Grunge: el año en que el punk petó (y palmó)

Una desigual historia oral sobre la escena y música “grunge”, Todo el  mundo adora nuestra ciudad, de Mark Yarm, esclarece algunas preguntas sobre el franelesco fenómeno. Aquí presentamos un clarificador listado de características.

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1) El grunge era paleto: Aunque no como imaginan. Muchos de sus músicos, eso sí es cierto, habían nacido en ciénagas redneck donde la gente lucía dedos y ojos de más (o de menos) y se desconocía el lenguaje no eructado. Aberdeen, cuna de Melvins, Kurt Cobain y otros, era “una letrina”. Tad eran de Stanwood, un villorrio donde imperaba el “paletismo total”, y Screaming Trees de Ellensburg, que yo visualizo como Lleida tras un bombardeo de drones. Seattle ciudad, que el auge del grunge puso en el mapa, no era la urbe bulliciosa y chic que pintó Solteros, sino un pozo ciego de mullets, deporte televisado y burricie viral. Sitios horribles, refractarios al arte y la audacia musical. Por eso mismo resulta fascinante que una serie de artistas decidiesen proyectar una imagen basada en aquello que odiaban. Mi teoría es que al grunge le sucedió lo mismo que le había sucedido décadas atrás al blues: unos cuantos gafotas blancos de clase media decidieron ensalzar su parte rural “auténtica” y deshacerse de lo que no encajaba en la narrativa. Ejemplo: para poder vender discos, el bluesman Big Bill Broonzy se hizo pasar por un gañán mulero de Arkansas, cuando en realidad era un sofisticado hipster urbano. Del mismo modo, en Sub Pop ocultaron que Tad Doyle (de Tad) había tocado jazz en la Casa Blanca para el presidente Nixon, pues no casaba con la imagen de aserrador flatulento que había vendido la prensa.

2) El grunge era un invento mediático: Bueno, al menos la ilusoria vertiente de clase obrera con motosierras, marcas de viruela en los mofletes y camisas afraneladas sobre panzones cerveceros. Todo aquello se lo sacó del escroto Everett True, del semanario pop británico Melody Maker, conchabado con los astutos dueños de la discográfica Sub Pop, madre de todo el cotarro. Esos tres difundieron bulos como que Krist Novoselic de Nirvana “competía profesionalmente escalando árboles” (en su puñetera vida se había encaramado ni a un rododendro), que Mudhoney eran una panda de mastuerzos semi-analfabetos (aunque dos de ellos habían cursado carreras universitarias) o que Tad Doyle era un “leñador ex-carnicero de 150 kilos”. Se había creado un mito indestructible, muy potente y romántico (los ingleses son los maestros de ello), que procedía no desmentir. Las bandas de la ciudad se prestaron al bulo con notable obsequiosidad y sentido del humor.

3) El grunge era punk: Sí. En su gestación era visceral, puro, airado, fecundo, secreto y muy intenso. En su punkez se unían las tradiciones hazlo-tú-mismo de la vecina Olympia (Cobain vivió allí durante una época, y se impregnó de corriente riot grrrl izquierdosa y anti-macho; o lo que la malévola Courtney Love define como “esas chavalitas empeñadas en golpear sartenes y en cantar sobre sus vaginas”) con el garajismo marrano del Northwest punk 60’s. Igualico igualico que el punk diez años atrás, el grunge vió toda su rebelión fagocitada por el mercado. Pero no culpemos siempre al coco malo corporativo: algunos grupos se pusieron más en pompa que otros. Buzz Osborne recuerda que Nirvana ya eran siervos del rock comercial “mucho antes de que se hiciesen populares”: escatimando cachés a los teloneros, negándose a tocar si no eran cabezas de cartel, y lindezas similares. Jonathan Poneman, de Sub Pop, afirma que Cobain se pasaba el día rezongando como una abuela con sabañones porque Bleach no estaba vendiendo “millones de copias”, cuando ya iban por las 50.000 (algo que por sí mismo era una especie de milagro). Y no hace falta recordar la flagrante hipocresía del mismo Cobain, que lucía en MTV camisetas Corporate Rock Still Sucks mientras se iba embolsando petrodólares de Nevermind, #1 mundial.

