Villa Wanda: terrorismo negro y guerra sucia gubernamental en los “años de plomo” italianos (una entrevista con Eduardo Bravo)

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Eduardo Bravo es un escritor y periodista madrileño. Fue miembro fundador de Mongolia (que abandonó en el 2015), del fanzine Viernes Peronistas y del fanzine sobre música brasileña Serenidade, manual del usuario, así como profesor de la Musical Geographic Society, “experto en la vida y obra de Santiago Lorenzo” y colaborador del TMEO. Acaba de escribir un excelente libro llamado Villa Wanda (Autsaider Ediciones) que versa sobre terrorismo de Estado en Italia, guerra sucia, logias masónicas y la llamada “estrategia de la tensión” de los “años de plomo” (la década de los 70). Es un libro fantástico que, contrariamente a lo que podría esperarse, no interesará solo a friquis enpijamados obsesionados con fascismo, neofascismo y terrorismo parapolicial como aquí su humilde servidor, sino que funciona como utilísimo instrumento para entender y juzgar a los estados actuales. No solo Italia, paisaje en el que se desarrollan las fascistadas más o menos encubiertas que cuenta el libro, sino también el Estado Español.

Sí, amigos: si aceptamos que todo lo que sucede ahora viene por vía directa del régimen del 78 y los pactos forzados de la época que mantuvieron en el poder, sin purga alguna, a los representantes de la dictadura previa, no será difícil distinguir los lazos de unión entre ese régimen y sus guerras sucias, y las que se desarrollaban en la época en Italia y el resto de Europa, buscando los mismos fines y utilizando los mismos medios.

Leerán Villa Wanda con una mezcla de inquietud, perversa fascinación y hebefrenia (o risa nerviosa). Es la cara graciosa del terrorismo de ultraderecha, si quieren. En esta entrevista leerán sobre un montón de cosas que sembrarán la sospecha y el temor en todos ustedes, intranquilos ciudadanos del estado Español contemporáneo, país sin ley.

 ¿Cómo empieza un autor madrileño como tú a interesarse por unos hechos tan específicos -guerra sucia gubernamental, terrorismo de Estado, ultraderecha- de un país ajeno como Italia?

Yo soy un niño de los setenta. No lo viví de forma consciente pero sí crecí durante los “años de plomo”. No recuerdo la muerte de Aldo Moro en el 73 pero sí haber visto las imágenes durante el resto de la década. Así que toda mi infancia está marcada por esos años de plomo italianos, las guerrillas latinoamericanas -Montoneros, Tupamaros etc. Todo eso se juntó con una época, la de la Transición española, que ahora nos pintan como idílica pero que estuvo plagada de violencia por parte de grupos de extrema derecha. Además estuve viviendo en Italia un año, y tomé contacto no solo con su cultura diaria, sino también con los lugares. Pasabas por la calle donde hallaron el coche de Moro en su momento, por ejemplo… Italia adquirió un halo mayor como consecuencia de ese contacto. Entiendes mejor la historia reciente si analizas lo que sucedió en los 70. De repente en el 2015 falleció Licio Gelli. Y yo, que ya tenía ese vínculo con esa parte de la historia, asumí que iba a ser noticia en los periódicos españoles. Pero pasó sin pena ni gloria. Un tipo que había estado involucrado en atentados, en fraudes económicos, asesinatos, que mandaba un Estado dentro del Estado en Italia, que había intervenido directamente en la historia europea, y no se le dedicó ni una columna. Eso picó mi interés.

Háblanos de Licio Gelli, para ponernos en materia.

Gelli es un personaje perverso. Incluso mediocre. No tiene una preparación especial, ni es un tío especialmente brillante, pero se sabe manejar muy bien y tiene muy pocos escrúpulos. Es un fascista convencido: incluso en sus últimos años se define como fascista y declara echar de menos la figura de Mussolini. También la de Berlusconi, que formó parte de su logia Propaganda 2 y que es uno de sus ídolos políticos. Cuando estalla la Guerra Civil española se viene aquí para luchar con Franco, incluso falsifica su documento de identidad porque era menor de edad. Es un fascista fanático, en suma. Pero a la vez es muy poco honesto: traiciona a compañeros suyos para salir airoso de determinadas situaciones, se une a los partisanos para traicionarlos luego… Es un buscavidas de la peor especie. Nada heroico. Más bien desagradable. Es un fulano que vende colchones; ni siquiera es el dueño de la fábrica; solo un comercial. Pero empieza a urdir una red de contactos hasta que se hace con el cargo de Gran maestre de una logia (cuando él no era más que aprendiz). Es muy listo, además de un chantajista. Se convierte en un monje negro que domina toda la política italiana: tiene en su poder a los empresarios, la prensa, los jueces, la policía, los políticos… Puede conseguir lo que quiera. Tiene un ejército personal, tanto en grupos de ultraderecha como a nivel de matoncillos de la calle, que le resuelven los problemas más mundanos.

Me recuerda un poco a Himmler, que también era bastante simplón.

Sí. La diferencia es que Gelli se mantuvo siempre en la sombra. No quería ser presidente de la República, pero sí sacar los mismos beneficios que un presidente. Es un tipo que, salvo en circunstancias extremas como el de la Banca Vaticana, siempre sale airoso. E incluso cuando se destapó lo de la Banca no le fue tan mal. Disfrutó de una modalidad de retiro o prisión domiciliaria que ya la quisiéramos muchos para nosotros. Estuvo en una jaula de oro. Ni siquiera creo que permaneciese dentro de ella; se paseaba por donde quería, seguro.

Resulta chocante que un asunto ultrasecreto como el de la logia masónica Propaganda 2 fuese tan conocido.

Propaganda Due salió a la luz de una forma absurda, un poco como la detención de Al Capone. Fue un tema de mera fiscalidad casual. Entraron un día al despacho de Gelli, para investigar sus empresas, y se dieron cuenta de que había un montón de carnets, recibos y listas de personas de todos los ámbitos de la sociedad que pertenecían a una organización secreta. Estaba estructurada como una logia de masonería normal pero operaba en la sombra. A partir de ahí es cuando a Gelli empiezan a irle mal las cosas. Soy bastante ingenuo o bienpensante: no creo que en España llegase a funcionar algo así. Los masones exigen a sus miembros que no medren en relaciones personales para que les vaya mejor en la vida, aunque es indiscutible que topan a menudo con otros miembros que pueden abrirles determinadas puertas. Pero que una logia española opere de forma tan perversa, y a tan gran escala, no me parece posible. Otra cosa, ojo, es que la estructura judicial y constitucional española permita realizar operaciones como las que realizaba P2, solo que de un modo legal. Las puertas giratorias españolas consisten en recolocar en puestos de responsabilidad en importantes empresas a políticos que te han hecho determinados favores, y esos políticos recolocados facilitan a su vez que a las empresas que gestionan les vaya bien, pues conservan contactos importantes en la política. ¿Es eso una Propaganda Due? No, pero se le parece mucho. No solo están los empresarios y políticos, sino también periodistas, jueces y mucho más. ¿Es una cosa legal? En España sí. ¿Es una cosa inmoral? También. Cuando Podemos señala que existe una “trama”, no sucede nada porque la trama existe, en efecto, pero es legal y está protegida por la ley.

