La canción del viernes #25: THE NASHVILLE RAMBLERS “The trains”

Una super-rareza, pero menos de lo que imaginan.

Grupo ignoto de un solo single. Eran de San Diego, y esta canción increíble es de 1986. Los garajeros con buena memoria quizás reconozcan esa sombra facial estilo Pedro Picapiedra en la cara de un miembro del grupo. En efecto: es Ron Silva, de los Crawdaddys (y muchos otros). Aunque el verdadero capitoste de los breves Nashville Ramblers era Carl Rusk, fan de las armonías vocales elevadoras.

“The trains” es una de las grandes canciones pop secretas de los ochenta. Muy emocionante. Nada que envidiar a Left Banke o Byrds. Solo estaba disponible en formato físico en un par de recopilaciones oscuras de la época (y en CD en el semi-popular Children of Nuggets), pero imaginen mi sorpresa cuando me enteré que no solo no estaba descatalogada, sino reeditada por Ugly Things y perfectamente accesible y comprable en el catálogo de un sello barcelonés favorito: Penniman Records.

Si también la quieren, no duden en escribir a Enric Bosser, de Penniman. Él, que no puede entender cómo no le quitan de las manos esta maravilla, estará en-can-ta-do de atenderles.

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Gótico Llobregat

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Nelson Algren solía decir que él estaba en la clase media, pero no era de clase media. Del mismo modo, yo estoy en Barcelona, pero no soy de aquí. Nunca lo he sido y nunca lo seré, por mucho que aparente saberme el callejero del Eixample (sigo confundiendo Còrsega i Rosselló cada vez).

Yo soy del Baix Llobregat. De Sant Boi. 100% extrarradi power. Nací allí en 1971 y me marché por patas en 1993, para regresar solo de forma fugaz. Por supuesto, fue una maniobra de evasión fútil, el equivalente de cavar un túnel chapuzas que termina en la celda inicial. Como afirmaba Harry Crews, nunca te vas de tu pueblo natal, por mucho que pongas tierra de por medio. A Michael Corleone le espetaban que llevaba Sicilia estampada en la jeta. Yo luzco el contorno del Baix.

Porque nacer en Sant Boi me hizo. Tengo claro que nunca seré de otro lado, por mucho que me siga mudando compulsivamente. Soy como un mafioso octogenario, ya retirado en Florida por el clima, que vuelve a oler, ver, tocar, el Bronx de su niñez cada vez que cierra los ojos.

Hace poco regresé. Para visitar una fábrica de rejas, Mecatramex, que autogestionan unos amigos. Todo allí ha cambiado y nada ha cambiado. Ya no se ven tantos solares,  llantas oxidadas, Xibecas rotas, condones pisoteados, hipodérmicas sucias o páginas del Lib pringosas; ya no existen las subculturas de los ochenta, rockers-skins-mods-punks, cuando éramos cientos por cada uno de los suyos; es difícil topar con yonquis vieja escuela, quinquis de futbolín; los bares y las calles colgaron los harapos y ahora visten de charol; escasea la uralita. Quizás se haya extinguido lo que Daniel Ausente define como “Gótico Llobregat”: el paisaje post-blitz de aquel demencial y genuino Baix pre-olímpico.

Pero no. Si entrecierras los ojos sigue allí: las moreras, los zarzales, las espiguillas; los cañaverales meciéndose, llenos de polvo, al lado de un río inmundo (hoy menos); aquel tipo tan concreto de fealdad y desolación distópica que acabas amando; los colgaos, los tajas y friquis; las naves industriales, los invernaderos, los Ferrocatas, la ermita de Sant Ramon vigilando su parcela ruinosa desde allá arriba. Tan cerca de la Ciudad Condal y tan lejos; como si fuésemos de otro lugar, mucho más remoto y raro.

