Manchester: alma norteña

El Periódico me encargó hace unos días una pieza para homenajear a Manchester después del atentado. La escribí. Según la escribía me iba dando cuenta de la cantidad de bandas de allí que me encantan. En la imagen principal aparecen los Oasis, inevitablemente, acompañados por sus pilosas cejas, pero yo no pensaba en ellos.

Pueden leerla, por supuesto, activando este micrófono oculto mediante un fuerte alarido con acento de Manchester. Todo lo nasal que puedan.

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La canción del viernes #13: DAVID BOWIE “And I say to myself”

Mi Bowie es particular, y no se moja como los demás. Les mentiría si dijese que el Bowie clásico, por magnífico que sea, ha tenido la menor influencia en mi devenir, espíritu o gusto sublime.

Mi Bowie es 1963-67, los singles en Pye, los King Bees, los Lower Third (¡yum!) y aquel puñado de canciones (6, para ser exactos) solo que grabó en 1966 y que son la puta pera. O sea, que me llevan emocionando desde que tenía 15 años.

Esta es precisamente la sección de la carrera del hombre que han despachado los periódicos con una humillante línea del estilo “fracasó en diversos grupos hasta 1967”. Llorad todos en mi hombro, pequeños elfin mods.

Sé cuales son los álbumes relevantes para el canon, sí. Pero también sé cuales son los pequeños discos que hurgan en mi alma, y se trata de estos. “And I say to myself” es uno de ellos.

 

Kiko Amat entrevista a LOS MAMBO JAMBO

Mambo JamboComo en el Millon Dollar Quartet de la Sun, en Los Mambo Jambo se juntan varios gigantes del rock’n’roll patrio. Son Dani Nel•lo (saxo), Mario Cobo (guitarra), Ivan Kovacevic (contrabajo) y Anton Jarl (batería), aunque hoy nos encontramos tan solo con los dos primeros en el C3 Bar del CCCB. Ustedes ya conocen a Dani, saxofonista de Los Rebeldes, la banda rocker #1 de los ochenta. Y Mario Cobo lidera Los Nu-Niles, otro excitante trío de r’n’r barcelonés. Los cuatro pertenecen a Los Mambo Jambo, flamígero grupo instrumental que practica rock&roll, r&b, surf y swing de los 50 y 60: tupés, zapatos de dos colores y camisas hawaianas estilo De aquí a la eternidad, con el sonido más devastador de la ciudad condal. Tras mostrarnos los unos a los otros las medallas y carneses de nuestras pretéritas afiliaciones subculturales (a ellos, en cuanto a relucientes rockers, no les hace falta; a mí, como ex-mod, una pizca, si he de serles sincero) empezamos a hablar de todo: subcultura, chancletas, pub rock, envejecer dignamente, cerrazón tribal, Neil Young, coleccionismo majara y tradición.
Conozco vuestras trayectorias profesionales al dedillo, pero me gustaría que viajaráis más atrás en el tiempo, a la época de vuestros descubrimientos infantiles e iluminaciones adolescentes.
M: Mi pasatiempo era la jukebox. Mi padre tenía un tocadiscos portátil, y yo me dedicaba a escuchar los singles uno a uno. Desde los de Fundador, que eran una ponzoña, a los Beatles, Elvis, Slaughter & The Dogs. Incomprensiblemente, lo del último. Nadie sabe de donde salió. Pero me gustaba el tema “Johnny T”, que después de todo era un rock’n’roll. Eso me metía en un nuevo mundo, y a todos nos influye eso.
D: En casa corrían discos de Nova Cançó, Beatles a mogollón, algo de Stones, Joan Baez y Bob Dylan (que no me interesaban)… Pero escuché el Rock’n’Roll Music, del 72 o así, que es una recopilación de rocanrol clásico que hacían los Beatles. Y eso fue seguir la pista. Por otro lado, de la cosa negra, mi padre que era muy melómano, tenía Memphis Slim, Fats Waller, John Lee Hooker…
Los dos os lleváis casi una década, pero los dos firmasteis por subcultura (rocker, por supuesto). ¿Cómo os pusisteis en contacto con la movida?
D: Por otro típico fenómeno de adolescencia: el amigo. Con el que haces piña y vas descubriendo cosas a su lado. Mi amigo empezó a tocar la guitarra, y tras él empecé a ver otros tíos pro el barrio. Bueno, en mi barrio (Magoria) no había ninguno. Pero me iba al centro y me topaba con otros rockers. Y se crea esa fraternidad, con saludo incluido. Antes si veías a otro tío con tupé le saludabas por la calle, eso era la hostia. De repente vi que existía una pequeña comunidad. Pero Mario y yo somos distintos porque uno fue músico antes que rocker.
M [ríe]: Eh, que yo primero fui rocker.
D: Quería decir que ser músico te separaba un poco del resto de la subcultura.
M: Sí, ser músico me dio razones para militar muchos más años de lo que es sano [risas]. Yo empecé en octavo de EGB descubriendo discos con dos o tres amigos, y a la vuelta del verano, ya en 1ª de FP, el que no era skin era punk, o rocker, o pijo. O un tío normal. Yo lo recuerdo de forma muy divertida. Creo que eso ya no debe pasar. Necesitabas asociarte con gente, porque no existía información. Tenías que ir al “bar de los rockers” de Badalona (yo soy de Badalona), y tenías que pasar tus exámenes de rocker [ríe].
D: Cuando las subculturas se llamaban tribus. Cuando las revistas no sabían que hacer, Interviu o Cambio 16, te sacaban lo de “las tribus”.
M: Y era un trabajo recurrente de clase. Escribir el trabajo de las tribus. Y luego estaba aquel programa Hablando se entiende la basca, cuando yo era pequeño, donde siempre aparecían tribus.

