Cosas Que Leo #29: DIECINUEVE APAGONES Y UN DESTELLO, Valentín Roma

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«Cuando en 1657 Vermeer presentó Muchacha dormida, los burgueses allí congregados sonrieron y se acariciaron las barbillas: por fin tenían delante al gran artista del catolicismo nórdico. Al mismo tiempo, a pocas calles de distancia, otro pintor, Jan Steen, cerraba la taberna que había regentado hasta el momento, un tugurio de mala muerte y peor reputación conocido con el nombre de La Culebra.

El vino tuvo la culpa de ambos acontecimientos: en el lienzo de Vermeer, los tragos matutinos y a hurtadillas de una jovent ama de casa, los cuales la sumieron en un dulce sueño desobediente con las labores del hogar; en el de Steen, el alcohol a bajo precio que chorreaba por el escote de prostitutas y jornaleros, los clientes habituales de la bodega más canalla de Delft.

Se ha ensalzado de Vermeer su luminosa contención, la manera en que su pintura «paraliza el mundo». Sin embargo, frente a la prosopopeya de todos esos personajes que cosen, leen o reflexionan sobre la envergadura del universo, viendo los cuadros de borracheras y jolgorios de Jan Steen, uno no puede sino recordar que donde verdaderamente se detiene el reloj es en ciertos bares, a ciertas horas y con algunas compañías.

A diferencia del vino tomado a dedales, como «quitagustos» o para olvidarse del cónyuge y la depresión, la ingesta caudalosa de caldos sin pedigrí no produce sueño, al contrario, eleva la franqueza y con ella las relaciones interclasistas. Esta celebración de la dicha y la desgracia –esta cualidad del vino que todo lo celebra– fue uno de los principales temas en la obra de Steen, cuyas escenas tabernarias, de bailes o peleas entre jugadores y beodos pueden mirarse como el reverso de la alienación religiosa del Barroco, un blackout de la laboriosidad protestante del norte de Europa.

Siempre decantada hacia sus vértices jansenistas, la historia de las ideas estéticas ha ignorado a este pintor por considerarlo «demasiado explícito, sin condiciones para el misterio». Algo totalmente incierto, sobre todo porque las parrandas representades por Steen están llenas de enigmas no tan arcanos, però enigmas, al fin y al cabo: ¿quién aguantará hasta el último minuto de la fiesta?, ¿qué lechos maritales se traicionarán esa noche?, ¿recuperará el viejo su lujuria perdida?, ¿sabrá el niño guardar un secreto?»

Diecinueve apagones y un destello; un manifiesto tentativo

VALENTÍN ROMA

Arcadia, 2020

176 págs.

Cosas Que Leo #10: ASCENSO Y CAÍDA DE ADÁN Y EVA, Stephen Greenblatt

Adán y Eva Greenblatt

“Adán intenta explicar el problema a Rafael. Comprendo, dice al arcángel, que ella es la inferior. Sé que, aunque los dos hemos sido hechos a imagen de Dios, yo me parezco más a él que ella. Entiendo que se supone que estoy y debo seguir estando por encima de ella. Pero cuando me acerco a sus hechizos, confiesa, la versión oficial deja de parecer verdad. “Me parece tan perfecta / y en sí misma tan cumplida” (8:547-548) que, si acaso, es ella la que parece superior.

La respuesta del arcángel -frunce el ceño y aconseja a Adán que tenga más autoestima- no es muy útil. (Ese tipo de respuestas nunca lo son). ¿Cómo podría un ángel comprender a un ser humano que está profundamente enamorado? Rafael advierte a Adán que no sobrevalore el mero placer sexual, un placer, dice irónicamente, que ha sido otorgado a los cuadrúpedos y a todos los demás animales. Adán responde con mucha dignidad que lo que justifica los sentimientos que ha intentado describirle no es solo lo que sucede en el tálamo, aunque lo considera con bastante más devoción que la que da a entender el comentario del arcángel. Lo que tanto le encanta de Eva es más bien, dice, “la gracia que acompaña a todas sus acciones, / son esos mil honestos atractivos” que caracterizan una unión perfecta, “que hacen de ambos una sola alma”. Su amor, la unión íntima, física y espiritual con su esposa, borra la sensación de superioridad a la que sabe que, como varón, se supone que debe aferrarse. Antes bien, siente un vínculo irresistible “que hace de ambos una sola alma” (8:604).

