Kiko Amat entrevista a BRADFORD

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Es un miércoles cualquiera en El Cubil. Mi uniforme es el de faena: pantalones de pijama arrugados y camiseta con el cuello deshilachado. Quizás debería haberme arreglado un poco (me digo, volviendo un poco el rostro, ante el reflejo de la pantalla). Muevo la taza de té cenagoso. Desde la ventana de Skype me observan sonrientes Ewan Butler y Ian Hodgson, ambos exmiembros de la desaparecida banda Bradford. Butler, en camiseta blanca de manga corta, se camufla con la pared enyesada del cuarto de los trastos, pero Hodgson luce cazadora Harrington color burdeos y sombrero pork pie de ala estrecha con pluma al estilo suizo. Su elegancia es un tanto incongruente. A su vera hay una máquina de coser; se distinguen figuras humanas en movimiento (hijos, esposas) por el resquicio de la puerta entreabierta. No es la mansión de una vieja estrella del pop. Weller no pernocta aquí.

Y sin embargo Bradford estuvieron a punto de ser muy grandes, de subirse al bajel del pop inmortal; pero se quedaron en el puerto, maletas en mano y examinando sus pasaportes con desazón. Lo leerán en sus palabras un poco más abajo. Fueron los mimados de la prensa pop inglesa durante un brevísimo periodo de tiempo (1988-1990). Morrissey, líder de la banda más grande del país en 1985, The Smiths, les aplaudió en público hasta despellejar sus delicadas manos. Ficharon por Foundation, el sello “emergente” de Stephen Street (aunque a decir verdad todo bicho viviente de la industria les tiraba los trastos). Telonearon a Morrissey en su primer concierto en solitario, Wolverhampton Civic Hall 1988. Y más cosas, y más cosas [léanlas en mi pieza para Babelia de El País]. Y de repente cayó la guillotina, y la fábula quedó descabezada de un modo tan cruel como imprevisto.

Hoy en día poca gente recuerda a Bradford. Para algunos solo son los compositores originales de aquel “Skin Storm” que Morrissey incrustó en una cara B. Y aunque es cierto que muchos grupos inmensos lo son por una buena razón (eran mejores que la competencia) a veces la industria y los movimientos sísmicos culturales se tragan a bandas que, en otro tiempo y lugar, habrían sido de largo recorrido. Bradford son ese tipo de banda. Las coordenadas tal vez les suenen: ascéticos, pandilleros, alienados, vulnerables, amantes de las trompetas y la desnudez emocional, cráneos al tres, trapos clásicos de calle, izquierda compasiva sin panfletos, hits gigantes, baladas melancólicas. Himnos al coraje y a la autodeterminación. Poco antes de que debutaran, London 0 Hull 4 de The Housemartins había llegado al #3 de las listas y tanto Our Favorite Shop de The Style Council como Meat is Murder de The Smiths al #1. Bradford se preparaban para una fase imperial que jamás llegaría. Y hoy, con el recopilatorio Thirty Years of Shouting Quietly (A Turntable Friend) ya en la calle, están aquí conmigo, en Skype, para hablar de aquellos años.

Resultat d'imatges de bradford skin stormLa palabra “skinhead” aparece en varios artículos de la época sobre la banda. No sé si vosotros os definíais como tales o simplemente la prensa os bautizó así por el corte de pelo y las botas.

EWAN BUTLER: Ian y yo estuvimos expuestos de forma masiva al movimiento punk cuando éramos jóvenes. Ambos compartimos influencias muy similares; bandas como The Clash y The Jam fueron clave en nuestro desarrollo musical, y ellos a su vez tomaban influencia y estética de los movimientos de los 60 y 70 a los que estábamos destinados a desembocar. Siempre nos había encantado el sonido y la actitud de la generación mod y su estrecha relación con el sonido Motown y Ska. Mi hermano mayor era skin, y a través de él conocí a grupos como los Redskins. Yo estaba en ese punto de la adolescencia en que necesitaba adoptar otra pinta. Había sido punk y llevado un peinado mohicano, y me pasé a lo skinhead poco antes de que empezara Bradford como banda. Ian y yo nos conocimos, y él también adoptó la imagen al entrar en el grupo. Supongo que fue y sigue siendo un look elegante que provoca una reacción, sea la que sea … No es un estilo que puedas ignorar fácilmente.

