Los mejores libros del 2018 y recomendaciones navideñas (de Kiko Amat)

Este año he escrito mi lista de mejores libros del año para una web ajena: El Destilador Cultural.

Pueden encontrarlos todos allí, en orden descendiente (la jerarquía no es del todo estricta; pero se acerca). Primero la narrativa y luego la no-ficción.

Por una casualidad que no lo es tanto, El Destilador Cultural también ha escogido Antes del huracán como uno de los libros del año. Dios les bendiga por eso.

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Aficiones íntimas, pt.1 (agosto de 2018)

Lo que sigue es una lista de cosas que, entre lecturas y escrutados e investigaciones, y también admiraciones, disfruté a lo largo del verano o me hallo en proceso de disfrutar. Sin más. Solo aficiones que (como dice Santiago Lorenzo) son “íntimas, para dentro, como las buenas”. La mayoría de ellas no son de “actualidad” (ecs) pero unas cuantas, por pura chamba, sí:

Resultat d'imatges de they all love jackGary Usher y Curt Boettcher, a dos carrillos.

They all love Jack, el nuevo libro de Bruce Robinson (director de Withnail & I, tick!) que pretende desvelar el misterio de Jack The Ripper (reque-te-tick!). No sé muy bien si lo consigue, pero es una tremendota lectura (800 páginas de “diversión” -es un decir, porque hay unos cuantos desembudellaments– a chorro).

Disenchantment, de Matt Gröening (más maná abreojos y partequijadas para los que nos habíamos quedado huérfanos de Futurama). La estamos viendo todo el mundo a la vez, lo que por una maldita vez está bien (al menos que sea esto, releches, en lugar de la Champions).

Los asquerosos, de Santiago Lorenzo (leída en formato manuscrito; no está a la venta aún; adquirida por puro enchufe gremial). De plas-plas, jo-jo, oh-oh y también ein-ein?. Es la Intemerata.

La segunda parte del Hitler de Joachim Fest. He leído tanto sobre esto que ya no sé si estoy leyendo o releyendo, si les tengo que ser sincero. Pero no puedo parar. He acumulado tanto conocimiento empachante (y a ratos deprimente) sobre el III Reich que por las noches sueño que estuve allí (tajándome en los últimos días del bunker de la Cancillería, no combatiendo en el frente ruso).

Grant & I, de Robert Forster. Sus memorias con The Go-Betweens junto a Grant McLennan, claro. Me han inspirado cosa mala.

El Enjoy! de The Times (único disco que me compré este verano). Lo llevaba buscando desde 1987 o así.

La mini-exposición Working class heroes en el BFI de Londres (es mini porque está toda comprimida en un rellano de diez metrejos) que se ha quedado allí tras las charlas de abril del 2018 (que me perdí como un idiota).

Lucian Freud. Todo. Y también Walter Sickert (siempre desapacible).

Ferdinand Hodler, el impresionista suizo. Diría el único impresionista suizo, pero no quiero cagarla si resulta que hay otro. Conocí su obra en Ginebra (que no empapuzado de). Me encantó el fulano.

Resultat d'imatges de working class heros bfiVidas de santos (me estoy leyendo entero la puta La Leyenda Dorada, de Santiago de la Vorágine, que me regaló mi mujer por mi cumpleaños. También adquirí por mi cuenta la Guía para identificar santos de la iconografía cristiana, para acabar de empapuzarme de la cosa).

Vladimir Mayakovsky, Selected works. Lo tengo en el retrete. Sus majaradas histriónicas me amenizan el tránsito.

Los doce césares, de Suetonio. Lo mismo que con Mayakovsky. No pregunten. Voy por Julio aún. El César, no el mes.

Calypso, de David Sedaris. Su nuevo libro es definitivamente mi favorito de él. Mucha cosa de familia, y no toda de chanza precisamente.

Pigs have wings, de PG Wodehouse. Desde hace algunos años me he establecido la norma de leer un Wodehouse cada diez libros. Y me funciona. Limpia y abrillanta y apacigua como ningún otro. Esta entrega, de la serie Blandings, y de 1952, fue especialmente satisfactoria.

El segundo disco de RUNA, una de las pocas bandas actuales que despiertan mi más vivo interés.

Los 10 juguetes más estúpidos de esta Navidad

Una jocosa y festiva lista para Jot Down, de aquí su escritor de cercanías predilecto. Incluye La Fiebre del Oro, Gastón Cabezón, Cacamax, Emilio (aka “Mi primer amigo robot”) y Mi Primer Huerto, entre otros.

Simplemente petante, amigos. Y el trabajo de investigación no fue deslomante, tampoco: sentarme en los intermedios de Tom i Jerry con mis hijos y tomar notas de los juegos más merdosos que aparecían. Por cierto: ellos (mis rorros) votaron también La Fiebre del Oro como juguete MENOS INVITANTE y más incomprensible de estas natividades. ¿A qué chiflado debió ocurrírsele eso?

Lean y pasen un buen rato, guapetes.