Villa Wanda: terrorismo negro y guerra sucia gubernamental en los “años de plomo” italianos (una entrevista con Eduardo Bravo)

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Eduardo Bravo es un escritor y periodista madrileño. Fue miembro fundador de Mongolia (que abandonó en el 2015), del fanzine Viernes Peronistas y del fanzine sobre música brasileña Serenidade, manual del usuario, así como profesor de la Musical Geographic Society, “experto en la vida y obra de Santiago Lorenzo” y colaborador del TMEO. Acaba de escribir un excelente libro llamado Villa Wanda (Autsaider Ediciones) que versa sobre terrorismo de Estado en Italia, guerra sucia, logias masónicas y la llamada “estrategia de la tensión” de los “años de plomo” (la década de los 70). Es un libro fantástico que, contrariamente a lo que podría esperarse, no interesará solo a friquis enpijamados obsesionados con fascismo, neofascismo y terrorismo parapolicial como aquí su humilde servidor, sino que funciona como utilísimo instrumento para entender y juzgar a los estados actuales. No solo Italia, paisaje en el que se desarrollan las fascistadas más o menos encubiertas que cuenta el libro, sino también el Estado Español.

Sí, amigos: si aceptamos que todo lo que sucede ahora viene por vía directa del régimen del 78 y los pactos forzados de la época que mantuvieron en el poder, sin purga alguna, a los representantes de la dictadura previa, no será difícil distinguir los lazos de unión entre ese régimen y sus guerras sucias, y las que se desarrollaban en la época en Italia y el resto de Europa, buscando los mismos fines y utilizando los mismos medios.

Leerán Villa Wanda con una mezcla de inquietud, perversa fascinación y hebefrenia (o risa nerviosa). Es la cara graciosa del terrorismo de ultraderecha, si quieren. En esta entrevista leerán sobre un montón de cosas que sembrarán la sospecha y el temor en todos ustedes, intranquilos ciudadanos del estado Español contemporáneo, país sin ley.

 ¿Cómo empieza un autor madrileño como tú a interesarse por unos hechos tan específicos -guerra sucia gubernamental, terrorismo de Estado, ultraderecha- de un país ajeno como Italia?

Yo soy un niño de los setenta. No lo viví de forma consciente pero sí crecí durante los “años de plomo”. No recuerdo la muerte de Aldo Moro en el 73 pero sí haber visto las imágenes durante el resto de la década. Así que toda mi infancia está marcada por esos años de plomo italianos, las guerrillas latinoamericanas -Montoneros, Tupamaros etc. Todo eso se juntó con una época, la de la Transición española, que ahora nos pintan como idílica pero que estuvo plagada de violencia por parte de grupos de extrema derecha. Además estuve viviendo en Italia un año, y tomé contacto no solo con su cultura diaria, sino también con los lugares. Pasabas por la calle donde hallaron el coche de Moro en su momento, por ejemplo… Italia adquirió un halo mayor como consecuencia de ese contacto. Entiendes mejor la historia reciente si analizas lo que sucedió en los 70. De repente en el 2015 falleció Licio Gelli. Y yo, que ya tenía ese vínculo con esa parte de la historia, asumí que iba a ser noticia en los periódicos españoles. Pero pasó sin pena ni gloria. Un tipo que había estado involucrado en atentados, en fraudes económicos, asesinatos, que mandaba un Estado dentro del Estado en Italia, que había intervenido directamente en la historia europea, y no se le dedicó ni una columna. Eso picó mi interés.

Háblanos de Licio Gelli, para ponernos en materia.