Ian Hodgson: La ropa es muy importante a la hora de expresarte, especialmente entre la juventud de clase obrera. Cuando salimos nosotros estaba en boga el estilo casual, callejero y futbolero y elegante, y muchos de mis amigos lo llevaban. Yo venía de ese sector, y a la vez me gustaban The Small Faces y The Jam; iba un poco de mod. Así que para mí no fue un enorme cambio lo de adoptar el rollo skin cuando me uní a Bradford. Simplemente me corté el pelo y me puse una chaqueta distinta. Fue algo natural.

Lo que me gusta es que es un look skinhead pobretón: abrigos del padre, tejanas gastadas, zapatos de gente muerta… Como si fuerais los hermanos pequeños de un skin.

IH: Sí. Siempre hemos sido aficionados a la ropa de tienda de caridad. Todo lo que llevo ahora [se señala] es ropa de charity shop [enumera una a una todas las prendas que luce, y su precio correspondiente]. Este look cuesta, en total, unas quince libras. Pero no se trata solo de la ropa, sino también de la cultura: música y libros. Vivíamos barato, porque nadie tenía un duro. En esas tiendas puedes hallar cosas envueltas en polvo que te pueden lanzar a un viaje radical por caminos imprevistos.

EB: En los ochenta no había el acceso a las cosas de hoy. Nos encontrábamos perdidos la mayoría de las veces. Tenías que inventar lo que hacías, o construirlo de cero. No solo en términos de ropa o discos, sino de cara al grupo, a los instrumentos o cosas que necesitabas saber o cómo tocar. Firmábamos el subsidio del paro, los cinco, y no teníamos dinero para gastar en amplificadores o instrumentos. Así que nos las apañábamos con lo que había. Éramos chavales de clase obrera sin estudios. Nadie en Bradford nació con una cuchara de plata en la boca. Todo era bastante difícil, pero a la vez nos dio una conexión a una tradición y a la música que nos inspiraría.

La primera vez que escuché a Bradford me parecisteis una combinación de The Smiths, The Housemartins y The Jam (de la época Setting Sons). Y también Dexy’s Midnight Runners. ¿Es eso más o menos aproximado a como lo veis vosotros?

EB: Sí, todos ellos. Eran grupos que buscaban emocionarte. Muy inspiradores. Te invitaban a moverte, a hacer cosas. Y todas sus letras eran relevantes, hablaban de cosas que experimentábamos cada día. Esos grupos tenían todo lo que yo buscaba en el pop. Una cierta intensidad y creencia absoluta en lo que hacían.

IH: No había mucho dinero para comprar álbumes. Podrías decir que nos alimentamos de una corriente muy estrecha de grupos. Un puñado. Pero a la vez eran bandas que, por sí solas, abrían avenidas enormes, sacabas mucho de cada una de ellas. De cada elepé. Era algo que venía del corazón, y buscaban expresar emociones honestas y reales, y creo que como banda no puedes aspirar a más. Es un punto de partida muy fuerte, empezar con Dexys.

Resultat d'imatges de bradford shouting quietlyEsos grupos expresaban una sensibilidad antimacho que fue muy importante en Bradford. La capacidad de mostrar vulnerabilidad. Tenían baladas melancólicas, te alentaban a mostrar tu lado débil…

IH: Es una combinación imbatible: tíos con pintas de duros pero corazones blandos [ríe]. Yo acababa de dejar mis estudios, en 1984, y justo empezaba a firmar el paro cuando escuché aquello de “I never had a job because I never wanted one”. Grupos como The Smiths hicieron que la identidad masculina fuese algo más fluido. En Bradford venimos de lugares muy macho, de crecer en Blackburn junto a gente que todo el rato se estaba metiendo contigo, por tu peinado, por tu pinta, por lo que fuera… Pueblos violentos. Peleas en pubs. Las bandas que nos gustaban nos dieron permiso para ser algo más… amplio que un hombre corriente. Te proporcionaban aspiraciones que venían de un poder superior. Una mirada ancha. Yo vi a The Jam en 1982 en el Manchester Apollo, y tuve la oportunidad de ir al camerino a conocerles. Paul Weller era mucho más hermoso de lo que había imaginado. Tenía unos ojos muy bonitos, y me di cuenta de que llevaba lápiz de ojos. Así que yo empecé a llevarlo también. A veces incluso me pintaba las uñas de negro. Todo eso confundía a la gente, despertaba animosidad. Pero dime: ¿qué hay de malo dar brincos por ahí con los ojos pintados, EH? [ríe].

