La canción del viernes #28: LA SOURIS DEGLINGUEE “Saint Saveur”

Una de mis canciones favoritas de los Souris. Es del mini-album de 1984, La cité des Anges. Punk rock francés rojeras al 100%, con mucho rollo mod y Oi! y dub, muy “de manada” (como dice Virginie Despentes, que fue quien me los presentó), puro sonido de mediados de los 80. Con botas. Eran los Clash galos, solo que sin la deshonestidad. Una cause a rallier, y nunca mejor dicho. Para bailar agarrao (a una alegre muchedumbre).

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Billy Childish y Kiko Amat hablan de JOHN FANTE

https://www.anagrama-ed.es/uploads/media/portadas/0001/16/c28e68c3302dc675a8ea148a2665f16e8e2ab544.jpeg¿Pues no se me olvidó decirles lo de este prólogo? El gran BILLY CHILDISH y yo mismo estuvimos de charla -via Skype; vean foto adjunta allá abajo- para celebrar la vida y óptica del escritor favorito de ambos: JOHN FANTE. Dicha charla aparece en formato íntegro en la presentación de esta flamante versión de la Tetralogía Bandini que recién ha publicado Anagrama en la nueva colección Compendium.

Son, naturalmente, las cuatro novelas que protagoniza Arturo Bandini: Camino de Los Ángeles; Espera a la primavera, Bandini; Pregúntale al polvo; Sueños de Bunker Hill.

La charla entre Childish y el menda empieza tal que así:

Lo primero que me gustaría que me contaras, Billy, es cómo entraste en el mundo de John Fante y a través de quién.

Veamos. Por aquel entonces yo estudiaba en la St. Martins School of Art, en Londres, en el año 1980. Peter Doig (un amigo pintor que estaba en mi mismo curso) y yo teníamos gustos muy parecidos en todo: pintura, libros, rock’n’roll… Este mismo amigo, que ahora es un artista muy famoso, me pasó un libro de un tal Charles Bukowski que me gustó bastante, así que fui a una pequeña librería alternativa que había en Covent Garden y empecé a buscar más libros del mismo autor. Tenían un par de copias de libros suyos en Black Spring Books, y también una copia de Pregúntale al polvo de un tal John Fante. Que, como ya sabes, llevaba la famosa introducción de Bukowski. Lo que yo solía hacer en aquella época para decidir qué me gustaba y qué no era ir pasando alfabéticamente por la sección de narrativa, ir cogiendo libros al azar y leer el primer párrafo a ver qué tal, para luego devolverlos a la estantería si no me acababan de convencer. Ocasionalmente leía más de un párrafo y acababa comprándolos. Eso fue lo que sucedió con Pregúntale al polvo. Creo que me lo leí casi entero en la bañera, una vez hube llegado a casa.

vlcsnap-2017-06-28-17h17m47s267¿Qué edad tenías cuando sucedió todo eso?

Diecinueve o veinte. En 1977 tenía diecisiete años, así que en 1980 ya habría cumplido los veinte. Soy disléxico, y siempre he tenido problemas con la lectura y la escritura. En aquella época yo trataba de escribir poesía, pero Pregúntale al polvo fue el libro que me hizo pensar que quizás también podría intentar escribir prosa, ya puestos. A lo mejor era un delirio mío [ríe], pero sentí que sí, que podía hacerlo. Para decirlo de un modo clásico: Fante me inspiró a escribir piezas de prosa. Lo que me encantaba del trabajo de Fante era sobre todo el aspecto cómico. Al poco tiempo leí también Espera a la primavera, Bandini. Bukowski me había inspirado, no lo niego, especialmente en cuanto a la poesía: me había mostrado cómo expresar cosas que yo no tenía ni idea de cómo expresar. Lo malo de Bukowski era que siempre daba la impresión de ser la estrella de una película de serie B. Había leído demasiado a Hemingway, está claro. Ese postureo de tipo duro es lo que menos me gustaba de él, incluso hoy, y creo que lo mismo le sucede a otra gente. Les causa rechazo su palabreo fardón. No me gustaba esa pose de Marlowe que se llevaba. ¿Quién escribió lo del Marlowe ese? ¿El detective duro de las novelas?

Raymond Chandler.

