y entonces se anima y DIVIERTE, y la cosa incluso termina bien (contra todo pronóstico), como en una peliculita ligera de Frank Capra.

Incluye: Dodos, dinos, niños pelirrojos con apariencia de tajas irlandeses, mujeres enloquecidas por el amor maternofilial y la galofilia, jeune chats despanzurrados en formol, cedés aterradores de Jamiroquai, chopped glorificado, reflexiones insospechadas sobre la organización social de la Grecia clásica, lluvia, lluvia, algo más de lluvia, “vin noir” (whatever that is) y un rumano que me ofreció una puta CACATÚA.

Y en medio de todo ello, la unidad de medida de este mundo: Yo. Ese pobre imbécil.

Lean y disfruten y santígüense. ¡Podría sucederle a usted!

Los 10 discos que hicieron a NUEVA VULCANO

IMG_1870En 1995 yo empecé a seguir a Aina, y solo paré cuando ellos pararon (se lo he contado muchas veces, lectores). Tras Aina vino Nueva Vulcano (Artur, Wences, Albert), en el 2004, a quienes volví a seguir del mismo modo: con fidelidad, fanatismo y este-es-mi-grupo, aprendiéndome todas las canciones y luciendo sus camisetas en cualquier sesión fotográfica que me hiciesen (esto también lo conté en otra ocasión). Nueva Vulcano es mi grupo favorito del país, no hay más que hablar, y las razones las he expuesto en tantos lugares que pierdo la cuenta ya. Sé que lo hice en el Vermut que celebro periódicamente para Gent Normal, y que tuvo como invitado en febrero del 2014 a Artur Estrada. Está todo allí.
Aquí en Bendito Atraso me dispongo a agarrarles desde otro perfil, aprovechando el lanzamiento de su colosal último disco, Novelería (Bcore 2014). Los 10 discos que hicieron a la banda son el trampolín que usaremos para conversar sobre todas las cosas que importan: amistad inquebrantable, nombres propios, el problema con Led Zep, canciones sobre follar, las cintas de la furgoneta y lo ultra-molantes que eran Jawbreaker. Y Seam. Y los demás discos que nos pirran. Y (¡atención geeks!) alguna indicación técnica sobre producción de discos. Y varios momentos de notable hilaridad.
1) SEAM The Problem With Me (Touch & Go, 1993)
ARTUR: Este y el Are You Driving Me Crazy? son los que más escuchamos. Los títulos siempre eran muy buenos. Es el tipo de sonido que, al formar Nueva Vulcano, teníamos claro que queríamos. Aunque ellos fuesen cuatro y nosotros tres. Wences empezó a tocar el bajo (en sus grupos anteriores tocaba la guitarra) y Seam fue una influencia brutal en él. El peso que tiene el bajo en nuestra música, la forma en que las guitarras repiten lo mismo pero las notas las marca el bajo de Wences… Eso es totalmente Seam.
WENCES: En el momento que hablamos de referencias para NV, y cuando empezamos a hablar de voces, siempre salían Seam. Aina también los tenían de referencia, pero no tan en primer plano como nosotros.
ALBERT: “Sobremesa”, que solo salió en single, es nuestra canción más obviamente Seam. Su punteo melancólico siempre está allí.
ARTUR: Lo suyo siempre fue mucho más lento que lo nuestro, más “susurrao”, menos rock. Pero sí tenemos el rollo ese de catarsis, de aguantar hasta que aprietas los pedales y entonces todo peta. Nuestra primera canción del Principal Primera, “Síndrome de Estocolmo” (también “Segundas residencias”, ahora que lo pienso), es muy Seam.
ALBERT: Pero en la nuestra hay un Wah-Wah. Esto no sé si lo utilizaban los Seam, ni tampoco si te interesa, Kiko [risas generales].
ARTUR: El único Wah-Wah que Santi García ha grabado en su puta vida [más risas]. Se buscaba un efecto de gato enfadado que creo que el Wah-Wah no lo proporcionó. Nunca se me ha dado bien esto de los pedales. En cuanto a letras, los Seam utilizaban temática sentimental poco floreada que quizás haya sido también una influencia en lo que escribo. Yo hablé una vez con el cantante de Seam, y una cosa que me gustó mucho fue que a lo largo de toda la conversación (que duró media hora) tuvo un vaso de cerveza en una mano y uno de vino en la otra. Todo el rato [ríe y no puede parar de reír].
2) JAWBREAKER 24 Hour Revenge Therapy (Tupelo Recording Co., 1994)
ALBERT: Yo no los había escuchado aún cuando nos conocimos, y fue una de las primeras cosas que me pasó Artur. En aquel momento nos íbamos pasando cosas que nunca escuchamos juntos pero que iban haciendo una idea común. 24 Hour… es el favorito común.
ARTUR: Jawbreaker es el grupo que más ha influenciado a Nueva Vulcano. Tal cual. Lo que pasa es que ya lo traíamos de antes, y no sabíamos si incluirlos en esta charla; habíamos planeado ser más originales. Pero fueron nuestra mayor influencia. Un trío, y esas letras… En mi forma de escribir me fijé muchísimo en Jawbreaker. Lo de hablar de amigos y eso; es clarísimamente Jawbreaker. En el nuevo disco, donde me he pasado nombrando sitios reales y gente, se ve la influencia de la banda. Su forma de hablar de algo muy concreto. Como en “Do you still hate me”: tengo una foto tuya y mía de aquel día en Brooklyn, llovía… Cuando dices el sitio concreto añades un plus de emoción. Y los nombres propios.
Ya os dije que podríais alquilar espacio en las canciones. 50 euros cada vez que salga el nombre de un fulano. “Y por allí pasaba Kiko Amat, la la”.
ARTUR [carcajada]: Sería la manera de salir de nuestro agujero, sin duda. Y con Jawbreaker luego está el sonido: hacer punk y rock y querer sonar fuerte, pero tener a la vez una forma de intentar hacer buenas canciones.
WENCES: Mucha gente se queja de que toco el bajo como si fuese una guitarra, pero eso me viene de todos esos grupos. Ellos lo hacían así. Más allá de si Jawbreaker, Samiam o quien sea nos influenciaba, lo que sucede es que también llevas muchos años tocando un instrumento, y las cosas ya te salen de una forma. Nunca hemos pensado en hacer una canción al estilo de Superchunk. De eso te das cuenta a posteriori. Está demasiado integrado en lo que somos.
ALBERT: Jawbreaker y Superchunk están tan integrados en lo que hacemos y somos que ni percibimos la influencia. Vamos, ni siquiera los habíamos traído aquí. Son omnipresentes. Siempre hemos pensado en ellos.
ARTUR: Cuando una melodía te recuerda a alguno de estos dos, ya pensamos: por aquí vamos bien. Es como una unidad de medida.
Jawbreaker se os parecen también en que tienen un disco un poco experimental, otro muy rock, otro muy pop…
ARTUR: Eso es verdad. En Bivouac trataron de encontrar un sonido algo más Soulside, más ruidazo, y nosotros hicimos lo mismo en Juego entrópico. En Los Peces de colores buscamos algo más punk rock. A Jawbreaker llegamos (Pau Santesmasses seguro que me corregiría ahora) en la época de Aina, a través de las listas de agradecimientos de la escena, que en aquella época era una forma clásica de descubrir grupos. Green Day debió venir antes. Y Bad Religion. Fuel, Green Day y Jawbreaker andaban mucho de la mano. Y los Cringer aquellos, Monsula… Tocaban juntos los unos en casas de los otros, en Berkeley, y fotocopiaban cartelitos.
IMG_19303) STEPHEN MALKMUS S/T (Matador, 2001)
ARTUR: Este lo hemos incluido para que no pareciese que todos los gustos que nos gustan ya se han disuelto. Este es contemporáneo, pero nosotros ya veníamos de escuchar a Pavement. Yo he visto en directo a Pavement. De tripi [sonríe]. Junto a Shudder To Think y no sé quién más. En Razzmatazz 1. Para mí es de los 5 grupos clave de toda mi vida. Y “El mirlo” es nuestra canción más Pavement. El tempo relajado, cambios de nota, catarsis final pedalera con algo de noise…
ALBERT: Malkmus nos da la libertad para hacer las canciones con menos estructura. Sin improvisar, porque nunca improvisamos, pero realizar las cosas con algo más de flow. Me da la sensación de que mucho de lo que hace le sale por casualidad, luego lo analiza y lo acaba cuadrando. Eso creo que se nos nota: estamos más dejados ir, más relajados… Él tiene un rollo en directo que puede resultar confuso si no eres muy fan, porque hace muchas bobadas. Musicalmente parece que pasen demasiadas cosas a la vez, pero él siempre lo clava y todo encaja al final.
ARTUR: Siempre parece que haya bebido demasiado. La última vez que le vi no sabía como poner el pie del micro. Cae, tropieza, se le cae un ampli… Resulta incomprensible, con la de conciertos que ha hecho. Pero no va borracho. Creo que en lo suyo hay un componente de show.
ALBERT: Siempre parece estar luchando contra los elementos. Hay algo de show, sí, pero siempre es él. Yo tengo todos los elepés de Malkmus. Nunca he comprado mucho en Insound (pequeña cuña publicitaria), pero mi primer pedido fue: Ted Leo, Le Tigre y Anti-Pop Consortium. Y el de Malkmus. Para que veas el berenjenal [ríe]. Todos me encantan.
ARTUR: Malkmus tiene ese punto pasota de la Costa Oeste, de dejar que la canción vaya haciendo, sin imponerle demasiados corsés. En esta gira hemos escuchado mucho este álbum; es muy agradable de escuchar. Pero no nos va a dar por hacer solos de guitarra, como a él.
Es que todos los grupos de indie americano son fans de Led Zep y de Black Sabbath, cosa que a vosotros no os sucede.
[largo silencio azorado con estallido de carcajadas final]
ALBERT: Sí que somos fans de Led Zep. Pero no por los solos. Es lo que escuchabas de niño, qué quieres.
4) CHAVEZ Better Days Will Haunt You (Matador, 2006)
ALBERT: Es un pseudo-grupo de heavy math elegante. Grabaron dos discos y se separaron.
WENCES: Es ese tipo de música que parece desestructurada, entre lo melódico y cerebral. Con un grado de experimentación, pero con la melodía por delante. Pese al follón de detrás.
ARTUR: Lo suyo de hacer un rollo de “rock de estadios” en broma… Eso es Nueva total. Lo de hacer una cosa como épica, como de The Who de los setenta, pero en lo-fi. En sala pequeña. Como de coña. “Break up your band” era el primer single. Su videoclip es como una mofa de lo famosos que son, llegando a un estadio, todo fake. Y su rollo es de flipaos, pero de fliparse ellos. Nosotros lo tenemos mucho: fliparte en el local, pero luego ver la realidad. Técnicamente eran perfectos, pero no pretendían salir del underground.
5) PEDRO THE LION Control (Jade Tree, 2002)
ALBERT: Todas las baterías del Principal Primera vienen de este disco. Todas.
ARTUR: Viene de la época en que nos juntamos como banda. El baterista, el sonido… El concepto de grupo es una gran influencia. Y en cuanto a letras, hay mucha supra-realidad, y lo de la hipocresía americana, los matrimonios, las familias, la dentadura perfecta… Hay mucha crítica del mainstream.
WENCES: Nos gusta que sus discos sean dinámicos. Que ahora te venga una tranquila que es flipante, y que de repente te aparezca “Rapture”, que es el hit pop clarísimo.
Mi canción favorita sobre follar. Y esa tronchante primera frase: “This is how we multiply / Pity that it’s not my wife”.
ARTUR: Sí, tiene también un deje religioso que es muy fuerte. [Empieza a citar de memoria] “Jesus and the angels singing Hallelujah / Calling me to enter the promised land” [ríe].
ALBERT: Piensa que es del 2002, el año en que nosotros empezamos a tocar. En el Principal Primera hay mil referencias de sonido a Pedro The Lion. Incluso se lo llevamos a Santi García [productor de todos los elepés de Nueva Vulcano] como modelo de cómo queríamos sonar.
ARTUR: Ahora ya no lo hacemos. En Novelería es la primera vez que planeamos la producción. Lo de querer grabarlo en directo, por ejemplo. Veníamos del anterior, Los peces de colores, cuyo sonido estaba bastante manipulado.
ALBERT: Novelería es el sonido que venimos persiguiendo desde el 2004, sin conseguirlo. Ni Santi estaba preparado, ni nosotros sabíamos qué queríamos. Si escuchas las baterías de Control, se parecen mucho a las de Novelería. Pero esto ya lo queríamos en el 2002, cuando escuchamos este disco. No sabíamos cómo se hacía. Íbamos probando distintos métodos, y Santi estaba empezando a grabar discos. Los dos hemos aprendido, al fin.
ARTUR: Hay una sensación de haber grabado el disco que siempre quisimos grabar. También en cuanto a espacio. Para Los peces de colores fuimos a aquel caserío del País Vasco creyendo que era la panacea, y que el sonido de batería en habitación (a lo Led Zep) [sonríe] lo hallaríamos allí, y no fue así.
ALBERT: Santi quería hacer un disco más pop, que a Artur se le escuchara… Pero no sonaba a nosotros.
WENCES: Ahora sí. Piensa que para un productor, nuestro sonido tienta a probar algo en plan Foo Fighters, demasiado limpio y ampuloso. Nuestro disco ahora suena como si estuviésemos en la habitación. Tuvimos que encontrar el equilibrio entre una producción bonita y bien hecha que no sonara presuntuosa.
ARTUR: Como en un concierto, pero que se entienda.
IMG_19156) GUIDED BY VOICES Surgical Focus (7″ TVT, 1999)
ARTUR: Esto representa un antes y después. Los GBV van muy bien para un grupo joven, porque rebajan las expectativas técnicas. Creo que nosotros escuchamos música muy madura demasiado temprano. Jawbox, Girls Against Boys, Fugazi… Joder. Tocaban de la hostia, y todo era perfecto. Algunos incluso iban a clases de canto, lo decían en entrevistas [ríe]. Mierda, ¿ahora voy a tener que ir a clases de canto? Y los GBV tienen la virtud de hacer canciones estupendas siendo bastante lerdos. Y de pueblo. Nosotros, al contrario de lo que suele gustarle mucho a la gente (que es la parte lo-fi), con GBV nos decantamos por la parte de la mitad de su carrera. Do the collapse es el álbum que escogeríamos.
ALBERT: Más a lo Weezer. Cuando es mucho más pop. Pero pueden hacer muchos tipos de canciones. Tienen muchos registros. Pueden hacer un super-hit como nuestro “Te debo un baile”, que en su caso sería el “Glad girls”. O de repente te hacen cosas más oscuras, pero sin caer en lo raro, con mucha naturalidad.
ARTUR: Y que si haces una canción, piensas que ya harás otra. No hace falta darle más vueltas a la que has hecho. La pones en un single, y allí se queda. Ya haremos más. Esa es una intención clara de la banda. Nosotros hemos intentado relegar “Mano izquierda” y “Predominio”, pero no nos ha salido muy bien. Y también separarlas. Pero nada: siguen yendo juntas. Y él, por cierto, es el artista más prolífico de la historia.
ALBERT: Porque no tiene criba de ningún tipo, también.
ARTUR: Y encima es artista. Tengo un libro suyo, y tiene un montón de obra. Y todo eso lo hace mamado, y con hijos…
7) SWERVEDRIVER Raise (Creation, 1991)
ARTUR: Decías que poca gente los recuerda, pero te sorprendería lo contrario. A veces los ponemos en Heliogàbal y siempre viene alguien a celebrar al grupo. Esta es la música que en nuestra juventud le podías grabar a una chica, y que le gustara. Y en cuanto a cantar, ellos enterraban mucho la voz, el sonido era algo fumeta. Pero había mucho hit.
ALBERT: En Nueva hablamos mucho del concepto “cielo abierto”. Que también tenían Chavez. Te lo cuenta Wences.
WENCES: “Cielo abierto” es el trozo de la canción en que todo toma un tono melódico, más abierto, pronunciado a bocajarro, de un modo entre contundente y muy melódico. Lo tienen todos los grupos que decíamos antes, GBV, Chavez, Pavement, Pedro The Lion…
ARTUR: Es el momento de la canción donde todo se soluciona.
WENCES: Y justifica que luego puedas andar distorsionando un rato. Eso es puro Swervedriver. Nosotros de adolescentes íbamos a buscar este sonido: bajo contundente, para empezar. Es lo que siempre hemos mamado.
ARTUR: Guitarras con acordes que no entiendes (acordes raros) pero un bajo que lleva el peso de melodía de la canción. Estos eran ingleses, como My Bloody Valentine. ¿A quién podía no gustarle todo eso? Y por añadidura siempre era muy baratico [risas].
En el Music & Video Exchange de Notting Hill sabes que estarán siempre por 6 libras, porque todo el mundo pasa de ellos. Los maxis a 3. ¡Me los quitan de las manos!
ALBERT [ríe]: Es que debían hacer millones de copias de esto.
ARTUR: Son los grupos que tocaban en Reading a las 6 de la tarde. Como Mega City Four.
8) KURT VILE Walking on a Pretty Daze (Matador, 2013)
ALBERT: Rabiosa actualidad. Un tipo a quien deben gustarle un montón Led Zeppelin [ríe]
Humm. A Kurt Vile me da a mí que le gustan mucho…
ALBERT: Los porros [risas]
No, hombre. Dire Straits [carcajada de incredulidad general] Lo digo muy en serio. Escuchad el disco, leches. Es puro “Romeo and Juliet”.
ALBERT: Sea como sea, lo lleva a su terreno y lo sabe aprovechar.
ARTUR: Creo que esta manera de tocar la guitarra a lo Mark Knopfler, como dices, ha vuelto. Lo ves en Kurt Vile y en Mac Demarco; tienen ese sonido como con chorus, ochentesco, algo hortera, y como ellos van de ese rollo nerdecillo han conseguido que resulte cool. Cuando hace dos días era algo defenestrado. Lo importante de Kurt Vile de cara a Nueva Vulcano es que ha ralentizado el tempo de la mitad de canciones de Novelería. Que originalmente parecían de Suicidal Tendencies, por culpa de Wences, y mía también. Albert trajo a Kurt Vile y nos calmó.
ALBERT: Si no fuera por esto, “El mirlo” sería hardcore melódico.
Bueno, pero no llegáis a su relajo. Este tío está muy relajado. Vosotros os habéis sentado, pero Kurt Vile ya está en la tumbona.
ALBERT: Relajado está, eso es innegable. Pero ha sido fundamental para nosotros. También desde el punto de vista de conductor de furgoneta. Este disco ha sonado mucho de gira.
ARTUR: Yo lo odié hasta que lo escuché. Lo odiaba porque me había arrebatado el tempo de mi propio grupo, y porque al principio me sonaba al Lou Reed chungo. Pero luego me cautivó [sonríe]. Es un pedazo de disco.
Lo de la cinta de la furgoneta es una elección primordial. Esas cintas siempre acaban (por puro machaque) influenciando el sonido de un grupo. Espero que no empecéis a poner Sun Ra, o algo así.
ALBERT: No te preocupes. Malkmus sí sonó mucho durante mucho tiempo.
ARTUR: También Tinariwen.
ALBERT: Tinariwen es una cosa que nos ha unido mucho. Nos apuntamos al festival Cruïlles casi solo porque tocaban ellos.
ARTUR: Exigimos a los organizadores que nos pusiesen el mismo día que ellos. Eso condicionó completamente nuestro horario, claro. Tocamos a cierta hora para poder ver a Tinariwen. Es lo que tiene fumarse unos Ducados con el organizador del festival, Pablito, que es amigo nuestro. Por cierto, que la palabra “Ducados” aparece en el nuevo disco, y la puse solo por él. Para que se riese el Pablito. Solo para eso [ríe].
IMG_18959) TALKING HEADS More Songs about Buildings and Food (Sire, 1978)
ALBERT: En Juego entrópico nos dio mucho por las congas y esas percusiones de Talking Heads. Intentamos replicarlo a nuestra manera. Como en “Solamente un fuego”, que es muy tamborilera. Canciones épicas pero con raíces africanas, que nosotros sacamos de Talking Heads.
Un inciso: noto un fraseo distinto en “Hemos hecho cosas”, por ejemplo, que a mí me suena más a nueva ola española chulapona, o a Nacha Pop (a quienes versionabais al principio de todo, por cierto).
ARTUR: Ya. Ese fraseo a mí me viene por Chris Leo. Era como un ejercicio para escribir distinto sin estar condicionado por la melodía. Era esa una historia con cierta chicha, y quise comprobar si era más fácil cantarla así. Pensé que encontraría un filón. Luego vi que todo tiene sus dificultades. Pero les sorprendió a todos; a Santi també. Los Obits también utilizan un poco esa forma de cantar, casi atonal, que es como ir repitiendo todo el rato la misma nota.
ALBERT: “Hasta la boya y volver” no es tan popera, pero también tiene ese recitado en medio. Me parece que nos abrimos a un camino que mola.
WENCES: En grupos como nosotros, que tocamos siempre los mismos instrumentos de un modo similar, se agarra cualquier oportunidad de probar algo nuevo. En este caso fue el cantar.
Se ha perdido del todo la ligera abstracción de Nueva Vulcano al principio. Yo celebro que ahora todas las letras hablen de algo concreto, y cuenten una historia. Las canciones que van de algo son mayoría ahora.
WENCES: A mí me gusta que en base a una anécdota de un caso particular, como lo de Rita [hija de Artur] viendo un esqueleto de animal en medio del bosque, Artur tira de ello y hace una canción, y le permite hablar de otras cosas.
ARTUR: En “80% agua”, y en general todas las veces que se mencionan nombres propios, no es porque encaje bien, o porque rime. Cuando sucedió lo del esqueleto del animal no pensé que haría una canción sobre ello. Pero nos miramos con Uri Amat, y él por la noche hizo aquel comentario: que había sido muy fuerte ver el esqueleto ahí, tan perfecto, como si fuese un dinosaurio de museo de Zoología, cada puto hueso en su sitio. Lo primero que pensé es: ¿Dónde coño estamos del mundo, si nadie ha pasado por este camino nunca? Y luego pensé en cómo narices explicárselo a una niña de dos años que te lo pregunta. Pero citar nombres propios cumple la función de dar las gracias a la gente que ha estado allí, que te ha subrayado una experiencia. Todos nosotros nos hemos autoeducado, ya lo sabes, nos hemos enseñado entre todos, los unos a los otros. Esto es una forma de agradecer esa educación. El caso de “Cristina Guindas” también es evidente: ¿Cuántas veces hemos ido por ahí de fiesta y ella estaba tras la barra, trabajando? ¿Has probado a hacer un mojito alguna vez? Es bastante jodido. Imagina hacer cientos.
WENCES: Esos nombres humanizan la historia.
Convierten algo en Historia, también. Con mayúscula. Como decían Minutemen: “los nombres propios serán la prueba de que eso sucedió”.
ALBERT: Creo que eso es algo bastante original que tienen las letras de Artur. No sé si hay tanta gente en España haciéndolo. Artur no cae en la cotidianidad costumbrista, ni tampoco está en un punto abstracto. Luego está que la gente pilla las letras como quiere, a su antojo, y crea sus historias.
WENCES: Ese equilibrio es difícil: explicar una cosa explícita, pero que no sea tan explícita para que no puedas hacerla tuya. Creo que Artur consigue ese equilibrio.
Otra cosa difícil es el uso de lo vernacular: “cumple”, “careto”, etc. En Novelería funciona, pero es el típico recurso que si te pasas te vas a Los Suaves. O a Emilio Aragón.
ALBERT [ríe]: Yo siempre dije que con esas palabras podríamos ir al Viña Rock.
ARTUR: Vale la pena probarlo. Igual hay algo de influencia de los Guided By Voices, en el sentido de no buscar la perfección. No quiero hacer letras en plan Joan Manel Serrat. La perfección y la excelencia no nos quitan el sueño. Es darle un toque de familiaridad a la letra, quitarle el drama y lo solemne. La primera vez que lo escuchas piensas que es raruno. Luego suele gustar. Una de mis canciones favoritas es “Mogollón”.
Los grupos ya no usan nunca en la composición de los álbumes aquel par de clásicos: la instrumental y la balada. Eso me apena.
ARTUR: La lenta. Claro. En el nuevo sería “Rabindranath”, antes fue “Esto no es París”. “Segundas residencias” también era medio baladón.
Lo que siempre hacéis es alguna canción política, pero de forma velada, nada panfleto. En Novelería sería “Antes de las infraestructuras”, imagino.
ARTUR: Sí. “Antes de las infraestructuras” es nuestra copia del “Camps” de vàlius [sonríe].
10) THE SEA AND CAKE Everybody (Thrill Jockey, 2007)
ALBERT: De ellos cogemos el rollo paisajístico. Hacer evolucionar una canción instrumentalmente. Y queremos hacer un EP en 12”, en plan The Sea and Cake. Con muchas maquinitas, como el maxi del elefante. Eso sería tremendo.
ARTUR: El final de “La ley de costas” está copiado de The Sea and Cake. Y solemos tener a Marc Clos haciendo cosas con sus aparatos, que es algo muy de esa banda. Everybody es el más rockerillo, por decirlo de algún modo. Es el preferido de NV.
ALBERT: Y el disco que más veces he regalado en mi vida.
ARTUR: Con The Sea and Cake haces amigos, es verdad.
Última cuestión: sois un grupo sin intenciones carrerísticas. Vais haciendo, cuando procede, acorde con vuestras vidas. Creo que eso lo aprecian los fans.
ALBERT: Al final, la carrera (si se le llama así), está allí. Se va haciendo. No desaparece.
ARTUR: Venimos de grupos como Fugazi o Superchunk, que no se separan. El grupo es parte de su vida. No se rompe porque haga años que no sacan disco.
WENCES: Yo siempre lo he relacionado con las ganas de tocar. Se juntan de vez en cuando porque tienen ganas de tocar y girar. Más allá del negocio, o los discos que saquen. Se trata de hacer canciones y tocarlas. Y cuando se separan de veras, pues hacen gira de despedida, lo agradecen a todo el mundo, como hicieron Aina en su momento… Aunque no parezca que se hayan separado, pues Aina se juntan cada verano [risas]. Pero esos grupos en general no se separan, ese concepto no es habitual. Lo que no han hecho es sacar disco, que es otra cosa.
ALBERT: Nunca hemos tenido presión de ningún tipo para sacar disco.
ARTUR: Si no contamos la tuya, tío. Que en este disco parecía que estábamos haciendo la mili, tío. Wences y yo no la habíamos hecho y ahora sabemos lo que es.
ALBERT [sonríe y se vuelve hacia el entrevistador]: Si no llego a ponerme duro ahora no estaríamos aquí, Kiko. Y tú lo sabes.