EB: Cuando eres adolescente topas de narices con todas las contradicciones inherentes a lo de ser hombre. Empiezas a darte cuenta de cómo te sientes por dentro, y los problemas que tienes para comunicar esas emociones. Aparecen sensaciones mucho más tiernas. The Smiths fueron capaces de exponer esas contradicciones de un modo que hizo que mucha gente se identificase con ellos y se acercara a su música. Cuando teloneamos a Morrissey en su primer concierto en solitario, en Wolverhampton, en 1988, el público eran 4000 personas, en su gran mayoría hombres, sin camiseta, jaleando a otro hombre, también sin camiseta, en el escenario. Era una situación curiosa, porque el ambiente carecía por completo de testosterona. Habían invertido las expectativas que se tenía del género masculino.

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Ian Hodgson y Ewan Butler, segundo y tercero por la izquierda

Había otras escenas que también defendían la torpeza social y la masculinidad defectuosa, pero eran muy distintas a vosotros. Todo ese rollo de C86 y twee escocés parece mucho más cerrado y de clase media que vosotros.

EB: Desde luego. Eran estudiantes, para empezar, y con orígenes adinerados. Tocábamos con ellos, teníamos buena relación personal, pero no nos parecíamos demasiado musical o espiritualmente.

IH: En 1989 tocamos en el Locomotive de París con un grupo londinense llamado The Corn Dollies. Estaban de gira europea. Conocí a su batería, Jack, en un ascensor. Era de clase media-alta. Tenía un acento muy pijo pero pinta de troglodita. Cuando aparecía te lo imaginabas al lado de un fuego, en una caverna, sosteniendo un garrote. Me dijo [imita acento pijo inglés] “he estado de fiesta toda la noche, bebiendo, y tal…”. Y era tan cliché, tan cliché estudiantil, que parecía una broma sacada de The Young Ones. Estuve a punto de carcajearme. Nosotros éramos distintos a toda esa escena. Éramos una pandilla. Tocábamos con grupos más grandes que tenían mejor equipo, pero nosotros ensayábamos más.

Lo irónico es que esos grupos tenían los medios para ser enormes, pero preferían dirigirse solo a su camarilla de anoraks. Mientras que grupos como vosotros o The Housemartins, por decir solo un ejemplo, quisisteis siempre llegar al máximo de gente posible.

IH: Por supuesto. No queríamos ser U2, pero si llegar al máximo de gente sin comprometer nuestros ideales. No llegamos a demostrarlo porque nunca llegamos a ser grandes [ríe]. Pero sabíamos que lo que teníamos era bueno, aunque quizás un poco fuera de época. Creo que nos hubiese ido mejor en otra década. Unos años después, durante el Britpop. Tal vez.

50 peniques más grandes que The Stone Roses

Ese parece ser el consenso general: “5 años tarde para la Smithsmanía, 5 años temprano para el Britpop”. Entre guerras.

IH: Creo que sí. Cuando aparecimos nos tocó ser de veras un “gang of one”. Estábamos bastante solos, no nos sentíamos cercanos a ninguna banda del momento. Nos gustaban grupos pequeños como The Way, de Yorkshire, que llevaban sección de viento, y otra banda llamada 3-Action!, de Hull, muy del rollo Housemartins, también socialistas politizados como nosotros. Ya sabes lo que sucedió con Margaret Thatcher en el Reino Unido y su ataque a la clase obrera. En cualquier caso la cultura del lujo y del escapismo nos decantó hacia el otro lado: nos volvimos muy austeros y realistas, tanto en la pinta que llevábamos como en la forma de vida.

EB: Creo que la prensa decidió que el nuevo estilo en boga iba a ser el Madchester, y concentraron en ello todos sus recursos. Hasta entonces habíamos tenido una visibilidad enorme en prensa, Morrissey había declarado que éramos los herederos de The Smiths, y durante unos seis meses se nos consideró los “protegidos” de los periodistas. Parecía que no podíamos hacer nada mal. Y de repente, de un día para otro, todo cambió. Nos vimos con el paso cambiado, no encajábamos en absoluto. Fue algo difícil de tragar, si te soy sincero, incluso creó tensiones irresolubles entre nosotros. Porque estábamos construyendo algo desde aquel éxito inicial y de repente el suelo desapareció bajo nuestros pies.