Dani Nel·lo, al saxo

Dani Nel·lo, al saxo

El cambio más radical se ha visto en la edad de sus integrantes. Cuando yo era chico, la subcultura era una cosa puramente adolescente. A los veinte ya estabas un poco viejo para militar. Y quien tenía ya 22 era Gandalf El Gris.
D [carcajada]: Sí. Uno de 23 era un pureta total.
M: Yo a los 18 me fui a Inglaterra con otro músico (que era un señor), y cuando me llevó a un concierto suyo de rock’n’roll lo primero que me sorprendió fue la edad de los asistentes. Había incluso una familia rocker, con los nietos y todo. Y claro, esto no lo habíamos visto aún. Creo que es lo que empieza a suceder aquí.
D: Hace poco fuimos a tocar al festival de R&B ese que hay en el norte de Londres, el Rhythm Riot, y la cosa empieza a ser preocupante. Hay gente muy mayor. Gente por debajo de los 25 no ves.
M: Yo creo que la forma de entender esto como estilo de vida es mucho de nuestra época. Posiblemente yo sea de la última generación que vivió esto como una forma de vida extrema, para el resto de tu vida.
D: Ahora el interés viene por otros lados. Hay un renacer de la cultura pin-up, de la estética 50’s, pero es gente que surfea un tiempo sobre esa ola y luego se va a otra cosa.
M: Claro. La gente de aquel festival ya lleva 40 años en esto, dándole duro y creyéndoselo. Son sus amistades, es su sociedad, su familia…
D: Que pase en Inglaterra es muy significativo. Esa cosa tan asentada y tan fiel es inglesa. Todas las subculturas son inglesas, casi. Y tienes la figura típica del tío que es mecánico y tal, pero que luego tiene el orgullo de ser el mod, o el rocker…
Vuestro linaje, sin embargo, es menos ortodoxo. ¿Cómo llegásteis a la confluencia de sonidos de Los Mambo Jambo?
D: Lo interesante es haber llegado aquí sabiendo lo que ha psasdo desde que empezamos a tocar hace 30 años, saber lo que se hací en todo momento. Nosotros no hemos sido niños burbuja, no hemos estado en un lugar estanco como mucha gente del rock’n’roll. Hemos recibido un ADN inoculado de muchos tipos de música, y hemos ido probando de todo con los años.
M: Nunca hemos sido yijadistas del rock’n’roll, ni antes de Los Mambo Jambo ni ahora. Nos gusta nuestro instrumento, somos músicos, nos gusta investigar… No nos gusta solo un género.
D: Lo nuestro quizás no sea ortodoxo para el mundo de la subcultura, porque hemos escuchado punk, funk, pop, de todo un poco.
M: Parte de la gracia que tiene esto es que Dani y yo empezamos a hablar de versiones, y tardamos un año en quedar para tocar. Y quedamos para tocar R&B de los años 40, y lo que salió era un hijo bastardo que no tenía nada que ver. Pero que nos puso a cien. Nunca fue un proyecto de banda que practicase un género.
Los dos venís de cantar y de explicar cosas en letras. ¿No os falta algo, de vez en cuando, al hacer música instrumental?
M: La gracia la tiene buscar buenos títulos para buenas canciones. Hacemos colaboraciones con cantantes como Barrence Whitfield, pero no porque necesitemos letras, sino más bien para probar cosas nuevas.
D: Yo lo pienso como saxofonista, que a veces me molaría tener letra, pero no como miembro de Los Mambo Jambo. La idea de Los Mambo Jambo es así. Imagina qué decepción si en el tercer disco metemos un tema cantado. La gente nos mandaría a la mierda.
Los dos sois coleccionistas de discos, además de músicos profesionales. Pero hay muchos músicos que no son así. Que tienen el talento, pero no están obsesionados con la parte enciclopédica ni la fetichista de esto de los discos.
D: Y al mismo tiempo la gente como Lonnie Mack o King Curtis debían tener veinte o treinta discos, no tres mil [ríe]. A mí el coleccionismo por el coleccionismo no me interesa nada, pero me gusta la idea platónica de las ideas, de que tienes un mundo de ideas y tú eres solo el transmisor. Para mí, todos esos discos nos hacen sentir parte de la tradición.
M: Además, hoy en día en que parece que todo está a mano, me gusta tener un disco que no está en Itunes y nunca se ha sacado en CD. Y puedo versionar esa canción. No se trata de hacerse el chulo, sino de buscar tesoros perdidos. Que los hay, y muchos.

