En pocas palabras: CAITLIN MORAN

fotonoticia_20150508172512_644¿En qué piensas cuando alguien dice la palabra Wolverhampton?
En la carretera de salida. Literalmente. A449, dirección Londres. No solo porque quería huir de allí lo antes posible cuando era joven, sino porque era la carretera que tenías que cruzar para acceder al primer club al que fui, un pub donde ponían música indie. Gracias a la brutal arquitectura urbana de los 60’s y 70’s, no había puentes ni túneles para pasar de un lado a otro. Visualiza a una niña de 15 años (ya borracha) intentando cruzar una autovía.
¿Has estado alguna vez a punto de morir por el indie rock?
Sí, pero por la priva. En los dos primeros años de mi adolescencia no entendía cómo beber. He tenido sobredosis de sidra. La primera vez que fui a un pub con la gente del Melody Maker y me preguntaron que quería, dije: sidra con soda. Pensé que sonaba más adulto que sidra sola.
Hemos pasado por varias décadas de rock’n’roll, tú y yo. ¿Cuál es tu favorita?
Los 60’s vieron innovaciones increíbles. Imagina un mundo donde un día no existía Sgt. Peppers y al siguiente sí. Pero por otro lado nadie creía que la heroína fuese mala idea. Los 70’s molan porque podrías ir a un montón de clubs y chingar, pero lo malo es que la mayoría de los tipos que te chingabas morían de sida en los ochenta (lo cual daba bastante bajón). Los 80’s son mi década: las canciones llevaban demasiados teclados y todo el mundo vestía como Tom Cruise en Top Gun (y eso daba miedo), pero en el indie, al menos, todo el mundo quería ser Robert Smith de The Cure (y eso es bueno). Los 90’s y primeros 2000 representan mi música favorita (pop/R&B como Justin Timberlake o los Neptunes), pero la ropa era nefasta.
En tus artículos, así como la novela, suelen aparecer testículos. ¿Por qué crees que los órganos reproductores masculinos son tan graciosos?
Creo que es el sitio donde están colocados. El pene puede ser noble, o temible, o poderoso. Pero justo detrás están los típicos dos compis embarazosos del pene: las bolas. ¿Sabes el típico guapo en el bar que siempre va acompañado de dos tíos bajitos y feos? Pues eso son las pelotas. Los colegas no enrollados del pito. Los coristas de la polla.
Dylan Moran dijo que los genitales masculinos tenían pinta de algo que podría colgar de la boca de un tiburón.
[carcajada] Ciertísimo. Una de las cosas más divertidas de ser madre es hinchar globos para una fiesta de cumpleaños, y unir dos globos redondos con un globo alargado. Y colgarlos. Y que tu hijo de 5 años llore sin saber muy bien por qué.
¿Cuál fue la mayor crueldad que perpetraste como crítico musical?
Cuando uno de C+C Music Factory murió de meningitis, hice una broma con su single “Gonna make you sweat”. Dije algo así como: “no sudaré tanto como cuando a David Cole le subió la temperatura y murió de meningitis”. Luego hubo otra que sentó muy mal por un malentendido. Hablando de “Cannonball” de las Breeders, dije que Kim Deal tenía unas pantorrillas enormes. Quería ser un piropo, que eran muy musculares y todo eso, pero ella creyó que estaba criticando sus piernas fofas. Se mosqueó, especialmente porque por aquel entonces yo estaba bastante rechoncha. Allí empecé a pensar que quizás debería leer un poco más sobre feminismo.

