Kiko Amat entrevista a BRADFORD

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Es un miércoles cualquiera en El Cubil. Mi uniforme es el de faena: pantalones de pijama arrugados y camiseta con el cuello deshilachado. Quizás debería haberme arreglado un poco (me digo, volviendo un poco el rostro, ante el reflejo de la pantalla). Muevo la taza de té cenagoso. Desde la ventana de Skype me observan sonrientes Ewan Butler y Ian Hodgson, ambos exmiembros de la desaparecida banda Bradford. Butler, en camiseta blanca de manga corta, se camufla con la pared enyesada del cuarto de los trastos, pero Hodgson luce cazadora Harrington color burdeos y sombrero pork pie de ala estrecha con pluma al estilo suizo. Su elegancia es un tanto incongruente. A su vera hay una máquina de coser; se distinguen figuras humanas en movimiento (hijos, esposas) por el resquicio de la puerta entreabierta. No es la mansión de una vieja estrella del pop. Weller no pernocta aquí.

Y sin embargo Bradford estuvieron a punto de ser muy grandes, de subirse al bajel del pop inmortal; pero se quedaron en el puerto, maletas en mano y examinando sus pasaportes con desazón. Lo leerán en sus palabras un poco más abajo. Fueron los mimados de la prensa pop inglesa durante un brevísimo periodo de tiempo (1988-1990). Morrissey, líder de la banda más grande del país en 1985, The Smiths, les aplaudió en público hasta despellejar sus delicadas manos. Ficharon por Foundation, el sello “emergente” de Stephen Street (aunque a decir verdad todo bicho viviente de la industria les tiraba los trastos). Telonearon a Morrissey en su primer concierto en solitario, Wolverhampton Civic Hall 1988. Y más cosas, y más cosas [léanlas en mi pieza para Babelia de El País]. Y de repente cayó la guillotina, y la fábula quedó descabezada de un modo tan cruel como imprevisto.

Hoy en día poca gente recuerda a Bradford. Para algunos solo son los compositores originales de aquel “Skin Storm” que Morrissey incrustó en una cara B. Y aunque es cierto que muchos grupos inmensos lo son por una buena razón (eran mejores que la competencia) a veces la industria y los movimientos sísmicos culturales se tragan a bandas que, en otro tiempo y lugar, habrían sido de largo recorrido. Bradford son ese tipo de banda. Las coordenadas tal vez les suenen: ascéticos, pandilleros, alienados, vulnerables, amantes de las trompetas y la desnudez emocional, cráneos al tres, trapos clásicos de calle, izquierda compasiva sin panfletos, hits gigantes, baladas melancólicas. Himnos al coraje y a la autodeterminación. Poco antes de que debutaran, London 0 Hull 4 de The Housemartins había llegado al #3 de las listas y tanto Our Favorite Shop de The Style Council como Meat is Murder de The Smiths al #1. Bradford se preparaban para una fase imperial que jamás llegaría. Y hoy, con el recopilatorio Thirty Years of Shouting Quietly (A Turntable Friend) ya en la calle, están aquí conmigo, en Skype, para hablar de aquellos años.

Resultat d'imatges de bradford skin stormLa palabra “skinhead” aparece en varios artículos de la época sobre la banda. No sé si vosotros os definíais como tales o simplemente la prensa os bautizó así por el corte de pelo y las botas.

EWAN BUTLER: Ian y yo estuvimos expuestos de forma masiva al movimiento punk cuando éramos jóvenes. Ambos compartimos influencias muy similares; bandas como The Clash y The Jam fueron clave en nuestro desarrollo musical, y ellos a su vez tomaban influencia y estética de los movimientos de los 60 y 70 a los que estábamos destinados a desembocar. Siempre nos había encantado el sonido y la actitud de la generación mod y su estrecha relación con el sonido Motown y Ska. Mi hermano mayor era skin, y a través de él conocí a grupos como los Redskins. Yo estaba en ese punto de la adolescencia en que necesitaba adoptar otra pinta. Había sido punk y llevado un peinado mohicano, y me pasé a lo skinhead poco antes de que empezara Bradford como banda. Ian y yo nos conocimos, y él también adoptó la imagen al entrar en el grupo. Supongo que fue y sigue siendo un look elegante que provoca una reacción, sea la que sea … No es un estilo que puedas ignorar fácilmente.

Ian Hodgson: La ropa es muy importante a la hora de expresarte, especialmente entre la juventud de clase obrera. Cuando salimos nosotros estaba en boga el estilo casual, callejero y futbolero y elegante, y muchos de mis amigos lo llevaban. Yo venía de ese sector, y a la vez me gustaban The Small Faces y The Jam; iba un poco de mod. Así que para mí no fue un enorme cambio lo de adoptar el rollo skin cuando me uní a Bradford. Simplemente me corté el pelo y me puse una chaqueta distinta. Fue algo natural.

Lo que me gusta es que es un look skinhead pobretón: abrigos del padre, tejanas gastadas, zapatos de gente muerta… Como si fuerais los hermanos pequeños de un skin.

IH: Sí. Siempre hemos sido aficionados a la ropa de tienda de caridad. Todo lo que llevo ahora [se señala] es ropa de charity shop [enumera una a una todas las prendas que luce, y su precio correspondiente]. Este look cuesta, en total, unas quince libras. Pero no se trata solo de la ropa, sino también de la cultura: música y libros. Vivíamos barato, porque nadie tenía un duro. En esas tiendas puedes hallar cosas envueltas en polvo que te pueden lanzar a un viaje radical por caminos imprevistos.

EB: En los ochenta no había el acceso a las cosas de hoy. Nos encontrábamos perdidos la mayoría de las veces. Tenías que inventar lo que hacías, o construirlo de cero. No solo en términos de ropa o discos, sino de cara al grupo, a los instrumentos o cosas que necesitabas saber o cómo tocar. Firmábamos el subsidio del paro, los cinco, y no teníamos dinero para gastar en amplificadores o instrumentos. Así que nos las apañábamos con lo que había. Éramos chavales de clase obrera sin estudios. Nadie en Bradford nació con una cuchara de plata en la boca. Todo era bastante difícil, pero a la vez nos dio una conexión a una tradición y a la música que nos inspiraría.

La primera vez que escuché a Bradford me parecisteis una combinación de The Smiths, The Housemartins y The Jam (de la época Setting Sons). Y también Dexy’s Midnight Runners. ¿Es eso más o menos aproximado a como lo veis vosotros?

EB: Sí, todos ellos. Eran grupos que buscaban emocionarte. Muy inspiradores. Te invitaban a moverte, a hacer cosas. Y todas sus letras eran relevantes, hablaban de cosas que experimentábamos cada día. Esos grupos tenían todo lo que yo buscaba en el pop. Una cierta intensidad y creencia absoluta en lo que hacían.

IH: No había mucho dinero para comprar álbumes. Podrías decir que nos alimentamos de una corriente muy estrecha de grupos. Un puñado. Pero a la vez eran bandas que, por sí solas, abrían avenidas enormes, sacabas mucho de cada una de ellas. De cada elepé. Era algo que venía del corazón, y buscaban expresar emociones honestas y reales, y creo que como banda no puedes aspirar a más. Es un punto de partida muy fuerte, empezar con Dexys.

Resultat d'imatges de bradford shouting quietlyEsos grupos expresaban una sensibilidad antimacho que fue muy importante en Bradford. La capacidad de mostrar vulnerabilidad. Tenían baladas melancólicas, te alentaban a mostrar tu lado débil…

IH: Es una combinación imbatible: tíos con pintas de duros pero corazones blandos [ríe]. Yo acababa de dejar mis estudios, en 1984, y justo empezaba a firmar el paro cuando escuché aquello de “I never had a job because I never wanted one”. Grupos como The Smiths hicieron que la identidad masculina fuese algo más fluido. En Bradford venimos de lugares muy macho, de crecer en Blackburn junto a gente que todo el rato se estaba metiendo contigo, por tu peinado, por tu pinta, por lo que fuera… Pueblos violentos. Peleas en pubs. Las bandas que nos gustaban nos dieron permiso para ser algo más… amplio que un hombre corriente. Te proporcionaban aspiraciones que venían de un poder superior. Una mirada ancha. Yo vi a The Jam en 1982 en el Manchester Apollo, y tuve la oportunidad de ir al camerino a conocerles. Paul Weller era mucho más hermoso de lo que había imaginado. Tenía unos ojos muy bonitos, y me di cuenta de que llevaba lápiz de ojos. Así que yo empecé a llevarlo también. A veces incluso me pintaba las uñas de negro. Todo eso confundía a la gente, despertaba animosidad. Pero dime: ¿qué hay de malo dar brincos por ahí con los ojos pintados, EH? [ríe].

EB: Cuando eres adolescente topas de narices con todas las contradicciones inherentes a lo de ser hombre. Empiezas a darte cuenta de cómo te sientes por dentro, y los problemas que tienes para comunicar esas emociones. Aparecen sensaciones mucho más tiernas. The Smiths fueron capaces de exponer esas contradicciones de un modo que hizo que mucha gente se identificase con ellos y se acercara a su música. Cuando teloneamos a Morrissey en su primer concierto en solitario, en Wolverhampton, en 1988, el público eran 4000 personas, en su gran mayoría hombres, sin camiseta, jaleando a otro hombre, también sin camiseta, en el escenario. Era una situación curiosa, porque el ambiente carecía por completo de testosterona. Habían invertido las expectativas que se tenía del género masculino.

