Del tripi ochentero a la «microdosis»

Esto es un despiece que escribí para El Periódico del 26 de mayo. Acompaña a un artículo central sobre el LSD, Abbie Hoffman y todo el sidral.

El mío, como leerán, surge de la más estricta y esperpéntica experiencia en primera persona con los ácidos y las fenetilaminas (y la bazofia semitóxica que engullíamos de adolescentes, que como pueden imaginar no pertenecía a ninguno de los grandes grupos lisérgicos).

Espero que les guste, y también que no prueben nada de eso en casa.