Gelli es un personaje perverso. Incluso mediocre. No tiene una preparación especial, ni es un tío especialmente brillante, pero se sabe manejar muy bien y tiene muy pocos escrúpulos. Es un fascista convencido: incluso en sus últimos años se define como fascista y declara echar de menos la figura de Mussolini. También la de Berlusconi, que formó parte de su logia Propaganda 2 y que es uno de sus ídolos políticos. Cuando estalla la Guerra Civil española se viene aquí para luchar con Franco, incluso falsifica su documento de identidad porque era menor de edad. Es un fascista fanático, en suma. Pero a la vez es muy poco honesto: traiciona a compañeros suyos para salir airoso de determinadas situaciones, se une a los partisanos para traicionarlos luego… Es un buscavidas de la peor especie. Nada heroico. Más bien desagradable. Es un fulano que vende colchones; ni siquiera es el dueño de la fábrica; solo un comercial. Pero empieza a urdir una red de contactos hasta que se hace con el cargo de Gran maestre de una logia (cuando él no era más que aprendiz). Es muy listo, además de un chantajista. Se convierte en un monje negro que domina toda la política italiana: tiene en su poder a los empresarios, la prensa, los jueces, la policía, los políticos… Puede conseguir lo que quiera. Tiene un ejército personal, tanto en grupos de ultraderecha como a nivel de matoncillos de la calle, que le resuelven los problemas más mundanos.

Me recuerda un poco a Himmler, que también era bastante simplón.

Sí. La diferencia es que Gelli se mantuvo siempre en la sombra. No quería ser presidente de la República, pero sí sacar los mismos beneficios que un presidente. Es un tipo que, salvo en circunstancias extremas como el de la Banca Vaticana, siempre sale airoso. E incluso cuando se destapó lo de la Banca no le fue tan mal. Disfrutó de una modalidad de retiro o prisión domiciliaria que ya la quisiéramos muchos para nosotros. Estuvo en una jaula de oro. Ni siquiera creo que permaneciese dentro de ella; se paseaba por donde quería, seguro.

Resulta chocante que un asunto ultrasecreto como el de la logia masónica Propaganda 2 fuese tan conocido.

Propaganda Due salió a la luz de una forma absurda, un poco como la detención de Al Capone. Fue un tema de mera fiscalidad casual. Entraron un día al despacho de Gelli, para investigar sus empresas, y se dieron cuenta de que había un montón de carnets, recibos y listas de personas de todos los ámbitos de la sociedad que pertenecían a una organización secreta. Estaba estructurada como una logia de masonería normal pero operaba en la sombra. A partir de ahí es cuando a Gelli empiezan a irle mal las cosas. Soy bastante ingenuo o bienpensante: no creo que en España llegase a funcionar algo así. Los masones exigen a sus miembros que no medren en relaciones personales para que les vaya mejor en la vida, aunque es indiscutible que topan a menudo con otros miembros que pueden abrirles determinadas puertas. Pero que una logia española opere de forma tan perversa, y a tan gran escala, no me parece posible. Otra cosa, ojo, es que la estructura judicial y constitucional española permita realizar operaciones como las que realizaba P2, solo que de un modo legal. Las puertas giratorias españolas consisten en recolocar en puestos de responsabilidad en importantes empresas a políticos que te han hecho determinados favores, y esos políticos recolocados facilitan a su vez que a las empresas que gestionan les vaya bien, pues conservan contactos importantes en la política. ¿Es eso una Propaganda Due? No, pero se le parece mucho. No solo están los empresarios y políticos, sino también periodistas, jueces y mucho más. ¿Es una cosa legal? En España sí. ¿Es una cosa inmoral? También. Cuando Podemos señala que existe una “trama”, no sucede nada porque la trama existe, en efecto, pero es legal y está protegida por la ley.

O sea, que aquí no hay logias masónicas como la P2 porque no hacen falta. Igual que en España no existen partidos políticos de ultraderecha porque sería redundante. Ya tienes a un partido en el gobierno aplicando esas políticas.