Kiko Amat

(Entrevista realizada para Bendito Atraso en la bodega Cal Pep de la calle Verdi, Barcelona, a principios de febrero del 2015. Las fotos son exclusivas del gran Lluís Huedo)

Ya tardaban en celebrarlo: discos a la salud del Primera Persona 2015

2015-05-19 11.39.15A veces parece, juro que lo parece, que en Primera Persona hagamos las cosas para CELEBRARLAS luego.

Este sábado 23 de mayo estaremos , Miqui Otero, Kiko Amat y Jordi Garrigós (dos co-directores y su mano izquierda) pinchando en Heliogàbal (Ramón y Cajal, 80) para celebrar lo rabiosamente guay que fue este último Primera Persona 2015 (IVª edición).

Lamento no poder pormenorizar con detalle lo que pincharán mis restantes Two Amigos (pueden intuir algunas direcciones aquí, en nuestra entrada de blog), pero yo sí voy a soltarles mi ristra de prodigiosos grupos en formato 7″ y 12″, para que ustedes vayan preparando el love-pogo: The Claim, Jazzateers, Restricted Code (mi ultra-amadísima “First night on“), Hard-Ons, Aina, Aztec Camera, The Omens, TV21, Rudi, The Donkeys, el “Lock it up” de Eater, el “Me and my friends” de The Crooks, el “Suzi” de Newtown Neurotics, Texas is The Reason, Les Calamités, el “Ich liebe dich” de Advertising, Brilliant Corners, el “Je me demande” de Bijou, The Business, el “War on the terraces” de ustedes ya saben quién, Mark Eric, Boots For Dancing y más.