Lo de elevar bandas a la estratosfera para luego aplastarlas contra el asfalto es una vieja tradición de los semanarios musicales ingleses…

EB: Llevamos muchos años en terapia [sonríe].

IH: Es un poco como si te sacaran de la montaña rusa en la que estabas y te pasaran al tiovivo de caballitos para niños pequeños. Cuesta acostumbrarse al cambio, te sientes un poco ridículo. Dando círculos una y otra vez por el sitio donde empezaste, y del que creías que habías escapado. De salir en el NME cada dos por tres me vi en la cola del paro otra vez. En 1992 ya habíamos estallado en llamas, de nosotros no quedaban ni las cenizas. Fue difícil acostumbrarse a eso. ¡Pero ahora estamos bien! [pone cara de paciente de psiquiátrico].

Resultat d'imatges de bradford skin stormHe leído que “todo acabó de un modo horrible” para vosotros.

IH: Éramos cinco jóvenes emocionales. Cuando empezó la caída todos buscamos una razón, alguien a quien culpar del desastre [simula sollozar]: “fue tu forma de tocar el bajo”, “no, fue tu voz”. Algo que nos era ajeno -un cambio de dirección musical en todo el país- se internalizó.

EB: Admito que yo estaba en estado de shock. Fue duro. Tampoco es que fuese algo tan raro o inusual: éramos cinco chavales de una edad en que la gente discute y se pelea y termina amistades. Nosotros, además, estábamos en un grupo, con todas las tensiones añadidas que eso conlleva. La gente te empieza a hartar, por ninguna razón en particular.

IH: No somos violentos. Nos gusta la paz. Así que no nos lanzamos a trifulcas a puñetazos entre nosotros. Aunque admito que algún empujón torpe en el local de ensayo sí que hubo.

EB: Algún bolsazo [ríen].

Pero hemos ido a lo horrible sin pasar por lo celestial: la época en que Morrissey dijo “Lust roulette” casi me hace llorar”, Stephen Street os fichó para su sello Foundation…

EB: Al principio fue inmenso. Pura euforia. Antes de que Morrissey hablara de nosotros solo éramos un grupo local haciendo conciertos locales. Y de repente Morrissey nos arrancó de la oscuridad, salimos en el NME,  Melody Maker y Sounds, todo el mundo quería saber quién éramos, Morrissey y mucha otra gente venía de visita a Blackburn… Fue una experiencia inmensa, irreal, y pasó tan rápido que nos quedamos pellizcándonos, tratando de decidir si había sucedido de verdad.

IH: Geoff Travis, de Rough Trade. Adrian Thrills, del NME. Visitantes habituales. Muchos mánagers y agentes, de CBS y otras multinacionales, venían al local de ensayo blandiendo sus chequeras. Pero al final nos quedamos con Stephen Street. Conocerle fue la segunda mejor cosa que le pasó a la banda. Se convirtió en un sexto miembro. Su mentalidad y estética era la nuestra. Fue una bendición, nos ayudó a encontrar un foco. Por supuesto, más tarde su sello entró en bancarrota y todo se fue a pique.

Morrissey entabló amistad personal contigo particularmente, Ian.

IH: No tengo muchos ídolos: Joe Strummer, Paul Weller, Kevin Rowland y Morrissey. Que Morrissey dijese que mi grupo merecía heredar la corona de The Smiths, en un momento en que lo que él decía se tomaba como un evangelio… La vida no podía ser más hermosa. Morrissey incluso vino a visitarme unas cuatro veces a Blackburn, me llamaba regularmente y cuando estaba de gira nos intercambiamos muchas “notas tontas” (postales y cartas, así como programas de sus giras americanas). Fue una relación de amistad fantástica. Él era muy erudito, había leído mucho y poseía un vasto conocimiento de cultura pop británica, así como de películas y comedias kitchen sink de los años 50 y 60. A veces era un poco tímido, pero divertido a matar, con un sentido del humor norteño muy seco. Creo que le gustaba mi aspecto skinhead, y acabé dándole mi copia del libro Skinhead de Nick Knight, que le encantó. Creo que aquel libro, de hecho, influyó en su carrera; fíjate en las botas y dobladillos que lleva en las primeras fotos de su carrera en solitario. Cuando se mudó a Los Ángeles perdimos contacto. Hacia 1992.