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Ian Hodgson y Ewan Butler, segundo y tercero por la izquierda

Había otras escenas que también defendían la torpeza social y la masculinidad defectuosa, pero eran muy distintas a vosotros. Todo ese rollo de C86 y twee escocés parece mucho más cerrado y de clase media que vosotros.

EB: Desde luego. Eran estudiantes, para empezar, y con orígenes adinerados. Tocábamos con ellos, teníamos buena relación personal, pero no nos parecíamos demasiado musical o espiritualmente.

IH: En 1989 tocamos en el Locomotive de París con un grupo londinense llamado The Corn Dollies. Estaban de gira europea. Conocí a su batería, Jack, en un ascensor. Era de clase media-alta. Tenía un acento muy pijo pero pinta de troglodita. Cuando aparecía te lo imaginabas al lado de un fuego, en una caverna, sosteniendo un garrote. Me dijo [imita acento pijo inglés] “he estado de fiesta toda la noche, bebiendo, y tal…”. Y era tan cliché, tan cliché estudiantil, que parecía una broma sacada de The Young Ones. Estuve a punto de carcajearme. Nosotros éramos distintos a toda esa escena. Éramos una pandilla. Tocábamos con grupos más grandes que tenían mejor equipo, pero nosotros ensayábamos más.

Lo irónico es que esos grupos tenían los medios para ser enormes, pero preferían dirigirse solo a su camarilla de anoraks. Mientras que grupos como vosotros o The Housemartins, por decir solo un ejemplo, quisisteis siempre llegar al máximo de gente posible.

IH: Por supuesto. No queríamos ser U2, pero si llegar al máximo de gente sin comprometer nuestros ideales. No llegamos a demostrarlo porque nunca llegamos a ser grandes [ríe]. Pero sabíamos que lo que teníamos era bueno, aunque quizás un poco fuera de época. Creo que nos hubiese ido mejor en otra década. Unos años después, durante el Britpop. Tal vez.

50 peniques más grandes que The Stone Roses

Ese parece ser el consenso general: “5 años tarde para la Smithsmanía, 5 años temprano para el Britpop”. Entre guerras.

IH: Creo que sí. Cuando aparecimos nos tocó ser de veras un “gang of one”. Estábamos bastante solos, no nos sentíamos cercanos a ninguna banda del momento. Nos gustaban grupos pequeños como The Way, de Yorkshire, que llevaban sección de viento, y otra banda llamada 3-Action!, de Hull, muy del rollo Housemartins, también socialistas politizados como nosotros. Ya sabes lo que sucedió con Margaret Thatcher en el Reino Unido y su ataque a la clase obrera. En cualquier caso la cultura del lujo y del escapismo nos decantó hacia el otro lado: nos volvimos muy austeros y realistas, tanto en la pinta que llevábamos como en la forma de vida.

EB: Creo que la prensa decidió que el nuevo estilo en boga iba a ser el Madchester, y concentraron en ello todos sus recursos. Hasta entonces habíamos tenido una visibilidad enorme en prensa, Morrissey había declarado que éramos los herederos de The Smiths, y durante unos seis meses se nos consideró los “protegidos” de los periodistas. Parecía que no podíamos hacer nada mal. Y de repente, de un día para otro, todo cambió. Nos vimos con el paso cambiado, no encajábamos en absoluto. Fue algo difícil de tragar, si te soy sincero, incluso creó tensiones irresolubles entre nosotros. Porque estábamos construyendo algo desde aquel éxito inicial y de repente el suelo desapareció bajo nuestros pies.

Lo de elevar bandas a la estratosfera para luego aplastarlas contra el asfalto es una vieja tradición de los semanarios musicales ingleses…

EB: Llevamos muchos años en terapia [sonríe].

IH: Es un poco como si te sacaran de la montaña rusa en la que estabas y te pasaran al tiovivo de caballitos para niños pequeños. Cuesta acostumbrarse al cambio, te sientes un poco ridículo. Dando círculos una y otra vez por el sitio donde empezaste, y del que creías que habías escapado. De salir en el NME cada dos por tres me vi en la cola del paro otra vez. En 1992 ya habíamos estallado en llamas, de nosotros no quedaban ni las cenizas. Fue difícil acostumbrarse a eso. ¡Pero ahora estamos bien! [pone cara de paciente de psiquiátrico].

Resultat d'imatges de bradford skin stormHe leído que “todo acabó de un modo horrible” para vosotros.

IH: Éramos cinco jóvenes emocionales. Cuando empezó la caída todos buscamos una razón, alguien a quien culpar del desastre [simula sollozar]: “fue tu forma de tocar el bajo”, “no, fue tu voz”. Algo que nos era ajeno -un cambio de dirección musical en todo el país- se internalizó.

EB: Admito que yo estaba en estado de shock. Fue duro. Tampoco es que fuese algo tan raro o inusual: éramos cinco chavales de una edad en que la gente discute y se pelea y termina amistades. Nosotros, además, estábamos en un grupo, con todas las tensiones añadidas que eso conlleva. La gente te empieza a hartar, por ninguna razón en particular.

IH: No somos violentos. Nos gusta la paz. Así que no nos lanzamos a trifulcas a puñetazos entre nosotros. Aunque admito que algún empujón torpe en el local de ensayo sí que hubo.

EB: Algún bolsazo [ríen].

Pero hemos ido a lo horrible sin pasar por lo celestial: la época en que Morrissey dijo “Lust roulette” casi me hace llorar”, Stephen Street os fichó para su sello Foundation…

EB: Al principio fue inmenso. Pura euforia. Antes de que Morrissey hablara de nosotros solo éramos un grupo local haciendo conciertos locales. Y de repente Morrissey nos arrancó de la oscuridad, salimos en el NME,  Melody Maker y Sounds, todo el mundo quería saber quién éramos, Morrissey y mucha otra gente venía de visita a Blackburn… Fue una experiencia inmensa, irreal, y pasó tan rápido que nos quedamos pellizcándonos, tratando de decidir si había sucedido de verdad.

IH: Geoff Travis, de Rough Trade. Adrian Thrills, del NME. Visitantes habituales. Muchos mánagers y agentes, de CBS y otras multinacionales, venían al local de ensayo blandiendo sus chequeras. Pero al final nos quedamos con Stephen Street. Conocerle fue la segunda mejor cosa que le pasó a la banda. Se convirtió en un sexto miembro. Su mentalidad y estética era la nuestra. Fue una bendición, nos ayudó a encontrar un foco. Por supuesto, más tarde su sello entró en bancarrota y todo se fue a pique.

Morrissey entabló amistad personal contigo particularmente, Ian.

IH: No tengo muchos ídolos: Joe Strummer, Paul Weller, Kevin Rowland y Morrissey. Que Morrissey dijese que mi grupo merecía heredar la corona de The Smiths, en un momento en que lo que él decía se tomaba como un evangelio… La vida no podía ser más hermosa. Morrissey incluso vino a visitarme unas cuatro veces a Blackburn, me llamaba regularmente y cuando estaba de gira nos intercambiamos muchas “notas tontas” (postales y cartas, así como programas de sus giras americanas). Fue una relación de amistad fantástica. Él era muy erudito, había leído mucho y poseía un vasto conocimiento de cultura pop británica, así como de películas y comedias kitchen sink de los años 50 y 60. A veces era un poco tímido, pero divertido a matar, con un sentido del humor norteño muy seco. Creo que le gustaba mi aspecto skinhead, y acabé dándole mi copia del libro Skinhead de Nick Knight, que le encantó. Creo que aquel libro, de hecho, influyó en su carrera; fíjate en las botas y dobladillos que lleva en las primeras fotos de su carrera en solitario. Cuando se mudó a Los Ángeles perdimos contacto. Hacia 1992.

Terminemos hablando de política. Me gusta que vuestra perspectiva izquierdista fuese de “experiencia vivida, no consignas marxistas”, como dice de vosotros Fergal Kinney, de Louder Than War, en el recopilatorio.

IH: En aquella época había muchas bandas que utilizaban retórica marxista: Easterhouse, Microdisney, McCarthy, That Petrol Emotion… Nosotros éramos distintos. Nos interesaba un tipo de decencia más general, ayudar a la gente y todo eso, más que hablar de revolución. Varios de nosotros hemos terminado trabajando de enfermeros, o ayudando a niños con minusvalías, yo trabajo en la Cooperativa de comida orgánica local, Ewan ayuda a pacientes mentales, o a gente que se está recuperando de un infarto… Cuando terminó la banda no nos vendimos al demonio; no empezamos a vender seguros de vida. Creemos en la humanidad, y siempre hemos intentado ayudar. Por eso estamos aquí.

(esta entrevista es una exclusiva de Kiko Amat para Bendito Atraso).

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Bradford: otro clásico perdido del pop inglés

Ahí va mi pieza sobre BRADFORD, desenterrados ilustres de este año y grupo favorito desde ya mismo y forever, que publicó con gran tino el suplemento Babelia de El País.

Proximamente en este sitio, entrevista exclusiva con dos miembros de la banda.

Oh, lo olvidaba: pueden comprar la recopilación aquí. Será el dinero mejor invertido de este 2018.