En las palabras de Adán hay un rechazo implícito a la línea oficial o, cuando menos, una cortés pero firme indicación de que el arcángel y su cohorte celestial tienen una concepción imperfecta de la experiencia humana. En efecto, el primer hombre de [John] Milton se permite preguntarse, dada la torpeza del ángel, cómo será la experiencia sexual angélica. “¿No aman los espíritus celestiales?”, pregunta a Rafael. “¿Cómo demuestran su amor? ¿Con sus miradas solamente?”. Rafael hace algo extraordinario, al menos en un ángel: se ruboriza. “Que te baste saber que somos felices”, contesta, y que sin amor no hay felicidad” (8:620-621). Como un padre que no sabe nunca cuándo ha dicho lo suficiente, continúa intentando ser explícito y técnico, y dice no sé qué de que no tienen membranas o “barreras exclusivas”. Luego reportándose y señalando lo tarde que se ha hecho y que el sol está a punto de ponerse, se va volando de vuelta al cielo”.

Ascenso y caída de Adán y Eva

STEPHEN GREENBLATT

Crítica, 2018 (publicado originalmente en inglés como The Rise and Fall of Adam and Eve, 2017)

No ficción.

358 págs.

Traducción de Juan Rabasseda.

Cosas Que Leo #5: CIVILIZADOS HASTA LA MUERTE, Christopher Ryan

Ryan_CivilizadosHastaLaMuerte

“A menudo tengo la impresión de que estamos progresando hacia una manifestación moderna de nuestro pasado lejano, o hacia un precipicio. Nuestras desesperadas peregrinaciones van en busca de un hogar muy parecido al hogar que abandonamos cuando salimos del jardín y comenzamos a cultivar la tierra. Puede que nuestros sueños más apremiantes no sean más que el mero reflejo del mundo tal como era antes de que nos quedásemos dormidos.

Tal vez nos estemos acercando a la llamada singularidad, donde nuestros cuerpos atrofiados por el confort se funden en las pantallas que miramos la mayor parte de nuestras vidas. O tal vez la colonización de otros planetas permitirá que nuestros descendientes habiten en cúpulas lejanas patrocinadas por Apple, Tesla y Caesar’s Palace. Si, como [Maynard] Keynes, esperabais un mundo igualitario de plenitud compartida y tiempo libre a raudales en el que disfrutar de la compañía de vuestros seres queridos, pensad que nuestros antepasados ocuparon un mundo muy parecido a ese hasta la aparición de la agricultura. Lo que vino a llamarse “civilización” surgió hace unos diez mil años, y desde entonces hemos estado progresando para alejarnos de él.

Cuando uno avanza en la dirección equivocada, el progreso es lo último que necesita. El “progreso” que define nuestra época a menudo se parece más a la progresión de una enfermedad que a su curación. la civilización a menudo parece estar tomando velocidad con la misma vertiginosidad con la que desaparecen las cosas por el desagüe. ¿Acaso la feroz creencia en el progreso es una especie de analgésico, un antídoto de fe en el futuro para un presente cuya contemplación resulta demasiado aterradora?”

Civilizados hasta la muerte; el precio del progreso

CHRISTOPHER RYAN

Capitán Swing, 2020 (publicado originalmente como Civilized to death: The price of progress, 2019)

No ficción.

287 págs.

Traducción de Lucía Barahona.

Contra todo, de Mark Greif (un nuevo diseño para la vida)

Una flamante reseña del Contra todo, de Mark Greif (Anagrama, 2018), para el suplemento Babelia de El País.

Léanlo y compártanlo y todo eso.