Exacto. Toda la ultraderecha española está ya en los puestos de responsabilidad. Sin ir más lejos: el yerno de Gallardón era un gerifalte del Franquismo que, cuando murió hace unos años, fue despedido con el “Cara al sol”. Yerno de un presidente de comunidad Autónoma que ha sido Ministro de Justicia con el Partido Popular. Aquí nunca hemos hecho esa labor de pedirle cuentas al fascismo, como se hizo en Italia. Además, desde el punto de vista del Estado Español, para qué vas a mancharte las manos de sangre con grupos parapoliciales, con cuestiones que al fin y al cabo son alarmantes y desestabilizantes para la sociedad (los muertos no gustan a nadie) si puedes conseguir lo mismo de un modo más sutil. En Italia, después de lo que se cuenta en Villa Wanda viene lo de Tangentópolis: un entramado de corrupción política increíble, muy parecido al de diez años antes, solo que sin muertos en la calle. En Italia se dieron cuenta, como aquí, de que era mucho más sencillo ganar los mismos millones e influir en el poder sin sembrar el país de cadáveres. Por mucho que tengas a jueces, prensa y policía a tu lado, un cadáver es un jaleo: tiene familia, amigos, vecinos. Es algo muy incómodo.

Esa mentalidad explica tal vez por qué no se han realizado actividades de falsa bandera o violencia parapolicial desde el Estado Español contra el independentismo catalán. Para qué vas a marear la perdiz con terrorismo negro o agentes provocadores si puedes conseguir los mismos fines amparado en el “estado de derecho”.

Totalmente. La violencia se ejerce siempre de forma escalonada. Para conseguir algo a la fuerza de una persona puedes pegarle un grito, darle un bofetón o cortarle un dedo. Si consigues lo que quieres con el grito, o poniendo mala cara, no vas a seguir la escalada de violencia. Es desagradable e innecesaria. Ahora, si la mala cara o el grito no van a ninguna parte a ese tipo hay que pegarle un bofetón. O cortarle el dedo. O, finalmente, matarle. Para qué va a generar uno situaciones de bandera oculta o terrorismo negro en Catalunya cuando puedo hacer lo mismo con complicidad del PSOE y Ciudadanos y sin matar a nadie. Implanto el 155 y consigo exactamente lo que quiero.

https://i0.wp.com/www.so-compa.com/wp-content/uploads/2017/03/01lopez_rega.jpg La extrema derecha siempre se queda a los personajes más chiflados. Son unos acaparadores. Es el caso del argentino José López Rega, también miembro de P2.

[ríe]  Rega es un chiflado. Sería un personaje cómico increíble si no fuese por lo dramático que le acompaña. Da un poco de pudor reírse de él cuando reparas en las consecuencias sangrientas de sus actos. Un señor que crea la Triple A en Argentina, una organización ultra que hace desaparecer a gente o las mata a plena luz del día, con connivencia de la policía… Lo alucinante de la Triple A, por cierto, es que estaba mal vista incluso por los militares (que a su vez luego demostrarían de lo que eran capaces); la veían como obscena y cazurra, fuera de control. Rega se considera mago, o mejor dicho brujo, sigue el esoterismo, fue guía espiritual de Isabel Martínez de Perón, la tercera mujer de Perón, y se parece mucho a Licio Gelli en que es muy mediocre y muy oportunista en su trato con la gente. Al principio de todo aparece en Madrid y empieza a frecuentar la casa de Perón en función de botones, un simple recadero. Y en efecto lo era, pero de recado en recado fue escalando y al final no solo se instaló en la casa de Perón sino que terminó filtrando las visitas. Cuando Perón regresa a la Argentina se lleva a Rega, que termina de ministro y despliega toda la violencia de la Triple A. Es un personaje muy cómico, de una locura asombrosa. Rega conoce a Gelli por la P2, se hace miembro de la logia y empieza a meter allí a gente como Massera [comandante golpista de la junta de Videla], Lastiri (su yerno, que llegaría a ser presidente de la República Argentina gracias a los tejemanejes de Rega)… Gracias a Rega, Licio Gelli se convierte en embajador comercial de Argentina en Italia. Lo bueno es que, pudiendo hacer las cosas por las buenas, es decir, que la República Argentina nombrara a Gelli de un modo oficial, Gelli hizo que la ESMA argentina le falsificara los documentos y el pasaporte. Lo cual es pura locura, porque no hacía ninguna falta. Yo creo que ese tipo de personajes tan poderosos entran en un delirio de impunidad por el cual creen que pueden hacerlo todo y les da igual ocho que ochenta.

