Casi hasta el nabo de entrevistas por Chap Chap

Pero no desfallezco. Es el trabajo que hemos escogido, y colocar asientos del Ibiza era un pelín peor, créanme. Así que aquí les ofrezco de nuevo, a todos aquellos que aún no se hayan cansado de las peroratas bullshitters, mi super-entrevista clásica de cada nueva entrega libresca con los amiguísimos de Diagonal (Mario, Arturo: a sus pies) y la versión metafísica de la entrevista que realicé con la astuta Elena Vallés, del Diario de Mallorca. Tuiteen como poseídos del medioevo en ambas, y de paso jalean a los medios y periodistas que las sacaron.

De la primera me gusta todo, porque soy yo hablando con Mario, y eso va a estar bien por cojones (aunque me hace particular gracia esta frase: “Y a la que uno bajara la guardia y derramara la primera lágrima ya la habríamos cagado, aquello se hubiera convertido en Mujercitas”). De la segunda quisiera señalarles este fragmento, porque si hubiese escuchado a otro prendas diciendo esto hubiese ido corriendo a abrazarle. Pero, alucinantemente y contra todo pronóstico, resulta que lo había dicho yo mismo. ¡Albricias!

“Con lo que eres honesto es con tu emoción y contigo mismo, y así no eres un puto cínico. He ahí otro de mis mandamientos: no ser un cínico. Una cierta ironía y sarcasmo están bien, pero la ironía puede matar. Es venenosa. Hay cosas que no son ironizables. Y la ironía puede desembocar en altivez. Si hay un compromiso es contra el cinismo. El postmodernismo por definición es cínico. No hay un eje, es un estado de perpetua confusión, no hay bien ni hay mal. Es amoral. Yo me cisco en todo eso. Yo vengo de una tradición antipostmoderna. Hay una moralidad aunque no llegues a ella. Puedes pasarte una vida intentando alcanzarla y no llegar, como yo. Pero existen la rectitud, la benignidad, el bien y el mal. Hay cosas que hay que hacer y otras que no. Hay una forma de ser un hombre y una forma de no ser un hombre. Hay una cosa que es valentía y otra que es cobardía, aunque hagas cosas de cobarde constantemente; pero lo sabes. No es algo que flota en el éter de la postmodernidad. Cometeremos actos de cobardía diariamente, pero nunca te irás a la cama sin saber que los has cometido (…). Lo más importante es comportarte con coraje y ser un hombre. Pero la base de todo esto es ser consciente de qué es serlo. Y que si tropiezas en el intento, y te hundes o dañas a la gente que te rodea, al menos seas consciente de todo ello, qué ha pasado, quién eres tú, cuál es tu entorno, cuál es tu historia, qué intentas alcanzar, cuál es tu ideal. Tiene que haber un ideal en la vida, aunque no lo alcances, si no, no hay ninguna razón. El postmodernismo la ha eliminado. Pero yo pienso que sí, que tiene que haber un ideal moral. En la vida hay una moralidad y una verdad.”

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