O sea, que aquí no hay logias masónicas como la P2 porque no hacen falta. Igual que en España no existen partidos políticos de ultraderecha porque sería redundante. Ya tienes a un partido en el gobierno aplicando esas políticas.

Exacto. Toda la ultraderecha española está ya en los puestos de responsabilidad. Sin ir más lejos: el yerno de Gallardón era un gerifalte del Franquismo que, cuando murió hace unos años, fue despedido con el “Cara al sol”. Yerno de un presidente de comunidad Autónoma que ha sido Ministro de Justicia con el Partido Popular. Aquí nunca hemos hecho esa labor de pedirle cuentas al fascismo, como se hizo en Italia. Además, desde el punto de vista del Estado Español, para qué vas a mancharte las manos de sangre con grupos parapoliciales, con cuestiones que al fin y al cabo son alarmantes y desestabilizantes para la sociedad (los muertos no gustan a nadie) si puedes conseguir lo mismo de un modo más sutil. En Italia, después de lo que se cuenta en Villa Wanda viene lo de Tangentópolis: un entramado de corrupción política increíble, muy parecido al de diez años antes, solo que sin muertos en la calle. En Italia se dieron cuenta, como aquí, de que era mucho más sencillo ganar los mismos millones e influir en el poder sin sembrar el país de cadáveres. Por mucho que tengas a jueces, prensa y policía a tu lado, un cadáver es un jaleo: tiene familia, amigos, vecinos. Es algo muy incómodo.

Esa mentalidad explica tal vez por qué no se han realizado actividades de falsa bandera o violencia parapolicial desde el Estado Español contra el independentismo catalán. Para qué vas a marear la perdiz con terrorismo negro o agentes provocadores si puedes conseguir los mismos fines amparado en el “estado de derecho”.

Totalmente. La violencia se ejerce siempre de forma escalonada. Para conseguir algo a la fuerza de una persona puedes pegarle un grito, darle un bofetón o cortarle un dedo. Si consigues lo que quieres con el grito, o poniendo mala cara, no vas a seguir la escalada de violencia. Es desagradable e innecesaria. Ahora, si la mala cara o el grito no van a ninguna parte a ese tipo hay que pegarle un bofetón. O cortarle el dedo. O, finalmente, matarle. Para qué va a generar uno situaciones de bandera oculta o terrorismo negro en Catalunya cuando puedo hacer lo mismo con complicidad del PSOE y Ciudadanos y sin matar a nadie. Implanto el 155 y consigo exactamente lo que quiero.

https://i0.wp.com/www.so-compa.com/wp-content/uploads/2017/03/01lopez_rega.jpg La extrema derecha siempre se queda a los personajes más chiflados. Son unos acaparadores. Es el caso del argentino José López Rega, también miembro de P2.

[ríe]  Rega es un chiflado. Sería un personaje cómico increíble si no fuese por lo dramático que le acompaña. Da un poco de pudor reírse de él cuando reparas en las consecuencias sangrientas de sus actos. Un señor que crea la Triple A en Argentina, una organización ultra que hace desaparecer a gente o las mata a plena luz del día, con connivencia de la policía… Lo alucinante de la Triple A, por cierto, es que estaba mal vista incluso por los militares (que a su vez luego demostrarían de lo que eran capaces); la veían como obscena y cazurra, fuera de control. Rega se considera mago, o mejor dicho brujo, sigue el esoterismo, fue guía espiritual de Isabel Martínez de Perón, la tercera mujer de Perón, y se parece mucho a Licio Gelli en que es muy mediocre y muy oportunista en su trato con la gente. Al principio de todo aparece en Madrid y empieza a frecuentar la casa de Perón en función de botones, un simple recadero. Y en efecto lo era, pero de recado en recado fue escalando y al final no solo se instaló en la casa de Perón sino que terminó filtrando las visitas. Cuando Perón regresa a la Argentina se lleva a Rega, que termina de ministro y despliega toda la violencia de la Triple A. Es un personaje muy cómico, de una locura asombrosa. Rega conoce a Gelli por la P2, se hace miembro de la logia y empieza a meter allí a gente como Massera [comandante golpista de la junta de Videla], Lastiri (su yerno, que llegaría a ser presidente de la República Argentina gracias a los tejemanejes de Rega)… Gracias a Rega, Licio Gelli se convierte en embajador comercial de Argentina en Italia. Lo bueno es que, pudiendo hacer las cosas por las buenas, es decir, que la República Argentina nombrara a Gelli de un modo oficial, Gelli hizo que la ESMA argentina le falsificara los documentos y el pasaporte. Lo cual es pura locura, porque no hacía ninguna falta. Yo creo que ese tipo de personajes tan poderosos entran en un delirio de impunidad por el cual creen que pueden hacerlo todo y les da igual ocho que ochenta.

¿Cómo se pasa del final de la IIª Guerra Mundial a esa “estrategia de la tensión” estatal que destruirá el “compromiso histórico” de democristianos y comunistas?

Ubiquemos que Italia tiene una república fascista, bajo el mandato de Mussolini. Hacia el final de la IIª Guerra Mundial se desarrolla una guerra civil paralela en el país entre izquierda y derecha. Cuando desembarcan los aliados existe la dicotomía de hacia qué lado se decantará el nuevo país. Los Estados Unidos han ayudado a los aliados a liberar Italia y establecer la paz en Europa, pero los partisanos también han luchado por Italia, y defienden una revolución social de corte marxista. Estados Unidos se da cuenta de que eso no es beneficioso para sus intereses. Lo primero que hacen es controlar la península con gente afín: contactan a mafiosos estadounidenses que tienen familiares en el viejo país. Los primeros municipios que se instauran en Italia después de la guerra son los de mafiosos locales. Caciques que controlan el territorio decantando los intereses hacia los Estados Unidos y la derecha. Y a pesar de eso, los comunistas y partisanos empiezan a cobrar mucha fuerza en Italia. A los EUA no les gusta eso, pues hay que rentabilizar el dinero que han invertido en la guerra. Además, no nos damos cuenta pero Italia es un país muy estratégico: está en el centro de Europa, muy cerca de la URSS (en plena guerra fría), cerca de Libia y el Oriente Medio… Colocar allí una serie de bases le resulta muy apetecible al gobierno norteamericano. Por eso no pueden permitirse que Italia se decante hacia la URSS, y empiezan una campaña de descrédito de la izquierda. Lo hicieron del modo que apuntábamos antes, escalando. Primero consiguieron que los medios de comunicación dijesen que los comunistas comían niños o iban a quitarte todas tus propiedades si llegaban al poder.  Cuando se vio que aquello no era suficiente, empezaron a realizar atentados y hacerlos pasar por cometidos por comunistas o de extrema izquierda. Eso es la “estrategia de la tensión”. Atentados salvajes como el de la Piazza Fontana de Milán de 1969, o el de la estación de Bolonia de 1980, se atribuyeron a los anarquistas o la izquierda. Se le transmite así a la sociedad que la solución para la paz pasa por un vínculo con Estados Unidos, la Democracia Cristiana y la derecha. Y eso llegó al extremo de la red Gladio: una serie de ejércitos en la sombra, secretos, que operaban al margen del ejército nacional, saltándose sin ningún pudor la soberanía de los estados.