¿Cómo se pasa del final de la IIª Guerra Mundial a esa “estrategia de la tensión” estatal que destruirá el “compromiso histórico” de democristianos y comunistas?

Ubiquemos que Italia tiene una república fascista, bajo el mandato de Mussolini. Hacia el final de la IIª Guerra Mundial se desarrolla una guerra civil paralela en el país entre izquierda y derecha. Cuando desembarcan los aliados existe la dicotomía de hacia qué lado se decantará el nuevo país. Los Estados Unidos han ayudado a los aliados a liberar Italia y establecer la paz en Europa, pero los partisanos también han luchado por Italia, y defienden una revolución social de corte marxista. Estados Unidos se da cuenta de que eso no es beneficioso para sus intereses. Lo primero que hacen es controlar la península con gente afín: contactan a mafiosos estadounidenses que tienen familiares en el viejo país. Los primeros municipios que se instauran en Italia después de la guerra son los de mafiosos locales. Caciques que controlan el territorio decantando los intereses hacia los Estados Unidos y la derecha. Y a pesar de eso, los comunistas y partisanos empiezan a cobrar mucha fuerza en Italia. A los EUA no les gusta eso, pues hay que rentabilizar el dinero que han invertido en la guerra. Además, no nos damos cuenta pero Italia es un país muy estratégico: está en el centro de Europa, muy cerca de la URSS (en plena guerra fría), cerca de Libia y el Oriente Medio… Colocar allí una serie de bases le resulta muy apetecible al gobierno norteamericano. Por eso no pueden permitirse que Italia se decante hacia la URSS, y empiezan una campaña de descrédito de la izquierda. Lo hicieron del modo que apuntábamos antes, escalando. Primero consiguieron que los medios de comunicación dijesen que los comunistas comían niños o iban a quitarte todas tus propiedades si llegaban al poder.  Cuando se vio que aquello no era suficiente, empezaron a realizar atentados y hacerlos pasar por cometidos por comunistas o de extrema izquierda. Eso es la “estrategia de la tensión”. Atentados salvajes como el de la Piazza Fontana de Milán de 1969, o el de la estación de Bolonia de 1980, se atribuyeron a los anarquistas o la izquierda. Se le transmite así a la sociedad que la solución para la paz pasa por un vínculo con Estados Unidos, la Democracia Cristiana y la derecha. Y eso llegó al extremo de la red Gladio: una serie de ejércitos en la sombra, secretos, que operaban al margen del ejército nacional, saltándose sin ningún pudor la soberanía de los estados.

Hay una cosa que no entiendo: si la estrategia es culpar a Brigate Rosse de lo de Bolonia, por ejemplo, ¿Por qué se sabe tan rápido que detrás de ello está Ordine Nuovo, o el NAR, o cualquier otro grupo de ultraderecha? ¿Por jactancia, o chapuza, o…?

Quizás la sucesión temporal no queda del todo clara en el libro. Lo de descartar la responsabilidad de la izquierda en los atentados llega muchísimo después. La conexión Ordine Nuovo, y los vínculos de Gelli, con la masacre de Bolonia es algo que a día de hoy aún se pone en duda. Piazza Fontana estuvo años y años sin ser atribuido, y a los dos anarquistas detenidos se les tuvo años en un proceso anómalo y con mil irregularidades, mientras la sociedad italiana siguió pensando que eran culpables de la masacre hasta bien entrados los ochenta. Una locura. En esa época los jueces y la policía están de lado de las estructuras de ultraderecha, Gladio y el gobierno en la sombra, así que se pierden sumarios, desaparecen testigos…

Estoy sintiendo un desagradable déjà vu en la base del espinazo, en estos momentos.