Terminemos hablando de política. Me gusta que vuestra perspectiva izquierdista fuese de “experiencia vivida, no consignas marxistas”, como dice de vosotros Fergal Kinney, de Louder Than War, en el recopilatorio.

IH: En aquella época había muchas bandas que utilizaban retórica marxista: Easterhouse, Microdisney, McCarthy, That Petrol Emotion… Nosotros éramos distintos. Nos interesaba un tipo de decencia más general, ayudar a la gente y todo eso, más que hablar de revolución. Varios de nosotros hemos terminado trabajando de enfermeros, o ayudando a niños con minusvalías, yo trabajo en la Cooperativa de comida orgánica local, Ewan ayuda a pacientes mentales, o a gente que se está recuperando de un infarto… Cuando terminó la banda no nos vendimos al demonio; no empezamos a vender seguros de vida. Creemos en la humanidad, y siempre hemos intentado ayudar. Por eso estamos aquí.

(esta entrevista es una exclusiva de Kiko Amat para Bendito Atraso).

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Madness por fuera, sadness por dentro

Es el título de esta piececica que he escrito para El Periódico con ocasión de la visita de Suggs (Madness). Léanla. Ha quedado bien.

Miren en la entrada anterior para descubrir mi (periférico) papel en ella. La visita, no la pieza.

Por lo demás, planeo llevarle al bueno de Suggs varios discos para firmar y varias frentes de rorros que bendecir.

La canción del viernes #25: THE NASHVILLE RAMBLERS “The trains”

Una super-rareza, pero menos de lo que imaginan.

Grupo ignoto de un solo single. Eran de San Diego, y esta canción increíble es de 1986. Los garajeros con buena memoria quizás reconozcan esa sombra facial estilo Pedro Picapiedra en la cara de un miembro del grupo. En efecto: es Ron Silva, de los Crawdaddys (y muchos otros). Aunque el verdadero capitoste de los breves Nashville Ramblers era Carl Rusk, fan de las armonías vocales elevadoras.

“The trains” es una de las grandes canciones pop secretas de los ochenta. Muy emocionante. Nada que envidiar a Left Banke o Byrds. Solo estaba disponible en formato físico en un par de recopilaciones oscuras de la época (y en CD en el semi-popular Children of Nuggets), pero imaginen mi sorpresa cuando me enteré que no solo no estaba descatalogada, sino reeditada por Ugly Things y perfectamente accesible y comprable en el catálogo de un sello barcelonés favorito: Penniman Records.

Si también la quieren, no duden en escribir a Enric Bosser, de Penniman. Él, que no puede entender cómo no le quitan de las manos esta maravilla, estará en-can-ta-do de atenderles.

Gótico Llobregat

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Nelson Algren solía decir que él estaba en la clase media, pero no era de clase media. Del mismo modo, yo estoy en Barcelona, pero no soy de aquí. Nunca lo he sido y nunca lo seré, por mucho que aparente saberme el callejero del Eixample (sigo confundiendo Còrsega i Rosselló cada vez).

Yo soy del Baix Llobregat. De Sant Boi. 100% extrarradi power. Nací allí en 1971 y me marché por patas en 1993, para regresar solo de forma fugaz. Por supuesto, fue una maniobra de evasión fútil, el equivalente de cavar un túnel chapuzas que termina en la celda inicial. Como afirmaba Harry Crews, nunca te vas de tu pueblo natal, por mucho que pongas tierra de por medio. A Michael Corleone le espetaban que llevaba Sicilia estampada en la jeta. Yo luzco el contorno del Baix.

Porque nacer en Sant Boi me hizo. Tengo claro que nunca seré de otro lado, por mucho que me siga mudando compulsivamente. Soy como un mafioso octogenario, ya retirado en Florida por el clima, que vuelve a oler, ver, tocar, el Bronx de su niñez cada vez que cierra los ojos.

Hace poco regresé. Para visitar una fábrica de rejas, Mecatramex, que autogestionan unos amigos. Todo allí ha cambiado y nada ha cambiado. Ya no se ven tantos solares,  llantas oxidadas, Xibecas rotas, condones pisoteados, hipodérmicas sucias o páginas del Lib pringosas; ya no existen las subculturas de los ochenta, rockers-skins-mods-punks, cuando éramos cientos por cada uno de los suyos; es difícil topar con yonquis vieja escuela, quinquis de futbolín; los bares y las calles colgaron los harapos y ahora visten de charol; escasea la uralita. Quizás se haya extinguido lo que Daniel Ausente define como “Gótico Llobregat”: el paisaje post-blitz de aquel demencial y genuino Baix pre-olímpico.