Hay una cosa que no entiendo: si la estrategia es culpar a Brigate Rosse de lo de Bolonia, por ejemplo, ¿Por qué se sabe tan rápido que detrás de ello está Ordine Nuovo, o el NAR, o cualquier otro grupo de ultraderecha? ¿Por jactancia, o chapuza, o…?

Quizás la sucesión temporal no queda del todo clara en el libro. Lo de descartar la responsabilidad de la izquierda en los atentados llega muchísimo después. La conexión Ordine Nuovo, y los vínculos de Gelli, con la masacre de Bolonia es algo que a día de hoy aún se pone en duda. Piazza Fontana estuvo años y años sin ser atribuido, y a los dos anarquistas detenidos se les tuvo años en un proceso anómalo y con mil irregularidades, mientras la sociedad italiana siguió pensando que eran culpables de la masacre hasta bien entrados los ochenta. Una locura. En esa época los jueces y la policía están de lado de las estructuras de ultraderecha, Gladio y el gobierno en la sombra, así que se pierden sumarios, desaparecen testigos…

Estoy sintiendo un desagradable déjà vu en la base del espinazo, en estos momentos.

[ríe] Ni te imaginas. Solo es en los 80 cuando a la gente que estaba en las cúpulas del servicio secreto del ejército se les consigue procesar por haber ocultado pruebas de Bolonia. A lo largo de más de diez años de investigación de dedicaron a ocultar, tapar, amedrentar testigos… Es una política mafiosa que en lugar de local se convierte en estatal. Paralelamente, los grupos de izquierda pasaron más de una década diciendo que no habían sido ellos. A ver: todos los grupos terroristas saben si han cometido o no, y si tienen que reivindicar o no, un atentado. Y si lo ha hecho otro grupo. Pero por mucho que lo negasen, los jueces y la prensa sostuvieron que había sido un grupo de extrema izquierda. Pensemos también que muchos de los grupos mediáticos del momento estaban metidos en Propaganda Due: Berlusconi, los dueños del Corriere della Sera… Así que la información que llegaba a la ciudadanía estaba casi siempre viciada por esos intereses. Cuando Gelli empieza a tener problemas con la ley, el dominical del Corriere della Sera le hace una super entrevista donde se cuenta lo buen empresario y magnífica persona que es.

Y un nuevo déjà vu

[ríe] En efecto. Yo solía decir que lo único que nos diferenciaba de Italia era que no teníamos tantos muertos, pero luego ves el sumario de Gürtel y te das cuenta que los testigos clave no dejan de sufrir extraños “accidentes”. Quizás sea demasiado pronto para pronunciarnos sobre esos percances. Pero sí podemos decir que en España hemos hecho lo mismo que en Italia de un modo algo más “elegante”. Los años de plomo españoles son menos trágicos porque la ultraderecha no pasa a la clandestinidad, y conserva su patrimonio y puestos de responsabilidad, como decíamos. Y por añadidura en España la lucha de terrorismo negro se focalizó solo en ETA, a la que se pintaba como Satán, de forma que a la ciudadanía le parecía bien que el Estado se saltara las normas de vez en cuando (esa es la moraleja que sacamos del GAL). No hubiese sido igual si las acciones se hubiesen tomado contra sindicalistas o comunistas, por ejemplo.

Tu libro deja bien claro que grupos como Brigate Rosse (o ETA aquí) le acaban resultando útiles al Estado, que puede implementar normas de control social y recorte de libertades que en otro escenario serían impensables. Le garantizan al gobierno un enemigo interior al que culpar de todo.

Solo hay que matizar que cuando un grupo así está en la vorágine de sus acciones no se da cuenta de esa instrumentalización. ¿Cómo no vieron que secuestrar a un político moderado democristiano como Aldo Moro era un error táctico desde el primer momento, y que le estaban haciendo el juego al Estado? Por otro lado también hay que tener en cuenta que estos grupos estaban a menudo infiltrados por los servicios secretos. Así que no sabes si se trata de torpeza de los miembros o que hay agentes externos que decantan las operaciones hacia determinados lugares. En una entrevista reciente alguien me comentaba que existía la duda sobre si Al-Qaeda no era una invención para justificar determinadas acciones. Es demasiado pronto para saber algo así. Pero sí podemos estar seguros que, incluso si no es una creación suya, a los Estados Unidos o a Occidente les viene muy bien tener un enemigo común que permita, por ejemplo, que Francia lleve tres años en estado de excepción. Para poder efectuar una serie de recortes que de otro modo sería muy complicado justificar. No caigamos en la conspiranoia, de acuerdo, pero hay determinadas situaciones que el Estado tal vez no fomenta, pero capitaliza a su favor.  En Italia fue culpar de todo a las Brigadas Rojas, para poner al país entero a favor del Estado.

Villa Wanda cuenta muy bien cómo Brigate Rosse entra en un punto de completa “desconexión de la realidad”. Eso explicaría los errores de cara al Estado y de cara a la opinión pública. Por ejemplo el secuestro y asesinato de Aldo Moro o, peor aún, el del líder sindical Guido Rosse.

Es desconexión con la realidad, sí, pero también entra en juego la megalomanía. Personajes que se creen líderes naturales, por encima del apoyo de la ciudadanía. Es el componente humano. Pero, en efecto, es innegable que las organizaciones armadas suelen entrar en un punto de desconexión con el pueblo. ETA es un ejemplo claro de ello. Brigadas Rojas y Montoneros también. Entran en un punto en que emprenden acciones que no son comprendidas ni por sus simpatizantes. Es una deriva esquizofrénica que genera mucha frustración y mucho dolor. El problema no es que pierdas el sentido de ser como grupo, sino que una organización que se basa en el apoyo popular para poderse mantener en la clandestinidad está completamente vendida en el momento en que carece de ese apoyo.

La clandestinidad suele ser un factor importante a la hora de separarte de tus bases. Cinco tíos en un zulo durante dos años, con nombres falsos y armas, tarde o temprano van a creer que son la Patrulla X, justicieros mutantes por encima del bien y el mal.

Claro. Y no solo es el aislamiento en sí mismo, sino que esa falta de contacto te obliga a buscar apoyo en sitios donde jamás los buscarías. Que una organización de liberación nacional y corte marxista como ETA tuviese contactos con organizaciones de raíz religiosa y corte teológico como la OLP es algo muy loco. Pero es que no te queda más remedio. Si unos tienen las armas y los campos de entrenamiento, tú te vas allí a pegar tiros. Se crean alianzas muy raras que acaban resultando muy difíciles de digerir por los militantes y las bases.

 https://atlantictimes.files.wordpress.com/2010/03/image001.jpg?w=214&h=160Gladio es una de las más profundas cloacas de Estado que se han visto en la historia moderna. Su existencia explica incluso la operación Cóndor en Latinoamérica, o el Caso Scala de la transición española. En Italia fueron responsables de dos golpes de estado.