4) El grunge era una imagen: Terminó siéndolo, aunque nadie acierta a señalar al principal infractor. Algunas voces afirman que todo viene del padre de Bob Whittaker (manager de Mudhoney), presidente de una marca de ropa de montaña, que surtió de holgados (y fehttps://i0.wp.com/archive.alternativenation.net/wp-content/uploads/2014/01/markarmkurtcobain.jpgúchos) anoraks a media ciudad. Otros, como Tad Doyle, aducen que era una simple respuesta al inclemente tiempecito del noroeste americano (“aquí la peña vestía franela mucho antes de que llegara el grunge. Es una región fría”). Jeff Ament (de Green River) y Eric Johnson (manager de Pearl Jam) pugnan por el cuestionable mérito de haber popularizado las bermudas sobre mallas. A la tradición punk de pura no-imagen (melenas apelmazadas, bambas mugrientas) se le adheriría con el tiempo una cáfila de pisaverdes perfumados como Alice In Chains (que habían empezado como “la respuesta de Seattle a Poison”) o los impecablemente tirados Pearl Jam, equivalente rock del estilo Derelicte en Zoolander.

5) El grunge era para marginados y frikis: Quizás recuerden las camisetas de LOSER que lucía el voluminoso Tad Doyle, sin asomo alguno de ironía, como el que efectúa un mero ejercicio confesional. Sí, el elenco de frikis, fumetas, colgaos, nerds comiqueros y gorditos afásicos que era común en muchos grupos es un motivo de celebración para los adalides de la otredad como mi menda. Sospechosos habituales eran Buzz Osborne (michelinoso Minion lila con ojos de psychokiller), el mencionado Doyle (150 kilos, faz de bisonte estreñido), Mark Arm de Mudhoney (enclenque narigón recién fugado de Fraggle Rock) o todos los Screaming Trees, los “cuatro tíos más raros de Ellensburg”, que parecen del Club de Fans Juego de Tronos. Si el punk es resentimiento y náusea contra el mundo funcional, bien plantado y square de allá fuera, el grunge es puro punk. Blag Dahlia, de los vinagreros Dwarves, apunta por otro lado que ese grunge marginado y contrahecho no se habría comido jamás un pijo de no ser por sus chicos-póster: Kurt Cobain y su frágil donaire de toxicómano achuchable o la permanente paquetería de Chris Cornell (Soundgarden), aquel mentecato sin camisa.

6) El grunge era muy rock: Cobain no paraba de largar sobre artefactos no-rock como Television Personalities, Slits o Daniel Johnston, pero a la hora de la verdad el grueso del grunge cursó estudios en el más pétreo ROCK: a todas las bandas les unía el amor juvenil por Kiss, Sabbath o Led Zeppelin, y ello se filtró en lo que sería el sonido genérico de las bandas insignia. Y no solo al sonido. Los grupos de Seattle se lanzaron como un solo hombre, y sin el menor atisbo de contención, a la vida rockera y los clichés de desenfrhttps://i1.wp.com/40.media.tumblr.com/tumblr_m02i0dzaFE1r01olko1_400.jpgeno on tour: hoteles destrozados, escenarios en ruinas, campeonatos de piroflatulencia en la furgoneta (en serio: Green River de poco se matan en la carretera por un pedo llameante), grupis, cuestionables estándares de higiene (en Sub Pop tenían un ranking de los grupos que olían peor del grunge: ganaban L7, Nirvana eran el #3), ponzoñosas rencillas y una afanosa adicción general a la heroína (quizás la menos punk de las drogas). Pero vaya, ¿Quién podría culparles? Solo se vive una vez.