MIQUI PUIG: el vell solitari ha fet colla (una entrevista de Kiko Amat)

Resultat d'imatges de miqui puigMiquel Puig Bosch, conegut només com Miqui Puig, és un dels millor compositors i intèrprets de música pop a la Península Ibèrica. Té una biografia rara, serpentejant i intensa, de vegades desconcertant: nen grassonet de L’ametlla nascut l’any 1968 en una família pagesa amb doble cognom über-català, fan juvenil de Dinarama i The Jam, exmod, apreciador de la cultura anglesa i la negritud; membre de Los Sencillos, grup que va liderar durant setze anys i amb qui va fer esclatar un espatarrant #1 nacional (“Bonito es”), així com dos o tres àlbums de pop rodó (i un parell més d’àlbums estranys i imperfectes, així com coratjosos); personalitat televisiva, primer a Sputnik, al llarg dels 90, i, durant el 2007 i el 2008, a qüestionables concursos de qüestionables talents com Factor X i Tienes talento (fet que alguns mai li perdonaran); DJ per clubs, inauguracions, creuers, bodes, batejos; prolífic locutor de ràdio, amb una extensa llista de programes propis i aliens; i artífex d’una carrera en solitari que fins ara havia entregat dos àlbums d’excepcional pop melancòlic, ballable, clàssic, ple de lletres memorables i ganxos la-la-lejables: Casualidades (Naïve, 1999) i Impar (Pias 2008).

És un Puig embolcallat en fulard i Barbour, pantalons de pana i sabata anglesa, amb un cert aire de country squire britànic (ell menciona la influència del film Withnail & I) i la seva expressió habitual de tristor afable, qui es troba amb mi al local social de l’Atlanta FC -un reducte de dominó i quintos (i també gràfics porrons amb silueta fàl·lica), a la Rambla del Raval barcelonina- per xerrar sobre el seu tercer àlbum en solitari, Escuela de capataces. Durant una hora i quart conversarem sobre concepte, artesania, discs “d’interior”, Bronski Beat i Chucho, pecats petits i grans, foscor i llum, raresa innata i danys irreparables, i defensa del grup de rocanrol. Sembla que el vell solitari ha fet colla.

La meva primera pregunta és senzilla: perquè Escuela de capataces?

Anant cap al poble de la meva dona, a prop de León, trobes un edifici imponent que recorda a les escoles nacionals de la meva època. Té una torre d’aigua enorme, i a la entrada hi diu Escuela De Capataces. Investigant vaig descobrir que les “escuelas de capataces” eren unes escoles que venien de la República, i que Franco va recuperar. Escoles agràries. Quan vaig decidir que volia que el meu disc es digués així, vaig anar a fer-li unes fotos i ja l’havien tirat a terra. Té un sentit poètic afegit per mi, això de que ja no existeixi. És simbòlic. Amb el Marc Botey [guitarres, veus, teclats i co-compositor] sempre diem que aquest és un disc que hem parlat gairebé més que tocat. I vam parlar molt d’aquesta idea d’escola professional, de formació, perquè nosaltres sempre ens hem definit més com a artesans que com a artistes. M’agrada, a més, la idea de la jerarquia professional: el capatàs, els treballadors, el manobre… Jo volia que tot el disc s’emmarqués a un lloc així. He fet molts discos barcelonins, però aquest és un disc d’interior. De poble. Tu ja saps que als pobles sempre hi han personatges estranys, amb passats misteriosos. Cotxes atrotinats, barbours vells, en deute amb tothom… Jo volia situar el disc en aquest context una mica decadent i vingut a menys, potser per la edat que tinc.

La artesania sempre es menysté. Queda molt millor parlar del geni excèntric, de la musa sobtada. Però la part no romàntica d’això de fer discos o llibres és que implica molta feina.

Sí. És feina. La part lírica del disc la tenia clara, perquè venia del meu vell programa de ràdio. Al disc ho posa: “totes les lletres d’aquest disc es van fer a la barra de Can Tuyus”. Dia a dia escrivia aquells microcontes que lligaven el relat: tots estan aquí. Aquest és l’imaginari: el tio observador a la barra que va veient la desfilada de personatges. Hi ha una primera persona, sí, però també n’hi ha de tercera. De vegades em posava el vestit de confessor de la barra, i de vegades el de qui es confessa. Hi ha lletres de mirar a fora, i altres de mirar a dins. I molta obsessió amb les melodies. Les poques hores lliures que apareixien, jo anava al despatx del Marc, trèiem la guitarra i… De vegades només xerràvem, dels Jazzateers, d’Associacionisme, de Durruti. De vegades apareixia una melodia i la treballàvem. A mi m’agrada tenir primer els títols, i molts títols ja els tenia de temps enrere. Els títols em situen. “El chico que gritaba acid” venia d’una columna que escrivia a El Mundo, per exemple.

Tu i el Botey feu un equip compositiu clàssic, estil Goffin-King.

Saps que passa? Que jo no sé tocar la guitarra bé, i això em salva de copiar literalment, com fan altres artistes. Jo li he d’explicar el que tinc al cap al Botey, i en aquest delay entre el que he pensat i el que ell rep i tradueix en sons hi neixen coses molt interessants. Perquè tenim gustos comuns i alguns diferents. De vegades parlem diferents idiomes, i ens complementem. Per això al disc posa: “totes les cançons composades per Marc Botey i Miqui Puig”. A Capataces es nota que som dos, des del minut zero.

Imatge relacionadaAl Casualidades (Naïve, 1999) hi ha una foto teva on estàs sol. Més que sol, abandonat. I Capataces… em dona l’ impressió de ser un disc que, malgrat la malenconia i la pena, celebra tornar a tenir un club. Una penya.

El vell solitari ha fet colla. Hem fundat un motoclub, hem engegat un club de columbofília o una societat de fans de maxis de house del 88. Reivindiquem els vells grups de rocanrol. ¿Per què no pots fer rocanrol als quaranta, als cinquanta anys? Rocanrol vol dir tancar-te en un local amb els elements bàsics: bateria, baix i guitarra. Per fer les maquetes ens vam tancar una setmana sencera al local amb un amic que anava gravant cada fragment utilitzable. Impar era un disc de gran pressupost, de ressaca de la televisió, i Capataces és un disc d’arromangar-se i fer feina en l’anonimat.

A mi em sembla la celebració d’un home que lluita per veure la joia de la vida, però que sempre arrossegarà un interior masegat. Al Casualidades duies tiretes a la cara com si te la haguessin trencat, aquí carregues amb “maletes plenes de pena”. Però les vols “fotre al mar”.

Aquest disc l’he gravat al núvol de la mort d’un pare, i amb un grup darrera que em va ajudar a espantar la pena. L’altre dia la meva dona em va dir una cosa xula: Casualidades és un disc d’amor, i Capataces és un disc d’amor a la vida. Després de la recent mort del pare, veig les coses com deien els Chucho a “Magic”: “disfrutando del tiempo que me queda por vivir”. Aquest to es nota especialment a “La hora del brindis”: això va pels morts i pel temps que ens queda per viure. Jo no soc gens de melangia barata de “recordes quan ens fotíem de tot, o de quan ballàvem fins a tal hora…” Per allà vam passar, i ja està, igual que passarem per aquí. Però sempre quedarà una certa pena, Saps? És el meu destí. Jo sempre he estat el tristot. El grassonet de la classe.

És un disc adult. Hi ha gèneres que son molt juvenils, i és formidable que siguin així, i d’altres que son per gent crescuda. No tant per complexitat, sinó per fondària emocional. El deep soul va de divorcis, banyes, gent morta. Veig el teu disc en aquesta línia.

És un disc fosc amb ànima. Torturada, si vols, però amb ànima [riu]. Josef K, Aztec Camera. Décima Víctima amb soul. M’ha passat el mateix que a Paul Weller al Sound Affects: descobreix el post-punk però ve de escoltar els Kinks o Motown, música més joiosa, i de la mescla surt el disc. Afegiré una raó addicional molt egoista: escric així perquè en aquest país ningú més escriu en aquest to, avui en dia.

Molts autors veterans de pop escriuen com si tinguessin setze anys, i sona una mica fora de lloc.

Molt. Em trobo gent de la meva quinta que va a la última, que s’han reinventat com hipsters, i és una cosa que jo mai podria fer. En primer lloc, perquè no m’entra res [riu]. Les talles ni existeixen. En segon lloc hi ha referents diferents. Recordes quan tu i jo ens vam retrobar després d’uns anys, i els dos estàvem escoltant el Dr. Syntax de l’Edwyn Collins? Allà, a “Twenty years too late”, el Collins fa reflexions com les meves. Hem sigut això i allò, i quedem els que quedem. Durant una època em fascinava un personatge que trobàvem a les nits barcelonines, i que cada tres mesos feia el canvi: un dia anava a veure a Lambchop i a l’endemà portava gorra redneck; veia als Dictators i a l’endemà duia un afro estil Bronx. És una cosa admirable, en certa forma, aquest mimetisme de supervivència. Però jo no soc així: soc el que soc, no hi puc fer res.

“Soc el que soc” és una frase que podries haver dit fa trenta anys. El que canvia és el to: ha desaparegut la arrogància. Ara és més una observació estoica.

I tant. A la vegada, als moments de merda tothom vol ser una altra persona.

El teu disc té molta introspecció però també mira el mon de forma càustica. Amb mala llet.

Quan dic “gracias jóvenes católicos por vuestros campanarios” vaig per aquí. M’ho poseu a huevo perquè em foti amb vosaltres. I a la vegada us envejo “los trajes que aún os caben”. Sempre existirà aquesta dualitat, aquesta doble mirada.