Pero no. Si entrecierras los ojos sigue allí: las moreras, los zarzales, las espiguillas; los cañaverales meciéndose, llenos de polvo, al lado de un río inmundo (hoy menos); aquel tipo tan concreto de fealdad y desolación distópica que acabas amando; los colgaos, los tajas y friquis; las naves industriales, los invernaderos, los Ferrocatas, la ermita de Sant Ramon vigilando su parcela ruinosa desde allá arriba. Tan cerca de la Ciudad Condal y tan lejos; como si fuésemos de otro lugar, mucho más remoto y raro.

Y Barcelona está muy bien, claro: desde luego es más bonita y plácida. Tiene metro y los bares no cierran. Y asimismo, lo que todavía inflama mi corazón reumático es aquel país: mi juventud en el Baix Llobregat: 1988, agosto a las cinco de la tarde, el pueblo desierto, como si hubiese estallado una bomba H, y siete rapados bajando por la calle Jaume I, sin camiseta y sin estudios, berreando a los Specials con aquella euforia y mala leche tan típicas del mastuerzo santboiano.

No: nunca me he ido de allí. Sigo anclado en aquel momento. Jamás sabré qué va antes, Rosselló o Còrsega.

(Esta columna, que me encanta, se publicó originalmente el domingo 5 de junio del 2016 en El Periódico. Pueden también leerla online y compartirla aquí)

El vermut de Kiko Amat #11: DANIEL AUSENTE

Daniel Ausente: un sabio ex-nerd y ex-garajero (nunca se es ex-garajero; esto es para siempre), rey de los márgenes y lo subterráneo, especialista en cine de terror, serie B, C y Z, cómics, monarca de la subcultura y santo patrón de la Cultura No-Seria. Y autor del sensacional Mentiré si es necesario (El Butano Popular, 2014), libro predilectísimo del año pasado en esta casa. Un caballero admirable, y encima curtido en lo que él llama “Gótico Llobregat” (y que lo digas, Ausente).

Pues eso, que le entrevistamos para el #11 Vermut con Kiko Amat, en Gent Normal. Charlazo épico con pez frito. Mucha familia, barrio, extrarradio, punk, ochenteo, cine raro, bagaje y estupefacción droguil en el bar La Plata.

Que la disfruten.

Soul Boys del mundo moderno: Kiko Amat entrevista a SPANDAU BALLET

Para Babelia. Dentro-fuera. Una conversación fugaz de 25 minutos a la que le exprimimos todo el jugo imaginable, agarrándoles de las guerreras para que no se largaran tan pronto. Charlamos de subcultura, de clase obrera, de soul boys, de hedonismo y de punk rock; hablamos incluso de mods.

Este, su escritor de cercanías favorito, ex-detractor convertido en groupie, incluso se hizo una tremebundaza foto con ellos (que ya les mostraré otro día).

Léanla con pasión, justo acá. To cut a long story short: I lost my mind.

Lo fundamental: 10 discos que hicieron a Brighton 64

Kiko Amat recibe en el salón de su casa a Albert y Ricky Gil, hermanos fundadores y co-líderes del extraordinario grupo pop/mod de los ochenta Brighton 64. Allí se habla de los discos que alumbraron su camino, pero también de pantalones pitillo blancos, de Manolo García recomendándoles que no tocasen en directo aún, de versionear 6 canciones del mismo álbum de los Kinks y de melancolía incurable.