7) El grunge era un sonido: No. En realidad cada grupo sonaba distinto, y no se parecen en nada Babes in Toyland (“grunge pre-menstrual”), Nirvana (Pixies + Cheap Trick) Malfunkshun (semi metal), Pearl Jam (semi Led Zep), Alice In Chains (semi horribles) o Mudhoney (fans del hardcore punk o el garaje que versionaban a Angry Samoans y Billy Childish). Dicho esto, sí que circuló por la ciudad con la contagiosa celeridad de la gonorrea una nota musical que algunos músicos repelentes llaman “Re caído” (en inglés “drop D”). No les describo cómo se afina porque es una lata, pero sí les diré que hace que todo suene grave y cenizo, y que la popularizaron Black Sabbath. Sería plausible afirmar que lo que se conoce como grunge comenzó “el día en que Steve Turner abandonó Green River”, y del garaje punk anfetoso pasaron a afinar en “Re caído”. Y, por tanto, a ser un poco más deprimentes.

8) El grunge legó grandes discos: Eso es innegable, aunque naturalmente cada uno tiene sus gustos. Aparten de mi nariz, por favor, los de Mother Love Bone, Soundgarden, Candlebox o el muy-incinerable-en-piras-callejeras Ten de Pearl Jam, y dejen que se acerquen a mí el Superfuzz Bigmuff de Mudhoney, Tad, el Buzz Factory de Screaming Trees (y los demás hasta Sweet Oblivion), el “Love Buzz” de Nirvana (su in-cre-í-ble versión de Shocking Blue), el Bleach de Nirvana, el Nevermind de Nirvana, todo lo de Dwarves y Supersuckers (que no eran nada grunge, pero estaban en Sub Pop por las drogas) y muchos más. Miento: en realidad estos son casi todos. Pero tampoco está tan mal el recuento, especialmente si tenemos en cuenta que algunos géneros a lo largo de la historia (como el acid jazz, por ejemplo, si es que aquello cuenta como género) no han legado un solo álbum digno.

 

Grunge: lo loable y lo risible

LOABLE

  • Nirvana, forever. Aunque se “vendiesen”
  • “Smells like teen spirit”, un himnazo adolescente que es el “I can’t explain” de los 90’s
  • El impecable gusto discográfico de Kurt Cobain: Vaselines, Young Marble Giants, Kleenex, Rites of Spring, Wipers…
  • Screaming Trees y su pasote psicodélico
  • Tad
  • Todas las chicas: 7 Year Bitch, L7, Babes in Toyland.
  • Mudhoney
  • Las alucinantes versiones que escogían siempre Mudhoney (¡“Hate the police”, de los Dicks!)
  • Sub Pop y su estrategia comercial-fullera
  • Melvins (aunque me causen jaqueca, los tenían bien puestos)
  • Dwarves, los grandes mastuerzos de la ciudad. Merecen un artículo para ellos solos. HeWhoCannotBeNamed, su guitarrista, tocaba siempre en pelota picada. Simuló su propio homicidio en 1993, por lo que les echaron de Sub Pop. Y un largo etcétera de trastadas.
  • Supersuckers y su punk-a-billy farlopero y macarra.
  • Courtney Love: porque me gusta cómo les menta la madre a todos los demás.

RISIBLE

  • Pearl Jam
  • Eddie “Darth” Vedder y sus discursos políticos de media hora cada vez que alguien le daba los buenos días
  • Eddie Vedder en general
  • Los guapetes: Mother Love Bone, Alice In Chains, Candlebox… Solo les faltaban los tutús. De hecho, seguro que existe alguna foto en que llevan tutús.
  • Courtney Love: porque todo apunta a que era una arpía horrible y manipuladora, por no decir la Peor Madre Que Jamás Haya Existido.
  • El yonquismo: tan poco punk, tan 70’s, tan pueril, tan estéril.
  • El rockismo. Grupis, coca, hoteles devastados… Un monumental cliché.
  • Solteros, de Cameron Crowe. Inmundicia de filme.
  • La moda grunge en las pasarelas
  • El rollo macho de Chris Cornell y su irritante afán descamisador.
  • La nota fatídica: el “Re caído”
  • Todos los discos que sonaban a mero refrito de Led Zeppelin y Black Sabbath por culpa del “Re caído”.

(Ambas piezas, el texto y la lista loable/risible, se publicaron en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 21 de mayo del 2016. Fue asaz divertido escribirlas).

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