[ríe] Ni te imaginas. Solo es en los 80 cuando a la gente que estaba en las cúpulas del servicio secreto del ejército se les consigue procesar por haber ocultado pruebas de Bolonia. A lo largo de más de diez años de investigación de dedicaron a ocultar, tapar, amedrentar testigos… Es una política mafiosa que en lugar de local se convierte en estatal. Paralelamente, los grupos de izquierda pasaron más de una década diciendo que no habían sido ellos. A ver: todos los grupos terroristas saben si han cometido o no, y si tienen que reivindicar o no, un atentado. Y si lo ha hecho otro grupo. Pero por mucho que lo negasen, los jueces y la prensa sostuvieron que había sido un grupo de extrema izquierda. Pensemos también que muchos de los grupos mediáticos del momento estaban metidos en Propaganda Due: Berlusconi, los dueños del Corriere della Sera… Así que la información que llegaba a la ciudadanía estaba casi siempre viciada por esos intereses. Cuando Gelli empieza a tener problemas con la ley, el dominical del Corriere della Sera le hace una super entrevista donde se cuenta lo buen empresario y magnífica persona que es.

Y un nuevo déjà vu

[ríe] En efecto. Yo solía decir que lo único que nos diferenciaba de Italia era que no teníamos tantos muertos, pero luego ves el sumario de Gürtel y te das cuenta que los testigos clave no dejan de sufrir extraños “accidentes”. Quizás sea demasiado pronto para pronunciarnos sobre esos percances. Pero sí podemos decir que en España hemos hecho lo mismo que en Italia de un modo algo más “elegante”. Los años de plomo españoles son menos trágicos porque la ultraderecha no pasa a la clandestinidad, y conserva su patrimonio y puestos de responsabilidad, como decíamos. Y por añadidura en España la lucha de terrorismo negro se focalizó solo en ETA, a la que se pintaba como Satán, de forma que a la ciudadanía le parecía bien que el Estado se saltara las normas de vez en cuando (esa es la moraleja que sacamos del GAL). No hubiese sido igual si las acciones se hubiesen tomado contra sindicalistas o comunistas, por ejemplo.

Tu libro deja bien claro que grupos como Brigate Rosse (o ETA aquí) le acaban resultando útiles al Estado, que puede implementar normas de control social y recorte de libertades que en otro escenario serían impensables. Le garantizan al gobierno un enemigo interior al que culpar de todo.

Solo hay que matizar que cuando un grupo así está en la vorágine de sus acciones no se da cuenta de esa instrumentalización. ¿Cómo no vieron que secuestrar a un político moderado democristiano como Aldo Moro era un error táctico desde el primer momento, y que le estaban haciendo el juego al Estado? Por otro lado también hay que tener en cuenta que estos grupos estaban a menudo infiltrados por los servicios secretos. Así que no sabes si se trata de torpeza de los miembros o que hay agentes externos que decantan las operaciones hacia determinados lugares. En una entrevista reciente alguien me comentaba que existía la duda sobre si Al-Qaeda no era una invención para justificar determinadas acciones. Es demasiado pronto para saber algo así. Pero sí podemos estar seguros que, incluso si no es una creación suya, a los Estados Unidos o a Occidente les viene muy bien tener un enemigo común que permita, por ejemplo, que Francia lleve tres años en estado de excepción. Para poder efectuar una serie de recortes que de otro modo sería muy complicado justificar. No caigamos en la conspiranoia, de acuerdo, pero hay determinadas situaciones que el Estado tal vez no fomenta, pero capitaliza a su favor.  En Italia fue culpar de todo a las Brigadas Rojas, para poner al país entero a favor del Estado.

Villa Wanda cuenta muy bien cómo Brigate Rosse entra en un punto de completa “desconexión de la realidad”. Eso explicaría los errores de cara al Estado y de cara a la opinión pública. Por ejemplo el secuestro y asesinato de Aldo Moro o, peor aún, el del líder sindical Guido Rosse.

