Cosas Que Leo #48: PSICOLOGÍA DE MASAS DEL FASCISMO, Wilhelm Reich

«A la delimitación económica mutua de las pequeñas empresas corresponden el aislamiento y la competencia mutua de las fami­lias característicos de la pequeña burguesía, a pesar de la ideología del «interés general que prima sobre el interés particular» y del «pensamiento corporativo» del fascismo. Los elementos centra­les de la ideología fascista siguen siendo individualistas, como el «principio del líder (führer)», el de la política familiar, etc. El ele­mento corporativista en el fascismo proviene de las tendencias socialistas de la base de masas, del mismo modo que el indivi­dualista se origina en los intereses del gran capital y la dirección fascista.

Dada la organización natural de los hombres, esta situación económica y familiar sería insostenible si no estuviera reforza­da por otros hechos, entre los que se cuenta una determinada relación entre el hombre y la mujer, relación que denominamos patriarcal, y un determinado modo de vida sexual.

La pequeña burguesía urbana, en su afán por distanciarse del trabajador manual, y al no encontrarse en una situación económi­ca más próspera que los obreros industriales, solo puede apoyarse sobre sus formas familiares y sexuales de vida, a las que imprime cierta dirección. La falta de recursos económicos debe ser com­pensada por la moral sexual. Este móvil es el elemento más eficaz de la identificación del funcionario con el poder estatal. Puesto que el funcionario público no goza de las ventajas económicas de la gran burguesía, con la que sin embargo se identifica, la ideolo­gía de la moral sexual debe compensar lo que la situación econó­mica niega. Las formas de la vida sexual y sus tributarias, las de la vida cultural, sirven en lo esencial para la delimitación respecto a los de abajo.

La suma de estas actitudes morales, que se agrupan en torno a la postura ante lo sexual y que usualmente se designan «burguesismo mezquino», culmina en las ideas —decimos ideas y no hechos— acerca del honor y el deber. Hace falta valorar correctamente la influencia de estas dos palabras sobre la pequeña burguesía para juzgarlas dignas de un examen detenido. Aparecen una y otra vez en la ideología de la dictadura y en la teoría racial fascista. En la práctica, el tipo de vida y el tráfico de mercancías pequeñobur­guesas imponen a menudo una conducta opuesta al honor y al deber. En la economía mercantil privada incluso es necesaria una porción de deshonestidad para sobrevivir. Si un campesino com­pra un caballo, lo desvalorizará por todos los medios. Si vende el mismo caballo un año después, lo encontrará más joven, mejor y más recio que en el momento de comprarlo. El «deber» descansa sobre intereses comerciales y no sobre cualidades del carácter na­cional. La mercancía propia será siempre la mejor, la ajena la peor en todos los casos. La desvalorización de la competencia —prác­tica por lo general carente de toda honestidad— es una herra­mienta esencial de los «negocios». La amabilidad exagerada y la sumisión ante el cliente, por parte de los pequeños comerciantes, atestiguan la cruel coacción de su existencia económica que, a la larga, pervierte el mejor carácter. No obstante, los conceptos del «honor» y del «deber» cumplen un papel esencial en la pequeña burguesía. Y ello no puede explicarse solo a partir de intenciones groseramente materiales. Sea cual fuere el grado de hipocresía, el éxtasis que provocan estas palabras es auténtico. Queda por ave­riguar cuáles son sus fuentes.

Estas fuentes se localizan en la vida afectiva inconsciente; al principio solemos no verlas, y sobre todo es típico que pasemos por alto voluntariamente su conexión con la ideología. Pero el análisis del pequeñoburgués no deja lugar a dudas sobre la sig­nificación de su relación entre su vida sexual y su ideología del «deber» y del «honor».

En primer lugar, la posición del padre en el Estado y en la eco­nomía se refleja en su actitud patriarcal con respecto al resto de la familia. El padre representa en la familia al Estado autoritario, con lo cual aquél se convierte en el instrumento más valioso del poder estatal.

La posición autoritaria del padre reproduce su papel político y revela la relación de la familia con el Estado autoritario. El padre ocupa en la familia la misma posición que su superior jerárquico en el proceso de producción. Y reproduce su situación de súbdito ante la autoridad en sus hijos, sobre todo en los varones. De estas circunstancias proviene la actitud pasiva, servil, del pequeñobur­gués ante toda figura de líder.»

Psicología de masas del fascismo

WILHELM REICH

Enclave de Libros, 2019 (publicado originalmente en alemán en 1933)

486 págs.