 Imatge relacionada És un dels temes fonamentals del Escuela de capataces: un tio rarot i afligit que enveja la “normalitat” dels altres.

No sé on comença això, potser en el que dèiem de ser el grassonet de la classe. Ara estic en un punt de molt fotre’m de mi mateix. L’altre dia, a un event, una noia que feia veure que no em coneixia es va referir a mi com “aquell senyor”. I en efecte, soc un senyor. Un senyor gran. Porto rebeques de llana. Vull ser un vell excèntric. I ho estic aconseguint [somriu].

A Anglaterra es celebra molt la figura del vell excèntric. Aquí no tant. Es veu poc decorosa, patètica… De ganàpia.

No ho és. L’altre dia la meva dona em va enviar la foto d’un cavaller gran que portava pantalons vermells, camisa verda i jaqueta de tweed… I li quedava bé o li quedava malament, però una cosa el feia vèncer d’entrada: la actitud. La actitud era “me la bufa tot, jo soc així”. El mateix em passa a mi. Ara és massa tard per canviar.

La gent creu que això de la raresa és una cosa buscada, com un capritx de friquis que volen donar la nota, quan en realitat alguns ja érem rars de fàbrica. No podíem encaixar encara que voléssim. Els discos, llibres i pel·lícules només ens van empitjorar.

[riu] És veritat. Aquest, per cert, és un disc molt 1984. Va ser un any de grans coses. Molts discos que ens encanten son d’aquell any. Però també va ser un any important per mi. Vaig entrar al politècnic de Granollers el 1982, i al 1984 ja anava amb un serrell after-punk, i al cap d’uns mesos em vaig rapar perquè vaig llegir no-sé-què de suedeheads. Allà vaig veure les primeres xeringues, i no sabies que li passava al teu col·lega que moquejava tant… Però res d’això et fa millor. Els nanos que ara tenen trenta llargs van viure la seva joventut amb una bonhomia envejable, i em sembla genial. I els fills adolescents dels meus col·legues viuen una realitat diferent a la nostra. “El chico que gritava acid” és una mica el meu jo dels primers 80, quan em van apadrinar els del motoclub, paios que em treien deu anys. Jo era un fanàtic que es sabia tots els conductors, però que no podia canviar ni una bugia.

Aquell nen rabiós que ve d’un entorn desestructurat i vol entrar a un club que el salvarà. Em sembla una idea bonica. Un càntic per nens danyats.

A la vegada, la cançó no és del tot personal. Jo soc fill de pagès i mestressa de casa. No he vist cap desestructuració. Soc d’un lloc on, com deia el meu pare, “som tots a taula”. És una frase que fa bandera d’un entorn segur malgrat les dificultats. Fer pinya familiar a una llar sòlida. Quan el meu pare tenia dubtes vitals, i mirava aquell que es feia ric i aquell altre que es construïa una casa nova, sempre deia: “a casa hi som tots”. El diumenge seiem junts. Es preocupaven per mi quan em veien aparèixer amb aquells ulls, o plorant sense raó, però a la vegada em cuidaven. Em feia por cantar aquest tema, perquè no volia que la gent cregués que jo pretenia haver viscut maltractaments. Toca’t els collons: un cop feta la melodia i la lletra, vam anar a tocar a Euskadi, i vaig veure a un parc un xavalet assegut a un banc, amb anorac i gorra, i vaig pensar en el “chico”. Ara quan la canto sempre penso en aquell nano trist.

Sempre has estat un bon observador. I has fugit del lloc comú. A “El chico que gritaba acid” hi ha un moment en que vols explicar que ell plora, i ho podries haver fet afectadíssim i èpic, i només dius que “se suena con la manga”. La vida no és una peli del Wes Anderson.

[riu fort] També dic que allò crema per dins. Un sensació física de cremor a la boca de l’estomac, que és el que passa de veritat. També m’agrada la frase “dice que le lleven pronto”, que es una expressió castellana molt bonica. Jo sempre he tingut aquesta doble vessant idiomàtica: soc català de poble però he viscut a Madrid, visc amb una castellana, canto en castellà… I molts cops he sentit aquesta frase, de vegades en boca d’amics gais andalusos: “¡Llévame, llévame!”. Com dient: treu-me d’aquí, d’aquesta merda. M’agrada aquest punt histèric a l’estil Chus Lampreave [somriu].

És un desig fort, el de voler marxar del poble natal. Podries estar parlant de qualsevol nen que escoltava als Clash i somiava en viure a un altre lloc (més excitant).

https://i0.wp.com/img.wennermedia.com/social/rs-168586-Bronski-Beat---Smalltown-Boy.jpgI tant. M’agrada que diguis això, perquè sempre ho tinc molt present. És una coincidència, però fa mesos que punxo “Smalltown boy” de Bronski Beat, i molta gent ve a dir-me que aquella cançó els va marcar, els va donar forces. Em té obsessionat. Va d’un noi gai, però podríem aplicar-ho a qualsevol marginat. “Smalltown boy” té la mateixa sensibilitat i tema que “El chico que gritava acid”. Fins i tot la mateixa estètica, la del Somerville jove, amb anorac, cap rapat, mitjons blancs…

Veig una certa contradicció a la teva situació present. Treballes al subsòl, fent coses petites, però no ets el Vic Godard: el teu lloc natural no és el underground. Et veig més com al Paul Weller post-Style Council: tocant a llocs petits, però sempre amb l’ull posat a la primera línia.

Potser sí. Però a la vegada em fa por, pensar així. Aquest disc es llença amb ganes de fer coses d’envergadura, és cert. Envejo coses com lo dels 091, aquest 2016: girant durant un any sencer, tocant com mai, posant-se-la dura a tots els vells fans. I recuperant una mica el que durant una època se’ls hi va negar. Vull una cosa semblant. També soc conscient, no creguis, que Los Sencillos, com va dir aquella revista que no vull anomenar, “se separaron demasiado tarde”. Però en aquell moment no n’ets conscient, d’una cosa així. Los Sencillos no vam durar 16 anys perquè ens agradés el tren de vida, o jo volgués ser famós. Es tractava de que jo volia fer més cançons, perquè és el que m’agrada fer. Perquè la forma en que visc (encara ara) és fent cançons, i després tocant-les pel mon, i explicant histories. I tens raó: estic en un moment en que vull tocar, i tocar gran, però no a qualsevol preu. No faré el “Bonito es”. No som un grup de revival.

El que volia dir, crec, és que tu mai has desitjat la obscuritat: ha estat el mon, que no escolta (com deien els Smiths). Sempre detecto en tu una (potser perillosa) compulsió per ser gran, i fer-ho a escala XXL.

Molts cops he fet coses massa ambicioses que no han funcionat, com aquella orquestra enorme que vaig muntar amb el Taller de Músics, i que va acabar fent… dos espectacles. Quan una cosa falla, tens dues opcions: fer-te l’artista incomprès, i aprofitar cada pregunta i tuit per recordar-li al mon que si no tens èxit és perquè la gent “no està preparada” [somriu] o seguir treballant. Fa molts anys que escolto musica pop, i fa uns quants anys que produeixo a bandes, i de vegades no és el teu moment, i punt. Quants discos meravellosos hem descobert que al seu moment van passar desapercebuts? De vegades hi ha coses que no quadren, i ni tots els milions en promoció faran que el públic s’hi interessi.

Sempre m’ha fascinat aquesta metamorfosi que patiu alguns músics: passeu en dos segons de ser paios introvertits i acomplexats a ser monstres escènics. Us torneu una altra persona. M’encantaria poder fer això que feu: oblidar durant una hora i mitja qui som en realitat.

Hi ha una part que sembla l’efecte d’una droga. Estàs allà dalt, fent el que fas per inèrcia i per costum, i de cop hi ha un click, i et baixa tot, t’entra el pànic. “Hòstia, això se me’n va de les mans”. Sempre et ratlles en algun moment. Aquesta entrevista ha anat molt bé, però quan demà vegi les fotos del Xavi i em vegi papada o no sé què, em ratllaré. No sé si és una patologia tipificada [riu]. Sempre va bé que algú cregui fermament que ets bo en una cosa, perquè els dubtes els tens tota la vida. Al Sot del Migdia, l’any 1992, 25.000 persones, en el moment més àlgid de “Bonito es”, vaig tenir sort de localitzar a la penya de L’Ametlla entre el públic. Anaven amb el Pep Blanc, que era jugador de bàsquet, i se’ls veia des de lluny. Per sort. Van salvar-me la nit.

Crec que aquesta insatisfacció i dubtes son els que et fan un artista interessant. Si haguessis estat l’esportista triunfador-follador de la classe potser no haguessis tingut l’empenta ni la ràbia per fer el que fas.

Potser. Mira el Morrissey. Un tio tímid que de cop ho rebenta amb els Smiths, i després es queda sol, i es torna un empestat. Un tio que mai està confortable amb ell mateix, ni amb el que fa. Ell és més bocamoll que jo, per això. Jo no vull tenir raó sempre. Per exemple: admiro al Loquillo, i sempre he estat molt fan del que fa, però és un artista que sempre es queixa de que si li fan boicot, de que si hi ha una conspiració contra ell.. Jo no soc així.

Comentaves que Capataces és una defensa de la banda de rocanrol. No n’estàs fins els ous, de rocanrol?

