Cosas Que Leo #91: HISTORIA DE DOS CIUDADES, Charles Dickens

“- Salen del corazón, Jerry, y es el único mérito que tienen.

– Pues en tal caso no tienen mucho. Pero ¿qué más da? No quiero que reces por mí. ¿Oyes? No quiero. No necesito que me acarrees desgracias con tus sempiternas genuflexiones. Si aun así quieres besar el suelo y rezar, hazlo al menos en favor y no en perjuicio de tu marido y de tus hijos. ¡Que otro gallo me cantaría si no tuviera una mujer tan desnaturalizada! ¿Por qué me vi en tan terrible apuro la semana pasada? ¿Por qué el dinero que había de ganar se convirtió en amargura y persecuciones? Por tu culpa… solo por tu culpa. ¡Voto al diablo! -prosiguió Cruncher poniéndose los calzones-. Oraciones en casa y fuera de casa otras cosas peores, y mientras tanto soy más desgraciado que el hombre más miserable de Londres. Vístete, hijo mío, y mientras limpio las botas, vigila a tu madre para que no se ponga de rodillas, porque, te lo repito -dijo, volviéndose hacia su mujer-, no toleraré que conspires contra mí. Estoy más cansado que un caballo de alquiler y más atontado que una botella de láudano y, de no ser por los dolores que me hacen ver las estrellas cuando cambia el tiempo, no sabría si mis piernas me pertenecen o son de otro, y si no soy más rico… es porque rezas de día y de noche para impedir mi fortuna.”

Historia de dos ciudades

CHARLES DICKENS

Alba Minus, 2019 (publicado originalmente por entregas semanales en la revista de Dickens All the Year Round entre abril y noviembre de 1859)

483 págs.

Traducción A. de la Pedraza

**** Infatigable con el proyecto Dickens.

Cosas Que Leo #38: CHARLES DICKENS: A LIFE, Claire Tomalin

Dickens life Tomalin

“Henry never wrote or spoke in public of these matters. His reminisces about his father, which appeared in 1928, were outspoken about other things: his father’s moods of depression and irritability, and the resentment of his brothers at the strict discipline imposed on them at home. “He also mentioned his father’s strongly radical political views’ and his laughing suggestion, mentioned earlier, that, ‘his sympathies being so much with the French, he ought to have been born a Frenchman’. A French Dickens defies the conventional view of him as an English national treasure, and he is that, but he is also something much wider. The whole world knows Dickens, his London and his characters. ‘All his characters are my personal friends’, said Tolstoy, who kept his portrait hanging in his study and declared him to be the greatest novelist of the nineteenth century.

He left a trail like a meteor, and everyone finds their own version of Charles Dickens. The child-victim, the irrepressibly ambitious young man, the reporter, the demonic worker, the tireless walker. The radical, the protector of orphans, the helper of the needy, man of good works, the republican. The hater and the lover of America. The giver of parties, the magician, the traveller. The satirist, the surrealist, the mesmerist. The angry son, the good friend, the bad husband, the quarreller, the sentimentalist, the secret lover, the despairing father. The Francophile, the player of games, the lover of circuses, the maker of punch, the country squire, the editor, the Chief, the smoker, the drinker, the dancer of reels and hornpipes, the actor, the ham. Too mixed to be a gentleman -but wonderful. The irreplaceable and unrepeatable Boz. The brilliance in the room. The inimitable. And, above and beyond every other description, simply the great, hard-working writer, who set nineteenth-century London before our eyes and who noticed and celebrated the small people living on the margins of society -the Artful Dodger, Smike, the Marchioness, Nell, Barnaby, Micawber, Mr Dic, Jo the crossing sweeper, Phil Squod, Miss Flite, Sissy Jupe, Charley, Amy Dorrit, Nandy, hairless Maggie, Sloppy, Jenny Wren the dolls’ dressmaker. After he had been writing for long hours at Wellington Street, he would sometimes ask his office boy to bring him a bucket of cold water and put his head into it, and his hands. Then he would dry his head with a towel and go on writing.”

Charles Dickens: a life

CLAIRE TOMALIN

Penguin, 2012

608 págs.

**** Otro pilar de mi proyecto Dickens de autodidacticismo y autogozo (esto último suena a otra cosa). La apabullante biografía de Claire Tomalin. Un claro BBS (Best Book of the Summer).

Cosas Que Leo #15: GRANDES ESPERANZAS, Charles Dickens

Expectations Dickens

“El plan educativo o curso establecido por la tía abuela del señor Wopsle puede resumirse en la siguiente sinopsis. Los alumnos comían manzanas y se metían mutuamente pajas en la camisa y la espalda, hasta que la tía abuela del señor Wopsle reunía sus fuerzas y les atizaba unos cuantos palos de ciego con una vara de abedul. Después de recibir la acometida con una rechifla general, los alumnos se alineaban y, en medio del mayor alborozo, se pasaban de mano en mano un libro destrozado. El libro contenía un alfabeto, unas cifras, unas tablas y unos ejercicios para deletrear; mejor dicho, los había contenido. Tan pronto como este volumen empezaba a circular, la tía abuela del señor Wopsle caía en un estado comatoso a causa del sueño o de un acceso de reumatismo. Los alumnos, entonces, se ponían a estudiar rivalizando por el tema “zapatos”, a base de ensayar quién era capaz de pisar con más fuerza los pies de los demás. Este ejercicio mental duraba hasta que Biddy se precipitaba sobre ellos y distribuía tres biblias estropeadas con los cortes roídos, impresas más ilegiblemente que cualquier curiosidad literaria con la que haya topado desde entonces; todas manchadas de orín y con varios ejemplares del mundo de los insectos aplastados entre sus hojas. Esta parte de la clase era animada ordinariamente por diversos combates singulares entre Biddy y algunos estudiantes reacios. En cuanto terminaban los combates, Biddy indicaba el número de página, y todos leíamos en voz alta, formando un coro espantoso. Biddy nos dirigía con voz chillona y monótona, y ninguno de nosotros tenía la menor idea de lo que estaba leyendo ni respeto alguno por ello. Este terrible estruendo acababa por despertar a la tía abuela del señor Wopsle, quien se arrojaba tambaleándose sobre el primer muchacho que le venía a mano y le tiraba de las orejas.

Ésta era la señal de que la clase había terminado por aquella noche, y todos salíamos a la calle dando alaridos de triunfo intelectual.”

Grandes esperanzas

CHARLES DICKENS

Alba Minus, 2010 (Great Expectations se publicó por entregas semanales en la revista de Dickens All The Year Round entre 1860 y 1861, y se publicó en forma de un solo libro en 1862)

522 págs.

*** El otro día, tras un severo análisis de propiocepción, me di cuenta de que hasta la fecha solo había leído tres libros completos de Charles Dickens. En uno de esos proyectos intelectuales que uno emprende cada cierto tiempo, y que solo tienen como fin el ensanchamiento del alma, la mejora cerebral (también novelística) y la dicha del espíritu, resolví leerme, poco a poco, todos los libros (no fallidos) del autor. Este es el primero de dicho proyecto.