La canción del viernes #51: THE BEAUTIFUL SOUTH Let love speak up itself

Paul Heaton es uno de mis músicos favoritos. Su carrera me sirve de guía. The Housemartins desde la adolescencia, después The Beautiful South. Crecí a su lado. De mis cinco artistas pop favoritísimos, de calle, de toda la historia.

“Let love speak itself” es de 1990, del álbum Choke. Juro y me santiguo con esos cuatro primeros discos de The Beautiful South.

La canción me pirra, y el video también (Heaton siempre ha hecho buenos videos, como sabemos todos los fans). El crescendo final del tema, cuando acuden las trompetas al rescate y Heaton empieza a pegar alaridos rompe-tráqueas) me recuerda un poco a una de mis canciones predilectas de los diecisiete años, la versión de “I’ll be your Shelter (just like a shelter)” de The Housemartins, que escuché como un demente a lo largo de mi abortado BUP (academic inspiration they gave me none, que diría Kevin Rowland).

Si, aprovechando que están aquí tarareando, quieren releer aquella maravillosa charla que mantuve con Mr. Heaton en el 2012, no duden en chasquear los dedos así.

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ROGER DALTREY: “Siempre me han irritado las modas del rock”

Mi entrevista exclusiva con Roger Daltrey, cantante de The Who. Mi labio superior, si quieren saberlo, se mantuvo firme durante toda la charla. Léanla en El Periódico de Catalunya, en este link.

Un obituario para Ranking Roger (The Beat)

La semana pasada murió RANKING ROGER, el vocalista, corista, toaster y panderetero dicharachero de una de mis bandas favoritas, The Beat. Ocupando un sitio preferente en mi costillar desde los 14 años.

Escribí para él una sentidas últimas palabras, que tuvo a bien de publicar El Periódico de Catalunya. Son estas de aquí.

Kiko Amat entrevista a ROBERT FORSTER (The Go-Betweens)

Yep. Que hace unos días entrevisté por Skype (Australia-Barna, ¿sí, dígame?) a uno de mis músicos favoritos, Robert Forster, de The Go-Betweens. La entrevista, en su versión editada y apretujada para que cupiese en dos paginacas de periódico, se publicó este sábado 27 de octubre en El Periódico de Catalunya. Pueden leerla en digital con este sencillísimo método.

La cosa, como leerán en la pieza, tenía su excusa en el estreno del documental sobre la banda, Right here, en el festival de cine documental musical de Barcelona, In-Edit.

En unos días, cuando me dé por ahí, publicaré la versión larga, director’s cut, de la entrevista, como es habitual en este sitio, y ustedes alucinarán berenjenas, pues es una charla fantástica.

Kiko Amat en las Conversaciones Literarias de Formentor 2018

Este año 2018 he sido invitado a las Conversaciones Literarias de Formentor (Mallorca), cuyo tema es “Vírgenes, diosas y hechiceras”. Estaré allí mientras duren las conversaciones, y hablaré una miaja el sábado 29 hacia las 12:30, en la sección “Heroínas”. El libro que he escogido es mi viejo favorito El club de los mentirosos, de Mary Karr, heroína total.

Nada, lectores, que si sobrevuelan el hotel Formentor (“a Royal Hideaway hotel”) en helicóptero, o estaban haciendo submarinismo por la zona, vengan a verme rapsodear. Es allí en la playa de Formentor, al laíco del Port de Pollença.

Pueden ver más detalles de todo el pifostio aquí.

Pulp heroico: mi prólogo para NIK COHN

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Ya está en la calle, traducido al español, uno de mis libros favoritos de adolescencia: Sigo siendo el mejor, dice Johnny Angelo, de NIK COHN, uno de los caballeros con los que aprendí a escribir, y a quien debo si no toda, sí el empujón inicial de mi carrera. Si husmean detectivescamente en mis tres primeras novelas hallarán guiños Cohnianos en todas y cada una de ellas. Y el título de la cuarta… En fin, qué puedo decirles. Cohn era mi maldito héroe.

Lo sacan los chicos de Walden Libros, y lleva un prólogo mío (¿llegará un día en que habré prologado a todos mis héroes literarios? Desde luego voy por ese camino).

Dicho prólogo cuenta con bastantes intervenciones nuevas y exclusivas de Cohn, con quien tuve el honor y la PEDAZO-DE-SUERTE de poder departir en las semanas previas al lanzamiento de la novela.

Lo que decía: que no se puede ser más afortunado.

Por si les pica la curiosidad, el prólogo empieza de este jaez:

  1. “Yo era cartero comercial. Corría el año 2004, y llevaba más de un año levantándome a las cuatro y media de la mañana, tratando de no despertar a mi mujer en el proceso. Desayunaba de puntillas, casi a oscuras, en la cocina de nuestro entresuelo de entonces, luego cruzaba Barcelona en una Vespa 160 muy vieja y muy culona que solo arrancaba a la décima patada y, ya en una nave industrial de L’Hospitalet, me ponía a clasificar unos cuantos centenares de cartas oficiales, folletos de propaganda o multas aviesas. Las organizaba durante una hora por barrios y por números de portal, y entonces las colocaba por estricto orden de reparto en mi carro, y pasaba las siguientes siete horas de turno recorriéndome el barrio a pie e insertando las cartas en las bocas impávidas de los buzones de metal. Se trataba de un trabajo menos deprimente de lo que uno podría esperar (era al aire libre; el escaqueo fácil, la desatención rutinaria), pero cansado y monótono. Todos los días y portales y buzones eran casi idénticos, y si trato de hacer memoria solo dos jornadas escapan del ritual de lo habitual. Una de ellas fue la del atentado terrorista en Atocha, que viví parando en cada bar de mi ruta, contemplando boquiabierto y abatido los detalles de la masacre que aparecían en la televisión, así como las mentiras cada vez menos elaboradas, cada vez más arrogantes, del Partido Popular.

La otra fue cuando vi a Nik Cohn.”

Jon Bunch a la gespa

Es una semana de escritos fúnebres. La recomentadísima muerte de Leonard Cohen -cuyo arte, por respetable y excelente que me parezca, ha influido exactamente un 0% en mi vida y trabajo y visión y ambición- me inspiró para escribir la columna “Jon Bunch a la gespa”, para mi serie Hòsties al Fibló, para el PLAY, suplemento del periódico Ara.

Va de un músico que sí me inspiró y me dio fuerza, y que también murió (en circunstancias casi opuestas a las de Cohen) en enero de este año, y nos enteramos tres. Y el cabo.

Hablo, por supuesto, de JON BUNCH, de mis adorados SENSE FIELD.

Si no me equivoco, los amigos de PLAY han incluído el clip de “Voice” en el artículo, siguiendo mis meticulosas instrucciones, así que yo me permito endiñarles aquí otra favorita personal del Building (Revelation, 1996), “Overstand”, quizás la canción que más escuché a finales de 1996. Ahí está todo. La fuerza del camino de hierro. Ese es mi 1996.