O sea: Pleisto-emo, mod revival, criptomod, indie raro, punk rock tarareable, sonido 1979, algo de Oi! para echar a los cursis, una miaja de twee inmediatamente después para que no se larguen las mozas, etc. Todo lo que nos conmueve, asombra y explica aquí.

Eh: vengan a vernos.

 

Votez vorticiste!

Avistado en una librería de Lyon hace escasos días:

EspritLivres_BOUM

La rebelión discreta: Kiko Amat entrevista a JONATHAN COE

p7914webConozco bien a fondo la obra de Jonathan Coe (Bromsgrove, 1961). He leído de cabo a rabo sus diez novelas hasta la fecha, y de premio devoré la biografía de B.S. Johnson, Like a fiery elephant, que Coe escribió en el 2004. Por eso puedo decir que… ¿Cómo verbalizarlo? Me da la impresión de que los críticos ingleses no toman muy en serio a Coe, pues sus novelas reciben a menudo críticas tirando a tibias, y ocasionalmente incluso le llaman cosas feas como “el rey de la digresión”. Y asimismo el novelista inglés goza de gran éxito en Francia, Italia y Alemania (algo menos en España, pese a los titánicos esfuerzos de su editor y fan, Jorge Herralde). No, Coe no es el proverbial profeta en su tierra ni, por lo que parece, tampoco en la nuestra. Y eso que algunos apasionados lectores y forofos de su narrativa no hemos parado ni un solo día de dar la lata sobre lo suyo.

Coe acaba de publicar Expo 58, de nuevo en Anagrama, su hogar natural. Una gran comedia que es medio spoof sobre la guerra fría y medio sainete Ealing, con algo del suspense del Hitchcock británico de Los 39 escalones. En la charla que sigue -tuvo lugar en el foyer del hotel Condes de Barcelona un congelado día de febrero- Jonathan Coe y yo hablamos de estar en el medio exacto de la clase media, de rock progresivo, de la gloria de Monty Python y Spike Milligan, de los años cincuenta ingleses, de las novelas de esa época que envejecen mal, de los pijos que llevan el gobierno británico en la actualidad y de la infección del posmodernismo. Y mucho más.

¿Cómo es tu familia?
No acostumbro a hablar demasiado del tema. Mi padre murió hace dos años, por eso le dedico Expo 58. Justamente murió cuando estaba a media lectura del libro, y le estaba gustando mucho, cosa que no era muy corriente; normalmente no le gustaban demasiado. Mi madre tiene ahora 81 años y todavía vive en Birmingham, en la misma casa que compraron juntos en 1956, hace ya 59 años. Crecí en un entorno muy tranquilo, estable, provincial y residencial. De hecho, cuando me preguntan por qué escribí Expo 58, si es que quería revivir los años 50, a veces contesto en broma que en mi casa, a lo largo de los años 60 y 70, todavía parecía que fueran los 50. Y, de hecho, aún da esa sensación. Aún hay rincones como esos en la campiña inglesa: mi madre va a comprar la carne a su carnicero de confianza, conoce a todo el mundo en el pueblo… Cuando murió mi padre, hace dos años, mi madre me preguntó cómo funcionaba un cajero automático, pues nunca había usado uno, me preguntó cómo se ponía gasolina en el coche… Hasta ese momento su vida había sido la de una ama de casa tradicional de los años 50, en el rol clásico de esposa. Y, hablando de mí, llevo casado 26 años, desde el 1989, y tengo dos hijas.
Hablas de esa Inglaterra inmutable en el tiempo, pero en La espantosa intimidad de Maxwell Sim escribes precisamente sobre los cambios que sufre la vieja Inglaterra.
Es que Inglaterra está cambiando, pero aún hay pequeños rincones muy chapados a la antigua, supongo que igual que en todos los países, y es algo que me fascina y sobre lo que no se habla en las novelas o en las noticias. Esos cambios sociales que se dan en la historia de los países son algo que me encanta. Gran parte de la cotidianeidad no-dramática es inmutable o, al menos, cambia muy lentamente. Una de las cosas que me entristecerán cuando fallezca mi madre es que perderé todo contacto con esa parte de Inglaterra: ella no usa ordenador ni tableta, todavía escribe cartas, cuando la llamo y está viendo la televisión no sabe que puede apretar un botón y pausar el programa… Y encima no se lo cree cuando se lo digo.
Le debe de sonar a ciencia-ficción, como una especie de distopía enloquecida. El mundo al revés.
Sí. Pero a ella le encanta ese mundo, se mantiene lejos de toda innovación. Y eso, allá donde vive ella, no es particularmente complicado.
¿Eras hijo único?
No, tengo un hermano mayor que tiene ahora 56 años. Y me inspiré en él para el personaje de Maxwell Sim. Más la idea del personaje que la personalidad como tal, porque es un comercial que viaja por trabajo y pasa gran parte de su tiempo en autopistas, comiendo en áreas de servicio…
Aún no ha empezado a conversar con su GPS, espero.
[sonríe] Pues no lo sé, no se lo he preguntado. Esa idea para el libro se me ocurrió hace mucho tiempo, a principios de los años 90, incluso antes de escribir ¡Menudo reparto! (1994). Durante esa época acompañé a mi hermano en algunos viajes para ver cómo era su día a día en el trabajo, y en aquellos tiempos aún no existían los GPS. No sé, quizá ahora haya empezado una intensa relación con su GPS, vete a saber [sonríe]. No tenemos mucha relación, mi hermano y yo, nuestros mundos no convergen demasiado: no lee narrativa, le gustan mucho los deportes… Realmente tengo un pasado muy poco común para ser escritor, pues mi madre lee, pero no lo hace para entender el mundo, como hago yo, sino que lo hace para distraerse. Toda mi familia piensa que lo que hago es bastante extraño.
Ya sé que tu juventud no fue precisamente como la de Irvine Welsh, pero ¿tuviste una época rebelde?
Mirándolo en retrospectiva, diría que mi adolescencia fue muy solitaria, pero en aquella época no me lo parecía. Quizá porque no conocía nada más. Vivíamos a seis o siete millas del centro de Birmingham, casi en el campo, en una parte del país muy tranquila. No recuerdo que mis padres se pelearan jamás, no recuerdo ni un solo grito, los desacuerdos se dejaban sin resolver, no se hablaba de sentimientos… Evidentemente había amor, pero no se veía a simple vista.
Muy al estilo de los años 50.
Exacto. Como mi colegio estaba en el centro de Birmingham todos mis amigos estaban repartidos por toda la ciudad, así que no nos veíamos después de las clases. Mi vida familiar era toda mi vida. Y hablamos de los años 70, así que había tres canales de televisión, no existía internet, las tiendas y pubs cerraban los domingos… Era una vida muy tranquila.
¿Algo triste, quizá?
No, no la encontraba triste, porque tenía la tele, música, libros… Era un mundo diferente. Recuerdo los nervios de los domingos por la mañana al recibir The Sunday Times, ya que eran noticias del mundo exterior, un boletín que nos llegaba desde el mundo real, y aquello era un acontecimiento en sí mismo. Recuerdo que yo devoraba las reseñas de televisión, libros y películas. Luego no veía esas películas ni leía esos libros, pero me gustaba esa sensación de saber que había un mundo ahí afuera, un mundo que de otra manera jamás entraba en nuestro día a día. Era un entorno perfecto para convertirme en alguien introvertido que pasara mucho tiempo dentro de su propia cabeza, inventando historias; y eso es precisamente lo que empecé a hacer.
Por la manera como lo explicas parece lógico que acabaras siendo escritor. Como si todo hubiese conspirado para ello.
Hacia el final de Expo 58 empiezas a ver qué estoy haciendo en ese libro, porque nace el hijo de Thomas Foley, David. Thomas ya es un profesional respetado y se ha mudado a Birmingham, a la calle Monument Lane, que está justo al lado de la casa de mis padres en la vida real. Así que su hijo, David Foley, se convertirá en mí. Él nace en 1960 y yo lo hice en 1961, pero al margen de eso lo he dejado todo preparado por si quiero escribir mi autobiografía, mi bildungsroman; he creado mi alter ego. Aún no sé si voy a hacerlo, pero si lo hago, todo está listo para ello. En el pasado he tenido otros alter egos como Benjamin Trotter, pero David es el definitivo.
En todos tus libros hablas mucho de música. No sé si te viene de tu hermano; he descubierto que es una figura bastante común entre los ingleses. Siempre hay una hermana mayor que entra en casa con un disco de los Beatles, o Bowie…
[ríe] Ya. Mi hermano tenía unos gustos musicales bastante particulares. Compraba muchos discos de King Crimson, y eso fue mi introducción al rock progresivo, que me acabó gustando mucho. Pero él ha dejado esa etapa atrás, y es irónico que ahora viva en un pueblo de las Midlands y sea vecino de Robert Fripp. Le dije que el guitarrista del grupo que tan loco le volvió durante un tiempo vive en su misma calle, ¿y sabes qué? No mostró ningún interés [risas]. Ha dejado todo eso atrás. El primer disco que me compré (esto va a sonar a prehistoria), lo compré en una pequeña tienda que vendía periódicos, conservas, productos de parafarmacia… Un poco de todo, pero era una tienda muy pequeña, como un colmado, y tenía un expositor giratorio de discos. No sé por qué vendían elepés, pero recuerdo que eran muy baratos, costaban 75 peniques. Y el primero que me compré fue un Grandes Éxitos de Bill Haley and his Comets. No sé por qué lo hice, porque en 1969 ya nadie los escuchaba.
¿Quizás pasaron por televisión la película aquella, Blackboard Jungle, donde aparecía tocando “Rock around the clock”? En 1968 había una especie de rock revival en Inglaterra.
No, no. Jamás la vi. Fue una compra muy extraña. La primera música que recuerdo que me gustó fue el rock and roll. Compré discos de Bill Haley, de Chuck Berry, de Little Richard… Y ese tipo de música tampoco sonaba en casa de mis padres, ellos salían de copas a principios de los años 50, antes de que el rock and roll apareciera.
Cuando empecé a leerte no sabía muy bien dónde colocarte. Era obvio que no pertenecías a la generación más punk, como Welsh y toda la panda, pero tampoco encajabas bien en la escena más académica y “seria” de Martin Amis, Hitchens o Julian Barnes.
Cierto, cierto. Estoy en un lugar intermedio. Vengo del medio de la clase media-media, y del medio justo de la Inglaterra media: no podría ser más del medio. Mis padres no podrían haber sido más convencionales y conservadores. Con minúscula en el caso de mi madre y con mayúscula en el de mi padre: siempre votó por los Tories y por Margaret Thatcher. Podría haberme adaptado a ese mundo muy fácilmente, pero los libros y la música me arrancaron de él. Supongo que ese proceso empezó a finales de los años 60. El primer fenómeno cultural que recuerdo amar y que mis padres no aprobaban fue Monty Python. Me entusiasmaron inmediatamente, y mis padres se preocuparon inmediatamente, porque veían que, en algunos aspectos, aquello era subversivo. Y lo que me encantaba es que era formalmente subversivo, que no solo se reían de los convencionalismos sociales, sino también de los televisivos. Era irónico, como algo que se comenta a sí mismo. Empecé a buscar libros que hicieran algo parecido, y así es como llegué a escritores no solo como David Nobbs, sino también B.S. Johnson o Flann O’Brien, escritores inquietos con la forma, inconformistas que querían replantearse y subvertir la narrativa. Todo eso me venía por vía Monty Python. ¿Es Spike Milligan conocido en España?