¿Quién es el crítico musical más insufrible que existe? ¿Greil Marcus o Nick Kent?
Ambos. Me encanta reírme de los niños que toman el rock demasiado en serio. Es bueno que hayan encontrado un hobby que no implica asesinar personas y que los mantiene fuera de las calles, Dios los bendiga.
¿Qué rockstar te ha caído peor?
Lo bueno de haber sido una niña pequeña que entrevistaba a grupos era que casi nadie se comportaba conmigo como un cabrón. Si eres un supergrupo de estadios que se acaba de inyectar heroína, y de repente entra una chavala de 16 años de Wolverthampton con los ojos como platos y un acento espantoso, lo más posible es que seas muy simpático con ella. Quizás por temor a su madre. El más borde fue Clint Mansell, de Pop Will Eat Itself, pero en aquel caso fue todo culpa mía. Cancelé una entrevista por teléfono cuando ellos ya habían acudido a la cita, pues tenía una terrible infección de orina. Le dije a Clint Mansell que viniese a mi casa, y le entrevisté desde la cama, en bata y tomando medicamentos. El tío no fue muy simpático. Nadie quiere que su gran entrevista se la haga una niña que todo el rato dice “¡Me duele al hacer pipí!”.
¿Y quién ha sido el más majo?
Mark Eitzel, de American Music Club. En mi primer Glastonbury me hice un tajo en el pie e iba por ahí cojeando, y vino Eitzel y me vertió un poco de su whisky en la herida para esterilizarla. Kirsty McColl vino a casa y estuvimos cantando canciones, y luego vomité encima suyo, y no se enfadó. A Shirley Manson de Garbage la entrevisté estando yo con gripe, y ella decidió que para curarme teníamos que irnos de parranda juntas. Acabé sentada en el váter mientras ella me iba pasando chupitos por debajo de la puerta, gritando “¡Bebe esto! Es tu medicina!”. Courtney Love y Lady Gaga también fueron muy majas, quizás porque somos mujeres y tendemos a aliarnos.
¿Alguna rockstar te ha tirado los tejos?
No, eran majos incluso para eso. Se negaban a follar conmigo, porque me respetaban como ser humano. Por supuesto, yo no quería que me respetaran como ser humano. Yo quería poder decir que me había acostado con gente famosa. Pero nunca lo hicieron, maldita sea.
¿La cruel crítica a Soup Dragons que aparece en la novela existió de verdad?
No, me la inventé, y fue muy difícil volver a ponerme en la mentalidad de un crítico totalmente cabrón. Iba a poner la famosa crítica real a Ned’s Atomic Dustbin donde le deseaba la muerte al cantante, pero continúa dándome vergüenza. En la de Soup Dragons solo les comparo a nazis. Es una mejora.
Lo peor y mejor del Britpop fue…
Lo mejor es que fue una pasada. Mi pésame para todos los que son demasiado jóvenes o no estaban en Inglaterra en aquel momento. Diversión a raudales. Cada semana. Un día Blur sacaban el Modern life is rubbish, al otro Pulp lanzaban “Common people”, al otro aparecía Trainspotting en el cine… Lo peor del britpop es era tan inmenso que tapó todas las otras cosas chulas que estaban sucediendo. Como el trip hop, que ya nadie recuerda. O la Americana. O el New Rave, que era una escena gigantesca. Pero todo eso tiende a olvidarse, y la imagen que nos ha quedado es de una multitud de mozos blancos heterosexuales berreando “parklife!!” por las calles.
¿Quién es en realidad la estrella del rock del libro, John Kite?
Lo triste de esto es que me ponga caliente un personaje que inventé. Tendría que habérmelo callado, porque es una perversión muy rara. Me encantan las novelas picantes de Jilly Cooper, y en ellas siempre aparece una arquetípica estrella del rock: el chico flaco en pantalones y chaqueta de cuero, gafas de sol, un poco estúpido y que todo el rato intenta follar con chicas adolescentes. Pero las rockstars con las que yo crecí no eran así. Eran los Manics, o los Teenage Fanclub, o los Boo Radleys: chicos de clase obrera que habían leído mucho, y con los que podías pasar la tarde entera en el pub contando historias y hablando de política, y que siempre eran increíblemente caballerosos y encantadores. John Kite es un tercio Guy Garvey de Elbow, un tercio Richard Burton y un tercio John Grant. Cuando en todas las novelas aparecen chicas enamorándose de rockstars gilipollas eso daña a las mujeres y daña a la música. Y en mi novela era muy importante que esa rockstar no se encamara con la protagonista. Hollywood está infestado de pelis donde el actor principal de 55 años consigue acostarse con la actriz principal de 24, y nadie ve eso como un poco… Incorrecto.
Siempre pienso que ser tú debe ser agotador. Toda esa hiperactividad… ¿Nunca te quedas embobada mirando una pared sin decir ni pío?
[Ríe] Por suerte para mí (que no para la gente con la que vivo) soy una persona bastante locuaz. Me han dicho que hablo, canto y mascullo incluso cuando escribo, pero nunca me he dado cuenta. Lo único que se agota después de todo mi trabajo es mi culo. Mi culo está hecho polvo de tanto estar sentado en sillas. Pero mi cerebro está perfectamente.
En tu novela la protagonista hace una lista de cosas que quiere desechar, y entre ellas están el “cinismo” y el “speed”. ¿Ya no tomas drogas?
El problema es que en cuestión de drogas soy una flojucha. No aguanto nada. El espíritu está allí, pero el cuerpo es débil. El speed no me hace mucho efecto (aunque tiendo a estar hablando hasta las cuatro de la mañana) y la cocaína me convierte en una puta imbécil. La última vez que tomé coca estaba con los cuatro miembros de Blur y lo último que recuerdo es haber soltado “¡Soy el quinto miembro de Blur!” y luego me caí del taburete y me arreé un costalazo increíble. Y la marihuana me pone muy paranoica. Así que ahora me concentro exclusivamente en alcohol y cigarrillos. Los dos clásicos inmortales.

