Cosas Que Leo #178: TITO ANDRÓNICO, William Shakespeare

“AARÓN Noble dama, aunque Venus gobierna tus deseos,

Saturno es el regente de los míos.

¿Qué significan mi mirada mortalmente fija,

mi silencio y mi nublada melancolía.

Mi vellón de lanudo pelo que ya se desenrula,

Como una víbora que se desenrosca

Presta a dar un golpe fatal?

No, señora, no son signos de Venus;

Llevo la venganza en el corazón, la muerte en la mano,

Y el desagravio y la sangre baten en mi cabeza.”

Tito Andrónico


Penguin Clásicos, 2016 (obra escrita originalmente entre 1588 y 1593)

Traducción de Alejandro Salas

Edición de Andreu Jaume

Cosas Que Leo #116: 1599; A YEAR IN THE LIFE OF WILLIAM SHAKESPEARE, James Shapiro

“When scholars talk about the sources of Shakespeare’s plays, they almost always mean printed books like Holinshed’s Chronicles that they themselves can read; but Shakespeare’s was an aural culture, the music of which has long faded. Lost to us are the unrecorded sounds reverberating around him -street cries of vendors, church bells, regional and foreign accents, scraps of overhead conversation, and countless bits of speech that filled the densely packed capital. Some of these made their way into Shakespeare’s writing, others impeded it, and still others were a kind of precondition for it.”

1599; a year in the life of William Shakespeare


Faber & Faber, 2005

373 págs.

**** Más proyecto Shakespeare. Flipante libro.

Cosas Que Leo #115: MACBETH, William Shakespeare

Asesino Segundo. Yo soy un hombre, Majestad, a quien los golpes viles y los insultos del mundo han irritado tanto, que no me importa lo que haga con tal de vengarme del mundo”.



Planeta, 1995 (publicado originalmente en 1623 en el First Folio, escrita hacia 1606-7)

126 págs.

Traducción de José María Valverde

**** Continúa infatigable el proyecto Shakespeare.

Cosas Que Leo #28: WILL IN THE WORLD, Stephen Greenblatt

Will Greenblatt

“The author of The Winter’s Tale was not a folk artist, and he made it clear in many ways that he was not. A sheep-shearing festival performed on the stage of the Globe as part of a sophisticated tragicomedy was not in fact a sheep-shearing festival; it was an urban fantasy of rural life, informed by knowing touches of realism but also carefully distanced from its homely roots. Shakespeare was a master of this distancing; if he had a sympathetic understanding of country customs, he also had ways of showing that they were no longer his native element. The Athenian lovers are not in fact in the woods to celebrate the May; Duke Senior bears no resemblance to Robin Hood; the queen of the sheep-shearing festival is not a shepherd’s daughter but the daughter of a king; and if an old, mad father becomes the object of murderous attack by his children, it is not in the grotesque comedy of the mummer’s play but in the sublime tragedy of King Lear. No one can stamp upon the ground and make Lear or his daughter Cordelia spring back to life. Sir Toby and Falstaff come closer to the actual way in which Lords of Misrule functioned -they do for a limited time overturn sobriety, dignity, and decorum- but Shakespeare went out of his way to depict them after their disorderly reign is over: “What, is it a time to jest and dally now?” Prince Hal shouts in a rage, throwing the bottle of sack at Falstaff (1 Henry IV, 5.3.54). “I hate a drunken rogue,” moans Sir Toby, beaten and hungover (Twelfth Night, 5.1.193-94).

But there was nothing defensive in the ways Shakespeare distanced himself, no stiff-necked insistence on his sophistication or learning, no self-conscious embrace of the urban or the courtly. He had deep roots in the country. Virtually all of his close relatives were farmers, and in his childhood he clearly spent a great deal of time in the orchards and market gardens, in the surrounding fields and woods, and in tiny rural hamlets with their traditional seasonal festivals and folk customs. When he was growing up, he seems to have taken in everything about this rustic world, and he did not subsequently seek to repudiate it or pass himself off as something other than what he was. The cultivated Elizabethan literary critic George Puttenham writes snobbishly of “boys or country fellows” who listened with delight to blind harpers and tavern minstrels singing old romances and who enjoyed the carols sung at Christmas dinners and at the old-fashioned wedding feasts known as bridales. Will was almost certainly one of those country fellows. He doesn’t seem to have been anxious about such pleasures, though he subsequently moved in circles that laughed at their rusticity. He simply took them with him to London, as his possession, to be used as much or as little as he liked.