Spike Milligan en modo Wehrmacht

Spike Milligan en modo Wehrmacht

No, aquí no le conoce casi nadie. Solo un puñado de anglófilos locos. Tampoco a The Goons.
Es interesante, porque Spike Milligan y Peter Cook son, para mí, las dos figuras más importantes de la comedia británica después de la guerra. Y Monty Python, naturalmente, pero no podrían haber hecho lo que hicieron sin Spike Milligan y Peter Cook. De hecho, lo que hicieron fue una fusión entre lo que hacían ambos. Es curioso que Monty Python sean famosos en todo el mundo y los otros dos sean un fenómeno exclusivamente británico.
Me da la sensación de que Monty Python eran como la rebelión de la clase alta, el pijo que se porta pésimo en el colegio privado y empieza a mearse por las esquinas…
Es completamente cierto. No es algo aplicable a Spike Milligan, pero sí al resto de cómicos subversivos de los años 60 y 70, todos provenían del establishment. Era el establishment atacándose a sí mismo. En cierta manera, para que te resulte fácil mofarte del establishment primero tienes que entenderlo, y para entenderlo tan bien tienes que formar parte de él. El humor de la clase media y la clase trabajadora de los años 60 y 70 no era tan subversivo, porque le daba miedo serlo.
Probablemente lo más rompedor de Monty Python no era tanto el comentario social sino la forma absurda que aquel tomaba. Y creo que por eso no les gustaban a tus padres, ni pretendían gustar a los padres en general.
Mucha gente no recuerda que Monty Python empezaron en un programa infantil. Se llamaba Do Not Adjust Your Set, en la ITV en 1968, y era a la hora de la merienda, a las cinco de la tarde, cuando los niños están mirando la tele. Ahí salían Eric Idle, Michael Palin y Terry Jones. Ahí fue donde les vi por primera vez. Era una llamada directa a lo infantil y a ese amor juvenil por lo absurdo. Mis padres lo veían como algo… Inmaduro, supongo.
Me has comentado que no fuiste especialmente rebelde, pero tus padres eran votantes Tories, y en varias de tus novelas encontramos política, enfocada desde la izquierda. ¿Cuándo te diste cuenta de que tus ideas políticas y sociales diferían de las de tus padres?
Probablemente cuando estuve en Cambridge. Hay una tradición de radicalización en Cambridge, pero no creo que fuera por Cambridge en concreto, supongo que me habría pasado en cualquier universidad a la que hubiera ido. Fue simplemente salir del núcleo familiar, conocer a gente que pensaba como yo y tener las conversaciones que se tienen cuando eres un estudiante, que cambian tu manera de ver las cosas. Lo que sí me sorprendió de Cambridge fue ver que algunos me miraban por encima del hombro, cosa que nunca me había pasado. El colegio al que fui en Birmingham era muy competitivo académicamente, si ibas allí significabas que formabas parte de una especie de elite, y lo notabas. Recuerdo vivamente esa sensación. Pero cuando llegué a Cambridge me di de morros con el clasismo inglés, y a lo grande. Había gente de Eton, de Harrow, de Westminster… de esas escuelas tan prestigiosas de las que había oído hablar. Y eran muy esnob conmigo: yo venía de Birmingham, de clase media, de una escuela de la que nunca habían oído hablar (y yo que creía que era una de las escuelas más famosas del país…). Durante aquellos tres años aprendí mucho sobre Inglaterra y su sistema de clases sociales. Y no ha cambiado nada. De hecho, ha involucionado a como era antes.
Claro. No hay más que mirar a George Osborne. No se puede ser más pijo que eso. Uno lo imagina siempre en la caza del zorro, o azotando lacayos.
[sonríe] Sí, Osborne es un cliché andante, pero a la vez es del todo real. Puedes pensar lo que quieras de Margaret Thatcher y John Major, pero intentaron hacer algo sobre la lealtad de clase de los tories. Las diferencias con lo de hoy, en todo caso, son superficiales. El alcalde de Londres, Boris Johnson, es de Eton, el primer ministro es de Eton, George Osborne es de Saint Paul’s…
Son The Eton Rifles, como cantaban The Jam…
Sí. Es increíble que estos tipos manden y que salgan cada día por la tele y la radio diciendo que no tenemos que gastar tanto dinero y que estamos todos juntos en esto. Y sobre eso habla precisamente mi nuevo libro.
Owen Jones se mofa de aquella vez en que David Cameron trató de adivinar cual era el sueldo medio inglés, y soltó una salvajada como 70.000 libras o así.
Sí. Otro ejemplo sería… ¿Alguna vez has estado dentro de las Casas del Parlamento?
No.
Pero tienes una idea de cómo es.
Sí.
Bien, pues ayer emitieron un documental en la tele sobre ese edificio, con esos techos tan altos, las paredes recubiertas de roble… Y David Cameron dijo: “Te recuerda al colegio, ¿verdad?”. Hombre, quizá sí recuerda al colegio al que él fue, pero no al que asistió la mayoría de la gente. Viven muy alejados de la realidad.
coe-expo58Así, no recuerdas discusiones de política con tus padres, sobre inmigración o lo que fuese. Fue más algo de la universidad.
No. De todo eso me di cuenta mucho más tarde. En los 70 me parecía normal, era el aire que respiraba. Tan pronto como salí de casa -aunque me encontrase en otro entorno cerrado, como era Cambridge- me bastaba con mirar a mi alrededor para decirme: caramba, así es cómo funciona el mundo. ¿Cómo puedo no haber reparado en ello? A partir de allí mi izquierdismo se convirtió en un asunto de puro sentido común, y ya nunca me ha abandonado.
¿Te convertiste en militante?
No. El Partido Laborista de 1983 estaba bastante a la izquierda. Cuando estaba liderado por Michael Foot tenía un manifiesto que se dio a llamar “La nota de suicidio más larga en la historia electoral” [sonríe] porque proponía cosas por las que la mayoría del país no votaría jamás, como el desarme nuclear universal. Durante los 80 y 90 fui votante de Labour. Fui a manifestaciones contra Thatcher cuando estuve en la Universidad de Warwick, fui a las marchas del CND [Comité para el Desarme Nuclear]. Cosas bastante normales para alguien de izquierdas.
Volvamos momentáneamente a la escritura. Martin Amis, con su grandilocuencia habitual, dice que cuando empezó a escribir sabía que sería para siempre. ¿Tú también pensabas que escribir era tu destino?
Nunca tuve una sensación de destino, no. En todos los aspectos de mi vida tiendo a pensar a corto plazo, puedo pensar en el próximo libro y quizá en el siguiente, nada más. Como ya sabes, en mis novelas los planes siempre salen mal, frecuentemente de la manera más inesperada y cómica, así que nunca hago planes. Si me lo hubieras preguntado cuando tenía quince años quizá te hubiera dicho que quería ser escritor, pero más que una sensación de destino habría sido una esperanza. Simplemente me gusta escribir historias, desde que era pequeño. Empecé cuando tenía ocho o nueve años, y a los quince o dieciséis ya estaba escribiendo novelas enteras. Y parecía una tontería no enviarlas a una editorial. ¿Para qué escribirlas si no? ¿Qué otro motivo puede haber? Todo sucedió de una manera bastante improvisada, así que nunca he pensado que mi destino era ser escritor. De vez en cuando, al levantarme por la mañana, miro a mi alrededor y no me puedo creer que eso sea a lo que me dedique y que eso sea mi vida. Unas veces me resulta familiar, otras muy extraño. Podría haber acabado fácilmente de profesor. A finales de los años 70 incluso trabajé en un banco, así que ahora podría ser el encargado. El encargado socialista de un banco [sonríe].
¿Así es como te ves cuando te planteas los escenarios “Y si…”?
Sí. Poder vivir de escribir es una gran suerte, mucha gente querría hacerlo, pero muy poca puede. Más que haber seguido un plan prefijado, me veo como alguien con suerte. Podría haber terminado de oficinista.
Pienso en tu obra y me viene a la cabeza la letra de aquella canción de Johnny Mercer, “I’m old fashioned / but I don’t mind it”. Nunca han parecido importarte las modas literarias. Tus gustos están un poco pasados de moda (y digo esto como elogio).
[sonríe] Creo que mis gustos son bastante clásicos, sí. Más que pasados de moda diría clásicos. Me gustan las cosas bien hechas, me enfado bastante cuando veo que algo es una chapuza, que se ha hecho sin amor en unos pocos minutos. Si pienso en películas mis gustos también son clásicos. Las películas que me gustan de verdad son las de los años 40, 50 o 60. Me gustan las películas de ahora, pero creo que hay un clasicismo que está desapareciendo en el cine, en la música clásica y en el pop y en la novela, y eso me hace sentir una cierta nostalgia.
Nunca te ha infectado el posmodernismo literario, al contrario de lo que sucedió con muchos de tus contemporáneos.
Me gusta la literatura posmoderna, y creo que en mis libros las autorreferencias van en aumento. En los últimos hay personajes de mis primeras novelas que vuelven a aparecer, y cosas así. Asimismo, me he dado cuenta de que muchas veces el posmodernismo cabrea a los lectores. Lo noté mucho en Maxwell Sim, cuando a mucha gente le desagradó visceralmente el último capítulo. Monty Python, The Goons, Flann O’Brien o B.S. Johnson eran extremadamente posmodernos en su forma, y ese es uno de los aspectos que me gusta de ellos. Esencialmente, lo que hago como escritor es realismo. Creo un mundo sólido y, mientras lo leen, los lectores sienten que pueden vivir y creer en él. Para mí fue una sorpresa descubrir que eso era lo que le gustaba a mis lectores, porque cuando escribo hay una parte de mi cerebro que no se lo cree lo que está sucediendo, porque estoy allí, sentado a la mesa con el papel delante, y lo estoy creando. Así que sé que no es real.
Como un mago, tú conoces el truco.
Sí, pero una de las cosas que aprendí con la publicación de Maxwell Sim es que mucha gente desea y disfruta con esa ilusión de realidad, y si vas a romper esa ilusión tienes que ir con mucho cuidado con cómo lo haces. Ahora soy más consciente de ello.
p7955webHablabas de la larga nota de suicidio de Michael Foot, pero el final de Maxwell Sim era bastante suicida, también. Literariamente hablando.
[ríe] Sí. Ahora me doy cuenta.
Una de las cosas que me disgustan del posmodernismo es que en ocasiones es puramente pirotécnico. La historia y los personajes pasan a un segundo plano y quien toma el protagonismo es el escritor demostrándonos los truquitos fantásticos que sabe realizar. Eso me irrita.
Muy cierto. A la vez, me interesa el posmodernismo como medio para representar y entender la realidad contemporánea, que está plagada de espejos, trucos e ilusiones. Lo puse en práctica por primera vez en ¡Menudo reparto! y fue uno de los motivos por los que el libro fue un éxito. Era posmoderno en cuanto a que mezclaba diferentes géneros, era muy paródico y, aún así, la gente veía por qué lo hice así, vio que estaba intentando representar la realidad de los años 80 con más precisión. Si vuelvo al posmodernismo, esa debería ser la estética que lo motivara.
La lluvia antes de caer es tu libro más triste, el que es menos “tú”. No tiene traza alguna de humor.
Mi libro más popular en España, por alguna razón.
Quizá precisamente por eso, porque eliminaste todo el humor. He ahí una fórmula que puedes repetir si quieres volver a ser exitoso en España.
[ríe] Bueno, es más fácil explicar por qué he vuelto al humor que por qué lo abandoné. En cierto modo, La lluvia antes de caer es uno de mis libros más posmodernos, porque es casi un pastiche de novelas de Rosamond Lehmann y esas otras escritoras británicas de los años 20 y 30 que reeditaba Virago Modern Classics y, para conseguir eso tuve que deshacerme de mi lado satírico y paródico. Porque en aquellas escritoras no encuentras nada de eso. Es algo bastante paradójico, porque es un libro muy personal –los paisajes de Shropshire que describo en el libro son los de mi infancia, es una parte del país donde vivían mis abuelos y que yo iba a visitar con cierta frecuencia…- y, a la vez, desde la perspectiva actual, veo que el libro es una especie de pastiche. Mientras que en Expo 58, que está lleno de parodia y de escenas de espías y guiños de ciencia-ficción, es mi verdadera voz la que escribe.
No sé qué dicen las ventas, pero da la sensación de que los críticos continentales siguen apreciándote más que los británicos. Quizá no han sabido ver que esa es tu voz real, que no es algo impostado, ni una parodia forzada.
Los críticos británicos nunca pillan cuándo estoy siendo sincero y siempre están buscando en mis libros un nivel extra de parodia que no existe. Pero mis libros no tienen que leerse fijándose mucho, no los escribo así, los escribo de manera que los puedas leer en unas pocas horas, y lo que ves es lo que hay. Puedes reflexionar sobre el libro, puedes releerlo y ver otras cosas, pero la primera interpretación acostumbra a ser la correcta. En Expo 58 estoy recreando un pastiche de películas de Hitchcock y series de televisión como Los Vengadores. Y lo hice simplemente para darme el gusto de hacerlo, no para demostrar nada sobre el género o la ficción. Supongo que hacer una reseña de mis novelas es algo frustrante para los críticos, ya que no encuentran demasiado donde morder. Escribo los libros para los lectores, no para los críticos. En cierta manera es los mismo que le pasaba a Billy Wilder con los críticos de Cahiers du cinéma, que le menospreciaban porque no hacía películas de género. Si hacías un western o una película de cine negro el crítico sabía a qué agarrarse y podía presumir de ver cosas en las que nadie más había caído. En mis libros cualquier lector puede ver qué hay, no necesita a ningún crítico que se lo explique. Quizá eso haga que las críticas de mis libros sean innecesarias, en cierto modo. Supongo que el crítico se siente redundante.
Dwarves of death coe¿Cómo te afectan las críticas negativas?
El número de críticas positivas o negativas que he leído en los últimos veinte años y me han hecho reflexionar y ver cosas en las que yo no había caído, o que han dado en el clavo de lo que yo pretendía, es muy pequeño. No creo que, en este sentido, los críticos sean demasiado útiles para un escritor. Pero es un ruido de fondo con un volumen bastante alto, es muy complicado no oírlo, y si encima son críticas destructivas y malintencionadas realmente te tocan los huevos. Tienes que intentar bloquearlas.
¿Alguna vez te has sentido tentado, como Jonathan Lethem hizo aquella vez con James Wood, a escribirle una carta de respuesta a un crítico?
La verdad es que no. Cuando era muy joven y se publicó The dwarves of death le envié una postal a alguien que había escrito una crítica negativa y es algo de lo que me arrepiento, fue una estupidez. Así que no, no le veo el sentido; el escritor casi siempre se rebaja si lo hace.
The dwarves of death, ahora que la mencionas, me gustó como novela, pero también como ejemplo de cómo escribir una novela.
¿De verdad? [ríe con rictus de curiosidad]
A mí me fue muy útil. Fue como una especie de manual. Me sentí como cuando leí a Richard Brautigan, quien me hizo sentir por vez primera que aquello era algo que se podía intentar: la estructura, el ritmo, el humor, la brevedad, las referencias puntuales…
Evidentemente, The dwarves of death no es una obra maestra. Las obras maestras pueden ser bastante desalentadoras, lees Guerra y paz y dices: “A la mierda, no vale la pena ni que lo intente”; pero veo qué quieres decir con The dwarves of death. Me gusta que le hayas sabido encontrar esa utilidad. Releer mis libros me resulta extraño. Tengo cuenta en Twitter y recibo muchos mensajes elogiosos, sobre todo hablando de ¡Menudo reparto!, en los que me explican cuánto les ha gustado el libro y que lo han releído cuatro o cinco veces. Pero yo no puedo leer una sola página de ese libro sin pensar: “Oh Dios, ojalá hubiese resuelto eso de otro modo” o “Qué frase tan horrible”. No hay ninguno de mis libros al que me gustaría regresar y releer, los cambiaría todos de arriba a abajo.
Pero quizá, aunque no estén escritos cumpliendo tus expectativas actuales, en ellos se intuye el entusiasmo juvenil. El entusiasmo del que empieza a escribir, que no creo que hayas perdido aún.
Sí, en eso tienes razón. Siempre pienso que lo voy a perder un día de estos, pero (toco madera) hasta el momento cuando me pongo a escribir un libro me doy cuenta de que estoy disfrutando de ello. El que estoy escribiendo ahora, por ejemplo, fue muy duro en los primeros meses, no me transmitía ningún furor ni pasión, pero en las últimas semanas todo está colocándose en su sitio y estoy tan metido en él que entre dos entrevistas me he escapado un cuarto de hora al hotel y he escrito media página; estoy enganchado a él. Y cuando eso sucede es fantástico, y más si ya vas camino de los sesenta años.
Hanif Kureishi me dijo que una de las ventajas que tiene es que es capaz de soportar la soledad, y que eso es algo imperativo en un escritor. Porque (esto lo digo yo, no Kureishi) cuando empiezas con un libro sabes que tienes por delante, si eres afortunado, un mínimo de dos años de trabajo.
Hanif es afortunado y, en ese sentido le envidio un poco, porque tiene otra vida como guionista, escribiendo a dos manos con Roger Michell. Imagino que esa es la combinación perfecta de escritura sin soledad. Pero me gusta estar solo, y tampoco soy una persona particularmente sociable, así que una profesión que me permita estar solo en una habitación ocho horas al día ya me va bien. Dicho esto, la sensación de tener que escalar una montaña cada vez que empiezas un libro no disminuye con los años; de hecho se vuelve peor. Tengo la suerte de que mis libros son lo que da de comer a mi familia. Como dijo Samuel Johnson, “solo un mendrugo escribiría por motivos que no fuesen el dinero”. Eso es lo que hace que me levante por las mañanas y me ponga a escribir.
Las fechas límite de entrega del manuscrito.
Las fechas límite, los recibos de los bancos, las facturas… Cada vez necesito un mayor impulso inicial, pero una vez lo he recibido el entusiasmo acaba llegando siempre. Al menos hasta ahora.
Voy a lanzarte una teoría un poco a lo loco, que se me ha ocurrido cuando has citado a Samuel Johnson. Antes te referías a tus gustos clásicos, y creo que una de las razones por las que algunos críticos no te toman en serio es porque tu canon no es su canon. Nunca citas a Beckett, pero sí a Keith Waterhouse, David Nobbs o Patrick Hamilton; autores semi-olvidados que los críticos consideran “menores”.
Muy cierto. Cuando menciono a David Nobbs en Gran Bretaña nadie sabe de quién estoy hablando. Creo que todo eso que comentas es parte de mi subversión silenciosa, mi rebelión discreta. Una rebelión que, me temo, irrita a alguna gente porque ni tan solo la presento como tal. Para mí –y remarco que para mí, porque cada vez me doy más cuenta de que todo es altamente subjetivo en la Literatura- Henry Fielding es un escritor más importante que Charles Dickens. Decir eso en Gran Bretaña es casi una herejía, pero no quiero decir que el canon de la literatura inglesa esté mal, sino que no me interesa. Desde un punto de vista puramente egoísta, no me llama. No me dice nada. Para mí eso no es nada grave, pero quizá en el fondo sí sea algo grave para según quién. Quizá soy un cliente más raro de lo que parezco.
Quizá porque algunas de esas novelas de los años 50 no han envejecido bien. Estoy pensando en Colin Wilson, por ejemplo. Su obsesión con llevarse a una mujer al catre es muy de los años 50. Da la sensación de que la única motivación del libro es la frustración por no haberse encamado con nadie aún. Y digo esto como fan; imagina si no eres fan.
[ríe] Sí, tienes razón. Las políticas sexuales han cambiado mucho en los últimos cincuenta años, y a mejor. Y a muchos de los escritores de esa época no se les entiende desde la perspectiva actual. La definición de un verdadero clásico es un libro que te gusta pese a que los valores sociales que refleja hayan quedado obsoletos. Y probablemente Colin Wilson o Kingsley Amis no superan esa prueba. Pero como lector soy bastante indulgente si alguien realmente me gusta. Las políticas sexuales en B. S. Johnson son intolerables, es uno de los escritores más agresivamente sexistas de su época, pero se lo perdono; aunque quizá mucha otra gente no esté dispuesta a hacerlo.
Solo parecen existir dos extremos: o son muy sexistas como B. S. Johnson o son muy remilgados, como Patrick Hamilton en Los esclavos de la soledad. Esa novela parece escrita por una señora de 80 años.
[risotada] Una gran verdad.