Es desconexión con la realidad, sí, pero también entra en juego la megalomanía. Personajes que se creen líderes naturales, por encima del apoyo de la ciudadanía. Es el componente humano. Pero, en efecto, es innegable que las organizaciones armadas suelen entrar en un punto de desconexión con el pueblo. ETA es un ejemplo claro de ello. Brigadas Rojas y Montoneros también. Entran en un punto en que emprenden acciones que no son comprendidas ni por sus simpatizantes. Es una deriva esquizofrénica que genera mucha frustración y mucho dolor. El problema no es que pierdas el sentido de ser como grupo, sino que una organización que se basa en el apoyo popular para poderse mantener en la clandestinidad está completamente vendida en el momento en que carece de ese apoyo.

La clandestinidad suele ser un factor importante a la hora de separarte de tus bases. Cinco tíos en un zulo durante dos años, con nombres falsos y armas, tarde o temprano van a creer que son la Patrulla X, justicieros mutantes por encima del bien y el mal.

Claro. Y no solo es el aislamiento en sí mismo, sino que esa falta de contacto te obliga a buscar apoyo en sitios donde jamás los buscarías. Que una organización de liberación nacional y corte marxista como ETA tuviese contactos con organizaciones de raíz religiosa y corte teológico como la OLP es algo muy loco. Pero es que no te queda más remedio. Si unos tienen las armas y los campos de entrenamiento, tú te vas allí a pegar tiros. Se crean alianzas muy raras que acaban resultando muy difíciles de digerir por los militantes y las bases.

 https://atlantictimes.files.wordpress.com/2010/03/image001.jpg?w=214&h=160Gladio es una de las más profundas cloacas de Estado que se han visto en la historia moderna. Su existencia explica incluso la operación Cóndor en Latinoamérica, o el Caso Scala de la transición española. En Italia fueron responsables de dos golpes de estado.

Sí. Los golpes no se llegan a dar porque la situación se reconduce políticamente hacia los intereses de los golpistas. Volvemos a los niveles de escalada de la violencia de los que hablábamos. Si, como sucede en la segunda amenaza de golpe de 1970, se echa a los socialistas del parlamento, no hace falta dar el golpe como tal. Gladio está detrás de dos golpes de estado, asesinatos de civiles en todos los países de Europa… En España son responsables del Caso Scala, de los sucesos de Montejurra y del asesinato de Pertur, uno de los militantes etarras que estaba más abierto a la negociación. Eran grupos de ultraderecha italianos que operaban, sino dentro de la red Gladio, sí con la apertura policial que lo permitía. Hay muchísimas cosas que no sabemos. Esa frustración fue la causante del libro, como lo fue el fallecimiento de Gelli, alguien que podría haber esclarecido alguno de estos puntos. Nadie admite que en los 70 todos los estados se saltaron el contrato social y la responsabilidad para con sus ciudadanos, incluso la soberanía nacional de otros países. El caso Scala: la neutralización del movimiento anarquista durante la transición española se realiza mediante esa acción terrorista, de la que se culpa a la CNT y la FAI. Está metido Rodolfo Martín Villa y todas las placas del Estado. Se impide toda investigación.

En el libro mencionas la chocante exposé de Giulio Andreotti en 1990, que de golpe y porrazo (aunque a toro pasado) admite tan ricamente la existencia de la red Gladio.

La razón de que Andreotti divulgara lo de Gladio es que estaba tan convencido de su impunidad que sabía que no iba a sucederle nada. Además, era consciente que si alguien iba y lo destapaba más aún se desmoronarían todas las estructuras de Estado, y nadie quería eso. Aquí en España, cuando por culpa de Andreotti se destapó la red Gladio y salieron a la luz sus equivalentes españoles, ¿sabes lo que dijo el presidente Calvo Sotelo? Que en nuestro país no hacía falta nada de eso porque Gladio era el estado mismo: la dictadura de Franco.

