Cosas Que Leo #120: HITLER Y STALIN; VIDAS PARALELAS, Alan Bullock

“Otra de sus características inherentes, quizá debida a su trasfondo caucasiano, era su espíritu profundamente rencoroso, su memoria infalible para retener cualquier insulto o injuria, su determinación implacable a cobrarse venganza, no importa cuántos años pudiesen haber transcurrido. Una de las anécdotas mejor conocidas sobre Stalin nos la cuenta Serebriákov. Encontrándose un grupo de camaradas charlando acerca de la idea que tenía cada uno sobre lo que podría ser un día perfecto, Stalin dijo: “La mía es poder planificar una venganza artística sobre un enemigo, luego llevarla a cabo con suma perfección, y después irme a casa y meterme pacíficamente en la cama”.

Hitler y Stalin; vidas paralelas

ALAN BULLOCK

Kailas 2016 (publicado originalmente en 1992)

1599 págs.

Traducción de Pedro Gálvez

Los castrati: el lado divertido de la emasculación

Es el título de una pieza extensa sobre el fenómeno de los Castrati que he escrito para el #14 de la revista El Mon d’Ahir, dossier LGTBIQ+. Pueden leerla comprando el magacín de «historia de autor», que además está muy bien. En un kiosko de confianza o en su página web.

Me encanta cómo quedó ese artículo. Es muy divertido, pese al sujeto. Se lo recomiendo.

Les copio el primer párrafo para terminar de convencerles:

«1. Si usted tiene un niño con voz de claxon al que desea lanzar como soprano de éxito tal vez desee saber dónde puede serle practicada una castración exprés. La respuesta es en ningún sitio, maldito salvaje; la operación es ilegal desde hace dos siglos. Pero en el siglo XVII la orquiectomía se practicaba «rápida y barata» en hospitales urbanos, dispensarios rurales y, por qué no, barberías (con «instrumentos primitivos y un nivel de higiene que mejor dejar a la imaginación», nos dice Patrick Barbier en The World of the Castrati).

La operación solía practicarse en niños de entre ocho y diez años, casi nunca menores de siete y jamás mayores de doce, pues a partir de esa edad se activaba la jarana glandular. Los dos métodos anestésicos más populares eran el opio (bien) o la estrangulación de las arterias carótidas (auch). Entonces se cogía al mozalbete y, una de dos, se le sumergía en una bañera de leche para «suavizarle» las gónadas (el anti-Cleopatra), o en una de agua helada para congelárselas e impedir «excesivo sangrado». Tras los preliminares, el cirujano/peluquero realizaba una incisión en el escroto por la que extraía el cordón espermático y los testículos, los cercenaba y ataba los conductos. Huelga decir que casi todo el mundo moría (entre el 10 y el 80 por ciento de las operaciones, dependiendo si operaba un celebrado cirujano de Bolonia o Pascale «Il Maiale» Grugnetti, dueño de las porquerizas del villorrio), pero los que sobrevivían eran castrati, o «hombres que han sido castrados para que su voz preserve una calidad similar a la de las mujeres», según el Diccionario de la Academia Francesa de 1773. Sin vuelta atrás. Por mucho que se comentara que el castrato Balani había realizado una complicada vocalización en directo y, del esfuerzo, se le habían bajado ambos testículos de golpe (lo siento pero LOL), con lo que su voz había pasado instantáneamente de Klaus Nomi a Slayer, finiquitando su carrera, los castrados a medias simplemente no existían[1].

[1] Lo más probable es que, sin más secreto, Balani fuese un falso castrato.»