The Life and Death of Colonel Blimp (Powell-Pressburger, 1943)

The Life and Death of Colonel Blimp (Powell-Pressburger, 1943)

Ya has comentado que te gustan los años 50, pero leyendo tus novelas parece que también disfrutas con el vocabulario y el argot de la época. Old boy, crikey, y todo eso.
A finales de los años 60, cuando yo era un chaval, en la televisión pasaban constantemente películas de los 50, eran filmes relativamente recientes y yo crecí con ellos, todos los de la factoría Ealing, los de los Boulting Brothers como I’m Alright Jack, las cosas de The Archers, y luego había una película que era increíblemente famosa, Genevieve, de Henry Cornelius, que iba sobre un rally automovilístico entre Londres y Brighton, y que expresaba fielmente el sentir de su tiempo, 1953. Las palabras de todas aquella películas se quedaron en mi cerebro. Pero no confiaba en mi memoria, así que volví a ver esas películas para comprobar si realmente hablaban así. Y sí, lo hacían [sonríe]. Totalmente. Así que para mí fue un placer doble, poder escapar de lo contemporáneo y escribir usando esas expresiones tan pasadas de moda, y además fue muy fácil, me salía natural.
Las situaciones de choque cultural entre ingleses y norteamericanos que abundan en Expo 58 parecen sacadas de A Matter of Life and Death o The Life and Death of Colonel Blimp, de Powell-Pressburger.
Ya, no fue algo intencionado, pero es algo que llevo en el ADN por haberlo visto de pequeño tantas veces. Gran Bretaña no es un país especialmente cinéfilo, y Powell-Pressburger están muy subestimados. Muchos críticos les conocen, pero no diría que se tomen demasiado en consideración. Para mí, sin embargo, los dos filmes que mencionas son los grandes productos culturales británicos de los años 40, no las novelas escritas en la época. Las calificaría como el culmen del arte británico del siglo pasado. Como he dicho, están en mi ADN, así que puedes entrever en cada página de Expo 58 mi amor por sus películas y, en particular, por las películas británicas de Hitchcock. Muchos críticos ven a Evelyn Waugh en la Expo 58, a Kingsley Amis, a Graham Greene, y claro que todo eso está allí, pero lo realmente importante es la influencia de esas películas. A Gran Bretaña siempre le costará hacer buenas películas; ocasionalmente saldrá alguna, pero no lo llevamos en la sangre, como sí pasa, por ejemplo, en Francia, donde se toman el cine muy en serio. En Gran Bretaña no es así. Por eso se marchó Hitchcock.
¿Conoces novelas españolas? Me han obligado a hacer esta pregunta, que conste. Conozco a suficientes ingleses para saber la respuesta de antemano.
[Sonríe] No, la verdad es que no, y es algo que me avergüenza. Sería absurdo hablar de Don Quijote, porque aunque es un gran libro ha habido mucha literatura española desde entonces, pero necesito hacer algo respecto a mi ignorancia en ese aspecto respecto a los escritores contemporáneos y los grandes escritores españoles del siglo XVIII y XIX. Tendrías que darme una lista de lectura.
Lo haré, te lo prometo. Pero quizá también es algo cultural inglés, en el sentido de que no se traducen tantos libros foráneos.
Nos llegan muchos libros americanos, así que no es que nos opongamos a leer libros de otros países ni que no nos gusten las traducciones, sino más bien que no estamos interesados en el resto de países europeos. Esa es la triste verdad.

Kiko Amat

(Entrevista publicada anteriormente en el #10 de la revista Jot Down. Las dos imágenes de la entrevista son exclusivas de Alberto Gamazo).

Extra fotográfico:

Jonathan Coe, Kiko Amat y Laura Fernández (los dos últimos en modo groupie)

Jonathan Coe, Kiko Amat y Laura Fernández (los dos últimos en modo groupie)

Chap chap ya está en el mercao

foto paperassa Omnibus 1Sí, a partir de hoy mismo (miércoles 13) ya pueden intercambiar moneda en curso por el nuevo libro de Kiko Amat, Chap chap, en Blackie Books. Una monumental y abochornante (para el autor) cornucopia confesional de artículos publicados entre 1987-2014, con anotaciones, imprecaciones, sollozos difícilmente contenidos y el ocasional ataque de hilaridad demente. Hay piezas inéditas, un prólogo que es la pera, piezas rechazadas y otras que debieron haberlo sido. Rechazadas, digo.

Ya pueden ir a romper los escaparates de su librería favorita, como sufragettes fuera de sí, y hacerse con una copia (es broma: hagan el maldito favor de comprarlo).

Después de todo, empecé a recopilarlo el verano pasado (vean foto de pavo cetrino en paños menores, y en pleno proceso ludita de despliegue y horripilante descubrimiento de algunos escritos atroces) con la intención de que fuese una lectura del verano siguiente.

Y el verano, miren ustedes por la ventana, ya está aquí. Así que: ¡A por él!

Kiko Amat entrevista a LOS MAMBO JAMBO

Mambo JamboComo en el Millon Dollar Quartet de la Sun, en Los Mambo Jambo se juntan varios gigantes del rock’n’roll patrio. Son Dani Nel•lo (saxo), Mario Cobo (guitarra), Ivan Kovacevic (contrabajo) y Anton Jarl (batería), aunque hoy nos encontramos tan solo con los dos primeros en el C3 Bar del CCCB. Ustedes ya conocen a Dani, saxofonista de Los Rebeldes, la banda rocker #1 de los ochenta. Y Mario Cobo lidera Los Nu-Niles, otro excitante trío de r’n’r barcelonés. Los cuatro pertenecen a Los Mambo Jambo, flamígero grupo instrumental que practica rock&roll, r&b, surf y swing de los 50 y 60: tupés, zapatos de dos colores y camisas hawaianas estilo De aquí a la eternidad, con el sonido más devastador de la ciudad condal. Tras mostrarnos los unos a los otros las medallas y carneses de nuestras pretéritas afiliaciones subculturales (a ellos, en cuanto a relucientes rockers, no les hace falta; a mí, como ex-mod, una pizca, si he de serles sincero) empezamos a hablar de todo: subcultura, chancletas, pub rock, envejecer dignamente, cerrazón tribal, Neil Young, coleccionismo majara y tradición.
Conozco vuestras trayectorias profesionales al dedillo, pero me gustaría que viajaráis más atrás en el tiempo, a la época de vuestros descubrimientos infantiles e iluminaciones adolescentes.
M: Mi pasatiempo era la jukebox. Mi padre tenía un tocadiscos portátil, y yo me dedicaba a escuchar los singles uno a uno. Desde los de Fundador, que eran una ponzoña, a los Beatles, Elvis, Slaughter & The Dogs. Incomprensiblemente, lo del último. Nadie sabe de donde salió. Pero me gustaba el tema “Johnny T”, que después de todo era un rock’n’roll. Eso me metía en un nuevo mundo, y a todos nos influye eso.
D: En casa corrían discos de Nova Cançó, Beatles a mogollón, algo de Stones, Joan Baez y Bob Dylan (que no me interesaban)… Pero escuché el Rock’n’Roll Music, del 72 o así, que es una recopilación de rocanrol clásico que hacían los Beatles. Y eso fue seguir la pista. Por otro lado, de la cosa negra, mi padre que era muy melómano, tenía Memphis Slim, Fats Waller, John Lee Hooker…
Los dos os lleváis casi una década, pero los dos firmasteis por subcultura (rocker, por supuesto). ¿Cómo os pusisteis en contacto con la movida?
D: Por otro típico fenómeno de adolescencia: el amigo. Con el que haces piña y vas descubriendo cosas a su lado. Mi amigo empezó a tocar la guitarra, y tras él empecé a ver otros tíos pro el barrio. Bueno, en mi barrio (Magoria) no había ninguno. Pero me iba al centro y me topaba con otros rockers. Y se crea esa fraternidad, con saludo incluido. Antes si veías a otro tío con tupé le saludabas por la calle, eso era la hostia. De repente vi que existía una pequeña comunidad. Pero Mario y yo somos distintos porque uno fue músico antes que rocker.
M [ríe]: Eh, que yo primero fui rocker.
D: Quería decir que ser músico te separaba un poco del resto de la subcultura.
M: Sí, ser músico me dio razones para militar muchos más años de lo que es sano [risas]. Yo empecé en octavo de EGB descubriendo discos con dos o tres amigos, y a la vuelta del verano, ya en 1ª de FP, el que no era skin era punk, o rocker, o pijo. O un tío normal. Yo lo recuerdo de forma muy divertida. Creo que eso ya no debe pasar. Necesitabas asociarte con gente, porque no existía información. Tenías que ir al “bar de los rockers” de Badalona (yo soy de Badalona), y tenías que pasar tus exámenes de rocker [ríe].
D: Cuando las subculturas se llamaban tribus. Cuando las revistas no sabían que hacer, Interviu o Cambio 16, te sacaban lo de “las tribus”.
M: Y era un trabajo recurrente de clase. Escribir el trabajo de las tribus. Y luego estaba aquel programa Hablando se entiende la basca, cuando yo era pequeño, donde siempre aparecían tribus.