Y Barcelona está muy bien, claro: desde luego es más bonita y plácida. Tiene metro y los bares no cierran. Y asimismo, lo que todavía inflama mi corazón reumático es aquel país: mi juventud en el Baix Llobregat: 1988, agosto a las cinco de la tarde, el pueblo desierto, como si hubiese estallado una bomba H, y siete rapados bajando por la calle Jaume I, sin camiseta y sin estudios, berreando a los Specials con aquella euforia y mala leche tan típicas del mastuerzo santboiano.

No: nunca me he ido de allí. Sigo anclado en aquel momento. Jamás sabré qué va antes, Rosselló o Còrsega.

(Esta columna, que me encanta, se publicó originalmente el domingo 5 de junio del 2016 en El Periódico. Pueden también leerla online y compartirla aquí)

El vermut de Kiko Amat #11: DANIEL AUSENTE

Daniel Ausente: un sabio ex-nerd y ex-garajero (nunca se es ex-garajero; esto es para siempre), rey de los márgenes y lo subterráneo, especialista en cine de terror, serie B, C y Z, cómics, monarca de la subcultura y santo patrón de la Cultura No-Seria. Y autor del sensacional Mentiré si es necesario (El Butano Popular, 2014), libro predilectísimo del año pasado en esta casa. Un caballero admirable, y encima curtido en lo que él llama “Gótico Llobregat” (y que lo digas, Ausente).

Pues eso, que le entrevistamos para el #11 Vermut con Kiko Amat, en Gent Normal. Charlazo épico con pez frito. Mucha familia, barrio, extrarradio, punk, ochenteo, cine raro, bagaje y estupefacción droguil en el bar La Plata.

Que la disfruten.

Soul Boys del mundo moderno: Kiko Amat entrevista a SPANDAU BALLET

Para Babelia. Dentro-fuera. Una conversación fugaz de 25 minutos a la que le exprimimos todo el jugo imaginable, agarrándoles de las guerreras para que no se largaran tan pronto. Charlamos de subcultura, de clase obrera, de soul boys, de hedonismo y de punk rock; hablamos incluso de mods.

Este, su escritor de cercanías favorito, ex-detractor convertido en groupie, incluso se hizo una tremebundaza foto con ellos (que ya les mostraré otro día).

Léanla con pasión, justo acá. To cut a long story short: I lost my mind.

Lo fundamental: 10 discos que hicieron a Brighton 64

Kiko Amat recibe en el salón de su casa a Albert y Ricky Gil, hermanos fundadores y co-líderes del extraordinario grupo pop/mod de los ochenta Brighton 64. Allí se habla de los discos que alumbraron su camino, pero también de pantalones pitillo blancos, de Manolo García recomendándoles que no tocasen en directo aún, de versionear 6 canciones del mismo álbum de los Kinks y de melancolía incurable.