No. Per mi tocar és molt important. Em desesperen algunes coses, clar, alguna crítica que no sé com em prendré… Però tocar mai em cansa. De fet, és el que més m’agrada del mon. Mai soc més feliç que al local d’assaig. Parir un tema, maquinar plans… Al mateix temps, al meu cap hi ha un plànol. El rocanrol té una data de caducitat, i a partir de certa edat ja no es pot fer. Jo m’he marcat una data de jubilació. Clar que després no sé si la respectaré, perquè amb Los Sencillos mai em cansava de repetir que “mai” seria un artista amb carrera en solitari [somriu].

Jo em referia més aviat a l’estil de vida que acompanya el rock. El backstage. La mil·lèsima ressenya de revista gratuïta: “El de l’Ametlla vuelve a sus orígenes con…”. Les fotos. La ràdio. Els llepa-culs. Els haters. Els borratxos. Entenc que el Brian Wilson digués prou, i no toqués en directe en vint anys.

[riu] Es clar. El problema és el de sempre: si vols que funcioni el que ha de funcionar, has de transigir amb coses que per tu son perifèriques. I aquestes coses que fan mandra, a la vegada et permeten fer les coses que sí vols fer. Per exemple: a aquesta gira vull un escenari molt concret, amb una llum que m’il·lumini només la cara, perquè el meu cos ja el coneixeu, macho. No cal que es vegi. Ja sabeu quina és la meva panxona, i el ball de malucs… I al final de tot, llum blanca per si algú ha arribat tard i dubta de si era jo o no.

A “La teoría del hombre invisible” parles d’alguns pecats de joventut, afegint que eren “de los menos graves”. Quins serien, doncs, els greus?

Això del pecat és una merda que arrosseguem per haver crescut a un país ultracatòlic.

Quan dic pecats volia dir ensopegades. Cagades vitals.

Tothom menciona la meva carrera televisiva com a gran ensopegada, però ningú recorda que vaig arribar allà sense feina, parat i sol a L’Ametlla del Vallès, quan la indústria discogràfica s’enfonsava pel canvi de paradigma, i no tenia res. Cap futur. I de cop uns senyors em van dir: “ets bo en això. Et pagarem tant”. Mentiria si digués que vaig anar allà enganyat, però vaja, tampoc em van vendre tota la veritat. Em van oferir un format anglès que mai es va posar en pràctica aquí, perquè això no és Anglaterra. Un cop allà, quan ja havia acabat allò, vaig veure dues alternatives: me’n vaig a Gran Hermano VIP, em caso amb una madrilenya, visc en aquest mon de semi-celebritat… O torno enrere, a fer el que m’agradava de veritat, començant des de zero. Sé que vaig prendre la decisió adequada. Kiko Amat

La galàxia d’Escuela de Capataces (segons Miqui Puig):

1984; The Special AKA; La Caza; Barbour; Land-Rover; El bar de las grandes esperanzas; Madmua records; George Martin; Paco de Lucia & Camarón de la Isla; Marc Casals; Teenage Fanclub; Sobre beber Kingsley Amis; Farfisa; Edwyn Collins; Bodega Rafel; Islandia Nunca Quema; Santuari de Puiggraciós; Peaky Blinders; Snoopy; “Elefants never forget”; George Orwell; Kid Creole & The Coconuts; Barry Sheene; Cock-Madrid ; Pet Shop Boys; Withnail & I; casuals; dub; Can Tuyus; Jazzateers; Brut nature; Décima Víctima; San Genaro; Echo & The Bunnymen; llonguet; Ciudad Jardín; Perros de Paja; XTC; Maida Vale; Discos Juandó; Genestacio de la Vega; Buddy Holly; Modern soul; Aglio e Olio; David Bowie; Porsche Carrera; Paninaro boys; LAV family; Al Jackson; Tocar el dos d’Infinivi; Bo Diddley; La taverna d’en Grivé; Carlos Berlanga; Old Wave New Wave Club; Francisco Garcia Hortelano; foulards; Las afueras; Robert Elms; Golpes Bajos; Bultaco Streaker I; The Jazz Butcher; marihuana; brogues; Otis Clay; The Sartorialist; 12 strings; Santa María del Paramo; Synare drums; Gin Nut.

(Aquesta entrevista es va publicar originalment a la revista Enderrock)

Kiko Amat y JAIME URRUTIA (Gabinete Caligari): la charla sin cortar

De lo que se come se cría, dicen, y nada (en el pop) surge de debajo de una seta. Jaime Urrutia, líder de Gabinete Caligari y compositor de sus hits, nos lanza las pistas de su arte en un libro, Canciones para enmarcar (Larousse, 2014), que es una carta de amor al rock’n’roll, al punk y la nueva ola; pero también a los tangos y los pasodobles.