Dani Nel·lo, al saxo

Dani Nel·lo, al saxo

El cambio más radical se ha visto en la edad de sus integrantes. Cuando yo era chico, la subcultura era una cosa puramente adolescente. A los veinte ya estabas un poco viejo para militar. Y quien tenía ya 22 era Gandalf El Gris.
D [carcajada]: Sí. Uno de 23 era un pureta total.
M: Yo a los 18 me fui a Inglaterra con otro músico (que era un señor), y cuando me llevó a un concierto suyo de rock’n’roll lo primero que me sorprendió fue la edad de los asistentes. Había incluso una familia rocker, con los nietos y todo. Y claro, esto no lo habíamos visto aún. Creo que es lo que empieza a suceder aquí.
D: Hace poco fuimos a tocar al festival de R&B ese que hay en el norte de Londres, el Rhythm Riot, y la cosa empieza a ser preocupante. Hay gente muy mayor. Gente por debajo de los 25 no ves.
M: Yo creo que la forma de entender esto como estilo de vida es mucho de nuestra época. Posiblemente yo sea de la última generación que vivió esto como una forma de vida extrema, para el resto de tu vida.
D: Ahora el interés viene por otros lados. Hay un renacer de la cultura pin-up, de la estética 50’s, pero es gente que surfea un tiempo sobre esa ola y luego se va a otra cosa.
M: Claro. La gente de aquel festival ya lleva 40 años en esto, dándole duro y creyéndoselo. Son sus amistades, es su sociedad, su familia…
D: Que pase en Inglaterra es muy significativo. Esa cosa tan asentada y tan fiel es inglesa. Todas las subculturas son inglesas, casi. Y tienes la figura típica del tío que es mecánico y tal, pero que luego tiene el orgullo de ser el mod, o el rocker…
Vuestro linaje, sin embargo, es menos ortodoxo. ¿Cómo llegásteis a la confluencia de sonidos de Los Mambo Jambo?
D: Lo interesante es haber llegado aquí sabiendo lo que ha psasdo desde que empezamos a tocar hace 30 años, saber lo que se hací en todo momento. Nosotros no hemos sido niños burbuja, no hemos estado en un lugar estanco como mucha gente del rock’n’roll. Hemos recibido un ADN inoculado de muchos tipos de música, y hemos ido probando de todo con los años.
M: Nunca hemos sido yijadistas del rock’n’roll, ni antes de Los Mambo Jambo ni ahora. Nos gusta nuestro instrumento, somos músicos, nos gusta investigar… No nos gusta solo un género.
D: Lo nuestro quizás no sea ortodoxo para el mundo de la subcultura, porque hemos escuchado punk, funk, pop, de todo un poco.
M: Parte de la gracia que tiene esto es que Dani y yo empezamos a hablar de versiones, y tardamos un año en quedar para tocar. Y quedamos para tocar R&B de los años 40, y lo que salió era un hijo bastardo que no tenía nada que ver. Pero que nos puso a cien. Nunca fue un proyecto de banda que practicase un género.
Los dos venís de cantar y de explicar cosas en letras. ¿No os falta algo, de vez en cuando, al hacer música instrumental?
M: La gracia la tiene buscar buenos títulos para buenas canciones. Hacemos colaboraciones con cantantes como Barrence Whitfield, pero no porque necesitemos letras, sino más bien para probar cosas nuevas.
D: Yo lo pienso como saxofonista, que a veces me molaría tener letra, pero no como miembro de Los Mambo Jambo. La idea de Los Mambo Jambo es así. Imagina qué decepción si en el tercer disco metemos un tema cantado. La gente nos mandaría a la mierda.
Los dos sois coleccionistas de discos, además de músicos profesionales. Pero hay muchos músicos que no son así. Que tienen el talento, pero no están obsesionados con la parte enciclopédica ni la fetichista de esto de los discos.
D: Y al mismo tiempo la gente como Lonnie Mack o King Curtis debían tener veinte o treinta discos, no tres mil [ríe]. A mí el coleccionismo por el coleccionismo no me interesa nada, pero me gusta la idea platónica de las ideas, de que tienes un mundo de ideas y tú eres solo el transmisor. Para mí, todos esos discos nos hacen sentir parte de la tradición.
M: Además, hoy en día en que parece que todo está a mano, me gusta tener un disco que no está en Itunes y nunca se ha sacado en CD. Y puedo versionar esa canción. No se trata de hacerse el chulo, sino de buscar tesoros perdidos. Que los hay, y muchos.

Mario Cobo, a la guitarra

Mario Cobo, a la guitarra

La subcultura es de alto mantenimiento, caramba. No fomenta la holgazanería. Entre la ropa, los discos, los peinados… se te va el día. Es un trabajo a jornada completa.
D [Carcajada]: Cierto. Aunque nos tomamos más en serio el tema musical que el estético.
M: Pero no saldríamos en chancletas [ríe].
D: Y eso que existen muchos músicos, de jazz o lo que sea, que no se cuidan en absoluto. Pero es algo que ya se te ha quedado. Ni te lo planteas. No saldrías a tocar con una camiseta Adidas. La Escuela Superior de Música de Catalunya forma a 300 músicos de jazz cada promoción, ¿y no les enseñan que no se puede subir al escenario con bermudas? [ríe].
M: Se trata de dignidad, y de cuidarte a ti mismo. Sobre todo es eso. Es una cuestión de autoafirmación. Salgo a la calle y me gusta saber quién soy.
Imagino que eso ayuda a la parte escénica del grupo. Si te has currado tanto el sonido, el repertorio y el espectáculo, ¿vas a descuidar el atuendo?
D: Sí. Pero la gracia es que te salga natural. No te disfrazas para tocar. Ya te sale así.
M: Lo máximo es ponerte algo que por la calle ya te parecería demasiado cantón. Por lo demás, es lo de siempre. Claro, si desde los catorce años llevas vistiendo así… Mañana no iré al Zara, ni vendré a tocar convertido en un señor normal. Creo que todo esto es sano. Que es una cosa interesante más. Que es tu afición. Que no es como ver la tele.
Esto le preserva a uno de forma magnífica. Mucha gente que milita o ha militado en subcultura, o que vive en el rock’n’roll, se conserva la mar de bien.
D: Estaba pensando en eso el otro día. En una revista salían hace poco fotos actuales de grupos de pub rock como Nine Below Zero, y no estaban nada acabados. Yo creo que es por la pasión, por la vocación, las ganas de estar conectado. Y no creo que te puedas plantear otra forma de vida.
M: Es la ilusión no perdida de la juventud.
Claro. Este tipo de pasiones, o te llevan prematuramente a la tumba o te mantienen joven muchos años.
D: Luego está también lo musical. Si estás en activo nunca llegas a la estación en que ya estás bien. No. Eres un rookie toda la vida. Un aprendiz eterno. Esto ayuda a no apoltronarte, como sucede en según qué curros. Como si fueses Director de La Caixa. Nosotros cada día tenemos que aprender más vocabulario, más fraseo, más técnica…
M: Y si le sumas a eso que somos autónomos, y que tenemos que buscarnos la vida cada día…
D: Hay una diferencia entre la gente que es profesional y la amateur, como tantos grupos de indie, por ejemplo. Ellos son gente que está haciendo su doctorado y queda los fines de semana con los amigos para hacer el súper-auténtico. Nosotros llevamos 30 años sacando pasta de tocar nuestro instrumento encima de un escenario.
Me hace una gracia tremenda cómo en las entrevistas con publicaciones más orientadas hacia el rock “clásico” os preguntan a menudo sobre los “grandes iconos” del rock. Y cómo a vosotros os la traen al pairo Dylan, Springsteen, Lou Reed… Igual que a mí, vamos.
D [Risas]: El otro día un tío me defendía a Neil Young, y le dije que no había manera, que no era lo mío. Ese tío desafina como un cabrón, y hace notas de una sola nota.
M: Bruce, Dylan, los Stones… Los que vienen y te llenan el estadio. Nosotros hemos huido de eso ya desde pequeños. Nos encanta Elvis, pero te pasas la vida buscando más. Lo defiendes a muerte, pero también has descubierto a aquel tipo que no conoce nadie, y grabó un disco raro en…

a2221097537_16La diferencia es que a esa gente de los semanarios le gusta el rock. El “buen” ROCK.
D: El rock sin apellidos. Mira, yo me he hinchado de rock. De hard rock setentoso, que me encantaba. Yo he pasado por allí y ha ido alimentando mi lenguaje, a veces incluso por eliminación.
M: También está bien cerciorarte de a qué suena algo que no te gusta. No sea que de repente un día escuches algo de lo que llevas toda la vida echando pestes, y resulte que está muy bien. Yo con Dylan he tenido mucha suerte: de joven mi tío me dejó un disco que encontré impresentable, cuando yo ya escuchaba rock’n’roll, y allí solo había un violín desafinado, y él cantando como una vieja. Evidentemente, sin tener un nivel de inglés buenísimo, aquello ya no me interesó nada. Yo prefería escuchar a George White, o cosas de blues que ya me llevaban a otro mundo.
D: Y a la vez, sin entender lo que decían, a mí Beastie Boys me gustaban mucho. Y aquello era [imita a un rapero chillón]. Era por la energía.
Me molesta mucho cuando el rock’n’roll se intelectualiza o se intenta convertir el algo complicado. Precisamente la gracia del pop, y del r’n’r, y del ska, etc. es que comunicaban muchas cosas a base de simplicidad y economía de recursos.
D: Yo siempre he tenido muchos problemas con Velvet Underground y Lou Reed. Qué quieres que te diga. El tema del criterio musical es como el de las mujeres: a uno le gustan mayores, y a otro le gustarán flacas. Yo que sé. Tu gusto se forma desde los discos, desde la madre… He ahí un tema, sexual o musical [carcajada].
M: Hay mucha música a la que no le prestamos ninguna atención, y mucha otra la que sí. Lo interesante es que no hayas perdido el tiempo con cualquier cosa, que lo que escuches tenga algo.
Que no te pases cuarenta años con Supertramp para descubrir un día que no eran gran cosa…
D [ríe]: Lo cojonudo es precisamente hablar sobre esto, y que haya debate, y que no a todos nos guste lo mismo.
Hablando de gustarnos a todos lo mismo: ¿Ha habido una invasión rocker del espacio exterior, o algo? Nunca había visto a tanta gente con pintas 50’s por la calle.
D: Es algo cíclico. Siempre ha sido así. Un movimiento pendular que se acerca y se aleja, y que lo lleva haciendo desde los últimos 35 años. Recuerda a finales de los ochenta, todas aquellas películas como Gran bola de fuego, o La bamba, y de repente se hablaba todo el rato de rock’n’roll, pero luego remitió.
El fenómeno del burlesque 50’s –donde vosotros habéis participado como banda de acompañamiento- también parece haber renacido en shows como Taboo. Es extrañamente recatado para los tiempos que corren.
D: Sí, pero eso quizás se deba al exceso de hipersexualización que te encuentras en un anuncio de… De lo que quieras, porque el sexo está en todas partes. Desde el del KH7, donde follan en mitad de una cocina (y dirigido por el Bigas Luna). El burlesque se recuperó a mitades de los 90 en California como una disciplina escénica perdida, y ahora recuperada. Como en círculos okupas se recuperaron los malabares, vamos.
M: La diferencia es que ya no tiene ese punto machista de ir a un bar a ver tías con el culo al aire. Es más divertido. No es un club de estriptís. Y se relaciona con los recopilatorios aquellos de Las Vegas Grind, de Crypt, que tenían esa estética y música.
D: Esos recopilatorios crearon una escena musical entera. Eso es inaudito. Eran instrumentales de serie B, medio jazzísticos medio rockeros, que nunca salían de ese gueto. Era como la escritura pulp.
M: Porque los grupos incluidos ni se conocían ni formaban parte de ningún sonido común. Probablemente se dieran asco entre ellos.
Tú formaste parte de Los Rebeldes, Dani. Me fascina cómo los grupos mal llamados “retro” de los ochenta suenan tan inconfundiblemente a años ochenta. Tocaran lo que tocaran. Ahora, en cambio, el revival es pavorosamente fiel. No sé si me gusta eso.
M: Yo empecé haciendo ejercicios de estilo, intentando sonar como aquel señor de 1957. Pero Los Mambo Jambo ya no son así. Tenemos mucha energía en directo, y hemos intentado grabar en directo. Suena un poco antiguo, pero es lo que es. Es algo natural.
D: Creo que en los ochenta se creía que se estaba consiguiendo una calidad de sonido máxima, como cuando nos compramos los primeros cedés. O los que compraron laser discs. Luego te das cuenta de que por ese camino se pierde identidad, y hay una reacción contraria. Y esa reacción a veces es enfermiza, en efecto. Alguna gente se conforma con grabar en una mesa analógica de la época, que sin duda da mejor sonido, pero luego está el otro que se compra el micro chungo, para sonar igual que en aquel disco chungo de la época.
M: Me parece a mí que falta un poco de diversión, también. Hay cosas que me gustaban de joven, y que ahora me cuesta escuchar, pero que tenían un gran atractivo. Porque sonaban divertidas, a cuatro tíos que entraban a un estudio a pasarlo bien y no a preocuparse por la estética a nivel sonoro. Parece que si eres un grupo de soul tengas que sonar exactamente a soul, pero la gracia de los grupos de ska de los ochenta era precisamente que sonaban contemporáneos.
Claro. A menudo, en el pop, las cosas que intentabas hacer pero luego te salían raras o distintas eran las mejores.
M: Sin duda. Es que para tener una copia exacta ya te vas al original. Hoy en día parece que hay que catalogarlo todo, y es más fácil hacerte un hueco en escenas o fuera de la escena sonando exactamente a algo que te pueda aportar una etiqueta.
D: Uno tiene que hacer lo que le de la gana, y con sentido de humor, y pasándolo bien en el proceso. Si uno lo quiere hacer en digital, que lo haga en digital, o en válvulas.
¿Qué os parece que mods y rockers se hayan unido al fin? Lo podríamos haber hecho en los ochenta, y nos habríamos ahorrado todas las miraditas torvas en bares y las pintadas faltosas en letrinas.
D [Carcajada]: A ver, a mí estas escenas ya no me interesan en absoluto. A nuestros conciertos van diez rockers y para de contar. Veo que las subculturas de ahora están llenas de integrismos. Eso no va conmigo.
M: Como han ido menguando en número, la gente se apiña. Como en las películas de zombis, cuando para defenderte te vas poniendo espalda contra espalda [ríe].

Kiko Amat

(Esta entrevista, en formato reducido, se publicó en el suplemento Babelia de El País del 7 de mayo del 2015. La pueden leer aquí, donde también hallarán el cuestionario que ambos artistas rellenaron para la sección El Rincón. Esta es la versión íntegra de la charla, sin cortes de ningún tipo. La foto principal es de Gianluca Battista)

C’est un Pànic excentrique et peu ancré dans la réalité (y que lo digas, tío)

Oh, pero cómo nos gusta leerlo así:

Pànic Orfila est né à Londres d’une mère catalane et d’un père anglais. Orphelin à huit ans, il est envoyé dans la province de Barcelone chez sa grand-tante Àngels, ancienne combattante anarchiste et femme à poigne. Celle-ci tâche de lui transmettre ses valeurs libertaires…
Douze ans plus tard, après quelques déboires amoureux, c’est un Pànic excentrique et peu ancré dans la réalité qui arrive à Barcelone pour étudier. Il y fait la connaissance d’un quatuor de dandys qu’il surnomme « les Vorticistes ». Ceux-ci, sentant le besoin de reconnaissance du jeune homme, décident de l’inclure dans un mystérieux projet de révolution. Ils l’initieront à leur manière aux amphétamines et à la lutte clandestine…

Tout ce qui fait BOUM ya aparece en Asphalte Editions como novedad de mayo. Nos llegan rumores de avalanchas en librerías y bistrots en llamas. Sale hoy a la venta (según nos contaron).

El país entero se ha enterado de que Kiko Amat “il a quitté le système scolaire à dix-sept ans“. Eso, que no quede nadie sin saber que su autor es un zoquete.

“¡Este vendaje no tiene nada que ver con mi comportamiento!”