Ese. Veo ahora que Bukowski se fijaba mucho en Raymond Chandler, además de en otros autores del mismo estilo. Hard-boiled. Se nota en ese rollo serie B que te comentaba. Asimismo, nunca vi nada de eso en Fante. Leías sobre Arturo Bandini y te parecía estar mirando una película de Laurel y Hardy. Fante te está describiendo la clase de idiota que es ese fulano, Bandini, y la estupidez que está a punto de realizar, y tú como lector quieres que no la haga, del mismo modo que quieres que Laurel y Hardy no se metan en líos. Bukowski, por el contrario, te va a decir que todo el mundo es idiota, pero que él es un tío listo. Él es quien mola, quien sabe de qué va todo. Esa es una gran diferencia entre los dos autores, Fante y Bukowski, que alguna gente no ve. Por eso me parece tan interesante que Bukowski, quien supuestamente era un gran fan de Fante, no pillase la increíble fragilidad que desprenden los escritos del segundo, la que pone en boca de Bandini. Un chico con muchos defectos, Bandini, bombástico y bocazas, presuntuoso, muy ambicioso también, aunque a la vez siempre parece quedarse corto a la hora de realizar esas ambiciones. Creo que todo eso es encantador, hace de él alguien muy cercano. Dicho esto, con los años trabé amistad con Dan Fante, el hijo, y me contó que John no era así ni por asomo [carcajada]. Que el tío era un completo gilipollas. Me dijo: “John era un miserable, Billy”.

[La conversación continúa durante un buen puñado de páginas.

Compren, yo se lo ordeno, este espléndido pack Fante con prefacio flipante]

Kiko Amat entrevista a LUCÍA LIJTMAER

La escritora y periodista barcelonesa publica Yo también soy una chica lista (Destino, 2017) el manual feminista más divertido, faltoso, emotivo y confesional que se ha visto por nuestros lares. Todo el mundo debería tenerlo (hombres también).

 

https://i2.wp.com/www.ara.cat/2017/06/03/cultura/Lucia-Lijtmaer-No-feminazi-terrorific_1807629391_41277770_1500x1001.jpgLucía Lijtmaer (Buenos Aires, 1977) es barcelonesa, aunque nació en Argentina y tiene un árbol genealógico más mezclado que la sala de espera de Ellis Island en 1892 (lo que explica la diabólica J en mitad de su apellido). Es periodista pop y anticapitalista. También feminista, de la Escuela Caitlin Moran Para Chicas Cabreadas con Propensión a la Hilaridad. Lleva el sentido del humor de serie, pero no teme desenfundar cuando hay que plantar cara al malo. Escribe para ADN, Factual, Público, El País, Mongolia y Eldiario.es, y siempre está en muchos sitios, a menudo en eventos simultáneos, lo que ha originado teorías sobre su sobrenatural capacidad de omnipresencia. Comisaría un festival feminista en La Casa Encendida, el celebrado Princesas y Darth Vaders, en pos de su cuarta edición. También es traductora literaria (tradujo a jarvis Cocker) y profesora en centros como la Universitat de Vic. Ha publicado los libros Quiero los secretos del Pentágono y los quiero ahora (Capitán Swing, 2015) y Casi nada que ponerte (Los Libros del lince, 2016), una semi-memoria sobre su infancia argentina. Su último libro es un manual tronchante y militante que plantea el feminismo de un modo natural y práctico, nada blandengue ni envarado.

 El Día del Golpe en la Cabeza es el momento en que se adquiere conciencia de vivir en un mundo injusto para las mujeres. ¿Cómo fue tu golpe?

Era un bar normal, y estábamos en plena reunión informal de trabajo. Primero me dijeron dónde sentarme, algo que en su momento naturalicé pero que no es nada natural. Algo más tarde me hicieron callar. Vi que mi opinión era menos importante que la del resto del grupo: todo hombres. Algo después se lo comenté a una amiga, por si me lo había imaginado yo, que soy susceptible, y me dijo (perpleja) “¿Como un profe en clase de mates?”. Y ese fue el inicio de algo que ya intuía: que las mujeres éramos de segunda clase. Que las cosas estaban peor para una parte de la población. Que en cultura, por mucho que lo intentemos, las mujeres jamás seremos tan guay como los hombres.

¿Recuerdas cómo pensabas antes de ese momento?

Yo creía que las feministas eran pesadas, quejicas… Me da mucha vergüenza acordarme de discusiones en que yo les decía a amigas militantes mucho más concienciadas que por qué tenían que hablar de “sus cositas”. Yo era una ferviente creyente en la meritocracia. Creía que el feminismo estaba superado, y que nosotras conseguiríamos llegar a donde teníamos que llegar por mérito propio. “Si somos buenas, triunfaremos”. Una idea completamente neoliberal que no tiene en cuenta nada de tu entorno ni tu realidad social, en suma. Pero ya me molestaban cosas, como la idea de la chica indie lánguida, de pose. Una feminidad que se compró mucho en el dos mil, y todo lo que se saliese de eso no existía culturalmente. Yo veía que yo no era eso, por ejemplo, pero no veía la idea más amplia: que no estaba en igualdad de condiciones.