Lo alarmante es el distinto rasero judicial que se aplica al terrorismo de izquierda y al de derecha. Va Andreotti y suelta lo de Gladio y no cae ni un solo hombre. Pero cada vez que se pilla a un solo militante de ETA acaba en la cárcel media Gipuzkoa.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/2/2e/Giulio_Andreotti_anni_60.jpg/180px-Giulio_Andreotti_anni_60.jpgSin duda. La situación se repite hoy en el ámbito de las redes sociales. Hoy en día puedes amenazar de muerte a alguien de izquierdas en Twitter y no te pasa nada, pero haces una broma sobre el fallecimiento de un fiscal general y se te abren diligencias. Lo gracioso del caso Andreotti es que no solo va y lo declara oficialmente desde sede parlamentaria, sino que se produce una respuesta oficial por parte de una serie de Jefes de Estado recriminándole que ese tipo de informaciones no se pueden dar así como así. La reacción no es judicial sino política: otros Estados le afean que esté tirando piedras sobre su propio tejado. Y tal como se contó aquello se silenció. No pasó nada.

Para mí que fue un subidón cafeínico. Un espresso demasiado cargado, o algo. Le dio por bajar al bar a alardear, como el que emerge de un prostíbulo.

[ríe] Sí. Eso daría para otro libro. Deberíamos investigar más el efecto de los estupefacientes en las actividades de la clase política. Yo creo que la mejor manera de entender la crisis es ver El lobo de Wall street. Estamos en manos de locos cocainómanos. En política, y en guerra.

El lector profano será capaz de aceptar Gladio, los ejércitos stay behind, etc. porque en el fondo se trata de guerra sucia del Estado utilizando fuerzas parapoliciales. Pero hay un punto en que entran los delincuentes de la banda de la Magliana, la Cosa Nostra, la masonería, Brigate Rosse… “Supera con mucho cualquier novela de misterio”, como dices.

Uno de los retos a los que me enfrenté fue el evitar que todo esto quedara demasiado loco. Lo es, de acuerdo, pero vamos a ser cautos y a contenerlo. Hay muchas versiones de sucesos que quedaron fuera del libro porque eran demasiado delirantes, y no disponía de fuentes para probarlas. Antes que poner la teoría conspirativa preferí obviarlo. Lo que se cuenta en el libro, por otra parte, está probado. E incluso así es demencial. El terrorismo de estado para culpar a grupos de izquierda es loco por sí mismo. Cuando entra una logia masónica es más loco aún. Que López Rega anduviera metido por ahí es un poco más loco. Y así, en modo creciente. Pero todo es verdad. Tuve la sensación que si incorporaba datos no probados todo el discurso anterior quedaría desacreditado. Un ejemplo claro: mencionar que se hizo una ouija para encontrar a Aldo Moro. ¿Es verdad? Se anunció que sí. Y posiblemente se publicitó de ese modo para no tener que decir que los servicios secretos intuían donde podía estar Aldo Moro. ¿Pero se hizo físicamente una sesión de espiritismo? No lo sé. Se explicó así, y por tanto eso es lo que aparece en Villa Wanda. Pero lo dejé ahí. Mi miedo era que nadie se creyese nada. Que el libro se tomase como una broma de principio a fin.

Yo puedo entender el terrorismo de falsa bandera , que en el fondo es el típico rollo de acusica mentiroso de la EGB. Persigue un fin claro: desviar la culpa. Pero resultan más intragables los ataques de Brabant de 1982-85, por ejemplo, donde se efectúan acciones violentas contra la población civil… ¿sin un motivo concreto? ¿Solo para asustar, en general?

