Cosas Que Leo #7: JOLLY LAD, John Doran

Jolly Lad Doran

“There was dirt, horror and disfigurement everywhere I looked. But after one stiff drink I could leave the house; after two drinks the fear started lifting and after the third drink I’d feel like an artist. Or to be more precise, I would see the world through the eyes of an artist. And after five drinks, well, I could take my pick of them. On a good day I felt like Picasso. But there were all kinds of days. Imagine being Gustav Klimt in Hull, the golden light of the low winter sun at 3pm in the afternoon radiating along The Avenues. Imagine being Walter Sickert in Manchester, the violent brown and black smudges radiating from your feet and along canal towpaths. Imagine being Vincent van Gogh in St Helens, the sky ablaze with stars. That is something close to victory, something close to beating death.

They laughed at me and called me a piss artist. And how right they were. I was an aesthete with a broken nose in a stained shirt and inside-out boxer shorts, drinking the world beautiful.

When you drink constantly, you become numb, slipping down into a sub-life, a waking coma. You become a chaotic ghost that exists almost at one step removed from everything else. You float through the film of your own life. You see the sublime in the augury of fried chicken bones and tomato sauce cast upon the upper deck floor of a bus. You can divine a narrative among the finger-drawn doodles on the misted windows. You can feel your destiny in hundreds of individual condensation droplets on the glass turning red, then amber, then green.

Everything that you’d worried about a few hours previously… Where will I get the money from? What if he beats me up? Am I seriously ill? Am I dying? Have I got cancer? What will she say when I finally get home a week late? Will she cry when we eventually go to bed together? Will she pack her things and leave the next day? How near is death? What will it be like? Will I scream and cry? What is it like to die? And now, after some drinks, there is just the sweet sensation of your life passing you by with no struggle and no fuss. The rope slides through your fingers with no friction, just warmth as a balloon rises higher and higher out of sight. I have bottles and bottles and bottles and my phone is out of credit. A Mark Rothko night. A Jackson Pollock night…

This is the eternal holiday of the alcoholic. Once you create as much distance from your everyday life as you naturally have from orange tinted Polaroids of childhood caravan trips or stays in seaside hotels and Super 8 film reels of school sports days, then you start to experience your quotidian life like it’s the sunbleached memory of a happy event. You feel nostalgia and warmth for boring events that are unfolding right in front of you. You feel wistful about experiences that most people would find barbaric or gauche or unremarkable. You experience the epic, the heartwarming and the hilarious in post office and supermarket queues. You develop permanently rose-tinted glasses.

But there’s no getting away from it, after a while the strategy starts failing. You start seeing everything through the eyes of Francis Bacon, through the eyes of Edvard Munch, through the eyes of HR Giger… Your vision becomes stained and cracked.”

Jolly Lad

JOHN DORAN

Strange Attractor Press, 2015

295 págs.

En pocas palabras: CAITLIN MORAN

fotonoticia_20150508172512_644¿En qué piensas cuando alguien dice la palabra Wolverhampton?
En la carretera de salida. Literalmente. A449, dirección Londres. No solo porque quería huir de allí lo antes posible cuando era joven, sino porque era la carretera que tenías que cruzar para acceder al primer club al que fui, un pub donde ponían música indie. Gracias a la brutal arquitectura urbana de los 60’s y 70’s, no había puentes ni túneles para pasar de un lado a otro. Visualiza a una niña de 15 años (ya borracha) intentando cruzar una autovía.
¿Has estado alguna vez a punto de morir por el indie rock?
Sí, pero por la priva. En los dos primeros años de mi adolescencia no entendía cómo beber. He tenido sobredosis de sidra. La primera vez que fui a un pub con la gente del Melody Maker y me preguntaron que quería, dije: sidra con soda. Pensé que sonaba más adulto que sidra sola.
Hemos pasado por varias décadas de rock’n’roll, tú y yo. ¿Cuál es tu favorita?
Los 60’s vieron innovaciones increíbles. Imagina un mundo donde un día no existía Sgt. Peppers y al siguiente sí. Pero por otro lado nadie creía que la heroína fuese mala idea. Los 70’s molan porque podrías ir a un montón de clubs y chingar, pero lo malo es que la mayoría de los tipos que te chingabas morían de sida en los ochenta (lo cual daba bastante bajón). Los 80’s son mi década: las canciones llevaban demasiados teclados y todo el mundo vestía como Tom Cruise en Top Gun (y eso daba miedo), pero en el indie, al menos, todo el mundo quería ser Robert Smith de The Cure (y eso es bueno). Los 90’s y primeros 2000 representan mi música favorita (pop/R&B como Justin Timberlake o los Neptunes), pero la ropa era nefasta.
En tus artículos, así como la novela, suelen aparecer testículos. ¿Por qué crees que los órganos reproductores masculinos son tan graciosos?
Creo que es el sitio donde están colocados. El pene puede ser noble, o temible, o poderoso. Pero justo detrás están los típicos dos compis embarazosos del pene: las bolas. ¿Sabes el típico guapo en el bar que siempre va acompañado de dos tíos bajitos y feos? Pues eso son las pelotas. Los colegas no enrollados del pito. Los coristas de la polla.
Dylan Moran dijo que los genitales masculinos tenían pinta de algo que podría colgar de la boca de un tiburón.
[carcajada] Ciertísimo. Una de las cosas más divertidas de ser madre es hinchar globos para una fiesta de cumpleaños, y unir dos globos redondos con un globo alargado. Y colgarlos. Y que tu hijo de 5 años llore sin saber muy bien por qué.
¿Cuál fue la mayor crueldad que perpetraste como crítico musical?
Cuando uno de C+C Music Factory murió de meningitis, hice una broma con su single “Gonna make you sweat”. Dije algo así como: “no sudaré tanto como cuando a David Cole le subió la temperatura y murió de meningitis”. Luego hubo otra que sentó muy mal por un malentendido. Hablando de “Cannonball” de las Breeders, dije que Kim Deal tenía unas pantorrillas enormes. Quería ser un piropo, que eran muy musculares y todo eso, pero ella creyó que estaba criticando sus piernas fofas. Se mosqueó, especialmente porque por aquel entonces yo estaba bastante rechoncha. Allí empecé a pensar que quizás debería leer un poco más sobre feminismo.