Una cosa es ser quejica, y la otra es protestar.

Totalmente. Yo temía molestar. Además, soy tímida. No me hace una gracia especial lo de hablar de ciertas cosas en público. Pero, claro, lo de no molestar de repente entraba en contradicción con la violencia. Hacer callar a alguien es un acto de violencia. Por no entrar a hablar de todos los demás actos de violencia que, sin tener una vida especialmente difícil, te suceden constantemente y son aun peor que ese.

Propones intercambiar enunciados. Colocar la palabra “negro” en alguna frase referida a las mujeres para darte cuenta de lo ofensivo que resultaría.

Efectivamente. Lo chocante es, de nuevo, lo naturalizado que está el discurso machista. Que tú has de quedarte en tu sitio, no molestar… A mí me gusta unir ambos conceptos, de hecho: género y clase. Porque en el fondo van juntos. Ese es el discurso mediático habitual. Las cosas que dicen, no sé, Salvador Sostres, o Pérez-Reverte, sobre las mujeres y sobre el proletariado serían impensables si hiciesen referencia a raza. Me da impresión que todos esos discursos se están radicalizando: contra las mujeres, contra la clase obrera… Voces que justifican las barbaridades que dicen escudándose en que están “oprimidos”, que hay una censura de “corrección política”. Los varones blancos de clase alta están oprimidos, según se ve.

Yo creo que quizás también haya algo de efecto bumerán producto de años de izquierda cosmética. Hillary, Felipe, IU, etc.

Tal vez. Pero si es así, esas voces de derecha están utilizando ese efecto para pronunciar un discurso en el que siempre han creído. El fracaso de la socialdemocracia les viene perfecto para decir al fin lo que opinan: que el estado del bienestar no funciona, que lo que “ellas” dicen no es cierto… Por otra parte, es perfectamente comprensible que algunos discursos calen en momentos de crisis. Escuchas el discurso de los alcaldes del FN del sur de Francia y entiendes que aquello cale entre una población ya polarizada. Lo que sucede es que esa gente no debería tener un lugar desde el que hablar. Al igual que los machistas. ¿Por qué tenemos que soportar un discurso de odio?

Por otra parte, el discurso de algunos medios es más insidioso y perverso que el de un alcalde del FN. Hablo, por supuesto, de Friends.

La mayoría de sitcoms acaban en matrimonio y bebé. Hay contadas series que dibujen una alternativa que no sea parir o casarse. Que dos tías estén en un bar tomando un cóctel, y (ojo) hablando de cualquier cosa que no sea hombres [ríe], es radical. Elizabeth Moss, la productora de The Handmaid’s Tale, declaraba que no sabía si le dejarían hacer una serie en la que las mujeres fuesen las protagonistas. Imagina.

Uno se pregunta cómo permitieron que se filmara Thelma y Louise.  Aunque, naturalmente, hubiese sido más radical si en lugar de follarse a Brad Pitt hubiesen hablado de libros.

O follado entre ellas [ríe]. Thelma y Louise no ha vuelto a suceder. La experiencia femenina siempre es femenina, nunca es universal. Es un género en sí mismo: “pelis de mujeres”. El nicho de mercado son nuestras vaginas. Cuando hablamos de genérico hablamos de hombres que hacen cosas. Dos hombres y un destino no es una película “masculina”, pero no dejan de ser dos hombres todo el rato, haciendo cosas de hombres. Pero como no es de mujeres, es un “clasicón” [ríe].

https://www.planetadelibros.com/usuaris/libros/fotos/250/m_libros/portada_yo-tambien-soy-una-chica-lista_lucia-lijtmaer_201702201317.jpgSi una chica escribe un libro que hable de “haber degollado a toda la población de Huelva”, en la portada llevará un jarrón con flores y un filtro pastel.

Y otra cosa: si eres chica y escribes libros, aunque sean de ciencia ficción, siempre son “sobre ti misma”. Nunca le preguntan a Philip Roth, que claramente ha escrito muchas veces el mismo libro basado en su propia vida, si va “de él”. No. Lo suyo es “universal”. Siri Husvedt decía que cuando escribió un libro sobre infidelidad todo el mundo le preguntaba si estaba bien con Paul Auster. Si eres mujer no es ficción. Eres nicho de mercado. Hace poco, Errejón dijo que era “el día de estar con el colectivo de las mujeres”. Tuvo que salir alguien a recordarle que no somos un “colectivo”, sino la mitad de la población.