Traducción de Roberto Bein

La Hitlerteca: una selección de libros sobre el dictador

Esto lo escribí hace poco a modo de despiece extra para una entrevista de Anna Abella con Thomas Weber, autor de De Adolf a Hitler. Es una selección de libros para saber más sobre el tipo aquel enajenado del bigote chocante.

A este tipo de artículos podríamos englobarlos en la serie «Sacándole partido a lo de haber sido de niño un ULTRANERD hepatítico».

¡No seas como Hitler!

emo_hitler-12807Oh, sí: el lado cómico del nacionalsocialismo. Aquí tienen un mordaz pasquín motivacional basado en 11 pifias históricas del Führer de las Alemanias, que hemos escrito y publicado hace muy poco en Jot Down, y que divierte y entretiene una cosa bárbara. Se habla de apetitos narcóticos, de las grisáceas nalgas del Líder del Reich, de lo LOQUÍSIMO que estaba Goering, de la grotesca jeta de Hitler Senior (me autocito: «una cara de puerco airado más cómicamente exagerada que el bulldog de Tom y Jerry tras haberse sentado sobre sus propios colgajos»), y todo rematado con un aluvión de sus favoritas hipérboles desquiciadas y afirmaciones insensatas, queridos fans.

El texto culmina con estas palabras, profundotas y graves cual insondable sima oceánica: «Hitler se tomaba a sí mismo muy en serio (signo inconfundible de los imbéciles de espíritu) y estaba convencido que su destino era salvarnos. Exterminándonos un montón, eso sí, si éramos judíos, gays, anarquistas, socialistas, socialdemócratas, mods o rockers, morenos con el cabello acaracolado y nariz aguileña, usuarios de aceite de oliva, reparadores de acordeones con tendencia a la bizquera, fans zurdos del waterpolo, funambulistas palentinos, miembros del foro Club Rubik Catalunya y, resumiendo, TODO EL MUNDO QUE NO FUESE ÉL.»

Verano nuclear #6: Hola, mundo cruel

Zulo-webHola, mundo cruel. Las vacaciones han terminado y estoy de vuelta en el zulo. Mi despacho. Mierda. Solo los periquitos pasan tanto tiempo confinados en un espacio así, y ellos al menos cantan. Mi cubil es un lugar precario que, como los Sudetes, puede ser anexionado y rebautizado en cualquier momento por el enemigo. Como “habitación de nuevo bebé”, a lo peor.
– ¿No te gustaría tener una niñita? –me susurra al oído mi mujer, Naranja, poniendo chispeantes ojos de Heidi.
– ¿Qué te dice la ley de Murphy? –le contesto, señalando a mis dos chicos, que están jugando a Karate Kid y arreándose coces- Lo más seguro es que sea otro niño, y también pelirrojo. Vamos a parecer los Weasleys. Y además, ¿no recuerdas? –y me señalo el pito.
Me hice la vasectomía hace dos años, precisamente para disuadirla de tener esta conversación.
– La vasectomía se puede deshacer –me dice ella.
– En teoría sí –contesto yo- En la práctica es un misterio, porque ningún hombre lo ha probado.
Mi mujer se marcha humeando cual tren chu-chú, y yo vuelvo a quedarme solo y abatido. Miren la foto: ¿parezco contento? Hay gente que sueña con ser rapper enjoyado o piloto de helicópteros; yo solo anhelo tener un empleo normal rodeado de gente benigna y locuaz. Y algo borracha, si puede ser.

Pero no va a poder ser: no sé hacer nada más que esto. Lo que están leyendo, vamos. Ya: no es gran cosa, y dificilmente me convertirá en millonario. Mi mujer y yo llevamos algunos días berreándonos el uno al otro por dinero, y esa es la discusión más triste de todo el abanico.
Bueno: quitémonos de encima esta melancolía como si fuese caspa. Llevo demasiados días apesadumbrado. Quizás porque estoy leyendo La llegada del Tercer Reich, que no es como para soplar matasuegras. Hitler era bastante de derechas.
– ¿Vamos a tomar algo tú y yo? –me dice mi mujer, metiendo su cobriza cabeza en mi guarida, y es como el sol que aparece tras los nubarrones en el mapa del tiempo.
– ¡Viva! –le digo yo, apagando el ordenador con el dedo gordo del pie. Estaba viendo un documental sobre The Mekons que me ha devuelto el amor a la humanidad. “The Mekons transformaban su desespero y rabia en humor, sin perder nada de ese desespero y rabia”, dicen en él.
Ese es el truco. Emerjo del zulo y cierro la puerta. Esto se acabó. Kiko Amat

(Artículo publicado en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 10 de septiembre del 2014. Esta es la última entrega de la serie. Espero que lo hayan pasado de rechupete)