UrrutiaAllí está. Jaime Urrutia. La cara más reconocible del pop español de los 80, y autor de algunos de sus éxitos más populares. Cuando yo hice la mili en 1990, “La culpa fue del cha-cha-chá” de Gabinete Caligari era la canción. Sonaba en todas partes, pegadiza como la electricidad estática. Pero no estamos aquí para hablar de ella, sino para excavar en el cancionero que sentó los cimientos del músico.
Cuando yo llego al bar, un mesón cerca de Las Ventas, Urrutia ya está allí, tomando una cerveza en la terraza y ojeando su libro. Va muy tapado para el tiempo que hace, con camisa, jersey y americana. “Estos cambios de tiempo me dejan hecho polvo”, me suelta, cuando me siento. Su cara, llena de rasgos exagerados, una faz goyesca, continúa igual; aunque los elementos han hecho cierta mella en ella. Y entonces está la voz. Aquella voz.
En el libro citas a Rocío Jurado, quien dijo de Camarón: “este chico tiene un viejo en la tripa”. Pero tu voz es muy inusual, también. La voz más reconocible de la nueva ola española, casi.
Cuando empezamos todos en la Movida, cuando estaba yo en Ejecutivos Agresivos (mi primera banda), nadie quería cantar. Yo no sabía cantar particularmente. De pequeño estaba en el coro del colegio, sabía entonar y afinar, pero me daba mucho corte eso de ser el frontman. Yo componía y me gustaba ser guitarrista, y ya está. Lo que yo quería ser era guitarrista rítmico como Sabino Méndez en Los Trogloditas, que también componía, y estar en un segundo plano escénico. Lo de cantar vino por necesidad. Ferni y mis amigos de Gabinete no cantaban. Al final, cuando empecé a componer ya dije que quería cantarlas yo, porque cuando compones algo tú eres quien mejor sabe de qué va. No me quedó mas remedio que aprender. No soy un cantante al uso. Me influyó mucho Ian Curtis en Joy Division, aquella voz tan grave. Mi tono natural es parecido. También me gustaba mucho Jim Morrison. Y al empezar a hacer canciones oscuras y siniestras les pegaba aquel tono Ian Curtis. [canta con voz gutural] “Golpes, golpes, dónde están tus golpes…”. Yo aprendí a cantar en los escenarios, vaya. Nunca he ido a clases de canto ni me ha interesado, pero el cuerpo humano es muy sabio, tu propia fisionomía va aprendiendo. Ahora creo que ya sé cómo funciona.
Lo importante, en cualquier caso, es que sea reconocible, ¿no? O sea, hablamos de rock’n’roll. No pasa nada si uno desafina un poco.
A mí me gusta eso. Hay gente que odia mi voz. Es como la de Bunbury; no deja a nadie indiferente. Eduardo Haro Ibars, que era muy amigo mío, me decía: “si quieres meterte en un grupo de rock tienes que tener personalidad y distinguirte”. Gabinete y mi voz son algo identificable.
Hay un capítulo en tu libro sobre Malevaje y los tangos. Me intriga, porque yo he intentado realizar el paso de que me gusten, y resultó imposible. Me resulta un lenguaje extraño. Pero las letras sí me chiflan. Citas aquella de “me revienta tu presencia / pagaría por no verte”.
[continúa cantando la letra] “Hasta el nombre te has cambiado / Como cambiaste de suerte / Ya no sós ni Margarita / Ahora te llaman Margot”. Qué bonito.
En el libro esa canción te sirve de excusa para hablar de rupturas y desengaños amorosos.
Sí. En la época de Gabinete tuve un desengaño amoroso muy fuerte. Era el 1986, cuando ya teníamos cierto éxito. Todo el disco de Camino Soria está dedicado a esa ruptura. Estaba realmente jodido. Me dejó una chica con la que llevaba cuatro años. Toca en algún disco de Gabinete, era la hermana del bajista de Derribos Arias. Me dejó porque se dedicaba a la ópera, y cada vez que aparecía en TV tocando teclas con nosotros su padre le echaba la bronca. Finalmente decidió que me tenía que dejar. El desamor es lo mejor para escribir canciones. Yo viví una experiencia muy rara: el grupo triunfaba, teníamos 80 bolos, vendíamos 100.000 discos, pero por dentro yo llevaba todo eso. Al componer canciones de desamor me venían baladas de los Beatles, o de los Stones, me venían blueses. Está la canción “La sangre de tu tristeza”, que está inspirada en el Buenos días tristeza de Francoise Sagan. Es un disco conceptual, Camino Soria. Las mejores canciones salen de la desgracia.
Nick Hornby se preguntaba en Alta fidelidad: “¿Qué fue primero: La música o la tristeza? ¿Escuchaba música pop porque estaba triste? ¿O estaba triste porque escuchaba música pop?”.
Es el huevo o la gallina [ríe]. Hombre, imagino que lo primero es la melancolía del hombre. Antes de tener instrumentos, el ser primitivo sentiría ya esa sensación de abandono cuando le dejaba una mujer, supongo. El amor es lo que mueve el 90% de las buenas canciones. Y de las malas también.
¿Las circunstancias oprobiosas que rodean a un disco le amargan el disfrute del mismo al artista? ¿Piensas en Camino Soria y recuerdas el dolor?
Pienso solo en la alegría. El dolor se quedó en aquellas canciones. Solo queda una pequeña cicatriz. El tiempo pasa, y que le den por culo a aquella chica [ríe]. La vida ha evolucionado y tengo a otra chica que me quiere ahora. No, el disco aquel ayudó a limpiar la herida.
Hablas de tauromaquia en el capítulo sobre Antonio Molina y “Yo quiero ser mataor”…
Yo soy aficionado a los toros, y he sufrido ataques acojonantes a mi Facebook. Los antitaurinos pueden ser muy violentos. En los ochenta el tema no estaba tan jodido como ahora. Yo voy con mis amigos y soy aficionado, pero tampoco quiero hablar demasiado de ello. Mi padre era escritor y crítico taurino en Madrid, un periódico que cerró Franco por aquella editorial de “Retirarse a tiempo”. Mi abuelo por parte de madre fue empresario de la plaza de toros de Málaga. Mi padre ganó la guerra con los Nacionales, no era nada izquierdoso, iba a misa y era muy cristiano. En mi casa, en lugar de “niños, al cine” era “niños, a los toros”. Mi padre tenía siempre entradas, que le enviaban los matadores.
¿Lo recuerdas con terror o con excitación?
Con excitación. Lo escribí una vez en El País y volvieron a atacarme el Facebook [pone cara de resignación estoica]. Me alucinaba el espectáculo en general. Piensa en que fui allí con 7 o 8 años. Me gustaba cómo iba vestido el torero, el ambiente de la plaza… Pero (y esto es la razón por la que me atacaron) entonces no sentía dolor por el toro. Mira por dónde que ahora sí lo siento más. El domingo pasado fui a los toros, y toda la parte en que el toro vomita sangre… Te lo juro, no me gustó. Pero en mi casa se respiraba ambiente taurino, eso es indiscutible. Recuerdo una vez en que vino a casa Antonio Bienvenida, que era un torero famosísimo, y mi padre le entrevistó. Durante una época lo dejé bastante. En la época de los grupos llevé alguna vez a mis amigos, pero nunca he sido abanderado del tema. Cuando Patricia Godes dijo que Gabinete hacíamos “rock torero” me gustó, ayudó a etiquetar al grupo. En mi casa había discos de pasodobles taurinos, y me gustaba mucho el sonido, yo jugaba a torear en casa. El pasodoble no va solo de toros, y son maravillosos, se aprende mucho de ellos.
obedienciaGabinete siempre han estado fascinados por la IIª Guerra Mundial, y vuelves a hablar de ello en el capítulo de “Lili Marlen”.
Me sigue fascinando. Lo digo en el libro, una de las razones de esa fascinación es la cercanía en el tiempo. Yo soy del 58, y la guerra terminó en el 45. Son solo 13 años de diferencia, un poco más y me veo allí metido en la mierda. Es el holocausto y son los nazis, claro. Recuerdo que a clase de religión el cura trajo un libro del holocausto, y me impresionó mucho. Tenía 12 años, pero me duró hasta el día de hoy. Es algo muy fuerte y muy dramático. Los nazis, con su poderío y forma de vestirse, esa forma de dar miedo a la gente…
La teatralidad. Todo estaba muy estudiado desde un punto de vista escénico; piensa en los montajes de Goebbels.
Sí, era la parafernalia. Cuando empezamos Gabinete nos fijábamos en Warsaw, de Joy Division, que incluso se habían llegado a llamar así. Y usaban imágenes de nazis, cosas de ese tipo. El nombre Joy Division hace referencia a la “división de la alegría”, las putas de los campos nazis. Era un tema tétrico que nos iba bien al comienzo del grupo. Nuestra canción “Tren especial” hablaba de los campos. ¿Tú también eres aficionado?
Sí. Me interesa mucho la caída, la vuelta a la realidad, el shock del final. Aquellos hombres creían que el Reich iba a durar mil años, literalmente. Y de repente su visión del mundo quedó borrada de la faz de la tierra.
Sí. Es muy fuerte. El otro día un periódico digital hablaba de la ciudad que quería construir Hitler.
Germania.
Sí. Efectivamente. Germania. Claro, nosotros no hemos vivido la guerra. Esto que vivimos es una mierda, pero no es aquello.
Sí, somos algo menos viriles, creo yo.
[carcajada] Cierto. Lo vivieron nuestros abuelos y padres. Mi padre estuvo preso, y escribió un libro sobre el tema.
Los primeros Gabinete usaban bastante parafernalia militar. Lo que os ocasionó más de un problema, como es bien sabido.
Bueno, la cosa venía de los Sex Pistols y los punks, con sus cruces gamadas, los Clash llevaban ropa paramilitar…
Incluso Keith Moon y Vivien Stanshall se habían vestido de oficiales de las SS. Los muy colgaos.
Sí, y también Brian Jones de los Rolling Stones. De hecho, utilizamos esa imagen en el “Obediencia” de Gabinete. Era porque la estética era bonita y acojonante. Y en aquella época tenías que epatar. Por eso dije aquello de “Hola, somos Gabinete Caligari y somos nazis”.
¿No era “y somos fascistas”?
Eso, fascistas. No dije nazis. Eso fue en el 81. En aquella época estábamos en plena transición, todo el mundo iba de colega y del PSOE y de que nadie había sido fascista. Y nosotros queríamos epatar. Eduardo Benavente lo hacía más por la vía del sadomaso, y nosotros lo hacíamos por lo cultural e histórico. Nos costó muchos disgustos. Tuvimos amenazas de ETA en el País Vasco. En Andoain, Guipúzcoa, nos llegó a avisar el alcalde del pueblo. El Egin nos llamó fascistas también, cuando ya hacía ocho años que habíamos dicho la frase epatante. Mis amigos me dijeron que me había pasado un poco, pero yo me había tomado dos güisquis, era el primer concierto de Gabinete, en el Rock-Ola… Yo qué sé. Son pecados de juventud. Me arrepiento.
En el capítulo sobre los Ramones dices una frase que encuentro encomiable, pero que me descolocó un poco. Afirmas: “yo soy y me considero punk, y siempre lo diré”. ¿Que querías decir por “punk”?
Viene un poco a cuento de lo que decíamos antes, del “Hola, Somos Gabinete Caligari y somos fascistas”. Es mi generación. Yo soy del 58, y tenía 20 años en el 1978. Pistols, Ramones, Clash… Son la música de mi generación. Como grupo, Gabinete nunca fuimos punkis, hicimos algo más personal. Pero me considero de esa época y soy punk y pienso como un punk, aún hoy.
