Ícaros

Este fin de semana en Bilbao me acordé de todos aquellos niños de 1989, los de los ojos grandotes y los trajes estrangulados y el ansia de salir zumbando por entre las nubes. Todos como pinceles. Y volví a verles este fin de semana, 26 años más tarde, y están igual: todavía con aquella ansia y voracidad, y los párpados igual de abiertos y los corazones ahí, en las mangas. De verdad que están igual, igual de bonitos, matados de risa y capeando los cates del destino. Cantando las viejas canciones de sábados noche y domingos por la mañana, de ícaros a punto de arrearse el morrazo contra el sol. Y volví a enamorarme de todos, de todo lo que hicimos y de lo que nos unió y de cuando nos conocimos y de cuando nos separamos y de cuando nos volvimos a reencontrar. Es así y no hay otra forma de decirlo: volví a enamorarme de todos aquellos niños y niñas de 1989. ¿Esas cosas? No las olvidas nunca.

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