Shakespeare was anything to indifferent to being counted as a gentleman. But his concern for his station in life, his longing for social success, and his fascination with the lives of aristocrats and monarchs did not entail the erasure of the world from which he came. (Perhaps he simply loved the world too much to give any of it up.) Instead, he used his boyhood experiences -as he used virtually all of his experiences- as an inexhaustible source of metaphor.”

Will in the world; How Shakespeare became Shakespeare


Norton, 2005 (no existe traducción al castellano)

398 págs.

**** No es una obra de Shakespeare, pero forma parte de mi Proyecto Shakespeare. Increíble biografía, de lo mejor que he leído este año. Ahora LO ENTIENDO TODO.

Cosas Que Leo #21: OTELO, William Shakespeare

Otelo Shakespeare


Antes le suplicaré que me desprecie que engañar a tan buen comandante proponiéndole un oficial tan ligero, tan dado a la bebida y tan imprudente… ¡Emborracharse! ¡Y parlotear como un loco! ¡y disputar! ¡Baladronear! ¡jurar! ¡Y discursear como un pelafustán con su propia sombra!… ¡Oh tú, espíritu invisible del vino! ¡Si careces de nombre con el que se te pueda conocer, llamémoste demonio!


¿A quién perseguíais con vuestra espada? ¿Qué os había hecho?


No lo sé.


¿Es posible?


Recuerdo un cúmulo de cosas, más nada distintamente; una querella, pero ignoro por qué… ¡Oh! ¡Que los hombres se introduzcan un enemigo en la boca para que les robe los sesos! ¡Que constituya para nosotros alegría, complacencia, júbilo y aplauso convertirnos en bestias!


Vamos, ya estáis bastante sereno. ¿Cómo os habéis restablecido tan pronto?


Plugo al diablo. Embriaguez cede el sitio al demonio de la Ira. Una imperfección me muestra a la otra, para que pueda francamente despreciarme a mí mismo.


Vamos, sois un moralista bastante severo. Considerando la hora, el lugar y la situación del país, hubiera deseado de todo corazón que esto no hubiese sucedido, pero, puesto que las cosas han pasado así, enmendadlas en provecho propio.


Le pediré de nuevo mi plaza; ¡me responderá que soy un borracho! Aunque tuviera yo tantas bocas como la hidra, semejante contestación las cerraría todas. ¡Ser hace un momento un hombre razonable, convertirse de pronto en imbécil y hallarse acto seguido hecho una bestia! ¡Oh, qué extraña cosa!… Cada copa de más es una maldición, y el ingrediente, el diablo.


Vamos, vamos, el buen vino es un buen compañero si se le trata bien. no claméis más contra él. Por cierto, buen teniente, supongo creeréis que os estimo.


¡Bien lo he experimentado, señor!… ¡Borracho yo!»


William Shakespeare

(Alianza editorial 2016; la obra original se registró como en el Register of the Stationers Company en 1621, y apareció impreso en forma de cuarto en 1622, con el título de The tragœdy of Othello, the Moore of Venice)

239 págs.

Trad. de Luis Astrana

**** Este es otro de mis proyectos de autosatisfacción (no esa). Habiendo percibido que hasta la fecha solo había leído tres obras de William Shakespeare (Hamlet, Romeo y Julieta, Coriolano) tomé hace poco la decisión de leer todas las obras mayores del autor. Decidí empezar el proyecto con Otelo (leí esta versión porque el inglés isabelino es endiabladamente complicado, por no decir obsoleto a matar, y no quería sufrir un ictus a la undécima nota al pie). Otelo es divertidísima, por cierto, toda borracheras, marañas y venganza (algunos de mis temas favoritos). Y Yago es, sin duda, uno de los grandes villanos de la literatura, un puto Born Bad, malo sin motivo, resentido hasta el tuétano y que solo vive para causar problemas. Shakespeare me f-l-i-p-a.