Cosas Que Leo #121: THE ASSASSINATION OF JESSE JAMES BY THE COWARD ROBERT FORD, Ron Hansen

“Frank was a solemn sentinel on the southern ridge, big as a park bronze of the honored dead, two inches taller than most of his men and majestic with confidence and dignity and legend. Bob Ford heaved rock and yanked the horses to creek water and stirred the camp fire out, and each time he passed Frank James he said “Hello” or “How do you do?” until Dick Liddil indicated the robbers crossed paths with each other many times in the course of an evening to-do and Frank considered it silly to even once exchange pleasantries”.

The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford

RON HANSEN

Harper Perennial 2020 (publicado originalmente en 1983)

304 págs.

Cosas Que Leo #82: BUTCHER’S CROSSING, John Williams

“But as the pain from his body increased, his mind seemed to detach itself from the pain, to rise above it, so that he could see himself and Miller more clearly than he had before. During the last hour of the stand he came to see Miller as a mechanism, an automaton, moved by the moving herd; and he came to see Miller’s destruction of the buffalo, not as a lust for blood or a lust for the hides or a lust for what the hides would bring, or even the blind lust of fury that toiled darkly within him -he came to see that destruction as a cold, mindless response to the life in which Miller had immersed himself. And he looked upon himself crawling dumbly after Miller upon the flat bed of the valley, picking up the empty cartridges that he spent, tugging the water keg, husbanding the rifle, cleaning it, offering it to Miller when he needed it -he looked upon himself, and did not know who he was, or where he went.

Miller’s rifle cracked; a young cow, hardly more than a calf, stumbled, got to its feet, and ran erratically out of the circling herd.

‘Damn it,’ Miller said without emotion. ‘A leg shot. That will do it’.”

Butcher’s Crossing

JOHN WILLIAMS

Vintage Classics 2014 (publicado originalmente en 1971)

326 págs.

Cosas Que Leo #40: A LO LEJOS, Hernán Díaz

A lo lejos Díaz

«Cuando no andaba buscando comida o atendiendo las heridas de Asa, Håkan se enfrascaba en la fabricación de un par de muletas y diferentes tipos de tablillas, tallando, cosiendo y pegando toda clase de materiales. Con el tiempo, Asa volvió a cocinar. Necesitaban aprovisionarse de carne curada y conservas para su viaje a los cañones desiertos.

-Los cañones son nuestra única esperanza -repetía Asa al final de cada jornada-. Demasiados días escondidos aquí. No conseguiremos dejarlos atrás. Pero quizá podamos despistarlos.

Una noche, al cabo de muchas dudas, y sintiéndose estúpido por haber esperado tanto, Håkan preguntó:

– ¿Qué es un cañón?

-Nunca he estado allí -respondió Asa-. Dicen que es un paraje sin igual. Como una pesadilla. Túneles rojos excavador por ríos que desaparecieron hace mucho tiempo. Como viejas cicatrices en el terreno. Muy profundas. A lo largo de leguas y leguas. Pocos entran. Menos aún salen.

Más tarde esa misma noche, mucho después de que se hubieran acostado, Håkan se despertó. Notó a Asa a su espalda dándole vueltas a la cabeza; habían sido sus pensamientos los que lo habían despertado. También notó que Asa sabía que estaba despierto.

-Ahora ya no podemos ir a California -le dijo por fin. Luego, después de una larga pausa-: Te estarán buscando. No lo lograrías. Iremos a los cañones. Esperaremos allí. -Se quedó callado un momento, como si su silencio fuera una pequeña muestra de aquella futura espera-. Luego, a San Francisco. No sé cómo, pero lo conseguiremos. -Otra pausa-. Daré con mis amigos. Ellos nos ayudarán a embarcar. -Otro silencio-. Iremos en barco a Nueva York. Allí nadie nos buscará. Estarás a salvo. Estaremos bien. -Pausa-. Y encontraremos a tu hermano.

De pronto, algo dentro de Håkan se fundió. Solo ahora que aquella bola helada se derretía y se evaporaba, se percató de que la había guardado en el pecho durante años. Solo ahora que sabía que volvería a ver a Linus -pues no cabía duda de que, con la ayuda de Asa, volvería a verlo-, sintió todo el dolor que aquella fría esquirla le había suscitado. Y comprendió que, hasta ese momento, no había tenido ninguna posibilidad de encontrar a su hermano. ¿Llegar hasta Nueva York? ¿Dar con él en aquella infinita ciudad? ¿Cómo podría haberlo logrado? El amor y el anhelo lo habían mantenido en movimiento, pero ahora, con Asa a su lado, caía en la cuenta de lo vana que había sido hasta entonces su búsqueda. Sin la ayuda de Asa se hallaba condenado al fracaso.

¿Cómo responder a sus palabras? Igual que un conjuro, habían cambiado la realidad al ser pronunciadas.»

A lo lejos

HERNÁN DÍAZ

Impedimenta, 2020 (publicado originalmente por Coffee House Press, 2017)

340 págs.

Traducción de Jon Bilbao

Tira pa’l Oeste, Pollock

Mi artículo para Babelia de El País sobre el libro que todos ustedes deberían llevarse de vacaciones (si les gustan los Westerns sangrientos). Hablo, naturalmente, de El banquete celestial, de Donald Ray Pollock. Lean aquí mis alabanzas, cantadas sobre un jamelgo al galope y entre alaridos de ¡yiiii-jaaa!