Pulp heroico: mi prólogo para NIK COHN

Resultat d'imatges de nik cohn walden

Ya está en la calle, traducido al español, uno de mis libros favoritos de adolescencia: Sigo siendo el mejor, dice Johnny Angelo, de NIK COHN, uno de los caballeros con los que aprendí a escribir, y a quien debo si no toda, sí el empujón inicial de mi carrera. Si husmean detectivescamente en mis tres primeras novelas hallarán guiños Cohnianos en todas y cada una de ellas. Y el título de la cuarta… En fin, qué puedo decirles. Cohn era mi maldito héroe.

Lo sacan los chicos de Walden Libros, y lleva un prólogo mío (¿llegará un día en que habré prologado a todos mis héroes literarios? Desde luego voy por ese camino).

Dicho prólogo cuenta con bastantes intervenciones nuevas y exclusivas de Cohn, con quien tuve el honor y la PEDAZO-DE-SUERTE de poder departir en las semanas previas al lanzamiento de la novela.

Lo que decía: que no se puede ser más afortunado.

Por si les pica la curiosidad, el prólogo empieza de este jaez:

  1. «Yo era cartero comercial. Corría el año 2004, y llevaba más de un año levantándome a las cuatro y media de la mañana, tratando de no despertar a mi mujer en el proceso. Desayunaba de puntillas, casi a oscuras, en la cocina de nuestro entresuelo de entonces, luego cruzaba Barcelona en una Vespa 160 muy vieja y muy culona que solo arrancaba a la décima patada y, ya en una nave industrial de L’Hospitalet, me ponía a clasificar unos cuantos centenares de cartas oficiales, folletos de propaganda o multas aviesas. Las organizaba durante una hora por barrios y por números de portal, y entonces las colocaba por estricto orden de reparto en mi carro, y pasaba las siguientes siete horas de turno recorriéndome el barrio a pie e insertando las cartas en las bocas impávidas de los buzones de metal. Se trataba de un trabajo menos deprimente de lo que uno podría esperar (era al aire libre; el escaqueo fácil, la desatención rutinaria), pero cansado y monótono. Todos los días y portales y buzones eran casi idénticos, y si trato de hacer memoria solo dos jornadas escapan del ritual de lo habitual. Una de ellas fue la del atentado terrorista en Atocha, que viví parando en cada bar de mi ruta, contemplando boquiabierto y abatido los detalles de la masacre que aparecían en la televisión, así como las mentiras cada vez menos elaboradas, cada vez más arrogantes, del Partido Popular.

La otra fue cuando vi a Nik Cohn.»