Brighton-64+Amat-web1) THE WHO Who’s Next (Polydor, 1971)
RICKY: Fuimos al Cine Maldá cuando pasaban The Kids are alright, el documental. Era sesión continua, y entramos a la mitad, cuando tocaban “Won’t get fooled again”. Nos quedamos flipados. Solo conocíamos a los Who de oídas.
ALBERT: Entramos en su etapa más rockera, la de los 70’s. Nos encantó, y fuimos a la inversa, descubriendo lo antiguo. Y a través de ellos, por una entrevista a Pete Townshend, conocimos a los Jam. Ibas tirando del hilo.
2) THE KINKS The Kinks (Pye, 1964)
RICKY: Este es el primer disco que compramos de ellos. En nuestra primera época llegamos a tocar hasta seis canciones del álbum.
ALBERT: Pero no éramos un grupo mimético. No intentábamos sonar como los Kinks. Nuestro referente eran los Jam: un grupo moderno, con sonido actual, que remitía más al punk que a los sesenta. Brighton 64 siempre han tenido un componente melancólico. En “Barcelona blues” ya hacíamos referencia a una Barcelona que estaba a punto de desaparecer. Es un estado de ánimo, como un deja vu extraño. Una melancolía por cosas que no te han pasado. Siempre hacíamos un flash forward.
3) CHUCK BERRY After School Sessions / One Dozen Berrys (Chess, 1957)
ALBERT: Esto fue nuestro gran descubrimiento musical: la relación de acordes del R&B. Escuchábamos una armonía que nos gustaba, buscábamos quién la hacía, y de los Rolling Stones pasamos al maestro. En aquella época solo existían seis álbumes editados en España, pero nosotros teníamos veintitantos (risas). El hawaiano, el cantado en castellano, el directo en el Fillmore… Mucha gente cree que conoce a Berry, pero las mejores suelen ser desconocidas, como “Brown eyed handsome man”.
4) THE JAM In The City (Polydor, 1977)
ALBERT: Setting Sons fue un disco que nos desorientó mucho, era muy oscuro. Entonces tiramos hasta In The City, y vimos que encima eran… ¡punks con traje! Los Jam hacían música para su momento, algo que creo que han perdido los mods de hoy. Como creador, el mimetismo nunca me ha interesado. Aquí se ve la influencia de Wilko Johnson, de Dr. Feelgood, en esas guitarras tan duras.
5) VV.AA. 20 Mod Classics (Tamla Motown, 1982)
RICKY: Este me lo compré en Londres. Por la portada, obviamente (risas). El segundo volumen llevaba una bandera inglesa. Antes había escuchado algo de Tamla Motown, pero no mucho. Estos veinte temas fueron una introducción acelerada.
ALBERT: Fue el segundo paso en pos de la música negra. El primero había sido aquella cara de Quadrophenia, que nos abrió al mundo del soul. Los Who son el pivote, lo que abrió todos los puentes. Veías el “Heat wave” y te decías: “Esta la hacen los Who. Y también los Jam. ¡Vamos bien!” (risas). Las grandes bandas hacen proselitismo al mostrar sus influencias.
6) THE PAUL COLLINS BEAT The Paul Collins Beat (CBS, 1979)
RICKY: Esto es un ejemplo de música comercial de la época. Junto con The Knack o The Romantics sonaban en todas partes. The Beat nos gustan también por razones personales: con el tiempo conocimos a Paul Collins y nos hicimos amigos.
ALBERT: Es chulo conocer a un tipo que ha sido un tótem, y que encima sea majo. Porque a menudo conoces a gente que admiras, y en mala hora… (risas). En este disco Collins estaba iluminado. Canciones en apariencia simples, pero con una fuerza… Se podría haber guardado la mitad de canciones e ir sacándolas con los años. Es una lección magistral. Imagino que él sabe que este disco es una obra de arte. Debe ser frustrante que haya trascendido tan poco.
7) LOS RÁPIDOS Los Rápidos (EMI, 1981)
RICKY: Cuando acabábamos de empezar recibimos la histórica visita de Manolo García y José Luis Pérez de Los Rápidos a nuestro local de ensayo. Manolo nos soltó la legendaria frase: “Muy bien chicos, yo creo que en un par de años empezareis a sonar un poquito”. Lo que pensamos fue: “¿Un par de años?” (risas). Nosotros queríamos tocar YA, teníamos mucha prisa. Luego fuimos a su local y nos quedamos de piedra. Tocaban muy bien.
8) PISTONES Persecución (MR, 1983)
ALBERT: Para mí todos estos grupos eran tan importantes como los Jam. Era música cantada en castellano, como la nuestra. Rechazábamos la música española de los 60’s, grupos que nos parecían de verbena como Los Sírex. De hecho, los veíamos en verbenas de verdad (ríe). Nos sonaban añejos, pero añejo franquista. Teníamos que rechazar lo que había detrás, y aliarnos a los referentes modernos.
9) THE BARRACUDAS Drop Out (Voxx, 1981)
RICKY: Nos dieron sonido y look. Encontramos camisetas de rugby y pantalones de pitillo blancos, y son los que nos pusimos en La casa de la bomba. Habíamos ido mucho de traje completo, oscuro, corbatas, como en “Fotos del ayer”.
ALBERT: Dejamos de ir ultra-mods para ir de un rollo más pop-art. Barracudas fueron la influencia principal en “La casa de la bomba”: surf-pop, coros, órgano, guitarras ácidas…
10) THE FLESHTONES “American Beat” (maxi IRS, 1984)
ALBERT: Esto abrió la puerta al soul, al garage… Lo de salir por la puerta tocando los instrumentos ahora ya lo hemos visto cuarenta veces, pero la primera vez que lo vimos, en 1985… Mira, se me ha puesto la piel de gallina (risas). Me recuerdan a Sex Museum, en el sentido que hacen lo suyo mientras el mundo va cambiando. Son como esa camiseta que te compraste en 1982 y un día en que te ves más delgado te vuelves a poner. Hay que tener paciencia, porque el mundo gira y gira, y las modas vuelven y vuelven.