¿Quién es el crítico musical más insufrible que existe? ¿Greil Marcus o Nick Kent?
Ambos. Me encanta reírme de los niños que toman el rock demasiado en serio. Es bueno que hayan encontrado un hobby que no implica asesinar personas y que los mantiene fuera de las calles, Dios los bendiga.
¿Qué rockstar te ha caído peor?
Lo bueno de haber sido una niña pequeña que entrevistaba a grupos era que casi nadie se comportaba conmigo como un cabrón. Si eres un supergrupo de estadios que se acaba de inyectar heroína, y de repente entra una chavala de 16 años de Wolverthampton con los ojos como platos y un acento espantoso, lo más posible es que seas muy simpático con ella. Quizás por temor a su madre. El más borde fue Clint Mansell, de Pop Will Eat Itself, pero en aquel caso fue todo culpa mía. Cancelé una entrevista por teléfono cuando ellos ya habían acudido a la cita, pues tenía una terrible infección de orina. Le dije a Clint Mansell que viniese a mi casa, y le entrevisté desde la cama, en bata y tomando medicamentos. El tío no fue muy simpático. Nadie quiere que su gran entrevista se la haga una niña que todo el rato dice “¡Me duele al hacer pipí!”.
¿Y quién ha sido el más majo?
Mark Eitzel, de American Music Club. En mi primer Glastonbury me hice un tajo en el pie e iba por ahí cojeando, y vino Eitzel y me vertió un poco de su whisky en la herida para esterilizarla. Kirsty McColl vino a casa y estuvimos cantando canciones, y luego vomité encima suyo, y no se enfadó. A Shirley Manson de Garbage la entrevisté estando yo con gripe, y ella decidió que para curarme teníamos que irnos de parranda juntas. Acabé sentada en el váter mientras ella me iba pasando chupitos por debajo de la puerta, gritando “¡Bebe esto! Es tu medicina!”. Courtney Love y Lady Gaga también fueron muy majas, quizás porque somos mujeres y tendemos a aliarnos.
¿Alguna rockstar te ha tirado los tejos?
No, eran majos incluso para eso. Se negaban a follar conmigo, porque me respetaban como ser humano. Por supuesto, yo no quería que me respetaran como ser humano. Yo quería poder decir que me había acostado con gente famosa. Pero nunca lo hicieron, maldita sea.
¿La cruel crítica a Soup Dragons que aparece en la novela existió de verdad?
No, me la inventé, y fue muy difícil volver a ponerme en la mentalidad de un crítico totalmente cabrón. Iba a poner la famosa crítica real a Ned’s Atomic Dustbin donde le deseaba la muerte al cantante, pero continúa dándome vergüenza. En la de Soup Dragons solo les comparo a nazis. Es una mejora.
Lo peor y mejor del Britpop fue…
Lo mejor es que fue una pasada. Mi pésame para todos los que son demasiado jóvenes o no estaban en Inglaterra en aquel momento. Diversión a raudales. Cada semana. Un día Blur sacaban el Modern life is rubbish, al otro Pulp lanzaban “Common people”, al otro aparecía Trainspotting en el cine… Lo peor del britpop es era tan inmenso que tapó todas las otras cosas chulas que estaban sucediendo. Como el trip hop, que ya nadie recuerda. O la Americana. O el New Rave, que era una escena gigantesca. Pero todo eso tiende a olvidarse, y la imagen que nos ha quedado es de una multitud de mozos blancos heterosexuales berreando “parklife!!” por las calles.
¿Quién es en realidad la estrella del rock del libro, John Kite?
Lo triste de esto es que me ponga caliente un personaje que inventé. Tendría que habérmelo callado, porque es una perversión muy rara. Me encantan las novelas picantes de Jilly Cooper, y en ellas siempre aparece una arquetípica estrella del rock: el chico flaco en pantalones y chaqueta de cuero, gafas de sol, un poco estúpido y que todo el rato intenta follar con chicas adolescentes. Pero las rockstars con las que yo crecí no eran así. Eran los Manics, o los Teenage Fanclub, o los Boo Radleys: chicos de clase obrera que habían leído mucho, y con los que podías pasar la tarde entera en el pub contando historias y hablando de política, y que siempre eran increíblemente caballerosos y encantadores. John Kite es un tercio Guy Garvey de Elbow, un tercio Richard Burton y un tercio John Grant. Cuando en todas las novelas aparecen chicas enamorándose de rockstars gilipollas eso daña a las mujeres y daña a la música. Y en mi novela era muy importante que esa rockstar no se encamara con la protagonista. Hollywood está infestado de pelis donde el actor principal de 55 años consigue acostarse con la actriz principal de 24, y nadie ve eso como un poco… Incorrecto.
Siempre pienso que ser tú debe ser agotador. Toda esa hiperactividad… ¿Nunca te quedas embobada mirando una pared sin decir ni pío?
[Ríe] Por suerte para mí (que no para la gente con la que vivo) soy una persona bastante locuaz. Me han dicho que hablo, canto y mascullo incluso cuando escribo, pero nunca me he dado cuenta. Lo único que se agota después de todo mi trabajo es mi culo. Mi culo está hecho polvo de tanto estar sentado en sillas. Pero mi cerebro está perfectamente.
En tu novela la protagonista hace una lista de cosas que quiere desechar, y entre ellas están el “cinismo” y el “speed”. ¿Ya no tomas drogas?
El problema es que en cuestión de drogas soy una flojucha. No aguanto nada. El espíritu está allí, pero el cuerpo es débil. El speed no me hace mucho efecto (aunque tiendo a estar hablando hasta las cuatro de la mañana) y la cocaína me convierte en una puta imbécil. La última vez que tomé coca estaba con los cuatro miembros de Blur y lo último que recuerdo es haber soltado “¡Soy el quinto miembro de Blur!” y luego me caí del taburete y me arreé un costalazo increíble. Y la marihuana me pone muy paranoica. Así que ahora me concentro exclusivamente en alcohol y cigarrillos. Los dos clásicos inmortales.

