La Canción del Viernes #60: JOHN CALE «I keep a close watch»

Me encanta esta canción, sobre todo por la orquestación de Robert Kirby. Aún iría más allá: sin la orquestación de Kirby, la canción me gusta exactamente la mitad. Las versiones acústicas live del propio Cale, mucho más luctuosas y espartanas, me hacen pensar demasiado en un señor llorando en el váter (mientras que con los violines de Kirby siempre lo visualizo a caballo, regresando a su castillo, derrotado pero orgulloso).

Esta versión con mil violines es la que aparece en el álbum de inefable portada Helen of Troy (Island, 1975), que por cierto Island sacó, huevos-morenos-style, sin el permiso del artista.

Para más violinazos de Kirby vayan a la espléndida recopilación When the day is done; the orchestation of Robert Kirby (Ace Records), con una sublime selección de temas realizada por St. Etienne.

Alta Fidelidad de Nick Hornby (lleva una nueva contraportada de Kiko Amat)

«Era 1995 y yo vivía en Cricklewood, un siniestro barrio londinense donde, una década atrás, Dennis Nilsen había matado a quince personas y arrojado sus restos por el retrete. No era muy feliz. Cultivaba una anorexia a media jornada, trabajaba en McDonald’s, vivía con un expresidiario y varios ratones, había roto con una novia (horrible) y con la subcultura mod. Tenía veinticuatro años y creía que mis sueños se habían ido por el váter, como cachos de víctimas de Nilsen. Incluso había dejado de leer, tras decidir, con Philip Larkin, que los libros eran «un montón de mierda» y que valía más «darle al frasco». Y escuchar rock’n’roll.

Entonces recibí un paquete de mi madre. Contenía un ejemplar de Alta fidelidad, de Nick Hornby, y una carta: «Este libro eres tú.» Y lo era. De acuerdo, yo no llevaba «jerséis horribles», como Rob, el propietario de la tienda de discos que protagoniza la novela, pero el libro la clavaba en lo restante: melancolía (tic), obsesión por hacer listas (tic), casetes recopilatorios con fines amatorios (tic), halo loser (tic), nerdez irreparable (tic), odio a Sting (requetetic). Alta fidelidad me recordó que algunas novelas sí hablaban de mi (nuestra) circunstancia. Me devolvió la ilusión y recalentó mi entusiasmo. Me hizo volver a amar los libros (aunque nunca dejé de darle al frasco). Y me recordó (supertic) que la música pop era la octava maravilla del planeta. Miradme: 1996, cuarto enmoquetado, engullendo Barons de lata y escribiendo paridas mientras suena el Ten Spot de Shudder to Think y el Demmamussabebonk de Snuff. Tras varios años de rencor homicida, asoma en mi cara una cauta sonrisa.

Cheers, Nick.»

Kiko Amat

(Esa contra es mía. Para celebrar el 50 aniversario de Anagrama, chez moi, la editorial ha lanzado una serie de libros icónicos de su catálogo con portadas flamantes y contraportadas a medida escritas por fans, lectores y vecinos de estantería. A mí me ofrecieron escribir la contraportada del Alta fidelidad, de NIck Hornby. Es la que acaban de leer, y que hallarán al dorso de esta gran novela. Me encantó hacerlo)