“Creo en la música, la ginebra, la alegría, hablar por los codos y la bondad humana”.
El sentido de la vida es ser feliz. Si quiero que exista la igualdad es porque deseo que toda la gente que lo pasa mal consiga ser feliz. La desigualdad es basura medieval.
Eres madre. ¿Cómo aguantas todas esas conversaciones sobre nutrición y extraescolares?
Aunque soy feminista, no tengo carnet de conducir. Es una suerte, porque mi marido es quien se encarga de llevar a nuestros hijos al cole, y por tanto me ahorro todas esas charlas. ¡Hurra!

Kiko Amat

(Esta es la versión inédita, exclusiva, ultralujosa con todos los extras, de la conversación-metralleta que mantuvimos con Caitlin Moran -a raíz de su novela debut Cómo se hace una chica- para la sección En Pocas Palabras del suplemento Babelia de El País del 23 de julio del 2015. Pueden leer la charla editada y en formato breve, sin mención alguna a testículos ni speed, acá)

Tres crónicas sin pijama

Uish. ¿Pues no voy y casi olvido linkarles a este artículo que publiqué hace unas semanas en el Babelia de El País? Habla de 3 libros de crónica recientes que me dejaron patidifuso, de Alberto Arce, Iñigo Domínguez y Francisco Goldman.

Leanlo aquí, flipis, que está muy bien y los tres libros son la puta pera.

Mis 8 flipadas favoritas del Antiguo Testamento

Una nueva demostración fehaciente de que solo poseo conocimientos profundos de cosas que no sirven PARA NADA en el mundo práctico: Jack The Ripper, novelas del soho, discos de pop arcano, novelas de pandilleo juvenil, subculturas olvidadas, el Tercer Reich y el neonazismo, la era victoriana, ritos de masculinidad y, como leerán ahora, el Antiguo Testamento.

Pues sí: aquí pueden leer Mis 8 flipadas favoritas del Antiguo Testamento, para Vice. Me carcajeaba yo solico como un orate escribiéndolo, a ver si hay suerte y a ustedes les sucede lo mismo al leerlo.

La canción del viernes #7: “Love your shoes” FURNITURE

Aunque no sea viernes. Solo porque es una de mis canciones favoritas, y me vuelven tarumba la melodía y la letra (adjunta), por no decir ese video. Que vivan Furniture una y mil veces. Únanse conmigo, se lo ruego, en este gran karaoke cósmico. Oh, la sofisticación…

I love your shoes
And I know you say you want to sit this one out
But don’t refuse
I’m dressed to the nines and I really want to twist and shout

I know it’s going to rain on our party but
We musn’t let that get us down

I love your tongue
And I love the wicked things that it says
I’m all undone and ready to hear the error of my ways

I know it’s bound to rain on our party but
We musn’t let that get us down
We’re going to have the best time
The time of our worthless lives

I love your mind
It makes me want to stay right here in bed
I’m way behind you darling
And I never want to get ahead

I know there’s a thunderstorm coming but
We musn’t let that get us down
We’re going to have the best time
The time of our worthless lives

I love your shoes
And I love the stupid things that you say
So I don’t lose out
Not even when you run away

I know it’s going to rain on our party but
We musn’t let that get us down
We’re going to have the best time
The time of our worthless lives