¿En cuanto a rechazo al sistema establecido, quieres decir?
Sí, en rechazo al sistema, efectivamente. Aunque eso siempre lo ha hecho el rock de toda la vida. Lennon era un punk también. El rock tiene ese punto de rebeldía, y de rechazar las normas y al establishment. Te rebelas contra lo que te echen. Ahora lo veo todo más dulcificado.
Gabinete usabais un tipo de ironía muy particular, pero como teníais cara de serios todo el mundo se tomaba al pie de la letra lo que decíais.
Eso es cierto. Algunos periodistas se asustaban con nosotros, nos decían “pero sonríe un poco en las fotos”. Pero nosotros no sonreímos. Los tres, de pura casualidad, éramos de gesto serio. No sabíamos sonreír. Nuestras letras del principio eran muy serias: “Obediencia”, “Por qué perdimos Berlín”… Pero entonces vino la mili, y yo pasé de escuchar aquellos grupos modernos del Rock-Ola a Los Chichos, y rumbita, y música española. Aquello fue fundamental. Nos dimos cuenta de que había otro mundo fuera del Rock-Ola. “Al calor del amor en un bar” éramos nosotros decidiéndonos a hablar de lo que hacíamos realmente todo el día, que era estar en bares. Y además contarlo en plan festivo. “Caray” está dedicada a Elvis Presley, a un tío que va de chulo por la vida. En una letra puedes dar ese punto de ironía, no tanto de rollo cómico.
No, claro. Hay gente que las confunde, y de forma letal.
A mí siempre me han jodido los grupos cómicos. En los ochenta había muchos grupos que iban de graciosetes, de ja-ja y la risa, y a mí me dolía. Porque la música pop es algo muy serio. Puede incluir cierto humor, pero muchos grupos triunfaron solo haciendo bromas.
A Siniestro Total los perdonamos, ¿no?
[ríe] A Siniestro se lo perdono todo. Hay que darles de comer aparte.
GCMencionabas lo de la mili. Me interesa ese fenómeno de chavales de clase media, y que encima venían del elitismo de la Movida, que de golpe se topan con todos aquellos reclutas tirando a pollinos. Y veis la luz, y os lo empezáis a pasar bien.
Nosotros nos conocimos en la universidad. Armamos Gabinete en el 81, el disco empieza a sonar en Ordovás, tenemos cierto éxito… Entonces decidimos cancelar las prórrogas por estudios e irnos los tres a la mili. A la vez. Porque ya veíamos que el futuro iba a ser Gabinete Caligari, y queríamos sacarnos la puta mili de en medio. La mili rompía muchos grupos. Tenías 18 años y te llegaba la carta aquella que te ordenaba ir a “tallarte”. Y en tres meses te enviaban 18 meses fuera de casa. Grandes grupos de rock de aquí quedaron destruidos por eso, pero Gabinete fuimos muy listos. Con dos cojones, fuimos a la mili, sacamos “Obediencia” para que no se perdiese el interés, y seguimos con nuestra carrera. Ferni, por cierto, se libró por excedente de cupo, y él se quedó a dirigir la operación, llevar Tres Cipreses, organizar las entrevistas… Yo tuve peor suerte, porque me destinaron a un pueblo, sin pase de pernocta, y estuve más jodido. Pero allí nos encontramos a los pollinos (con todos mis respetos). Incluso alguno me jodía porque sabía que yo había estado en un grupo de rock. Pero la radio estaba conectada todo el día, y escuchaba sin parar la radiofórmula, el soniquete, y eso me abrió las miras para poder hacer “Sangre española”, por ejemplo.
Tu libro está lleno de canciones de infancia y adolescencia. Parece que das la razón a la vieja teoría de Billy Childish: “lo que te gusta a los 17, es lo que realmente te gusta”.
Es cierto. Mucha gente me dirá que no hay nada moderno en el libro. Todo son cosas de mi juventud. Son las que marcaron mi vida. Lo moderno ya no me marca, tengo la piel demasiado curtida. Esa corteza impide que me impresionen ya ciertas cosas. En cambio a los 17 te impresiona todo.
Hablando de los 17. De muy jovenzuelos tuvisteis una etapa medio mod, ¿no? “Mari Pili”, aquel ska bullanguero que sacasteis con Ejecutivos Agresivos, era un hit en los bares de mi pueblo.
En el 81 fue casi canción del verano, y mira que estaba mal grabada. Era de Poch. Lo mod nos venía de que yo era muy fan de los Kinks, que no eran mods tan descarados como los Who. Pero tenían su filosofía inglesa y dandi. Y en Madrid fue por el estreno de Quadrophenia y The Kids are Alright. Ya había pasado el punk, pero aquello fue un subidón. Los Ejecutivos pillamos la pasión por el R&B de los sesenta, los Kinks, incluso Beatles y Rolling Stones. Un pre-grupo de Gabinete se llamó Los Dandies, por el “Dandy” de los Kinks. En tres años pasó de todo. Nos pilló a los veinte, había modas cada mes. No había mucha información, no era como ahora.
Creo que eso era bueno para la creación musical. Tenías una pizca de información, y el resto lo rellenabas a fuerza de imaginación.
Sí, había mucha ilusión por hacer cosas. Imaginarte tu grupo en plan infantil, todo eso. No sé si ahora hay sobredosis de la información, como cantaban P.I.L. en 1988.
ejecutivos-agresivosHabía una época en que todo el mundo parecía mod, en Madrid. Uno de La Unión era mod. Todo Dios se apuntó al rollo.
[ilusionado] ¡Mario, el guitarrista de La Unión! Es verdad. Éramos una pandilla bastante numerosa. Yo no llegué ni a tener parka, pero iba con mi chaquetilla y mi corbata. El grupo más mod de Madrid eran Los Elegantes, cuando tenían al Chicarrón de cantante. Duró muy poco, pero eran noches de soul y anfetas en el Rock-Ola, y estar por ahí a las doce de la mañana con la mandíbula hecha polvo.
¿Qué anfetas tomabais?
Minilip. Bustaid se encontraba menos. Y alguna Dexedrina, de vez en cuando. Unas cápsulas con bolitas. El Minilip era una pastillita blanca. Te digo una cosa: la única vez que me he querido suicidar en mi puta vida fue durante un bajón de anfetas. No las he vuelto a probar. Me pasé tres días sin dormir, cagüen Dios.
Un momento interesante de Gabinete es cuando pasáis de querer ser The Jam a querer ser Joy Division.
Una persona clave en la historia de Gabinete fue Eduardo Benavente. Él había hecho un casting con los Pegamoides, cuando “Bailando”. Pegamoides tuvieron éxito y empezaron a ir a Londres y de allí traían discos, él, Ana Curra, Nacho Canut… Eran los modernos, vaya. Eduardo nos contó quién eran Theatre Of Hate, The Cure, Siouxsie & The Banshees, Joy Division, traía videos que mirábamos en su casa… Era todo muy básico. Los tres vimos el camino claro. Gracias a él grabamos el primer single, compartido con su grupo, Parálisis Permanente. Nos lo sacamos nosotros. Pedimos ayuda familiar, y allí empezó todo.
En aquella época los grupos eran inequívocamente de aquí. Escuchaban cosas inglesas, y las adaptaban a su madrileñez, o barcelonidad, o lo que fuese. Creo que eso es menos frecuente, hoy en día. Por mucho que me gusten, los grupos actuales pueden ser de aquí o de Nueva Zelanda.
Esa fue nuestra grandeza, creo yo. Nosotros no queríamos ser ni Los Secretos, ni Alaska, queríamos tener nuestra propia personalidad. Me gustaban Los Nikis, o Siniestro, o Parálisis, pero nosotros íbamos a la nuestra. Queríamos ser arriesgados. Yo aluciné cuando descubrí que Los Planetas eran fans de Gabinete, les conocí y me cayeron de puta madre. A ver, yo entiendo que en el 92 y 93 llegó una nueva generación, harta de la Movida, que ya nos tenía muy vistos. Lo único que me jodió a mí es que los indies no cantaran en castellano. No sé, habíamos abierto un camino. Es más fácil escribir una canción en inglés, el suyo es un idioma más flexible, palabras más cortas, exclamaciones… El rock’n’roll es suyo. El castellano es más complicado, pero nosotros abrimos una vía. Bueno, Los Brincos y Los Salvajes antes que nosotros. Y Burning.
En vuestra época de mayor éxito os debisteis pegar unos buenos juergones. Bueno, seguro: lo he leído en vuestra biografía. Cuéntanos alguna, anda.
Cada uno de los tres tenía su personalidad. Yo era el más pasota, porque sabía que tenía que cantar. Fermi no le pegaba a las drogas. En Buenos Aires sí hicimos bastantes más barrabasadas. La farlopa era muy barata, y pasamos unos días enloquecidos. A la vuelta, Ferni se acojonó un poco. Y me quedé yo solo como niño malo [carcajada] La farlopa es una droga muy mala para salir a un escenario. Te deja muy rígido, para cantar y para todo.
Quizás te da el arrojo, eso sí.
Eso. Te da el arrojo, pero luego te deja agarrotado. No fuimos un grupo de grandes orgías. Una de las gordas aparece en la biografía. Fue en un pueblo de Segovia, donde los lugareños nos estuvieron todo el día invitando a whisky Dyc y llevándonos a hombros, y yo acabé en calzoncillos en un balcón, haciendo como que toreaba con las cortinas que había arrancado del comedor [risas].
Entrevistando a Manolo García hace unos meses me dejó muy clara su postura respecto a la publicidad, que era muy perniciosa para un grupo. Pero Gabinete, en cambio, nunca tuvieron esos reparos.
Te cuento. Un día tocamos Gabinete y El Último de la Fila en una plaza de toros de Marbella, creo que era, parte de unos conciertos llamados La Noche Rosa [fue en Fuengirola, el año 1988]. Gabinete íbamos patrocinados por Coca-Cola, que incluía unas pancartas con su promoción del verano en la PA a cambio de financiarnos la gira. Gabinete salimos allí primero, con nuestra publicidad de Coca-Cola, y luego Manolo García apareció y dijo algo así como que “nosotros no necesitamos ninguna bebida gaseosa para estar aquí con vosotros”. Yo me enteré, fui hacia él en el camerino cuando terminó el concierto, y le dije: “mira, tío, yo te respeto mucho pero dedícate a tu vida y no me eches al público encima”. A mí me parece muy bien que tú no quieras hacer publicidad, pero nosotros nos lo tomábamos con otra filosofía. Santiago Auserón me dijo lo mismo: que Radio Futura eran auténticos porque no hacían publicidad. Yo pensaba tan solo que la publicidad te podía hacer llegar a más gente. La opinión de Manolo es muy respetable, pero cada uno tiene una forma de ver su carrera.
En la biografía, Ferni dice una frase de ti que me parece muy graciosa y entrañable: “Jaime no lo entenderá porque creo que desde 1982 no cambia ni de peluquero”.
Eso viene de cuando ellos empezaron a escuchar a Nirvana. Se dejaron el pelo muy largo, y querían que tomáramos un rumbo más indie. Y a mí me parecía muy bien, pero yo no cambié de peinado ni de estilo. Cuando dijo aquello era al poco de separarnos, y había un poco de confrontación. Eso era un poco de despecho.
Bueno, yo lo tomé como un elogio. Me gusta la gente que no cambia.
Yo respondo a mis propios criterios. No voy a dejarme el pelo por los hombros. Soy un tío más clásico. Uno tiene que ser un poco fiel a tus principios.