Es así de delirante. Pero mi reflexión es aún más delirante: creo que no se busca atemorizar a la población. Creo que eran ejercicios con fuego real y víctimas civiles aleatorias. No solo entraron en supermercados y estaciones de servicio. Llegaron a entrar a un cuartel del ejército, hiriendo a una persona. Eran entrenamientos. Miembros de Gladio habían estado de adiestramiento en campos del MI6 o americanos y en un momento dado se aplican sus enseñanzas a situaciones reales. Para ver si los miembros son capaces de matar a civiles en esas situaciones, por ejemplo. Eso es lo más obsceno. Como lo de la bomba en el Oktoberfest de Munich, 1980, en medio de una feria, que mata a quince o veinte personas. Se hizo para aprender cómo se ponía una bomba. No hubo móvil ni reivindicación. Eso le hace sentir a uno muy desprotegido y prescindible. El Estado no va a preservarnos, pese a que hemos dejado el monopolio de la violencia en sus manos. El Estado cuando quiere va y mata a los ciudadanos, porque el contrato social es laxo y negociable. Y las cláusulas siempre las pone y las negocia la parte más fuerte. Lo vemos ahora mismo: decisiones judiciales inusuales; gente corrupta que sale a la calle cuando ha robado; o, como el 155, determinadas personas van a la cárcel pero son liberadas si declaran que “renuncian” a sus ideas. Eso no está en ninguna ley. Es totalmente arbitrario. Yo podré salir con fianza, o podré salir porque no hay arreglo de fuga… ¿Pero cómo vas a salir de prisión por un acto de autoinculpación y penitencia política?

Por otro lado, si la meta de algo como Brabant se puede conseguir doblando un par de leyes y con la ayuda de ciertos periódicos, para qué liarte en la matanza. Eso no significa que los Estados de hoy sean más justos que los de los 70. Es solo que han encontrado caminos más asépticos, supongo.

Efectivamente. Estamos sometidos cada día a diversos grados de violencia o manipulación. Unos son más crueles y otros más insidiosos. Ahora los medios oficiales se echan las manos en la cabeza con las fake news, pero nosotros llevamos viviendo de fake news gubernamentales desde siempre. El problema es solo que como ahora pueden generarse desde muchos puntos, la víctima ha empezado a ser el Estado. Pero el Estado Español siempre nos ha mandado informaciones falsas.

Atocha es una de las grandes fake news recientes.

Por supuesto. Y el mundo entero defendió esa invención durante mucho tiempo. La cosa es que beneficiaba al Estado, y por tanto estaba bien. Pero ahora que todo el mundo puede hacerlo cunde el pánico.

Tu libro trata temas grotescos pero mayormente trágicos en un tono respetuoso pero  coñón. Con una ligereza buscada. ¿Te resultó difícil llegar a esa voz? A algún lector puede parecerle cuestionable…

Es una decisión consciente. Yo quería quitarle un poco de plomo a los años de plomo, por decirlo así. Que la historia no fuese tan agresiva y deprimente. Vi que el humor era una buena forma de llegar al lector. Lo que se cuenta es verdad, y fue muy trágico, pero a las partes delirantes se les puede hallar el punto cómico. Eso rompe la dureza. También en las imágenes. El 80% de las fotos que deberían haber entrado en el libro eran, naturalmente, de cadáveres. Pero era imposible realizar un libro atractivo con todos esos muertos. Quise mantener ese tono de rigor histórico, sin conspiranoia, y que fuese en cierto modo agradable. Intenté hablar con Dario Fo pero murió antes. En el libro, de hecho, se le menciona, porque escribió una comedia, Muerte accidental de un anarquista, sobre un hecho dramático, que era el asesinato de un activista político por parte de la policía. Era un hecho real: la muerte del ferroviario Giuseppe Pinelli en una comisaría de Milán. Pero es hilarante. Te ríes con una sensación agria, porque es el asesinato de un tipo. Y la disfrutas, pese a que habla de algo muy triste. Esa era la intención de Villa Wanda. Captar la intención del lector y hacerle agradable el trayecto, sin que eso desmereciese el contenido. No quise hacer un libro académico o solemne; de esos ya hay muchos.

Kiko Amat

(Esta entrevista la realizó Kiko Amat por teléfono. Al otro extremo estaba Eduardo Bravo. Todos los derechos son de estos dos fulanos)

 

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