Cosas Que Leo (una introducción)

Foto llibres Cosas que leo

Leo mucho. Esa es la verdad, y ni siquiera lo digo para jactarme de ello. Leer todo el rato es algo que hago desde hace mucho tiempo y que sucede quiera o no, como la gripe o las visitas de parientes.

Por lo mucho que leo mucha gente me pide recomendaciones, más allá de las implícitas en los artículos y entrevistas y listas de favoritos para Navidad y Sant Jordi que redacto. Los entusiastas me asaltan por la calle, algunos de ellos desnudos, otros mostrándome sus pústulas, y no cesan en su empeño hasta que les señalo aquel disfrutable nuevo ejemplo de Young Adult Fiction, aquel rarísimo ejemplar de novela bohemia del Soho o el enésimo e iluminador nuevo análisis sobre adolescencia o nazis (o ambas cosas juntas). Me siento un poco como Jesucristo, pero sin los poderes molones. A veces todo esto resulta un poco fatigoso, y debo decir que demora considerablemente mi periplo de ida y vuelta al mercado del barrio.

Por ello he decidido crear una nueva sección, que juro mantener en la salud y en la enfermedad. Se llamará Cosas Que Leo, porque no hace falta que los escritores metamos ingeniosidades y dobles sentidos en cada puta frase. Cada lunes y viernes les colgaré un libro que recomiendo, portada y párrafo seleccionado, nada más. Solo colgaré lo que me gusta o me ha parecido memorable. Empezaré mañana, viernes 2 de abril del 2020 (veinteavo día de confinamiento por plaga). Continuaré el lunes siguiente, y de allí a la eternidad.

El lector hallará en mi selección semanal numerosas omisiones y lagunas. Faltarán algunos autores premiados, Literatos Respetados, libros del año de suplementos literarios que nadie lee pero aparentemente son fabulosos, libros que solo hablan de otros libros, libros de Alta Literatura que han matado a peña de aburrimiento, y aquel nuevo Bright Young Thing del que todo el mundo habla pero que tiene menos sustancia nutritiva que un Burmar Flash y menos futuro que el Sid Vicious del Chelsea Hotel. Algunos de esos libros no aparecerán porque, con franqueza, ni los leí ni pienso hacerlo. Los evité como uno evitaría un charco fangoso. Otros fueron leídos, subrayados y, con los ojos firmemente entornados, abandonados a tiempo y clasificados para siempre en Papilla Sobrevalorada Que Leí Para Confirmar Lo Que Sospechaba Desde Un Principio. En resumidas cuentas, he decidido no aburrirles con las montañas de novelas y libros de no ficción que no pasan la prueba lectora y concentrarme en lo que me asombra y me hace disfrutar (a veces padeciendo). Soy un Hombre Que Lee, no un Hombre De Letras. Existe una diferencia, y es honrosa.

Con el tiempo, el lector verá que de la selección emerge no solo un gusto, que tal vez coincida con el suyo, sino también un patrón. Pues soy un lector disciplinado, curioso y metódico (mi mujer diría algo mucho más feo de repetir). Si observan la fotografía de aquí arriba entenderán de lo que hablo. Se trata de la pila de libros que leí en el último mes y medio o dos meses, aproximadamente (no aparecen el 10% de manuscritos que leí en Kindle, borradores que me envían amigos y desconocidos, ni los libros que , simplemente, no eran de mi gusto y abandoné al primer adverbio de más).

Como pueden observar, cada cuatro novelas hay un libro de no ficción; cada tres o cuatro libros traducidos o en castellano/catalán original hay un original inglés (o el porcentaje inverso); cada decena de libros hay un cómic (a veces el lapso se reduce); cada quince novelas hay una de PG Wodehouse (una costumbre sanadora que hace años que mantengo); muy de vez en cuando, algo de poesía o teatro (inglés). Desde hace poco, también libros de Young Adult Fiction (juveniles) modernos, seleccionados. Las lecturas combinan clásicos, novedades, oscuridades, obras que siempre quise leer y al final me puse a ello, cosas extemporáneas que decidí recuperar por el bien de todos, y también alguna relectura gozosa (Dispatches, en este caso). No me gustaron todos los que leí, pero sí me gustaron los que irán apareciendo en la sección.

Por último, como tal vez ya sepan, carezco de redes sociales de ningún tipo, más allá del molesto y a la vez asquerosamente útil WhatsApp. Por tanto, les agradeceré si difunden, tuitean, instagramean o facebookean las selecciones que hayan sido de su agrado, o que les hayan lanzado de cabeza a la librería más próxima. Kiko Amat