Cosas Que Leo #173: EL GIRO, Stephen Greenblatt

“Prácticamente todos los curas y frailes que hay en la curia son hipócritas, dice Poggio, pues allí es imposible cumplir los objetivos más elevados de la religión. Y si por casualidad vemos en la curia a alguien que sea especialmente abyecto en sus muestras de humildad, ¡cuidado!. No es solo un hipócrita, sino el peor de los hipócritas. En general, habría que guardarse de las personas que parecen demasiado perfectas, y recordar que realmente es muy difícil ser bueno: Difficile est bonum esse.”

El giro; de cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno

STEPHEN GREENBLATT

Crítica, 2012

263 págs.

Traducción de Juan Rabasseda y Teófilo de Lozoya

Cosas Que Leo #28: WILL IN THE WORLD, Stephen Greenblatt

Will Greenblatt

“The author of The Winter’s Tale was not a folk artist, and he made it clear in many ways that he was not. A sheep-shearing festival performed on the stage of the Globe as part of a sophisticated tragicomedy was not in fact a sheep-shearing festival; it was an urban fantasy of rural life, informed by knowing touches of realism but also carefully distanced from its homely roots. Shakespeare was a master of this distancing; if he had a sympathetic understanding of country customs, he also had ways of showing that they were no longer his native element. The Athenian lovers are not in fact in the woods to celebrate the May; Duke Senior bears no resemblance to Robin Hood; the queen of the sheep-shearing festival is not a shepherd’s daughter but the daughter of a king; and if an old, mad father becomes the object of murderous attack by his children, it is not in the grotesque comedy of the mummer’s play but in the sublime tragedy of King Lear. No one can stamp upon the ground and make Lear or his daughter Cordelia spring back to life. Sir Toby and Falstaff come closer to the actual way in which Lords of Misrule functioned -they do for a limited time overturn sobriety, dignity, and decorum- but Shakespeare went out of his way to depict them after their disorderly reign is over: “What, is it a time to jest and dally now?” Prince Hal shouts in a rage, throwing the bottle of sack at Falstaff (1 Henry IV, 5.3.54). “I hate a drunken rogue,” moans Sir Toby, beaten and hungover (Twelfth Night, 5.1.193-94).

But there was nothing defensive in the ways Shakespeare distanced himself, no stiff-necked insistence on his sophistication or learning, no self-conscious embrace of the urban or the courtly. He had deep roots in the country. Virtually all of his close relatives were farmers, and in his childhood he clearly spent a great deal of time in the orchards and market gardens, in the surrounding fields and woods, and in tiny rural hamlets with their traditional seasonal festivals and folk customs. When he was growing up, he seems to have taken in everything about this rustic world, and he did not subsequently seek to repudiate it or pass himself off as something other than what he was. The cultivated Elizabethan literary critic George Puttenham writes snobbishly of “boys or country fellows” who listened with delight to blind harpers and tavern minstrels singing old romances and who enjoyed the carols sung at Christmas dinners and at the old-fashioned wedding feasts known as bridales. Will was almost certainly one of those country fellows. He doesn’t seem to have been anxious about such pleasures, though he subsequently moved in circles that laughed at their rusticity. He simply took them with him to London, as his possession, to be used as much or as little as he liked.

Shakespeare was anything to indifferent to being counted as a gentleman. But his concern for his station in life, his longing for social success, and his fascination with the lives of aristocrats and monarchs did not entail the erasure of the world from which he came. (Perhaps he simply loved the world too much to give any of it up.) Instead, he used his boyhood experiences -as he used virtually all of his experiences- as an inexhaustible source of metaphor.”

Will in the world; How Shakespeare became Shakespeare

STEPHEN GREENBLATT

Norton, 2005 (no existe traducción al castellano)

398 págs.

**** No es una obra de Shakespeare, pero forma parte de mi Proyecto Shakespeare. Increíble biografía, de lo mejor que he leído este año. Ahora LO ENTIENDO TODO.

Cosas Que Leo #10: ASCENSO Y CAÍDA DE ADÁN Y EVA, Stephen Greenblatt

Adán y Eva Greenblatt

“Adán intenta explicar el problema a Rafael. Comprendo, dice al arcángel, que ella es la inferior. Sé que, aunque los dos hemos sido hechos a imagen de Dios, yo me parezco más a él que ella. Entiendo que se supone que estoy y debo seguir estando por encima de ella. Pero cuando me acerco a sus hechizos, confiesa, la versión oficial deja de parecer verdad. “Me parece tan perfecta / y en sí misma tan cumplida” (8:547-548) que, si acaso, es ella la que parece superior.

La respuesta del arcángel -frunce el ceño y aconseja a Adán que tenga más autoestima- no es muy útil. (Ese tipo de respuestas nunca lo son). ¿Cómo podría un ángel comprender a un ser humano que está profundamente enamorado? Rafael advierte a Adán que no sobrevalore el mero placer sexual, un placer, dice irónicamente, que ha sido otorgado a los cuadrúpedos y a todos los demás animales. Adán responde con mucha dignidad que lo que justifica los sentimientos que ha intentado describirle no es solo lo que sucede en el tálamo, aunque lo considera con bastante más devoción que la que da a entender el comentario del arcángel. Lo que tanto le encanta de Eva es más bien, dice, “la gracia que acompaña a todas sus acciones, / son esos mil honestos atractivos” que caracterizan una unión perfecta, “que hacen de ambos una sola alma”. Su amor, la unión íntima, física y espiritual con su esposa, borra la sensación de superioridad a la que sabe que, como varón, se supone que debe aferrarse. Antes bien, siente un vínculo irresistible “que hace de ambos una sola alma” (8:604).

En las palabras de Adán hay un rechazo implícito a la línea oficial o, cuando menos, una cortés pero firme indicación de que el arcángel y su cohorte celestial tienen una concepción imperfecta de la experiencia humana. En efecto, el primer hombre de [John] Milton se permite preguntarse, dada la torpeza del ángel, cómo será la experiencia sexual angélica. “¿No aman los espíritus celestiales?”, pregunta a Rafael. “¿Cómo demuestran su amor? ¿Con sus miradas solamente?”. Rafael hace algo extraordinario, al menos en un ángel: se ruboriza. “Que te baste saber que somos felices”, contesta, y que sin amor no hay felicidad” (8:620-621). Como un padre que no sabe nunca cuándo ha dicho lo suficiente, continúa intentando ser explícito y técnico, y dice no sé qué de que no tienen membranas o “barreras exclusivas”. Luego reportándose y señalando lo tarde que se ha hecho y que el sol está a punto de ponerse, se va volando de vuelta al cielo”.

Ascenso y caída de Adán y Eva

STEPHEN GREENBLATT

Crítica, 2018 (publicado originalmente en inglés como The Rise and Fall of Adam and Eve, 2017)

No ficción.

358 págs.

Traducción de Juan Rabasseda.