Mario Cobo, a la guitarra

Mario Cobo, a la guitarra

La subcultura es de alto mantenimiento, caramba. No fomenta la holgazanería. Entre la ropa, los discos, los peinados… se te va el día. Es un trabajo a jornada completa.
D [Carcajada]: Cierto. Aunque nos tomamos más en serio el tema musical que el estético.
M: Pero no saldríamos en chancletas [ríe].
D: Y eso que existen muchos músicos, de jazz o lo que sea, que no se cuidan en absoluto. Pero es algo que ya se te ha quedado. Ni te lo planteas. No saldrías a tocar con una camiseta Adidas. La Escuela Superior de Música de Catalunya forma a 300 músicos de jazz cada promoción, ¿y no les enseñan que no se puede subir al escenario con bermudas? [ríe].
M: Se trata de dignidad, y de cuidarte a ti mismo. Sobre todo es eso. Es una cuestión de autoafirmación. Salgo a la calle y me gusta saber quién soy.
Imagino que eso ayuda a la parte escénica del grupo. Si te has currado tanto el sonido, el repertorio y el espectáculo, ¿vas a descuidar el atuendo?
D: Sí. Pero la gracia es que te salga natural. No te disfrazas para tocar. Ya te sale así.
M: Lo máximo es ponerte algo que por la calle ya te parecería demasiado cantón. Por lo demás, es lo de siempre. Claro, si desde los catorce años llevas vistiendo así… Mañana no iré al Zara, ni vendré a tocar convertido en un señor normal. Creo que todo esto es sano. Que es una cosa interesante más. Que es tu afición. Que no es como ver la tele.
Esto le preserva a uno de forma magnífica. Mucha gente que milita o ha militado en subcultura, o que vive en el rock’n’roll, se conserva la mar de bien.
D: Estaba pensando en eso el otro día. En una revista salían hace poco fotos actuales de grupos de pub rock como Nine Below Zero, y no estaban nada acabados. Yo creo que es por la pasión, por la vocación, las ganas de estar conectado. Y no creo que te puedas plantear otra forma de vida.
M: Es la ilusión no perdida de la juventud.
Claro. Este tipo de pasiones, o te llevan prematuramente a la tumba o te mantienen joven muchos años.
D: Luego está también lo musical. Si estás en activo nunca llegas a la estación en que ya estás bien. No. Eres un rookie toda la vida. Un aprendiz eterno. Esto ayuda a no apoltronarte, como sucede en según qué curros. Como si fueses Director de La Caixa. Nosotros cada día tenemos que aprender más vocabulario, más fraseo, más técnica…
M: Y si le sumas a eso que somos autónomos, y que tenemos que buscarnos la vida cada día…
D: Hay una diferencia entre la gente que es profesional y la amateur, como tantos grupos de indie, por ejemplo. Ellos son gente que está haciendo su doctorado y queda los fines de semana con los amigos para hacer el súper-auténtico. Nosotros llevamos 30 años sacando pasta de tocar nuestro instrumento encima de un escenario.
Me hace una gracia tremenda cómo en las entrevistas con publicaciones más orientadas hacia el rock “clásico” os preguntan a menudo sobre los “grandes iconos” del rock. Y cómo a vosotros os la traen al pairo Dylan, Springsteen, Lou Reed… Igual que a mí, vamos.
D [Risas]: El otro día un tío me defendía a Neil Young, y le dije que no había manera, que no era lo mío. Ese tío desafina como un cabrón, y hace notas de una sola nota.
M: Bruce, Dylan, los Stones… Los que vienen y te llenan el estadio. Nosotros hemos huido de eso ya desde pequeños. Nos encanta Elvis, pero te pasas la vida buscando más. Lo defiendes a muerte, pero también has descubierto a aquel tipo que no conoce nadie, y grabó un disco raro en…