Sí. Los golpes no se llegan a dar porque la situación se reconduce políticamente hacia los intereses de los golpistas. Volvemos a los niveles de escalada de la violencia de los que hablábamos. Si, como sucede en la segunda amenaza de golpe de 1970, se echa a los socialistas del parlamento, no hace falta dar el golpe como tal. Gladio está detrás de dos golpes de estado, asesinatos de civiles en todos los países de Europa… En España son responsables del Caso Scala, de los sucesos de Montejurra y del asesinato de Pertur, uno de los militantes etarras que estaba más abierto a la negociación. Eran grupos de ultraderecha italianos que operaban, sino dentro de la red Gladio, sí con la apertura policial que lo permitía. Hay muchísimas cosas que no sabemos. Esa frustración fue la causante del libro, como lo fue el fallecimiento de Gelli, alguien que podría haber esclarecido alguno de estos puntos. Nadie admite que en los 70 todos los estados se saltaron el contrato social y la responsabilidad para con sus ciudadanos, incluso la soberanía nacional de otros países. El caso Scala: la neutralización del movimiento anarquista durante la transición española se realiza mediante esa acción terrorista, de la que se culpa a la CNT y la FAI. Está metido Rodolfo Martín Villa y todas las placas del Estado. Se impide toda investigación.

En el libro mencionas la chocante exposé de Giulio Andreotti en 1990, que de golpe y porrazo (aunque a toro pasado) admite tan ricamente la existencia de la red Gladio.

La razón de que Andreotti divulgara lo de Gladio es que estaba tan convencido de su impunidad que sabía que no iba a sucederle nada. Además, era consciente que si alguien iba y lo destapaba más aún se desmoronarían todas las estructuras de Estado, y nadie quería eso. Aquí en España, cuando por culpa de Andreotti se destapó la red Gladio y salieron a la luz sus equivalentes españoles, ¿sabes lo que dijo el presidente Calvo Sotelo? Que en nuestro país no hacía falta nada de eso porque Gladio era el estado mismo: la dictadura de Franco.

Lo alarmante es el distinto rasero judicial que se aplica al terrorismo de izquierda y al de derecha. Va Andreotti y suelta lo de Gladio y no cae ni un solo hombre. Pero cada vez que se pilla a un solo militante de ETA acaba en la cárcel media Gipuzkoa.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/2/2e/Giulio_Andreotti_anni_60.jpg/180px-Giulio_Andreotti_anni_60.jpgSin duda. La situación se repite hoy en el ámbito de las redes sociales. Hoy en día puedes amenazar de muerte a alguien de izquierdas en Twitter y no te pasa nada, pero haces una broma sobre el fallecimiento de un fiscal general y se te abren diligencias. Lo gracioso del caso Andreotti es que no solo va y lo declara oficialmente desde sede parlamentaria, sino que se produce una respuesta oficial por parte de una serie de Jefes de Estado recriminándole que ese tipo de informaciones no se pueden dar así como así. La reacción no es judicial sino política: otros Estados le afean que esté tirando piedras sobre su propio tejado. Y tal como se contó aquello se silenció. No pasó nada.

Para mí que fue un subidón cafeínico. Un espresso demasiado cargado, o algo. Le dio por bajar al bar a alardear, como el que emerge de un prostíbulo.

[ríe] Sí. Eso daría para otro libro. Deberíamos investigar más el efecto de los estupefacientes en las actividades de la clase política. Yo creo que la mejor manera de entender la crisis es ver El lobo de Wall street. Estamos en manos de locos cocainómanos. En política, y en guerra.

El lector profano será capaz de aceptar Gladio, los ejércitos stay behind, etc. porque en el fondo se trata de guerra sucia del Estado utilizando fuerzas parapoliciales. Pero hay un punto en que entran los delincuentes de la banda de la Magliana, la Cosa Nostra, la masonería, Brigate Rosse… “Supera con mucho cualquier novela de misterio”, como dices.

Uno de los retos a los que me enfrenté fue el evitar que todo esto quedara demasiado loco. Lo es, de acuerdo, pero vamos a ser cautos y a contenerlo. Hay muchas versiones de sucesos que quedaron fuera del libro porque eran demasiado delirantes, y no disponía de fuentes para probarlas. Antes que poner la teoría conspirativa preferí obviarlo. Lo que se cuenta en el libro, por otra parte, está probado. E incluso así es demencial. El terrorismo de estado para culpar a grupos de izquierda es loco por sí mismo. Cuando entra una logia masónica es más loco aún. Que López Rega anduviera metido por ahí es un poco más loco. Y así, en modo creciente. Pero todo es verdad. Tuve la sensación que si incorporaba datos no probados todo el discurso anterior quedaría desacreditado. Un ejemplo claro: mencionar que se hizo una ouija para encontrar a Aldo Moro. ¿Es verdad? Se anunció que sí. Y posiblemente se publicitó de ese modo para no tener que decir que los servicios secretos intuían donde podía estar Aldo Moro. ¿Pero se hizo físicamente una sesión de espiritismo? No lo sé. Se explicó así, y por tanto eso es lo que aparece en Villa Wanda. Pero lo dejé ahí. Mi miedo era que nadie se creyese nada. Que el libro se tomase como una broma de principio a fin.

Yo puedo entender el terrorismo de falsa bandera , que en el fondo es el típico rollo de acusica mentiroso de la EGB. Persigue un fin claro: desviar la culpa. Pero resultan más intragables los ataques de Brabant de 1982-85, por ejemplo, donde se efectúan acciones violentas contra la población civil… ¿sin un motivo concreto? ¿Solo para asustar, en general?

Es así de delirante. Pero mi reflexión es aún más delirante: creo que no se busca atemorizar a la población. Creo que eran ejercicios con fuego real y víctimas civiles aleatorias. No solo entraron en supermercados y estaciones de servicio. Llegaron a entrar a un cuartel del ejército, hiriendo a una persona. Eran entrenamientos. Miembros de Gladio habían estado de adiestramiento en campos del MI6 o americanos y en un momento dado se aplican sus enseñanzas a situaciones reales. Para ver si los miembros son capaces de matar a civiles en esas situaciones, por ejemplo. Eso es lo más obsceno. Como lo de la bomba en el Oktoberfest de Munich, 1980, en medio de una feria, que mata a quince o veinte personas. Se hizo para aprender cómo se ponía una bomba. No hubo móvil ni reivindicación. Eso le hace sentir a uno muy desprotegido y prescindible. El Estado no va a preservarnos, pese a que hemos dejado el monopolio de la violencia en sus manos. El Estado cuando quiere va y mata a los ciudadanos, porque el contrato social es laxo y negociable. Y las cláusulas siempre las pone y las negocia la parte más fuerte. Lo vemos ahora mismo: decisiones judiciales inusuales; gente corrupta que sale a la calle cuando ha robado; o, como el 155, determinadas personas van a la cárcel pero son liberadas si declaran que “renuncian” a sus ideas. Eso no está en ninguna ley. Es totalmente arbitrario. Yo podré salir con fianza, o podré salir porque no hay arreglo de fuga… ¿Pero cómo vas a salir de prisión por un acto de autoinculpación y penitencia política?

Por otro lado, si la meta de algo como Brabant se puede conseguir doblando un par de leyes y con la ayuda de ciertos periódicos, para qué liarte en la matanza. Eso no significa que los Estados de hoy sean más justos que los de los 70. Es solo que han encontrado caminos más asépticos, supongo.