“Creo en la música, la ginebra, la alegría, hablar por los codos y la bondad humana”.
El sentido de la vida es ser feliz. Si quiero que exista la igualdad es porque deseo que toda la gente que lo pasa mal consiga ser feliz. La desigualdad es basura medieval.
Eres madre. ¿Cómo aguantas todas esas conversaciones sobre nutrición y extraescolares?
Aunque soy feminista, no tengo carnet de conducir. Es una suerte, porque mi marido es quien se encarga de llevar a nuestros hijos al cole, y por tanto me ahorro todas esas charlas. ¡Hurra!

Kiko Amat

(Esta es la versión inédita, exclusiva, ultralujosa con todos los extras, de la conversación-metralleta que mantuvimos con Caitlin Moran -a raíz de su novela debut Cómo se hace una chica- para la sección En Pocas Palabras del suplemento Babelia de El País del 23 de julio del 2015. Pueden leer la charla editada y en formato breve, sin mención alguna a testículos ni speed, acá)

Kiko Amat vs. Greil Marcus

Estupor, chanza, desacuerdo y un sensacional pulso dialéctico entre Kiko Amat y el laureado overlord de la crítica rock mundial, Greil Marcus. El primero entrevista al segundo para Playground con ocasión de La historia del rock’n’roll en 10 canciones (Contra). Lean aquí a su escritor de cercanías favorito enfrascado en un torneo de ping pong dialectal y hallándose de repente en verdaderos apuros conversacionales. Incluye dos ataques de risa, uno de risa nerviosa y el otro común.