a2221097537_16La diferencia es que a esa gente de los semanarios le gusta el rock. El “buen” ROCK.
D: El rock sin apellidos. Mira, yo me he hinchado de rock. De hard rock setentoso, que me encantaba. Yo he pasado por allí y ha ido alimentando mi lenguaje, a veces incluso por eliminación.
M: También está bien cerciorarte de a qué suena algo que no te gusta. No sea que de repente un día escuches algo de lo que llevas toda la vida echando pestes, y resulte que está muy bien. Yo con Dylan he tenido mucha suerte: de joven mi tío me dejó un disco que encontré impresentable, cuando yo ya escuchaba rock’n’roll, y allí solo había un violín desafinado, y él cantando como una vieja. Evidentemente, sin tener un nivel de inglés buenísimo, aquello ya no me interesó nada. Yo prefería escuchar a George White, o cosas de blues que ya me llevaban a otro mundo.
D: Y a la vez, sin entender lo que decían, a mí Beastie Boys me gustaban mucho. Y aquello era [imita a un rapero chillón]. Era por la energía.
Me molesta mucho cuando el rock’n’roll se intelectualiza o se intenta convertir el algo complicado. Precisamente la gracia del pop, y del r’n’r, y del ska, etc. es que comunicaban muchas cosas a base de simplicidad y economía de recursos.
D: Yo siempre he tenido muchos problemas con Velvet Underground y Lou Reed. Qué quieres que te diga. El tema del criterio musical es como el de las mujeres: a uno le gustan mayores, y a otro le gustarán flacas. Yo que sé. Tu gusto se forma desde los discos, desde la madre… He ahí un tema, sexual o musical [carcajada].
M: Hay mucha música a la que no le prestamos ninguna atención, y mucha otra la que sí. Lo interesante es que no hayas perdido el tiempo con cualquier cosa, que lo que escuches tenga algo.
Que no te pases cuarenta años con Supertramp para descubrir un día que no eran gran cosa…
D [ríe]: Lo cojonudo es precisamente hablar sobre esto, y que haya debate, y que no a todos nos guste lo mismo.
Hablando de gustarnos a todos lo mismo: ¿Ha habido una invasión rocker del espacio exterior, o algo? Nunca había visto a tanta gente con pintas 50’s por la calle.
D: Es algo cíclico. Siempre ha sido así. Un movimiento pendular que se acerca y se aleja, y que lo lleva haciendo desde los últimos 35 años. Recuerda a finales de los ochenta, todas aquellas películas como Gran bola de fuego, o La bamba, y de repente se hablaba todo el rato de rock’n’roll, pero luego remitió.
El fenómeno del burlesque 50’s –donde vosotros habéis participado como banda de acompañamiento- también parece haber renacido en shows como Taboo. Es extrañamente recatado para los tiempos que corren.
D: Sí, pero eso quizás se deba al exceso de hipersexualización que te encuentras en un anuncio de… De lo que quieras, porque el sexo está en todas partes. Desde el del KH7, donde follan en mitad de una cocina (y dirigido por el Bigas Luna). El burlesque se recuperó a mitades de los 90 en California como una disciplina escénica perdida, y ahora recuperada. Como en círculos okupas se recuperaron los malabares, vamos.
M: La diferencia es que ya no tiene ese punto machista de ir a un bar a ver tías con el culo al aire. Es más divertido. No es un club de estriptís. Y se relaciona con los recopilatorios aquellos de Las Vegas Grind, de Crypt, que tenían esa estética y música.