Brighton-64+Amat-web1) THE WHO Who’s Next (Polydor, 1971)
RICKY: Fuimos al Cine Maldá cuando pasaban The Kids are alright, el documental. Era sesión continua, y entramos a la mitad, cuando tocaban “Won’t get fooled again”. Nos quedamos flipados. Solo conocíamos a los Who de oídas.
ALBERT: Entramos en su etapa más rockera, la de los 70’s. Nos encantó, y fuimos a la inversa, descubriendo lo antiguo. Y a través de ellos, por una entrevista a Pete Townshend, conocimos a los Jam. Ibas tirando del hilo.
2) THE KINKS The Kinks (Pye, 1964)
RICKY: Este es el primer disco que compramos de ellos. En nuestra primera época llegamos a tocar hasta seis canciones del álbum.
ALBERT: Pero no éramos un grupo mimético. No intentábamos sonar como los Kinks. Nuestro referente eran los Jam: un grupo moderno, con sonido actual, que remitía más al punk que a los sesenta. Brighton 64 siempre han tenido un componente melancólico. En “Barcelona blues” ya hacíamos referencia a una Barcelona que estaba a punto de desaparecer. Es un estado de ánimo, como un deja vu extraño. Una melancolía por cosas que no te han pasado. Siempre hacíamos un flash forward.
3) CHUCK BERRY After School Sessions / One Dozen Berrys (Chess, 1957)
ALBERT: Esto fue nuestro gran descubrimiento musical: la relación de acordes del R&B. Escuchábamos una armonía que nos gustaba, buscábamos quién la hacía, y de los Rolling Stones pasamos al maestro. En aquella época solo existían seis álbumes editados en España, pero nosotros teníamos veintitantos (risas). El hawaiano, el cantado en castellano, el directo en el Fillmore… Mucha gente cree que conoce a Berry, pero las mejores suelen ser desconocidas, como “Brown eyed handsome man”.
4) THE JAM In The City (Polydor, 1977)
ALBERT: Setting Sons fue un disco que nos desorientó mucho, era muy oscuro. Entonces tiramos hasta In The City, y vimos que encima eran… ¡punks con traje! Los Jam hacían música para su momento, algo que creo que han perdido los mods de hoy. Como creador, el mimetismo nunca me ha interesado. Aquí se ve la influencia de Wilko Johnson, de Dr. Feelgood, en esas guitarras tan duras.
5) VV.AA. 20 Mod Classics (Tamla Motown, 1982)
RICKY: Este me lo compré en Londres. Por la portada, obviamente (risas). El segundo volumen llevaba una bandera inglesa. Antes había escuchado algo de Tamla Motown, pero no mucho. Estos veinte temas fueron una introducción acelerada.
ALBERT: Fue el segundo paso en pos de la música negra. El primero había sido aquella cara de Quadrophenia, que nos abrió al mundo del soul. Los Who son el pivote, lo que abrió todos los puentes. Veías el “Heat wave” y te decías: “Esta la hacen los Who. Y también los Jam. ¡Vamos bien!” (risas). Las grandes bandas hacen proselitismo al mostrar sus influencias.
6) THE PAUL COLLINS BEAT The Paul Collins Beat (CBS, 1979)
RICKY: Esto es un ejemplo de música comercial de la época. Junto con The Knack o The Romantics sonaban en todas partes. The Beat nos gustan también por razones personales: con el tiempo conocimos a Paul Collins y nos hicimos amigos.
ALBERT: Es chulo conocer a un tipo que ha sido un tótem, y que encima sea majo. Porque a menudo conoces a gente que admiras, y en mala hora… (risas). En este disco Collins estaba iluminado. Canciones en apariencia simples, pero con una fuerza… Se podría haber guardado la mitad de canciones e ir sacándolas con los años. Es una lección magistral. Imagino que él sabe que este disco es una obra de arte. Debe ser frustrante que haya trascendido tan poco.
7) LOS RÁPIDOS Los Rápidos (EMI, 1981)
RICKY: Cuando acabábamos de empezar recibimos la histórica visita de Manolo García y José Luis Pérez de Los Rápidos a nuestro local de ensayo. Manolo nos soltó la legendaria frase: “Muy bien chicos, yo creo que en un par de años empezareis a sonar un poquito”. Lo que pensamos fue: “¿Un par de años?” (risas). Nosotros queríamos tocar YA, teníamos mucha prisa. Luego fuimos a su local y nos quedamos de piedra. Tocaban muy bien.
8) PISTONES Persecución (MR, 1983)
ALBERT: Para mí todos estos grupos eran tan importantes como los Jam. Era música cantada en castellano, como la nuestra. Rechazábamos la música española de los 60’s, grupos que nos parecían de verbena como Los Sírex. De hecho, los veíamos en verbenas de verdad (ríe). Nos sonaban añejos, pero añejo franquista. Teníamos que rechazar lo que había detrás, y aliarnos a los referentes modernos.
9) THE BARRACUDAS Drop Out (Voxx, 1981)
RICKY: Nos dieron sonido y look. Encontramos camisetas de rugby y pantalones de pitillo blancos, y son los que nos pusimos en La casa de la bomba. Habíamos ido mucho de traje completo, oscuro, corbatas, como en “Fotos del ayer”.
ALBERT: Dejamos de ir ultra-mods para ir de un rollo más pop-art. Barracudas fueron la influencia principal en “La casa de la bomba”: surf-pop, coros, órgano, guitarras ácidas…
10) THE FLESHTONES “American Beat” (maxi IRS, 1984)
ALBERT: Esto abrió la puerta al soul, al garage… Lo de salir por la puerta tocando los instrumentos ahora ya lo hemos visto cuarenta veces, pero la primera vez que lo vimos, en 1985… Mira, se me ha puesto la piel de gallina (risas). Me recuerdan a Sex Museum, en el sentido que hacen lo suyo mientras el mundo va cambiando. Son como esa camiseta que te compraste en 1982 y un día en que te ves más delgado te vuelves a poner. Hay que tener paciencia, porque el mundo gira y gira, y las modas vuelven y vuelven.