Efectivamente. Estamos sometidos cada día a diversos grados de violencia o manipulación. Unos son más crueles y otros más insidiosos. Ahora los medios oficiales se echan las manos en la cabeza con las fake news, pero nosotros llevamos viviendo de fake news gubernamentales desde siempre. El problema es solo que como ahora pueden generarse desde muchos puntos, la víctima ha empezado a ser el Estado. Pero el Estado Español siempre nos ha mandado informaciones falsas.

Atocha es una de las grandes fake news recientes.

Por supuesto. Y el mundo entero defendió esa invención durante mucho tiempo. La cosa es que beneficiaba al Estado, y por tanto estaba bien. Pero ahora que todo el mundo puede hacerlo cunde el pánico.

Tu libro trata temas grotescos pero mayormente trágicos en un tono respetuoso pero  coñón. Con una ligereza buscada. ¿Te resultó difícil llegar a esa voz? A algún lector puede parecerle cuestionable…

Es una decisión consciente. Yo quería quitarle un poco de plomo a los años de plomo, por decirlo así. Que la historia no fuese tan agresiva y deprimente. Vi que el humor era una buena forma de llegar al lector. Lo que se cuenta es verdad, y fue muy trágico, pero a las partes delirantes se les puede hallar el punto cómico. Eso rompe la dureza. También en las imágenes. El 80% de las fotos que deberían haber entrado en el libro eran, naturalmente, de cadáveres. Pero era imposible realizar un libro atractivo con todos esos muertos. Quise mantener ese tono de rigor histórico, sin conspiranoia, y que fuese en cierto modo agradable. Intenté hablar con Dario Fo pero murió antes. En el libro, de hecho, se le menciona, porque escribió una comedia, Muerte accidental de un anarquista, sobre un hecho dramático, que era el asesinato de un activista político por parte de la policía. Era un hecho real: la muerte del ferroviario Giuseppe Pinelli en una comisaría de Milán. Pero es hilarante. Te ríes con una sensación agria, porque es el asesinato de un tipo. Y la disfrutas, pese a que habla de algo muy triste. Esa era la intención de Villa Wanda. Captar la intención del lector y hacerle agradable el trayecto, sin que eso desmereciese el contenido. No quise hacer un libro académico o solemne; de esos ya hay muchos.

Kiko Amat

(Esta entrevista la realizó Kiko Amat por teléfono. Al otro extremo estaba Eduardo Bravo. Todos los derechos son de estos dos fulanos)

 

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10 nazis chiflados que me hacen carcajear

Continuando con la tónica de aquel celebrado manual de autoayuda que escribimos para Jot Down (“¡No sea como Hitler!“), he aquí una estupenda lista (en dos cómodas entregas), que hemos pergeñado para los chicos de VICE (nuevos empleadores).

Va de 10 nazis locos y fascistas histéricos de ayer y hoy que siempre me han hecho reír, y la pueden leer primero aquí, y luego acá.

¡No seas como Hitler!

emo_hitler-12807Oh, sí: el lado cómico del nacionalsocialismo. Aquí tienen un mordaz pasquín motivacional basado en 11 pifias históricas del Führer de las Alemanias, que hemos escrito y publicado hace muy poco en Jot Down, y que divierte y entretiene una cosa bárbara. Se habla de apetitos narcóticos, de las grisáceas nalgas del Líder del Reich, de lo LOQUÍSIMO que estaba Goering, de la grotesca jeta de Hitler Senior (me autocito: “una cara de puerco airado más cómicamente exagerada que el bulldog de Tom y Jerry tras haberse sentado sobre sus propios colgajos”), y todo rematado con un aluvión de sus favoritas hipérboles desquiciadas y afirmaciones insensatas, queridos fans.

El texto culmina con estas palabras, profundotas y graves cual insondable sima oceánica: “Hitler se tomaba a sí mismo muy en serio (signo inconfundible de los imbéciles de espíritu) y estaba convencido que su destino era salvarnos. Exterminándonos un montón, eso sí, si éramos judíos, gays, anarquistas, socialistas, socialdemócratas, mods o rockers, morenos con el cabello acaracolado y nariz aguileña, usuarios de aceite de oliva, reparadores de acordeones con tendencia a la bizquera, fans zurdos del waterpolo, funambulistas palentinos, miembros del foro Club Rubik Catalunya y, resumiendo, TODO EL MUNDO QUE NO FUESE ÉL.”

Kiko Amat y JAIME URRUTIA (Gabinete Caligari): la charla sin cortar

De lo que se come se cría, dicen, y nada (en el pop) surge de debajo de una seta. Jaime Urrutia, líder de Gabinete Caligari y compositor de sus hits, nos lanza las pistas de su arte en un libro, Canciones para enmarcar (Larousse, 2014), que es una carta de amor al rock’n’roll, al punk y la nueva ola; pero también a los tangos y los pasodobles.

