Cosas Que Leo #27: DIARIO DE SINTRA, S. Spender, C. Isherwood, W.H. Auden

Sintra VVAA

Stephen Spender a Christopher Isherwood

Barcelona, 2 de abril de 1936

[…] Tu carta de hace tres días ha llegado hoy, y también recibí otra, cosa que te agradezco. The Olive Field no ha llegado, pero no pierdo la esperanza. Debiste de enviármelo hace tiempo, un día después de la carta que recibí hace al menos una semana. De todos modos, no te preocupes, si se ha perdido, qué se le va a hacer, ya lo leeré en otra ocasión.

Aquí hasta los políticos son interesantes, se parecen a los ir­landeses, por aquello de la perpetua pugna entre castellanos y catalanes. Ayer conocimos a Companys y a varios miembros del parlamento, que parecían buena gente. Acaban de salir de la cár­cel, donde han pasado dieciocho meses. Veo mucho al cónsul in­glés […], que se rodea de los miembros más representativos de la colonia británica. Esta gente habla de los españoles, y sobre todo de los catalanes, como los colonizadores de los indígenas […].

Anoche estuve cenando en el consulado. Como de costum­bre, alguno de los invitados cogió una revista, miró la fotografía de una española y dijo: «Tal cual. Cara bonita y risueña, pero debajo, nada de nada». Me hablaron de lo mala que es la comi­da, de lo insignificante que es la literatura del país y de lo malos que son los catalanes. Cuando les dije lo generoso que había sido Manent, me dijeron que lo más seguro es que quisiera algo de mí. Luego les expliqué que me había llevado a conocer a un editor y que este, al ver lo mucho que me había gustado un libro con 150 fotografías de España, me lo regaló de inmediato. Ellos se encogieron de hombros diciendo: «La típica generosidad oriental».

[…] Anoche, [el cónsul] proclamaba alegremente a voces lo que él llama el «derrumbe económico». Los varios mercaderes de la muerte que asistían a la cena decían: «Lo que necesita Es­paña es un Gobierno de derechas fuerte». Discutimos sobre la conveniencia o no de hacer un préstamo a Alemania. Alguien dijo que seguramente el dinero nos sería devuelto en forma de explosivo, a lo que un joven hombre de negocios respondió: «Bueno, pero hay que admitir que el dinero prestado a Alemania beneficiará al mercado del níquel» […].

Stephen Spender a Hilda Weber Schuster

2 de abril, en Thomas Cook & Son, Barcelona

Hay un hombre amabilísimo que se llama Manent, un catalán que todos los días nos lleva a visitar los lugares más interesan­tes de Barcelona. Ayer visitamos el Museo del Románico, que es uno de los museos mejor organizados que haya visto. Esta tarde iré a ver las mejores bibliotecas privadas de España. El propieta­rio imprime unos libros magníficos, de formato pequeño y, por desgracia, ruinosamente caros. Ayer, mientras estábamos en el Palacio de la Exposición, donde vimos las pinturas románicas, coincidimos con los miembros del Gobierno catalán, incluido el presidente Companys. Manent nos presentó al ministro de Cultura, que es una persona muy amable, poeta. Se hace raro pensar que hasta hace tres meses todos ellos estaban en prisión desde hacía al menos dos años.

Siempre que nos encontramos con castellanos y catala­nes, se muestran sumamente cordiales, y Barcelona me pare­ce —como ya ocurrió hace tres años— uno de los lugares más adelantados e inteligentes de todos en los que he estado. Tam­bién veo mucho al cónsul inglés, con quien cené anoche. Tanto él como muchos hombres de negocios ingleses detestan profun­damente a los españoles, sobre todo a los catalanes. Ninguna de las barbaridades que puedan decirse sobre España les pare­ce suficiente, afirman que la lengua es horrenda, sobre todo el catalán, que los españoles son gente vacua, carente de intere­ses, como simios salvajes, que la comida es incomestible, que los niños son desmoralizadores y que ningún inglés debería dejar que sus hijos se criaran con los de los españoles. El cón­sul inglés, que es una autoridad de la máxima importancia en la ciudad más importante de España (Barcelona es más grande que Madrid), me dijo abiertamente, durante nuestro primer en­cuentro, que a Companys tenían que haberlo matado hace dos años. Me parece increíble que un diplomático hable de manera semejante del presidente del Estado en el que vive. Yo solo lle­vo aquí unos días y, por tanto, me resultó imposible reaccionar, así que me limité a escuchar todas esas atrocidades. El cónsul decía que aconsejaba a todos los visitantes que pedían información que evitaran pisar España, en parte debido a la situa­ción política, que ciertamente es muy grave, pero en gran parte también por la pura y simple repugnancia que le producen los españoles.

He aprendido mucho sobre este pueblo en los últimos días —es muy fácil— y leo a los poetas españoles, que son muy bue­nos. Coincido con Curtius, que piensa que España es uno de los países más interesantes y que sus poetas son quizá los mejores de Europa. Luego trataré de traducir algunos de los estupendos poemas que he leído. También hay muchos pintores buenos […].”

Diario de Sintra; diciembre de 1935-agosto de 1936

STEPHEN SPENDER, CHRISTOPHER ISHERWOOD, W.H. AUDEN

Gallo Nero, 2017 (publicado originalmente como Sintra diary, edición y notas de Matthew Spender del 2012)

235 págs.

Traducción de David Paradela López