Kiko Amat

(Esta es la versión pura y sin cortes de la charla que mantuvimos con Jaime Urrutia para el suplemento Babelia de El País del 19 de noviembre del 2014. Hoy me he acordado de que nunca la llegamos a colgar y aquí está, en toda su lozanía. La foto inicial la tomó Álvaro García para Babelia)

Lo fundamental: 10 discos que hicieron a Brighton 64

Kiko Amat recibe en el salón de su casa a Albert y Ricky Gil, hermanos fundadores y co-líderes del extraordinario grupo pop/mod de los ochenta Brighton 64. Allí se habla de los discos que alumbraron su camino, pero también de pantalones pitillo blancos, de Manolo García recomendándoles que no tocasen en directo aún, de versionear 6 canciones del mismo álbum de los Kinks y de melancolía incurable.

Brighton-64+Amat-web1) THE WHO Who’s Next (Polydor, 1971)
RICKY: Fuimos al Cine Maldá cuando pasaban The Kids are alright, el documental. Era sesión continua, y entramos a la mitad, cuando tocaban “Won’t get fooled again”. Nos quedamos flipados. Solo conocíamos a los Who de oídas.
ALBERT: Entramos en su etapa más rockera, la de los 70’s. Nos encantó, y fuimos a la inversa, descubriendo lo antiguo. Y a través de ellos, por una entrevista a Pete Townshend, conocimos a los Jam. Ibas tirando del hilo.
2) THE KINKS The Kinks (Pye, 1964)
RICKY: Este es el primer disco que compramos de ellos. En nuestra primera época llegamos a tocar hasta seis canciones del álbum.
ALBERT: Pero no éramos un grupo mimético. No intentábamos sonar como los Kinks. Nuestro referente eran los Jam: un grupo moderno, con sonido actual, que remitía más al punk que a los sesenta. Brighton 64 siempre han tenido un componente melancólico. En “Barcelona blues” ya hacíamos referencia a una Barcelona que estaba a punto de desaparecer. Es un estado de ánimo, como un deja vu extraño. Una melancolía por cosas que no te han pasado. Siempre hacíamos un flash forward.
3) CHUCK BERRY After School Sessions / One Dozen Berrys (Chess, 1957)
ALBERT: Esto fue nuestro gran descubrimiento musical: la relación de acordes del R&B. Escuchábamos una armonía que nos gustaba, buscábamos quién la hacía, y de los Rolling Stones pasamos al maestro. En aquella época solo existían seis álbumes editados en España, pero nosotros teníamos veintitantos (risas). El hawaiano, el cantado en castellano, el directo en el Fillmore… Mucha gente cree que conoce a Berry, pero las mejores suelen ser desconocidas, como “Brown eyed handsome man”.
4) THE JAM In The City (Polydor, 1977)
ALBERT: Setting Sons fue un disco que nos desorientó mucho, era muy oscuro. Entonces tiramos hasta In The City, y vimos que encima eran… ¡punks con traje! Los Jam hacían música para su momento, algo que creo que han perdido los mods de hoy. Como creador, el mimetismo nunca me ha interesado. Aquí se ve la influencia de Wilko Johnson, de Dr. Feelgood, en esas guitarras tan duras.
5) VV.AA. 20 Mod Classics (Tamla Motown, 1982)
RICKY: Este me lo compré en Londres. Por la portada, obviamente (risas). El segundo volumen llevaba una bandera inglesa. Antes había escuchado algo de Tamla Motown, pero no mucho. Estos veinte temas fueron una introducción acelerada.
ALBERT: Fue el segundo paso en pos de la música negra. El primero había sido aquella cara de Quadrophenia, que nos abrió al mundo del soul. Los Who son el pivote, lo que abrió todos los puentes. Veías el “Heat wave” y te decías: “Esta la hacen los Who. Y también los Jam. ¡Vamos bien!” (risas). Las grandes bandas hacen proselitismo al mostrar sus influencias.
6) THE PAUL COLLINS BEAT The Paul Collins Beat (CBS, 1979)
RICKY: Esto es un ejemplo de música comercial de la época. Junto con The Knack o The Romantics sonaban en todas partes. The Beat nos gustan también por razones personales: con el tiempo conocimos a Paul Collins y nos hicimos amigos.
ALBERT: Es chulo conocer a un tipo que ha sido un tótem, y que encima sea majo. Porque a menudo conoces a gente que admiras, y en mala hora… (risas). En este disco Collins estaba iluminado. Canciones en apariencia simples, pero con una fuerza… Se podría haber guardado la mitad de canciones e ir sacándolas con los años. Es una lección magistral. Imagino que él sabe que este disco es una obra de arte. Debe ser frustrante que haya trascendido tan poco.
7) LOS RÁPIDOS Los Rápidos (EMI, 1981)
RICKY: Cuando acabábamos de empezar recibimos la histórica visita de Manolo García y José Luis Pérez de Los Rápidos a nuestro local de ensayo. Manolo nos soltó la legendaria frase: “Muy bien chicos, yo creo que en un par de años empezareis a sonar un poquito”. Lo que pensamos fue: “¿Un par de años?” (risas). Nosotros queríamos tocar YA, teníamos mucha prisa. Luego fuimos a su local y nos quedamos de piedra. Tocaban muy bien.
8) PISTONES Persecución (MR, 1983)
ALBERT: Para mí todos estos grupos eran tan importantes como los Jam. Era música cantada en castellano, como la nuestra. Rechazábamos la música española de los 60’s, grupos que nos parecían de verbena como Los Sírex. De hecho, los veíamos en verbenas de verdad (ríe). Nos sonaban añejos, pero añejo franquista. Teníamos que rechazar lo que había detrás, y aliarnos a los referentes modernos.
9) THE BARRACUDAS Drop Out (Voxx, 1981)
RICKY: Nos dieron sonido y look. Encontramos camisetas de rugby y pantalones de pitillo blancos, y son los que nos pusimos en La casa de la bomba. Habíamos ido mucho de traje completo, oscuro, corbatas, como en “Fotos del ayer”.
ALBERT: Dejamos de ir ultra-mods para ir de un rollo más pop-art. Barracudas fueron la influencia principal en “La casa de la bomba”: surf-pop, coros, órgano, guitarras ácidas…
10) THE FLESHTONES “American Beat” (maxi IRS, 1984)
ALBERT: Esto abrió la puerta al soul, al garage… Lo de salir por la puerta tocando los instrumentos ahora ya lo hemos visto cuarenta veces, pero la primera vez que lo vimos, en 1985… Mira, se me ha puesto la piel de gallina (risas). Me recuerdan a Sex Museum, en el sentido que hacen lo suyo mientras el mundo va cambiando. Son como esa camiseta que te compraste en 1982 y un día en que te ves más delgado te vuelves a poner. Hay que tener paciencia, porque el mundo gira y gira, y las modas vuelven y vuelven.

6 imprescindibles del pop-mod español 1982-1990
1) BRIGHTON 64 Fotos del ayer (1982-1987) (BCore 2014): Podrían ustedes ir de safari vinílico para cazar todos los singles y maxis, pero esta flamante recopilación les ahorrará el faenón. Aquí está, simplemente, lo mejor de Brighton 64. Todos sus éxitos, evoluciones y avances, incluyendo caras B sublimes y oscuras favoritas. Todo ello envuelto en cegador portadón, con bonita hoja interior y lujoso fanzine repleto de textos (Alex Cooper, Miqui Otero y otros).
2) LOS CANGUROS Un salto adelante (1986-1990) (BCore 2013): La banda más avanzada del modernismo patrio. Versionaban a The Cure, Pere Ubu, The Prisoners y Booker T. Sonaban a Makin’ Time, pero también a The Fall o Blue Orchids. Llevaban Farfisa, pero no producía notas ye-yé. Eran oscuros y fatalistas e inexplicablemente maduros. Uno de los grupos más idiosincrásicos y celebrables de esta cosa nuestra.
3) LOS NEGATIVOS Piknik Caleidoscópico (Victoria, 1986): El mejor disco de pop psicodélico español de todos los tiempos. Sin más. Las mejores canciones, letras, portada y trapitos. Los Negativos fueron el único grupo sin mácula de todo este asunto, y en 1986 parecían incapaces de equivocarse. Su debut, un trabajo artesanal de puro amor al pop, sigue sin ser superado veintitantos años después.
4) LOS FLECHAZOS Viviendo en la era pop (DRO, 1988): Los Flechazos demostraron, por vez primera, que un grupo podía llevar lo mod de bastión y vender un aluvión de copias. Un monumento a la pasión por cosas relucientes y añejas, y su disco más cándido, menos forzado, más teenager y bullanguero (incluye garage, surf, power pop, instrumentales en plan The Roulettes…). La evolución lógica de los Brighton 64 era esto.
5) KAMENBERT Soul nights (DRO, 1987): No tiene mucho soul, la verdad, pero es uno de los mejores álbumes europeos de pop-con-trompetas al modo 1987. Todas las canciones son excelentes, y podrían haber sido tan grandes como, qué se yo, Los Ronaldos o Los Romeos. No lo fueron en absoluto, pero aún se echa de menos su gracia, su emoción, su trío de cantantes femeninas, tan nueva ola, todas sus felices cancionazas. Incomprensiblemente, jamás ha sido reeditado.
6) LOS SENCILLOS De placer (BMG/Ariola 1990): Los mods les abandonaron y les llamaron cosas que terminan en -ones, pero De placer es un disco a la altura de los cinco anteriores. Es casi una recopilación de singles, con 11 éxitos potencialmente radiables. Los Sencillos no se harían mega hasta “Bonito es”, pero este es el que ocupa más lugar en ciertos corazoncitos.

(Esta pieza nos la encargaron en Rolling Stone hace unos meses. Al poco de publicarse, la amable chica que nos lo había encargado cesó o fue cesada. Esperemos que no fuese por nuestra culpa. La foto como-pedro-por-mi-casa es de Carles Rodríguez)