Todd-McEwenTal vez sepan que tenemos al maravilloso novelista TODD McEWEN de invitado extra en el Primera Persona 2015 que se celebrará este 8-9 de mayo en el CCCB. El maestro entre maestros abre la primera sesión del primer día, con un pequeño show de 10 minutos inspirado en su excelente libro sobre poglias y posturas sexuales y levantamientos hidráulicos Las cinco máquinas simples (Automática Editorial).

Para rendirle homenaje hemos decidido republicar la entusiasta (hasta la chifladura) crítica que escribimos en el 2013 sobre su tronchante y locatis Boston; sinfonía para violín sin cuerdas (Automática Editorial), la traducción con la que debutó en nuestro país. Fuimos (y somos) MUY FANS de ese libro. Tanto lo recomendamos que incluso llegamos a firmar algunos en aquel Sant Jordi; lo crean o no.

En cualquier caso, es ésta:

Si los libros fuesen clientes de un bar, Menos que cero sería el guaperas cuidadosamente desaliñado y de mirada lasciva que sorbe peripuesto su cóctel en la barra, y Boston; sonata para violín sin cuerdas sería el tarado que recorre el local con las manos en la cabeza, la minga asomando por la bragueta abierta, conversando con gente imaginaria, sangrando por la nariz y tratando a la vez de sofocar un pequeño incendio en su pernera. Sí, han captado mi audaz símil: Boston es un libro LOCO. No loco de “mirad lo loco de estas bermudas floreadas” sino loco de salir a comprar en bata y pantuflas, loco de manicomio, loco de ver a Jesucristo y amarle en una noche de pasión y luego perder la chaveta y dormir en parques y andar por ahí con hojarasca pegada al cabello.

9788415509127Ustedes dirán que la locura no tiene gracia. Se equivocan: la locura en narrativa es graciosísima, y Todd McEwen creó en 1983 a uno de los lunáticos más entrañables e hilarantes de la literatura. Si quieren imaginarlo, William Fisher (tomen nota, nerds: se llama como el protagonista de Billy Liar) es una mezcla del Basil Fawlty de The Germans, el Arturo Bandini de John Fante y el Reginald Perrin de David Nobbs. O sea, tres maníacos histriónicos al borde de la neurastenia, juntos y encerrados en un nuevo guión de La conjura de los necios.

La historia es simple pero convulsa: William Fisher deambula por un lago helado, ve a Thoreau atrapado debajo del agua (¡juá!), resbala y se parte la crisma. Ese accidente desencadenará una reacción en cadena de fatalidades quijotescas de un extremo al otro de Boston que incluyen: nudismo involuntario, beodez extrema, malentendidos vergonzantes, desacato a la autoridad, abandono del empleo, un omnipresente violín sin cuerdas, 12 valientes páginas de ortografía de borracho (“¿Dienes sidio bara dormir?”), sensacionales imágenes de hombres-deshechos-de-parranda (“dos sujetalibros” apoyados el uno contra el otro), violencia gráfica, indigencia fortuita y amistad con homeless, su ex-novia “besando a un mendigo” (“Quería volverse loco y escribir J.HARDY SE FOLLA MENDIGOS en la pared con salsa de tomate”), vagabundeo por la gran ciudad, una revuelta callejera, odio al hippie (“una sociedad organizada en torno a la levadura y la fotosíntesis”) y odio a los veganos/abstemios y odio al cine francés (¡viva!), desorientación vital extrema que desemboca en demencia y perdición, pero también pathos y emoción y pena. Y la magnífica belleza, humor y éxtasis que son consecuencia de todo ello.

En efecto: Boston parece un catálogo de mis cosas favoritas del mundo entero, por no decir un cartabón con el que medir el resto de novelas que caigan en mis manos en lo que me queda de vida. La prosa es un poco experimental, pero de forma tolerable (escasez de comas, diálogos sin guión, a lo nouveau roman); no va a hacerles bizquear, no pasen ansia. En general, lo pasé tan endiabladamente bien con el humor feroz y valiente y, sobretodo, inteligente de Boston que rezaba para que no terminara nunca, como cuando miraba dibujos animados de niño. La sorpresa editorial del último año, y me quedo corto.

Kiko Amat

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia, en algún punto de octubre del 2013)

DJ STALINGRAD: Antifa antimacho

DJ Stalingrad (nombre real: Piotr Siláiev) tiene la faz bonita (a lo némesis tártara de Miguel Strogoff), la mirada helada y la risa nerviosa. Habla un inglés más o menos fluido que salpica con palabros inventados. Ante todo parece tímido, algo retraído y nerd, la antítesis del Enemigo Público #1 y hooligan salvaje que pinta su libro, el brutal Éxodo (Automática 2015).

silaev-petrSí, hay algo extraño en Stalingrad. He aquí un militante de la izquierda antifascista rusa que llega a Barcelona como dilecto disidente, pero su actitud general es… ¿algo pueril? A lo largo de la charla Siláiev exhibe tics de punk juvenil (nos conmina a esconder las cervezas para una foto) y curioso desdén partisano (St.Pauli, equipo antifa alemán, son “el McDonald’s de los hooligans antifascistas”). A ratos Siláiev habla como un prócer académico, en otras cambia a skin callejero. Y hablando de callejero: he aquí a un hombre que aduce haberse educado en las calles más duras de Moscú, entre vagabundos, nazis y rateros, y a las dos horas de estar en Barcelona ya se ha dejado sisar el Iphone, como un bisoño erasmus. Incluso los ídolos existenciales que aparecen en su novela son de habitación teen, el tipo de posters que colgarías si quisieses importunar a tu madre: GG Allin, el Unabomber… Solo falta Marilyn Manson. Yo no digo que no me crea a Stalingrad (sé que le han sucedido cosas asaz tremendas, y no dudo de su fiera militancia). Solo digo que es un personaje… Contradictorio, vaya.

Solo empezar la novela, el protagonista confiesa que va a contarnos su historia para conseguir sacársela de encima. “Recuerdo para olvidar”, afirma.
En el 2008 hubo un gran redada policial, después de que un miembro del parlamento ruso declarara que yo debería ser arrestado junto a otra gente porque éramos un peligro para el “orden constitucional” o algo así. Entonces decidimos desaparecer por un tiempo. La mayoría de mis amigos emigraron a Ucrania o otros países del Este, pero yo me encaminé a Finlandia, pues tenía los papeles en regla. Me aburrí allí de inmediato y agarré un avión a Tesalónica, pero de repente la guerra estalló y la ciudad quedó en llamas. Allí vi que eso marcaba el final de mi vida anterior, y que debería ponerlo por escrito. Me empujó a ello también la muerte reciente de uno de mis mejores amigos, que habían asesinado poco tiempo atrás. Así que me hice con un cuaderno y lo escribí de una tirada. A continuación otro amigo en Moscú fue asesinado, y empecé a preguntarme qué hacía yo viviendo en el paraíso mientras mis amigos morían. Así que regresé a Moscú y pasé allí tres años más. Realmente trataba de escribir para olvidar, para pasar página de mi vida pasada.
No te ha salido muy bien, porque ahora todos los periodistas van a preguntarte una y otra vez sobre ello.
Claro. Eso es muy cierto. En lugar de olvidar he conseguido lo opuesto. Memorizar la historia.
Es una pregunta algo manida, pero en un libro (presentado como vivencial) como el tuyo se antoja obligatoria: ¿Cuánto de verdad hay en él?
Todo. Es documental. Porque lo estaba escribiendo para mí mismo, no se suponía que llegaría jamás a publicarse. Todo lo que escribo es preciso, pero a la vez siempre aspiré a que fuese un texto de ficción: cambié todos los nombres, no incluí ningún tipo de historial para los personajes que pudiese servir para los medios de comunicación, o así. Por ejemplo, no incluyo background histórico de la guerra entre la derecha e izquierda, porque resultaría algo demasiado obvio para mis amigos. Es un documental exacto, pero altamente ficcionalizado. Como tiene que ser.
En tu novela hay mucha borrachez. El zapoi, o gran merluza rusa, forma parte esencial de las grandes novelas rebeldes rusas, de Limónov a Eroféiev. Y del carácter ruso en general.
En cierto modo. Pero a la vez, eso es una de las partes ficcionalizadas de la novela. Porque me influencian mucho los autores beat americanos, y la aparición del alcohol en Éxodo es como un homenaje a todos esos autores beat. En realidad, la mayor parte de personajes que aparecen aquí no bebían en la vida real. Porque practicaban algún tipo de deporte, o artes marciales [ríe]. Así que es un homenaje estilístico.
Pero historias como la de los obreros de fábrica que se empapuzan de alcohol y juegan a cartas y luego cuelgan al perdedor de una grúa suenan completamente veraces…
¡La vida del trabajador! Sí. No sé. Al menos esa es la historia que cuenta el personaje.
Hay mucha sed de venganza en el libro. Venganza honorable, en el sentido romano de la palabra. Devolver el golpe a los que te mienten y estafan.
Bien, hay varias puntualizaciones que podrían hacerse sobre esto. Es obvio que la violencia juega un rol prominente en la escena hooligan, o en cualquier tipo de guerra de bandas. Pero “venganza” también es una palabra adecuada el intentar describir la situación política en Rusia. En ruso incluso suena bien: месть. Es lo que siente la mayoría de la sociedad rusa respecto a las autoridades, por haber destrozado sus vidas en los años noventa. Si uno piensa en el modo de vida soviet, con tristeza o nostalgia o lo que sea, es interesante percibir que era un modo de existir bastante de clase media. La sociedad soviética era opresiva y dura, pero sus aspiraciones eran pequeñoburguesas. Los medios occidentales no suelen verlo así, pero esta es una reflexión clave. Las infancias de nuestra generación fueron completamente normales. Y de repente, en un par de meses, todo estaba destrozado, por culpa de un puñado de tipos malvados. No por cambio político o por una crisis, sino por un puñado de villanos. Y la vida para los pequeñoburgueses como yo se volvió horrible. Era inimaginable. Jamás habríamos esperado caer a esos niveles de white trash [ríe]. Todo el mundo empezó a experimentar sentimientos de venganza hacia los más ricos, y hacia las autoridades.
Esa venganza se traduce en la novela en actos de gran brutalidad. A menudo las fuerzas de la izquierda autónoma, aunque tengan el derecho moral a sublevarse (y lo tienen), actúan con un nivel de bestialidad similar al de los nazis.
Sí. Es algo que quise enfatizar. No quise detallar demasiado las personalidades, pero sí pintar una generación que a través de la violencia daba un salto social. La violencia nos daba seguridad, incluso (paradójicamente) era algo que nos mantenía fuera de la cárcel, cuando debería ser todo lo contrario. Porque estábamos más organizados, porque teníamos más dinero, podíamos permitirnos mejores abogados y pagar sobornos, todo eso. Incluso como adolescentes. Recuerdo el shock de mis abuelos cuando me vieron sobornar a un policía que nos estaba importunando. Ellos eran académicos y científicos, no esperaban que su nieto fuese un gángster [ríe]. Ni yo tampoco. Me dije: “¿qué coño acabo de hacer?”. Quise describir una generación para la cual la violencia era un lenguaje de poder, una herramienta útil.
SilaevAlgunos tarugos pueden estar en un lado o en el otro. Es solo una cuestión de círculo de afinidades que estén en el antifascismo o el nazismo, ¿no?
[Entendiendo mal la pregunta] Bueno, en el texto original ruso se ve claramente en qué lado está cada uno. Porque aunque utilizan los mismos métodos, hablan un lenguaje distinto. Porque vienen de un background distinto, también. Los dos bandos somos muy distintos. En el texto, los nazis utilizan una jerga moscovita moderna, de los 90’s, y nosotros una mezcla del habla de nuestros abuelos, de jerga 70’s y de dialecto redneck de provincias. Esta diferencia es visible en el texto ruso.
En los ochenta en Europa, lo del hooliganismo era algo puramente de clase obrera. Las firms eran de barrios proletarios.
En Rusia es al revés. Muchos de los nazis vienen de familias que habían hecho fortuna en los noventa, de la nueva burguesía. Eran más ricos que nosotros, muchos de ellos eran universitarios. Y de empresariales (nosotros éramos de humanidades).
Tu libro me recuerda a Eduard Limónov en algunos aspectos. No sé si la comparación te gusta o no.
Muy interesante. Hace un momento le recomendaba a Lucía [Automática] uno de sus libros, precisamente uno que no pertenece a su canon sagrado [ríe]: El libro del agua. Es una colección que escribió durante un periodo de prisión hace diez años, y es una recolección caótica de su vida en forma de novela corta. Conectado de algún modo al tema del agua: ríos, lagos, fuentes, riachuelos… Muy existencial, pero me gusta más que sus novelas clásicas. Es más aventurero. Y él es una gran influencia, sin duda.
Os parecéis en la rabia y la mala leche. Literaria, al menos.
Él mezcla la beat generation y la sed de venganza rusa post-soviética que mencionábamos. Y es el escritor más malhablado de Rusia [ríe], por eso es tan famoso. Porque no para de jurar, y eso que tiene 70 años. Esa es la razón por la que Éxodo se hizo famoso en Rusia. Porque estructuraba mis frases a lo beat, como Limónov.
Yo a Eduard se lo perdono todo. El Nacional-Bolchevismo también, si me fuerzas.
El Nacional-Bolchevismo fue una epifanía para mucha gente de la generación post-soviet. No es exactamente de derechas, como suele decirse por ahí. Es un fenómeno postmoderno. En su periodo de mayor apogeo, a mediados de los noventa, cada ciudad rusa tenía un capítulo nasbol. Y cada capítulo era completamente distinto del de la ciudad vecina: unos eran izquierdosos, otros nazis… No tenían nada en común más allá del acercamiento post-moderno y la figura de Limónov.
Las batallas de tu libro son a menudo entre miembros de la misma clase social. Esto siempre ha sido así. La clase obrera también está llena de cabrones, chivatos, policías y nazis. Sería ridículo pretender que todo el pueblo es puro como la nieve recién caída, como hacen algunos.
Eso es aún más ridículo si piensas en un pueblo tan inmenso como Rusia. Somos 140 millones de individuos. En una masa de población tan grande es imposible generalizar. Aparecen capas y substratos completamente distintos en cualquier clase. La clase obrera de una zona no tiene nada que ver con la que está en la otra punta del país. Están completamente desconectadas.
Me encanta el fragmento donde dices: “Siempre nos están diciendo (…): “Sé tú mismo, no te avergüences, sé tú mismo”. ¿Y si para mucha gente ser ella misma significa ser un canalla o un esquizofrénico?”. Cierto: a algunos tipos habría que decírseles: no seas tú mismo. Sé otra persona, por favor.
[ríe] O, si eres una mala persona, deberías buscar formas útiles de explotar esa maldad.
También dices: “A la gente como tú y como yo no nos conviene tomarnos un descanso”. Explica, por favor.
Mira, pongamos que yo tengo dos tipos de amigos. Mis amigos normales, de infancia y tal, y los amigos que hice en la escena hooligan. Los amigos hooligans se están todo el día metiendo drogas, metiéndose en líos, entrando y saliendo de la cárcel… Pero si me pongo a comparar estadísticamente el número de gente que ha terminado cumpliendo penas largas de prisión, el número es mucho menor en la parte subcultural y pandillera. Porque tenemos mejores abogados, estamos organizados, podemos sobornar a gente… Mis amigos normales terminan en la cárcel por cualquier chorrada, y nadie se ocupa de ellos. Esa frase la dice en el libro un médico de emergencias, no un hooligan. Porque trabajé durante una época en una ambulancia rescatando a gente en estado terminal. En un turno de noche nos encontrábamos a gente completamente chiflada, sin casa, ni papeles, muriendo lentamente… Y todo el mundo nos odiaba. El médico que tenía que ocuparse de ellos, el policía que tenía que firmar los atestados, incluso ellos nos odiaban… Esa gente había abandonado toda esperanza, se había tumbado a esperar su muerte. Eso es lo que sucede si descansas. Si dejas de luchar, te conviertes en alguien sin derechos. Porque cuando eres pobre, eres culpable por defecto.
En tu novela se mezcla la tradición hooligan con la escena grindcore.
Sí. Y las dos cosas coinciden con la aparición de Internet. En ese sentido, estuvimos siempre unos cuantos años por delante de la policía. Ellos no sabían ni conectar un PC.
Toda esa dialéctica del valor, de la guerra, del coraje y la virilidad que exhibes en la novela me recordó un poco a Marinetti y los futuristas. Incluso al pillado de D’Annunzio, si me permites.
En Rusia incluso los gánsteres leen. Para nosotros, incluso para los que practican actos horribles, la violencia no es tanto una forma de demostrar coraje o masculinidad, sino una epifanía, un modo de distorsionar la realidad. Los de nuestro lado son los perdedores, los pringados, los chavales leídos que quieren sentir algo. Son nuestros enemigos los que vienen de esa Rusia moderna y quieren cultivar el estilo macho. Nosotros somos anti-macho, somos lo que sufrimos abusos en la escuela, los que fuimos maltratados por los matones.
58-éxodo-large.pngPero precisamente ese maltrato hay que devolverlo con las mismas armas, ¿no?
Si nos defendemos es porque no tenemos nada que perder. Ya nos consideran lo peor, hagamos lo que hagamos.
Si hay alguna moraleja en el libro, quizás podría ser que puedes escapar a tu destino. Que si no buscas una salida puedes acabar muerto, o en la cárcel.
No está tan claro. Quizás no queda claro en el texto traducido. La mayoría de mis amigos están de maravilla, les va de perlas.
[Confuso] Pero antes has dicho que habían asesinado a dos de tus amigos.
Bueno, sí, dos. Pero el resto están bien. Lo que quiero decir es que si eres pobre y no formas de algún tipo de organización como la nuestra, tus posibilidades de morir aumentan enormemente. Si no participas en la lucha, la paradoja es que tus posibilidades de acabar mal son mucho mayores. Es lo que te decía antes: algunos amigos y gente que conozco de mi antiguo barrio han acabado muriendo porque sí, porque fueron abandonados por el estado. Murieron de cualquier gilipollez, por alguna enfermedad tonta, porque nunca se presentó la ambulancia ni tenían a nadie a quien llamar. En la escena, si alguien tiene cáncer todos aportamos dinero y consigue el mejor tratamiento posible.
La parte más dura del libro es precisamente la de la ambulancia. Y dentro de ella, la parte más horrorosa es la de aquel tío al que encontráis casi muerto y congelado en sus propias heces.
Sí, yo trabajaba de voluntario en esa ambulancia. Me iba bien porque era turno de noche y yo estaba estudiando. Fue una época demencial, aún no entiendo cómo el resto de gente sigue trabajando en aquello. Imagino que el nivel de pobreza extrema es igual en Rusia que en otras sociedades ultracapitalistas y neoliberales como los Estados Unidos: la diferencia es que en Rusia hace mucho más frío [ríe]. Masas de gente llegan a Moscú desde los pueblos de provincias, les roban al cabo de una hora de llegar a la ciudad, y se quedan sin papeles o dinero en una ciudad extraña y hostil. Y de inmediato quedan sepultados en Moscú, una ciudad de 28 millones de personas, y empiezan a morir lentamente. Y a esa gente los hallábamos constantemente en barrios ultra-pobres. El traductor al inglés de Éxodo creía que había un error en el texto cuando leyó que trabajábamos en esa ambulancia y teníamos que acabar peleando contra la gente que íbamos a rescatar. Eso sucedía porque los enfermos eran como zombies locos atiborrados de líquido desatascador de desagües, y nos atacaban. Policía ni hablar, claro. Así que teníamos que noquearlos primero, arrastrarlos a la ambulancia después [ríe]. Lo chocante de la historia del tío al que desatascamos de aquel bloque de hielo y mierda no es que estuviese atrapado en un bloque de hielo y mierda. Es que tenía novia. Que tenía alguien que le amaba, pese a su estado.