6 imprescindibles del pop-mod español 1982-1990
1) BRIGHTON 64 Fotos del ayer (1982-1987) (BCore 2014): Podrían ustedes ir de safari vinílico para cazar todos los singles y maxis, pero esta flamante recopilación les ahorrará el faenón. Aquí está, simplemente, lo mejor de Brighton 64. Todos sus éxitos, evoluciones y avances, incluyendo caras B sublimes y oscuras favoritas. Todo ello envuelto en cegador portadón, con bonita hoja interior y lujoso fanzine repleto de textos (Alex Cooper, Miqui Otero y otros).
2) LOS CANGUROS Un salto adelante (1986-1990) (BCore 2013): La banda más avanzada del modernismo patrio. Versionaban a The Cure, Pere Ubu, The Prisoners y Booker T. Sonaban a Makin’ Time, pero también a The Fall o Blue Orchids. Llevaban Farfisa, pero no producía notas ye-yé. Eran oscuros y fatalistas e inexplicablemente maduros. Uno de los grupos más idiosincrásicos y celebrables de esta cosa nuestra.
3) LOS NEGATIVOS Piknik Caleidoscópico (Victoria, 1986): El mejor disco de pop psicodélico español de todos los tiempos. Sin más. Las mejores canciones, letras, portada y trapitos. Los Negativos fueron el único grupo sin mácula de todo este asunto, y en 1986 parecían incapaces de equivocarse. Su debut, un trabajo artesanal de puro amor al pop, sigue sin ser superado veintitantos años después.
4) LOS FLECHAZOS Viviendo en la era pop (DRO, 1988): Los Flechazos demostraron, por vez primera, que un grupo podía llevar lo mod de bastión y vender un aluvión de copias. Un monumento a la pasión por cosas relucientes y añejas, y su disco más cándido, menos forzado, más teenager y bullanguero (incluye garage, surf, power pop, instrumentales en plan The Roulettes…). La evolución lógica de los Brighton 64 era esto.
5) KAMENBERT Soul nights (DRO, 1987): No tiene mucho soul, la verdad, pero es uno de los mejores álbumes europeos de pop-con-trompetas al modo 1987. Todas las canciones son excelentes, y podrían haber sido tan grandes como, qué se yo, Los Ronaldos o Los Romeos. No lo fueron en absoluto, pero aún se echa de menos su gracia, su emoción, su trío de cantantes femeninas, tan nueva ola, todas sus felices cancionazas. Incomprensiblemente, jamás ha sido reeditado.
6) LOS SENCILLOS De placer (BMG/Ariola 1990): Los mods les abandonaron y les llamaron cosas que terminan en -ones, pero De placer es un disco a la altura de los cinco anteriores. Es casi una recopilación de singles, con 11 éxitos potencialmente radiables. Los Sencillos no se harían mega hasta “Bonito es”, pero este es el que ocupa más lugar en ciertos corazoncitos.

(Esta pieza nos la encargaron en Rolling Stone hace unos meses. Al poco de publicarse, la amable chica que nos lo había encargado cesó o fue cesada. Esperemos que no fuese por nuestra culpa. La foto como-pedro-por-mi-casa es de Carles Rodríguez)