UrrutiaAllí está. Jaime Urrutia. La cara más reconocible del pop español de los 80, y autor de algunos de sus éxitos más populares. Cuando yo hice la mili en 1990, “La culpa fue del cha-cha-chá” de Gabinete Caligari era la canción. Sonaba en todas partes, pegadiza como la electricidad estática. Pero no estamos aquí para hablar de ella, sino para excavar en el cancionero que sentó los cimientos del músico.
Cuando yo llego al bar, un mesón cerca de Las Ventas, Urrutia ya está allí, tomando una cerveza en la terraza y ojeando su libro. Va muy tapado para el tiempo que hace, con camisa, jersey y americana. “Estos cambios de tiempo me dejan hecho polvo”, me suelta, cuando me siento. Su cara, llena de rasgos exagerados, una faz goyesca, continúa igual; aunque los elementos han hecho cierta mella en ella. Y entonces está la voz. Aquella voz.
En el libro citas a Rocío Jurado, quien dijo de Camarón: “este chico tiene un viejo en la tripa”. Pero tu voz es muy inusual, también. La voz más reconocible de la nueva ola española, casi.
Cuando empezamos todos en la Movida, cuando estaba yo en Ejecutivos Agresivos (mi primera banda), nadie quería cantar. Yo no sabía cantar particularmente. De pequeño estaba en el coro del colegio, sabía entonar y afinar, pero me daba mucho corte eso de ser el frontman. Yo componía y me gustaba ser guitarrista, y ya está. Lo que yo quería ser era guitarrista rítmico como Sabino Méndez en Los Trogloditas, que también componía, y estar en un segundo plano escénico. Lo de cantar vino por necesidad. Ferni y mis amigos de Gabinete no cantaban. Al final, cuando empecé a componer ya dije que quería cantarlas yo, porque cuando compones algo tú eres quien mejor sabe de qué va. No me quedó mas remedio que aprender. No soy un cantante al uso. Me influyó mucho Ian Curtis en Joy Division, aquella voz tan grave. Mi tono natural es parecido. También me gustaba mucho Jim Morrison. Y al empezar a hacer canciones oscuras y siniestras les pegaba aquel tono Ian Curtis. [canta con voz gutural] “Golpes, golpes, dónde están tus golpes…”. Yo aprendí a cantar en los escenarios, vaya. Nunca he ido a clases de canto ni me ha interesado, pero el cuerpo humano es muy sabio, tu propia fisionomía va aprendiendo. Ahora creo que ya sé cómo funciona.
Lo importante, en cualquier caso, es que sea reconocible, ¿no? O sea, hablamos de rock’n’roll. No pasa nada si uno desafina un poco.
A mí me gusta eso. Hay gente que odia mi voz. Es como la de Bunbury; no deja a nadie indiferente. Eduardo Haro Ibars, que era muy amigo mío, me decía: “si quieres meterte en un grupo de rock tienes que tener personalidad y distinguirte”. Gabinete y mi voz son algo identificable.
Hay un capítulo en tu libro sobre Malevaje y los tangos. Me intriga, porque yo he intentado realizar el paso de que me gusten, y resultó imposible. Me resulta un lenguaje extraño. Pero las letras sí me chiflan. Citas aquella de “me revienta tu presencia / pagaría por no verte”.
[continúa cantando la letra] “Hasta el nombre te has cambiado / Como cambiaste de suerte / Ya no sós ni Margarita / Ahora te llaman Margot”. Qué bonito.
En el libro esa canción te sirve de excusa para hablar de rupturas y desengaños amorosos.
Sí. En la época de Gabinete tuve un desengaño amoroso muy fuerte. Era el 1986, cuando ya teníamos cierto éxito. Todo el disco de Camino Soria está dedicado a esa ruptura. Estaba realmente jodido. Me dejó una chica con la que llevaba cuatro años. Toca en algún disco de Gabinete, era la hermana del bajista de Derribos Arias. Me dejó porque se dedicaba a la ópera, y cada vez que aparecía en TV tocando teclas con nosotros su padre le echaba la bronca. Finalmente decidió que me tenía que dejar. El desamor es lo mejor para escribir canciones. Yo viví una experiencia muy rara: el grupo triunfaba, teníamos 80 bolos, vendíamos 100.000 discos, pero por dentro yo llevaba todo eso. Al componer canciones de desamor me venían baladas de los Beatles, o de los Stones, me venían blueses. Está la canción “La sangre de tu tristeza”, que está inspirada en el Buenos días tristeza de Francoise Sagan. Es un disco conceptual, Camino Soria. Las mejores canciones salen de la desgracia.
Nick Hornby se preguntaba en Alta fidelidad: “¿Qué fue primero: La música o la tristeza? ¿Escuchaba música pop porque estaba triste? ¿O estaba triste porque escuchaba música pop?”.
Es el huevo o la gallina [ríe]. Hombre, imagino que lo primero es la melancolía del hombre. Antes de tener instrumentos, el ser primitivo sentiría ya esa sensación de abandono cuando le dejaba una mujer, supongo. El amor es lo que mueve el 90% de las buenas canciones. Y de las malas también.
¿Las circunstancias oprobiosas que rodean a un disco le amargan el disfrute del mismo al artista? ¿Piensas en Camino Soria y recuerdas el dolor?
Pienso solo en la alegría. El dolor se quedó en aquellas canciones. Solo queda una pequeña cicatriz. El tiempo pasa, y que le den por culo a aquella chica [ríe]. La vida ha evolucionado y tengo a otra chica que me quiere ahora. No, el disco aquel ayudó a limpiar la herida.
Hablas de tauromaquia en el capítulo sobre Antonio Molina y “Yo quiero ser mataor”…
Yo soy aficionado a los toros, y he sufrido ataques acojonantes a mi Facebook. Los antitaurinos pueden ser muy violentos. En los ochenta el tema no estaba tan jodido como ahora. Yo voy con mis amigos y soy aficionado, pero tampoco quiero hablar demasiado de ello. Mi padre era escritor y crítico taurino en Madrid, un periódico que cerró Franco por aquella editorial de “Retirarse a tiempo”. Mi abuelo por parte de madre fue empresario de la plaza de toros de Málaga. Mi padre ganó la guerra con los Nacionales, no era nada izquierdoso, iba a misa y era muy cristiano. En mi casa, en lugar de “niños, al cine” era “niños, a los toros”. Mi padre tenía siempre entradas, que le enviaban los matadores.
¿Lo recuerdas con terror o con excitación?
Con excitación. Lo escribí una vez en El País y volvieron a atacarme el Facebook [pone cara de resignación estoica]. Me alucinaba el espectáculo en general. Piensa en que fui allí con 7 o 8 años. Me gustaba cómo iba vestido el torero, el ambiente de la plaza… Pero (y esto es la razón por la que me atacaron) entonces no sentía dolor por el toro. Mira por dónde que ahora sí lo siento más. El domingo pasado fui a los toros, y toda la parte en que el toro vomita sangre… Te lo juro, no me gustó. Pero en mi casa se respiraba ambiente taurino, eso es indiscutible. Recuerdo una vez en que vino a casa Antonio Bienvenida, que era un torero famosísimo, y mi padre le entrevistó. Durante una época lo dejé bastante. En la época de los grupos llevé alguna vez a mis amigos, pero nunca he sido abanderado del tema. Cuando Patricia Godes dijo que Gabinete hacíamos “rock torero” me gustó, ayudó a etiquetar al grupo. En mi casa había discos de pasodobles taurinos, y me gustaba mucho el sonido, yo jugaba a torear en casa. El pasodoble no va solo de toros, y son maravillosos, se aprende mucho de ellos.
obedienciaGabinete siempre han estado fascinados por la IIª Guerra Mundial, y vuelves a hablar de ello en el capítulo de “Lili Marlen”.
