Carlos Zanón: un taxi llamado exceso

Mi crítica larga de la nueva novela de CARLOS ZANÓN, Taxi (Salamandra, 2017). La escribí para la revista Barcelona Metròpolis, del ayuntamiento de mi ciudad. Todo lo que pienso de ese libro sobrao, excesivo, extraño, profundo y magnífico está ahí. Digo, aquí.

Anuncios

Taxi, de CARLOS ZANÓN (mi mini-despiece)

https://i0.wp.com/salamandra.info/sites/default/files/books/images/hires/819-0_taxi_300_website.jpg

Taxi contiene abundancia de hoteles, rayas, semen y mozas. “La noche y sus túneles”. Cuando empecé a leerlo pensé que me habían dado por error un disco de Burning (solo que con referencias a Minotauro y Dantón). Zanón, tan comedido él, tan sobrio en sus obras previas, se nos desbocaba. Pero entonces vi que el río desbordado, el periplo noctámbulo del taxista mujeriego, era solo un medio -como antes había sido lo “negro”- para hablar de “bochorno, duchas gota a gota por falta de potencia, patatas fritas caseras (…), aparatos monovolumen Cosmos cuya tapa era altavoz (…), besos de chicas, hermanas, rasgos de miseria (…), madres enanas, motos robadas y jerséis heredados del primo menos pobre”. Nadie habla de “la parte baja de la clase media” como él. Cuando escribe sobre odio, culpa, padres, abuelas y hermanos, barrios feos y sueños púber, Zanón es intocable; implacable. Taxi es un Zanón sin cinturón de seguridad, callejero, soñando con bohemia pero engrilletado a Horta. Su autor se va de ruta destroy, pero aún huele a macarrones con boloñesa. El exceso le sienta muy bien.

(Esto es un despiece tapón que me pidieron para el artículo central sobre Taxi, de Carlos Zanón, en el Cultura/S de La Vanguardia. La guarnición, vamos (como un cucharón de coleslow). No cabía todo lo que pienso, pero es un resumen bastante aproximado).