6 imprescindibles del pop-mod español 1982-1990
1) BRIGHTON 64 Fotos del ayer (1982-1987) (BCore 2014): Podrían ustedes ir de safari vinílico para cazar todos los singles y maxis, pero esta flamante recopilación les ahorrará el faenón. Aquí está, simplemente, lo mejor de Brighton 64. Todos sus éxitos, evoluciones y avances, incluyendo caras B sublimes y oscuras favoritas. Todo ello envuelto en cegador portadón, con bonita hoja interior y lujoso fanzine repleto de textos (Alex Cooper, Miqui Otero y otros).
2) LOS CANGUROS Un salto adelante (1986-1990) (BCore 2013): La banda más avanzada del modernismo patrio. Versionaban a The Cure, Pere Ubu, The Prisoners y Booker T. Sonaban a Makin’ Time, pero también a The Fall o Blue Orchids. Llevaban Farfisa, pero no producía notas ye-yé. Eran oscuros y fatalistas e inexplicablemente maduros. Uno de los grupos más idiosincrásicos y celebrables de esta cosa nuestra.
3) LOS NEGATIVOS Piknik Caleidoscópico (Victoria, 1986): El mejor disco de pop psicodélico español de todos los tiempos. Sin más. Las mejores canciones, letras, portada y trapitos. Los Negativos fueron el único grupo sin mácula de todo este asunto, y en 1986 parecían incapaces de equivocarse. Su debut, un trabajo artesanal de puro amor al pop, sigue sin ser superado veintitantos años después.
4) LOS FLECHAZOS Viviendo en la era pop (DRO, 1988): Los Flechazos demostraron, por vez primera, que un grupo podía llevar lo mod de bastión y vender un aluvión de copias. Un monumento a la pasión por cosas relucientes y añejas, y su disco más cándido, menos forzado, más teenager y bullanguero (incluye garage, surf, power pop, instrumentales en plan The Roulettes…). La evolución lógica de los Brighton 64 era esto.
5) KAMENBERT Soul nights (DRO, 1987): No tiene mucho soul, la verdad, pero es uno de los mejores álbumes europeos de pop-con-trompetas al modo 1987. Todas las canciones son excelentes, y podrían haber sido tan grandes como, qué se yo, Los Ronaldos o Los Romeos. No lo fueron en absoluto, pero aún se echa de menos su gracia, su emoción, su trío de cantantes femeninas, tan nueva ola, todas sus felices cancionazas. Incomprensiblemente, jamás ha sido reeditado.
6) LOS SENCILLOS De placer (BMG/Ariola 1990): Los mods les abandonaron y les llamaron cosas que terminan en -ones, pero De placer es un disco a la altura de los cinco anteriores. Es casi una recopilación de singles, con 11 éxitos potencialmente radiables. Los Sencillos no se harían mega hasta “Bonito es”, pero este es el que ocupa más lugar en ciertos corazoncitos.

(Esta pieza nos la encargaron en Rolling Stone hace unos meses. Al poco de publicarse, la amable chica que nos lo había encargado cesó o fue cesada. Esperemos que no fuese por nuestra culpa. La foto como-pedro-por-mi-casa es de Carles Rodríguez)