Me sigue fascinando. Lo digo en el libro, una de las razones de esa fascinación es la cercanía en el tiempo. Yo soy del 58, y la guerra terminó en el 45. Son solo 13 años de diferencia, un poco más y me veo allí metido en la mierda. Es el holocausto y son los nazis, claro. Recuerdo que a clase de religión el cura trajo un libro del holocausto, y me impresionó mucho. Tenía 12 años, pero me duró hasta el día de hoy. Es algo muy fuerte y muy dramático. Los nazis, con su poderío y forma de vestirse, esa forma de dar miedo a la gente…
La teatralidad. Todo estaba muy estudiado desde un punto de vista escénico; piensa en los montajes de Goebbels.
Sí, era la parafernalia. Cuando empezamos Gabinete nos fijábamos en Warsaw, de Joy Division, que incluso se habían llegado a llamar así. Y usaban imágenes de nazis, cosas de ese tipo. El nombre Joy Division hace referencia a la “división de la alegría”, las putas de los campos nazis. Era un tema tétrico que nos iba bien al comienzo del grupo. Nuestra canción “Tren especial” hablaba de los campos. ¿Tú también eres aficionado?
Sí. Me interesa mucho la caída, la vuelta a la realidad, el shock del final. Aquellos hombres creían que el Reich iba a durar mil años, literalmente. Y de repente su visión del mundo quedó borrada de la faz de la tierra.
Sí. Es muy fuerte. El otro día un periódico digital hablaba de la ciudad que quería construir Hitler.
Germania.
Sí. Efectivamente. Germania. Claro, nosotros no hemos vivido la guerra. Esto que vivimos es una mierda, pero no es aquello.
Sí, somos algo menos viriles, creo yo.
[carcajada] Cierto. Lo vivieron nuestros abuelos y padres. Mi padre estuvo preso, y escribió un libro sobre el tema.
Los primeros Gabinete usaban bastante parafernalia militar. Lo que os ocasionó más de un problema, como es bien sabido.
Bueno, la cosa venía de los Sex Pistols y los punks, con sus cruces gamadas, los Clash llevaban ropa paramilitar…
Incluso Keith Moon y Vivien Stanshall se habían vestido de oficiales de las SS. Los muy colgaos.
Sí, y también Brian Jones de los Rolling Stones. De hecho, utilizamos esa imagen en el “Obediencia” de Gabinete. Era porque la estética era bonita y acojonante. Y en aquella época tenías que epatar. Por eso dije aquello de “Hola, somos Gabinete Caligari y somos nazis”.
¿No era “y somos fascistas”?
Eso, fascistas. No dije nazis. Eso fue en el 81. En aquella época estábamos en plena transición, todo el mundo iba de colega y del PSOE y de que nadie había sido fascista. Y nosotros queríamos epatar. Eduardo Benavente lo hacía más por la vía del sadomaso, y nosotros lo hacíamos por lo cultural e histórico. Nos costó muchos disgustos. Tuvimos amenazas de ETA en el País Vasco. En Andoain, Guipúzcoa, nos llegó a avisar el alcalde del pueblo. El Egin nos llamó fascistas también, cuando ya hacía ocho años que habíamos dicho la frase epatante. Mis amigos me dijeron que me había pasado un poco, pero yo me había tomado dos güisquis, era el primer concierto de Gabinete, en el Rock-Ola… Yo qué sé. Son pecados de juventud. Me arrepiento.
En el capítulo sobre los Ramones dices una frase que encuentro encomiable, pero que me descolocó un poco. Afirmas: “yo soy y me considero punk, y siempre lo diré”. ¿Que querías decir por “punk”?
Viene un poco a cuento de lo que decíamos antes, del “Hola, Somos Gabinete Caligari y somos fascistas”. Es mi generación. Yo soy del 58, y tenía 20 años en el 1978. Pistols, Ramones, Clash… Son la música de mi generación. Como grupo, Gabinete nunca fuimos punkis, hicimos algo más personal. Pero me considero de esa época y soy punk y pienso como un punk, aún hoy.
¿En cuanto a rechazo al sistema establecido, quieres decir?
Sí, en rechazo al sistema, efectivamente. Aunque eso siempre lo ha hecho el rock de toda la vida. Lennon era un punk también. El rock tiene ese punto de rebeldía, y de rechazar las normas y al establishment. Te rebelas contra lo que te echen. Ahora lo veo todo más dulcificado.
Gabinete usabais un tipo de ironía muy particular, pero como teníais cara de serios todo el mundo se tomaba al pie de la letra lo que decíais.
Eso es cierto. Algunos periodistas se asustaban con nosotros, nos decían “pero sonríe un poco en las fotos”. Pero nosotros no sonreímos. Los tres, de pura casualidad, éramos de gesto serio. No sabíamos sonreír. Nuestras letras del principio eran muy serias: “Obediencia”, “Por qué perdimos Berlín”… Pero entonces vino la mili, y yo pasé de escuchar aquellos grupos modernos del Rock-Ola a Los Chichos, y rumbita, y música española. Aquello fue fundamental. Nos dimos cuenta de que había otro mundo fuera del Rock-Ola. “Al calor del amor en un bar” éramos nosotros decidiéndonos a hablar de lo que hacíamos realmente todo el día, que era estar en bares. Y además contarlo en plan festivo. “Caray” está dedicada a Elvis Presley, a un tío que va de chulo por la vida. En una letra puedes dar ese punto de ironía, no tanto de rollo cómico.
No, claro. Hay gente que las confunde, y de forma letal.
A mí siempre me han jodido los grupos cómicos. En los ochenta había muchos grupos que iban de graciosetes, de ja-ja y la risa, y a mí me dolía. Porque la música pop es algo muy serio. Puede incluir cierto humor, pero muchos grupos triunfaron solo haciendo bromas.
A Siniestro Total los perdonamos, ¿no?
[ríe] A Siniestro se lo perdono todo. Hay que darles de comer aparte.
GCMencionabas lo de la mili. Me interesa ese fenómeno de chavales de clase media, y que encima venían del elitismo de la Movida, que de golpe se topan con todos aquellos reclutas tirando a pollinos. Y veis la luz, y os lo empezáis a pasar bien.
Nosotros nos conocimos en la universidad. Armamos Gabinete en el 81, el disco empieza a sonar en Ordovás, tenemos cierto éxito… Entonces decidimos cancelar las prórrogas por estudios e irnos los tres a la mili. A la vez. Porque ya veíamos que el futuro iba a ser Gabinete Caligari, y queríamos sacarnos la puta mili de en medio. La mili rompía muchos grupos. Tenías 18 años y te llegaba la carta aquella que te ordenaba ir a “tallarte”. Y en tres meses te enviaban 18 meses fuera de casa. Grandes grupos de rock de aquí quedaron destruidos por eso, pero Gabinete fuimos muy listos. Con dos cojones, fuimos a la mili, sacamos “Obediencia” para que no se perdiese el interés, y seguimos con nuestra carrera. Ferni, por cierto, se libró por excedente de cupo, y él se quedó a dirigir la operación, llevar Tres Cipreses, organizar las entrevistas… Yo tuve peor suerte, porque me destinaron a un pueblo, sin pase de pernocta, y estuve más jodido. Pero allí nos encontramos a los pollinos (con todos mis respetos). Incluso alguno me jodía porque sabía que yo había estado en un grupo de rock. Pero la radio estaba conectada todo el día, y escuchaba sin parar la radiofórmula, el soniquete, y eso me abrió las miras para poder hacer “Sangre española”, por ejemplo.
Tu libro está lleno de canciones de infancia y adolescencia. Parece que das la razón a la vieja teoría de Billy Childish: “lo que te gusta a los 17, es lo que realmente te gusta”.
Es cierto. Mucha gente me dirá que no hay nada moderno en el libro. Todo son cosas de mi juventud. Son las que marcaron mi vida. Lo moderno ya no me marca, tengo la piel demasiado curtida. Esa corteza impide que me impresionen ya ciertas cosas. En cambio a los 17 te impresiona todo.