You won’t shake me off
There’s nothing you can do
Because I love you
And I love your shoes

Casi hasta el nabo de entrevistas por Chap Chap

Pero no desfallezco. Es el trabajo que hemos escogido, y colocar asientos del Ibiza era un pelín peor, créanme. Así que aquí les ofrezco de nuevo, a todos aquellos que aún no se hayan cansado de las peroratas bullshitters, mi super-entrevista clásica de cada nueva entrega libresca con los amiguísimos de Diagonal (Mario, Arturo: a sus pies) y la versión metafísica de la entrevista que realicé con la astuta Elena Vallés, del Diario de Mallorca. Tuiteen como poseídos del medioevo en ambas, y de paso jalean a los medios y periodistas que las sacaron.

De la primera me gusta todo, porque soy yo hablando con Mario, y eso va a estar bien por cojones (aunque me hace particular gracia esta frase: “Y a la que uno bajara la guardia y derramara la primera lágrima ya la habríamos cagado, aquello se hubiera convertido en Mujercitas”). De la segunda quisiera señalarles este fragmento, porque si hubiese escuchado a otro prendas diciendo esto hubiese ido corriendo a abrazarle. Pero, alucinantemente y contra todo pronóstico, resulta que lo había dicho yo mismo. ¡Albricias!

“Con lo que eres honesto es con tu emoción y contigo mismo, y así no eres un puto cínico. He ahí otro de mis mandamientos: no ser un cínico. Una cierta ironía y sarcasmo están bien, pero la ironía puede matar. Es venenosa. Hay cosas que no son ironizables. Y la ironía puede desembocar en altivez. Si hay un compromiso es contra el cinismo. El postmodernismo por definición es cínico. No hay un eje, es un estado de perpetua confusión, no hay bien ni hay mal. Es amoral. Yo me cisco en todo eso. Yo vengo de una tradición antipostmoderna. Hay una moralidad aunque no llegues a ella. Puedes pasarte una vida intentando alcanzarla y no llegar, como yo. Pero existen la rectitud, la benignidad, el bien y el mal. Hay cosas que hay que hacer y otras que no. Hay una forma de ser un hombre y una forma de no ser un hombre. Hay una cosa que es valentía y otra que es cobardía, aunque hagas cosas de cobarde constantemente; pero lo sabes. No es algo que flota en el éter de la postmodernidad. Cometeremos actos de cobardía diariamente, pero nunca te irás a la cama sin saber que los has cometido (…). Lo más importante es comportarte con coraje y ser un hombre. Pero la base de todo esto es ser consciente de qué es serlo. Y que si tropiezas en el intento, y te hundes o dañas a la gente que te rodea, al menos seas consciente de todo ello, qué ha pasado, quién eres tú, cuál es tu entorno, cuál es tu historia, qué intentas alcanzar, cuál es tu ideal. Tiene que haber un ideal en la vida, aunque no lo alcances, si no, no hay ninguna razón. El postmodernismo la ha eliminado. Pero yo pienso que sí, que tiene que haber un ideal moral. En la vida hay una moralidad y una verdad.”

Discos y 40 putas y muchas más

Los discos que pinché la velada inolvidable del 24 de julio del año 2015 en el café Lisboa de Palma de Mallorca. Estaba yo allí, extraviado y febril y taciturno, y los hombres y mujeres de 40 Putes, la libreria Literanta (¡remuac!) y el café Lisboa me tomaron de la mano y me dijeron todo se arregla y me dispusieron ante un par de platos y me ofrecieron vahos y todo fue bien desde allí. Oh, y puse todas estas chuladas tremendas.

La inevitable nota para RECORD ANORAKS: como suele suceder, bastantes de los temas que puse no están en You Tube (sobrao que es uno; o tal vez simplemente anciano, ahora que lo pienso). En el Playmoss faltan: Emperor Julian “Free product” (un singleazo de 1995 en Piao! que me chifla), el “Glass king” de Po! y “Por la noche” de Los Sencillos. Oh, y de Wolfhounds puse en realidad “Ex-Cable Street”, y de Gigolo Aunts la cara B nerviosa que es “Stark Gone (55 Joy St. Mix)”, no el “Bloom”. Pero uno tiene que hacer algunas concesiones tecnológicas, o qué carajo se creen.