D: Esos recopilatorios crearon una escena musical entera. Eso es inaudito. Eran instrumentales de serie B, medio jazzísticos medio rockeros, que nunca salían de ese gueto. Era como la escritura pulp.
M: Porque los grupos incluidos ni se conocían ni formaban parte de ningún sonido común. Probablemente se dieran asco entre ellos.
Tú formaste parte de Los Rebeldes, Dani. Me fascina cómo los grupos mal llamados “retro” de los ochenta suenan tan inconfundiblemente a años ochenta. Tocaran lo que tocaran. Ahora, en cambio, el revival es pavorosamente fiel. No sé si me gusta eso.
M: Yo empecé haciendo ejercicios de estilo, intentando sonar como aquel señor de 1957. Pero Los Mambo Jambo ya no son así. Tenemos mucha energía en directo, y hemos intentado grabar en directo. Suena un poco antiguo, pero es lo que es. Es algo natural.
D: Creo que en los ochenta se creía que se estaba consiguiendo una calidad de sonido máxima, como cuando nos compramos los primeros cedés. O los que compraron laser discs. Luego te das cuenta de que por ese camino se pierde identidad, y hay una reacción contraria. Y esa reacción a veces es enfermiza, en efecto. Alguna gente se conforma con grabar en una mesa analógica de la época, que sin duda da mejor sonido, pero luego está el otro que se compra el micro chungo, para sonar igual que en aquel disco chungo de la época.
M: Me parece a mí que falta un poco de diversión, también. Hay cosas que me gustaban de joven, y que ahora me cuesta escuchar, pero que tenían un gran atractivo. Porque sonaban divertidas, a cuatro tíos que entraban a un estudio a pasarlo bien y no a preocuparse por la estética a nivel sonoro. Parece que si eres un grupo de soul tengas que sonar exactamente a soul, pero la gracia de los grupos de ska de los ochenta era precisamente que sonaban contemporáneos.
Claro. A menudo, en el pop, las cosas que intentabas hacer pero luego te salían raras o distintas eran las mejores.
M: Sin duda. Es que para tener una copia exacta ya te vas al original. Hoy en día parece que hay que catalogarlo todo, y es más fácil hacerte un hueco en escenas o fuera de la escena sonando exactamente a algo que te pueda aportar una etiqueta.
D: Uno tiene que hacer lo que le de la gana, y con sentido de humor, y pasándolo bien en el proceso. Si uno lo quiere hacer en digital, que lo haga en digital, o en válvulas.
¿Qué os parece que mods y rockers se hayan unido al fin? Lo podríamos haber hecho en los ochenta, y nos habríamos ahorrado todas las miraditas torvas en bares y las pintadas faltosas en letrinas.
D [Carcajada]: A ver, a mí estas escenas ya no me interesan en absoluto. A nuestros conciertos van diez rockers y para de contar. Veo que las subculturas de ahora están llenas de integrismos. Eso no va conmigo.
M: Como han ido menguando en número, la gente se apiña. Como en las películas de zombis, cuando para defenderte te vas poniendo espalda contra espalda [ríe].

Kiko Amat

(Esta entrevista, en formato reducido, se publicó en el suplemento Babelia de El País del 7 de mayo del 2015. La pueden leer aquí, donde también hallarán el cuestionario que ambos artistas rellenaron para la sección El Rincón. Esta es la versión íntegra de la charla, sin cortes de ningún tipo. La foto principal es de Gianluca Battista)