Hablando de los 17. De muy jovenzuelos tuvisteis una etapa medio mod, ¿no? “Mari Pili”, aquel ska bullanguero que sacasteis con Ejecutivos Agresivos, era un hit en los bares de mi pueblo.
En el 81 fue casi canción del verano, y mira que estaba mal grabada. Era de Poch. Lo mod nos venía de que yo era muy fan de los Kinks, que no eran mods tan descarados como los Who. Pero tenían su filosofía inglesa y dandi. Y en Madrid fue por el estreno de Quadrophenia y The Kids are Alright. Ya había pasado el punk, pero aquello fue un subidón. Los Ejecutivos pillamos la pasión por el R&B de los sesenta, los Kinks, incluso Beatles y Rolling Stones. Un pre-grupo de Gabinete se llamó Los Dandies, por el “Dandy” de los Kinks. En tres años pasó de todo. Nos pilló a los veinte, había modas cada mes. No había mucha información, no era como ahora.
Creo que eso era bueno para la creación musical. Tenías una pizca de información, y el resto lo rellenabas a fuerza de imaginación.
Sí, había mucha ilusión por hacer cosas. Imaginarte tu grupo en plan infantil, todo eso. No sé si ahora hay sobredosis de la información, como cantaban P.I.L. en 1988.
ejecutivos-agresivosHabía una época en que todo el mundo parecía mod, en Madrid. Uno de La Unión era mod. Todo Dios se apuntó al rollo.
[ilusionado] ¡Mario, el guitarrista de La Unión! Es verdad. Éramos una pandilla bastante numerosa. Yo no llegué ni a tener parka, pero iba con mi chaquetilla y mi corbata. El grupo más mod de Madrid eran Los Elegantes, cuando tenían al Chicarrón de cantante. Duró muy poco, pero eran noches de soul y anfetas en el Rock-Ola, y estar por ahí a las doce de la mañana con la mandíbula hecha polvo.
¿Qué anfetas tomabais?
Minilip. Bustaid se encontraba menos. Y alguna Dexedrina, de vez en cuando. Unas cápsulas con bolitas. El Minilip era una pastillita blanca. Te digo una cosa: la única vez que me he querido suicidar en mi puta vida fue durante un bajón de anfetas. No las he vuelto a probar. Me pasé tres días sin dormir, cagüen Dios.
Un momento interesante de Gabinete es cuando pasáis de querer ser The Jam a querer ser Joy Division.
Una persona clave en la historia de Gabinete fue Eduardo Benavente. Él había hecho un casting con los Pegamoides, cuando “Bailando”. Pegamoides tuvieron éxito y empezaron a ir a Londres y de allí traían discos, él, Ana Curra, Nacho Canut… Eran los modernos, vaya. Eduardo nos contó quién eran Theatre Of Hate, The Cure, Siouxsie & The Banshees, Joy Division, traía videos que mirábamos en su casa… Era todo muy básico. Los tres vimos el camino claro. Gracias a él grabamos el primer single, compartido con su grupo, Parálisis Permanente. Nos lo sacamos nosotros. Pedimos ayuda familiar, y allí empezó todo.
En aquella época los grupos eran inequívocamente de aquí. Escuchaban cosas inglesas, y las adaptaban a su madrileñez, o barcelonidad, o lo que fuese. Creo que eso es menos frecuente, hoy en día. Por mucho que me gusten, los grupos actuales pueden ser de aquí o de Nueva Zelanda.
Esa fue nuestra grandeza, creo yo. Nosotros no queríamos ser ni Los Secretos, ni Alaska, queríamos tener nuestra propia personalidad. Me gustaban Los Nikis, o Siniestro, o Parálisis, pero nosotros íbamos a la nuestra. Queríamos ser arriesgados. Yo aluciné cuando descubrí que Los Planetas eran fans de Gabinete, les conocí y me cayeron de puta madre. A ver, yo entiendo que en el 92 y 93 llegó una nueva generación, harta de la Movida, que ya nos tenía muy vistos. Lo único que me jodió a mí es que los indies no cantaran en castellano. No sé, habíamos abierto un camino. Es más fácil escribir una canción en inglés, el suyo es un idioma más flexible, palabras más cortas, exclamaciones… El rock’n’roll es suyo. El castellano es más complicado, pero nosotros abrimos una vía. Bueno, Los Brincos y Los Salvajes antes que nosotros. Y Burning.
En vuestra época de mayor éxito os debisteis pegar unos buenos juergones. Bueno, seguro: lo he leído en vuestra biografía. Cuéntanos alguna, anda.
Cada uno de los tres tenía su personalidad. Yo era el más pasota, porque sabía que tenía que cantar. Fermi no le pegaba a las drogas. En Buenos Aires sí hicimos bastantes más barrabasadas. La farlopa era muy barata, y pasamos unos días enloquecidos. A la vuelta, Ferni se acojonó un poco. Y me quedé yo solo como niño malo [carcajada] La farlopa es una droga muy mala para salir a un escenario. Te deja muy rígido, para cantar y para todo.
Quizás te da el arrojo, eso sí.
Eso. Te da el arrojo, pero luego te deja agarrotado. No fuimos un grupo de grandes orgías. Una de las gordas aparece en la biografía. Fue en un pueblo de Segovia, donde los lugareños nos estuvieron todo el día invitando a whisky Dyc y llevándonos a hombros, y yo acabé en calzoncillos en un balcón, haciendo como que toreaba con las cortinas que había arrancado del comedor [risas].
Entrevistando a Manolo García hace unos meses me dejó muy clara su postura respecto a la publicidad, que era muy perniciosa para un grupo. Pero Gabinete, en cambio, nunca tuvieron esos reparos.
Te cuento. Un día tocamos Gabinete y El Último de la Fila en una plaza de toros de Marbella, creo que era, parte de unos conciertos llamados La Noche Rosa [fue en Fuengirola, el año 1988]. Gabinete íbamos patrocinados por Coca-Cola, que incluía unas pancartas con su promoción del verano en la PA a cambio de financiarnos la gira. Gabinete salimos allí primero, con nuestra publicidad de Coca-Cola, y luego Manolo García apareció y dijo algo así como que “nosotros no necesitamos ninguna bebida gaseosa para estar aquí con vosotros”. Yo me enteré, fui hacia él en el camerino cuando terminó el concierto, y le dije: “mira, tío, yo te respeto mucho pero dedícate a tu vida y no me eches al público encima”. A mí me parece muy bien que tú no quieras hacer publicidad, pero nosotros nos lo tomábamos con otra filosofía. Santiago Auserón me dijo lo mismo: que Radio Futura eran auténticos porque no hacían publicidad. Yo pensaba tan solo que la publicidad te podía hacer llegar a más gente. La opinión de Manolo es muy respetable, pero cada uno tiene una forma de ver su carrera.
En la biografía, Ferni dice una frase de ti que me parece muy graciosa y entrañable: “Jaime no lo entenderá porque creo que desde 1982 no cambia ni de peluquero”.
Eso viene de cuando ellos empezaron a escuchar a Nirvana. Se dejaron el pelo muy largo, y querían que tomáramos un rumbo más indie. Y a mí me parecía muy bien, pero yo no cambié de peinado ni de estilo. Cuando dijo aquello era al poco de separarnos, y había un poco de confrontación. Eso era un poco de despecho.
Bueno, yo lo tomé como un elogio. Me gusta la gente que no cambia.
Yo respondo a mis propios criterios. No voy a dejarme el pelo por los hombros. Soy un tío más clásico. Uno tiene que ser un poco fiel a tus principios.

Kiko Amat

(Esta es la versión pura y sin cortes de la charla que mantuvimos con Jaime Urrutia para el suplemento Babelia de El País del 19 de noviembre del 2014. Hoy me he acordado de que nunca la llegamos a colgar y aquí está, en toda su lozanía. La foto inicial la tomó Álvaro García para Babelia)