Éxodo (Automática, 2015) es un relato en apariencia vivencial –y con profundos aromas beat- de sus azarosas experiencias en la madre Rusia: hostias con nazis, más hostias con nazis, aún más hostias con nazis, borracheras zapoi, machetes y barras de acero, homeless congelados en sus propias heces, odio al sistema que le vio nacer, largos periplos ferroviarios a lo Eroféiev, pobreza, hastío y rabia. Más Tony O’Neill que Charles Bukowski, como un Irvine Welsh sin humor negro o un Limónov mucho menos chiflado y hedonista, DJ Stalingrad nos pasea por lo peorcito de la Rusia actual. Es duro, es corto y es brutal. Se lo recomiendo encarecidamente.

Kiko Amat

(Una versión reducida de esta entrevista se publicó en la revista Rockdelux de abril. Esta es la charla sin cortes ni afeites)

Lydon, indie español y Svenonius: mis tres libros musicales para Sant Jordi

Si usted está tan frustrado como yo por no hacer nacido músico (y cada vez que ha empuñado una guitarra el sonido resultante se asemejaba a un cochinillo herido de muerte tratando de atravesar un arpa), este Sant Jordi adquiera –a modo de pírrica consolación- uno de estos tres libros:
libro-indi-2-507-680x5071) Pequeño circo; historia oral del indie en España, Nando Cruz (Contra)
Las mejores historias orales se leen como novelas: Edie, de Jean Stein, Mátame por favor, de Legs McNeil y Gillian McCain, Harto de todo de Jordi Llansamá… La prueba algodonesca es el sentimiento: uno tiene que empatizar con los protagonistas. Nando Cruz traza aquí la historia de un fenómeno minúsculo en cuanto a ventas o popularidad pero colosal en cuanto a ruido mediático e infiltración crítica. Está todo: el germen, nudo y desenlace (desazonador), así como la influencia post-mortem (inexistente), ordenado por ciudades y sumando voces. Hablan los bichos raros del génesis (Lagartija Nick, Los Bichos, Cancer Moon…); el grueso de las tropas (Penelope Trip, El Inquilino Comunista, Manta Ray…); la conexión Donosti (Le Mans y La Buena Vida); los inclasificables (Patrullero Mancuso, El Niño Gusano); los que perduran (Los Planetas, Sr. Chinarro); el tardo-indie condal (Los Fresones Rebeldes, Astrud…). No faltan los empresarios, los pequeños sellos que nunca pagaban (el working title era Por favor, págame), el tradicional flirteo con multis, los caídos y los pentiti, los fanzines cotillas, los hypes, las rencillas, los primeros festivales… Ustedes se preguntarán si, como sucede en las novelas, Pequeño circo tiene también sus villanos. Alguno hay, sin duda, pero el libro decepcionará a los que busquen vinagre y puñal. El tiempo ha obrado una implacable labor de autoexamen y benevolencia en los entrevistados, que tienden a mirar con simpatía crítica al fenómeno. De lo mejor en pop que se ha publicado aquí.
2) La ira es energía, John Lydon (Malpaso).
Las memorias de John Lydon, antes Johnny Rotten, ideólogo/vocalista de Sex Pistols y P.I.L. Ustedes se preguntarán: ¿Pero este pájaro no había sacado ya una autobiografía? En efecto: Rotten: no irish, no blacks, no dogs (Antonio Machado, 2007). Lydon debe ser el único artista que considera insuficiente tener un solo libro de memorias a su nombre. Pero La ira es energía es un trabajo notable. Lo mejor son las 100 primeras páginas sobre adolescencia, subcultura, familia y barrio. Desde allí, algunas cosas les resultarán familiares (el tragicómico circo de los Pistols), otras menos (la saga P.I.L.), otras serán nuevas. Por supuesto, algunas de las nuevas no eran, ejem, cruciales: le ofrecieron un papel en Critters, protagonizó anuncios de cerveza Schlitz, le encanta el primer disco de INXS, sufre problemas de dentadura, tiene miedo de su propia ropa interior… La última me la he inventado, pero ya ven por dónde voy. Para los fans de su ego y mal café, están todos los Lydonismos: él inventó el punk, el post-punk, el postmodernismo y quizás la penicilina; la mayoría de personajes del punk eran un camelo (menos él, se sobreentiende): Ari Up, Steve Jones, Jon Savage, The Clash… (la lista de calumniados es kilométrica); se declara inocente de todo lo espantoso (sus apariciones en celebrity shows, el anuncio de mantequilla aquel…). Hay un momento en que incluso empieza una frase así: “Jesucristo y yo…”. Se lo juro. Sin ironía alguna. Pero es Lydon, joder. ¿Qué se esperaban, Hello Kitty: mi vida entre las flores?
3) Estrategias sobrenaturales para montar un grupo de rock, Ian Svenonius (Blackie Books)
Ian Svenonius, flamígero performer de r’n’r dislocado con The Make-Up o Chain & The Gang, nos adoctrina en este manual para montar una banda de rock. La obra está dividida en dos secciones: una inicial sesión de espiritismo, donde se realizan encuentros con varios célebres difuntos (Jim Morrison, Mary Wells o Buddy Holly) y una segunda parte en la que se analizan los detalles indispensables a la hora de formar una banda: mánager, sello, cantante, groupies, críticos… Todo en este libro es ironía, pero también reflexiones de calado e inesperadas revelaciones (de fuentes insospechadas: Chuck Berry habla del rock’n’roll en contraposición a la amenaza de la URSS, Buddy Holly razona la influencia de las pandillas juveniles en el formato clásico de banda…). Tan erudito como mordaz, la lectura de Estrategias sobrenaturales… se les antojará gratificante como el mejor de los bailes.

Kiko Amat

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 18 de abril del 2015)

Chap chap: bienvenido a casa, macho (el 13 de mayo en todas las librerías)

¡Ya ha nacido Chap chap, el nuevo libro de Kiko Amat! Ahí lo tienen, junto a algunos de sus hermanos. Miren lo gordito que está, y lo mucho que se parece al padre.

Chap-chap-and-friendsChap chap (Blackie Books, 2015) es una flamante y llameante colección de artículos, listas, diatribas y panegíricos 1987-2014 (“una antología confesional”, como anuncia certeramente el subtítulo). Lleva un prólogo que es lo más, es una selección que te pasas e incluye una montaña de textos nuevos y comentarios del autor y otras desnudeces vergonzantes. Sí, es de nuevo su autor de cercanías favorito enseñando los metafóricos y oprobiosos colgajos. También hallarán entre sus páginas “Los 6 peores artículos de mi carrera”, seleccionados y destripados para su completa comprensión y ulterior defenestre.

Lean, pues, en este libro cómo Kiko Amat: acude a una cita con la actriz Juliette Lewis, atropella a un viejo con su coche (pero no se lo carga), acude boquiabierto a un concierto de Julio Iglesias, desea ser escalador, espía a los pijos de Calella, cuenta con repugnante detalle la vasectomía a la que se sometió, entrevista a Miguel Bosé, habla de nazis gays y de beatniks, confiesa sus juveniles actos de vandalismo público, acusa y defiende a The Style Council (de un modo algo bipolar), relata por qué beber es fascinante, acude a un concierto de Vic Godard y se emborracha como un cerdo, se infiltra en Queralbs para intentar atisbar a Jordi Pujol (y casi le linchan), nos enseña los tatuajes asquerosos que cubren su piel (sin que nadie se lo haya pedido) y rememora su vida en la cadena de montaje de la SEAT.

Chap chap estará en sus librerías favoritas el día 13 de mayo (según me cuentan). Vayan allá en tromba y adquieran cuantos ejemplares puedan.

 

Anarquistas místicos y mesías pandilleros de la Edad Media (oh, sí)

Uno de mis temas favoritazos de toda una vida es el milenarismo anarquista avant la lettre y las locas revueltas campesino-nihilistas de la Edad Media. Desde que leí hace años The pursuit of the milennium, de Norman Cohn, y The World turned upside down, de Christopher Hill. El segundo aún no ha sido traducido en nuestro país (¡tomen nota, editores valerosos del uno al otro confín!), pero el primero sí, por -cómo no- los inspiradores y estajanovistas amigos de Pepitas de Calabaza: En pos del milenio. Cómprenlo de inmediato.

Para celebrar su deslumbrante traducción, que recomiendo como un loco a todos ustedes, escribimos hace una semana este textín semi-breve para Babelia de El Pais. Creo que les gustará. Sé que les gustará.

Butifarra de Caitlin Moran para Primera Persona 2015

En jerga Primera Persona se llaman así: butifarras. Son los videos promocionales que pergeñamos, mitad para pasarlo chupi, mitad para esclarecer el contexto del artista, antes de algunos shows.

Este año estamos también utilizando esas chisporroteantes y sabrosas butis para saturar la web, como pueden ver aquí mismo. En la larga y linda salchicha visual que conmemora a nuestra admirada CATLIN (se pronuncia Cat-lin) MORAN.

Videenla aquí.