Heliogàbal

¿Dónde estábamos? Ah, sí. Iba a colgarles aquí el enlace a mi columna regular para el ARA Play. Esta entrega habla de Heliogàbal, uno de los pocos sitios del planeta donde he sido genuinamente feliz. Feliz de veras: no divertido, no excitado, no adulado, no meramente contentillo. Feliz.

En la columna se afirma que el Heliogàbal no existe en la encarnación que yo amé, la de la fase imperial, lo que desde luego es cierto, pero a la vez no implica que el nuevo Heliogàbal no sea capaz de entrar en otras fases majestuosas e inspiradoras para mucha gente. Simplemente: hablo desde la pura emoción personal y la melancolía incurable y no transferible, y desde esos puntos de vista solo puedo concluir que una etapa ha muerto, y otra empieza.

En la columna tampoco se especifica que el ayuntamiento de Barcelona tiene mucho que responder sobre la mayoría de tormentas que cayeron sobre el local. Pero no me cabía. Lo digo aquí, pa’que quede escrito.

Y pueden leer la cosa aquí, carajo.

Plorant al Bonpreu

Y otra entrega de la escueta columna mensual que escribo para los chicos del ARA Play. Pueden leerla danzando una alegre jiga irlandesa justo encima de este enlace.

Amnèsia gremial

Es el título de mi columna del pasado viernes para el suplemento Play del Ara. Basada en hechos reales y plagada de nombres y apellidos que lo demuestran. Si les apetece leerla no tienen más que emulsionar un lapo semi-sólido y escupirlo con todas sus fuerzas aquí.

Radical / Estúpid

Es el título de mi nueva columna para el PLAY del Ara. Está llena de ideas dándose de hostias y soltando ventosidades, pero si la lees muy deprisa hasta parece que detrás haya una tesis coherente.

Ah, claro: pueden leerla entrando a otra dimensión al llamar una sola vez en este portal mágico.

Jon Bunch a la gespa

Es una semana de escritos fúnebres. La recomentadísima muerte de Leonard Cohen -cuyo arte, por respetable y excelente que me parezca, ha influido exactamente un 0% en mi vida y trabajo y visión y ambición- me inspiró para escribir la columna «Jon Bunch a la gespa», para mi serie Hòsties al Fibló, para el PLAY, suplemento del periódico Ara.

Va de un músico que sí me inspiró y me dio fuerza, y que también murió (en circunstancias casi opuestas a las de Cohen) en enero de este año, y nos enteramos tres. Y el cabo.

Hablo, por supuesto, de JON BUNCH, de mis adorados SENSE FIELD.

Si no me equivoco, los amigos de PLAY han incluído el clip de «Voice» en el artículo, siguiendo mis meticulosas instrucciones, así que yo me permito endiñarles aquí otra favorita personal del Building (Revelation, 1996), «Overstand», quizás la canción que más escuché a finales de 1996. Ahí está todo. La fuerza del camino de hierro. Ese es mi 1996.

 

Ets un artista de nyigui-nyogui?

Mi columna de hoy para el suplemento Play, del diario Ara. Es una encuesta, de hecho. Incluye mención a Tinky Winky, colleja al artista advenedizo y cita totalitaria de Melville.

No sé como decirlo más claro sin defecar directamente en la puerta (o boca) de alguien.

Quería titularlo «Ets un artista de pet-i-flam?», que es como se decía en mi pueblo, pero me dijeron que pet-i-flam ni existía en catalán normativo. Que era otra majadería Llobregat.

L’esperit dels meus disset

Mi tercera columna para el Ara Play. De la serie Hòsties al Fibló. La escribí unos días después de haber cumplido los 45. En ella se detallan algunos actos delictivos de carácter menor. El tono es de melancolía con jaqueca.

Paso a los valientes de Mecatramex

Hey. Nunca he empezado una columna con hey. He empezado enseñando la titola o faltándole al respeto a alguien, pero jamás así. Asimismo, el otro día leí una columna de mi amigo Carlos Zanón donde se presentaba con un campechano “hola, soy yo”, y me invadió la envidia copiona. Así que: hey. Aquí estoy. En mi primera columna para el ARA. Según dicen tengo a Antonio Baños y a Bibiana Ballbé delante y detrás, tipo sandwich. Auch.

En todo caso no voy a hablar de ellos, benditos sean. Quiero hablarles de un amigo mío que es operario de una fábrica de rejas. Cuando digo “fábrica de rejas” no me refiero a un brunch fifí-irónico de la calle Parlament, sino a una fábrica de rejas de verdad: Mecatramex: una nave industrial que manufactura “entramado metálico a su medida” en un polígono de Viladecans. Malla cuadrada, doble encastado o tipo persiana: el cliente manda. ¿Esa reja soñada para la mazmorra de los niños, o para su gruta de tortura BDSM? La fabrican en Mecatramex.

Cuando dije “amigo” tampoco me refería a un pintor conceptual a quien saludé con un vaivén de barbilla en un copetín literario. Me refería a un amigo de verdad: el Carilla. Amigo desde 1987, desde aquel día en que le vi en la cuesta de la iglesia de Sant Boi, envuelto en una bomber marca blanca y dándole gas a la Torrot. Amigo de infancia, casi, amigo forever.

Pues bien: hace tres años, el dueño de Mecatramex decidió cerrar la empresa. Y mi amigo, que no tiene títulos ni padrinos, agarró a otros dos empleados de Mecatramex y juntos se endeudaron hasta las trancas, pero se quedaron con la fábrica. Y comenzaron a autogestionarla, aprendiendo de cero contabilidad, gestión de stocks, papeleo, distribución. Una faena titánica con inmensos visos de suicidio comercial.

Y el Carilla sufrió tanto al levantar aquello, pencando catorce horas al día (sábados inclusive), que perdió todo el pelo y parecía una mezcla del Profesor Xavier y el prepucio de alguien. Pero al final se salió con la suya, y ahora cinco o seis familias, mínimo, viven de Mecatramex. Viven bien.

Y yo les admiré. La gente usa la palabra “admirar” a lo loco. Hace unos años un colega periodista me comentó que “admiraba” a un reconocido crítico de cine, y a mí casi se me escapa una carcajada. La gente a quien yo admiro no hace crítica de cine. La gente que yo admiro escala montañas, o rescata a gente de incendios, o pega tiros en contiendas bélicas o autogestiona fábricas de rejas. La gente que yo admiro es valiente. La valentía se suele utilizar como excusa para soltar frases vacías en novelas, pero en realidad es una cosa tangible: lo opuesto de la cobardía: arriesgar tu vida, tu subsistencia, por algo. Y no sé yo si soy valiente (todo apunta a que no), pero sé reconocer la valentía cuando topo con ella. Mi amigo es valiente. ¿Ese coraje? Puedo admirarlo sin reservas.

Kiko Amat

(Esta pieza es la primera columna que realizo para el nuevo suplemento Play del Ara. Esta es la versión extendida (solo un poco) en castellano. La columna final en catalán puede leerse en este link providencial)