Taxi, de CARLOS ZANÓN (mi mini-despiece)

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Taxi contiene abundancia de hoteles, rayas, semen y mozas. “La noche y sus túneles”. Cuando empecé a leerlo pensé que me habían dado por error un disco de Burning (solo que con referencias a Minotauro y Dantón). Zanón, tan comedido él, tan sobrio en sus obras previas, se nos desbocaba. Pero entonces vi que el río desbordado, el periplo noctámbulo del taxista mujeriego, era solo un medio -como antes había sido lo “negro”- para hablar de “bochorno, duchas gota a gota por falta de potencia, patatas fritas caseras (…), aparatos monovolumen Cosmos cuya tapa era altavoz (…), besos de chicas, hermanas, rasgos de miseria (…), madres enanas, motos robadas y jerséis heredados del primo menos pobre”. Nadie habla de “la parte baja de la clase media” como él. Cuando escribe sobre odio, culpa, padres, abuelas y hermanos, barrios feos y sueños púber, Zanón es intocable; implacable. Taxi es un Zanón sin cinturón de seguridad, callejero, soñando con bohemia pero engrilletado a Horta. Su autor se va de ruta destroy, pero aún huele a macarrones con boloñesa. El exceso le sienta muy bien.

(Esto es un despiece tapón que me pidieron para el artículo central sobre Taxi, de Carlos Zanón, en el Cultura/S de La Vanguardia. La guarnición, vamos (como un cucharón de coleslow). No cabía todo lo que pienso, pero es un resumen bastante aproximado).

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