Revistas femeninas. ¿Quién escribe las paridas de Marie Claire? Tú dices que son mujeres a quien “les toca apechugar”, lo cual me suena un poco al “solo cumplía órdenes” de los juicios de Dachau.

A la vez, tengo varias amigas redactoras, y veo lo que están haciendo desde dentro para que no sea así. Colocar según que artículos en esas revistas es muy complicado, y lo están consiguiendo en algunos casos. Pero muchas abandonan, y con asco. ¿Por qué las periodistas siempre terminan en revistas femeninas? Porque son uno de los pocos espacios donde pueden ascender. No quería culpar a las trabajadoras. El problema son los anunciantes, la dirección…

Desde luego. Del mismo modo que el problema no es el chaval que compra el bono del Primavera Sound, sino del tipo que creó ese espacio.

Exacto. Por eso me interesa explicar por qué esas revistas son reductos de mujeres, cuando en una redacción normal las mujeres no pasamos del mileurismo, porque somos más baratas y nos quejamos menos. Dicho todo esto, es innegable que también hay muchas mujeres que no están concienciadas, y eso es un problema añadido. Nosotros dos hablamos de un entorno en que ha calado ese discurso, pero hay mucha gente que está encantada de estar en esos espacios, y que cree en esos discursos de belleza y en esos cánones, y que creen que hacen lo que hay que hacer.

Lo que tú denominas el “Letargo Eterno”, o etapa perpetua de no-concienciación.

El coma profundo [sonríe].

Las mujeres no concienciadas perpetúan un discurso de opresión. Hollywood y las películas de mujeres que se odian entre ellas, por ejemplo.

Totalmente, y esto es así. Pero intento no demonizarlas, porque entonces perpetuas el viejo “mira qué tonta”. Es muy fácil odiarse entre mujeres. Todo está preparado, y tú estás diseñada, para tener miedo de la tía que tienes al lado: porque te robará el novio, porque te quitará el empleo, porque es más guapa que tú… Peor tampoco es cuestión de irse al otro extremo, como buenas samaritanas. El concepto de solidaridad femenina también debería revisarse. Porque depende con quién… [ríe]. A mí que Cristina Cifuentes diga que es feminista, mientras está desahuciando a mujeres solteras en acogida por maltrato… Eso no me lo trago.

Gwyneth Paltrow y las “yummy mummys”, 24 horas al servicio de la über-maternidad, también es intragable.

Gwyneth es la primera estrella de Hollywood que compra y vende el discurso aspiracional. Algo que es una barbaridad. Existe un modelo de mujer, pero no existe un modelo de hombre. El modelo de mujer es alguien como Gwyneth. El capitalismo te vende que si no eres feliz es porque no eres como ella. Porque no tienes el horno de leña toscano y la crema de caviar y…

…Y las operaciones de bajos.

[ríe] Sí. Por alguna razón, tu coño nunca está bien. Y el súmmum de todo ello llegó con las madres mormonas. 25 años y 5 hijos. ¿Cómo me puedes vender que eso es feminista? Lo siento pero parir no es feminista. No es un logro del feminismo. Se plantea como una opción personal (“yo he decidido quedarme en casa y criar”) que tenemos que respetar. Y la respetamos. Pero que no nos vendan que la gran conquista social del 2010 es quedarte en casa y hornear magdalenas. Cuando el fenómeno Russian Red pasó lo mismo: de golpe todas las chavalas hacían ganchillo. A mí algo así no me parece casual. Que nadie optase por tocar la batería o aprender defensa personal, sino por hacer colchas [cara de asco].

Me angustia la dictadura de la belleza femenina. Este idolatrar la guapura me parece la cosa más obscena y banal del mundo. Nacieron así, por el amor del cielo. La belleza tiene cero mérito.

No es casual que haya muchas mujeres que entran en el feminismo cuando empieza a decaer su atractivo físico o poder sexual. O dejan de ser “deseables”. Nos enseñan que ese es nuestro motor de vida: atraer. Yo me pregunto si compramos ese discurso en todas partes, incluso en las que están de nuestro lado. Por ejemplo: Pussy Riot. ¿Habrían tenido tanta visibilidad si no pareciesen estrellas de Hollywood? Claro, al mismo tiempo no eran sujeto activo. La atención mediática lo fue. Ellas no tenían la culpa de parecer supermodelos. Por eso hablo del concepto de “gordibuena” en el libro como un mal de construcción mediática. Porque el “fofisano” tiene que estar solo sano, pero la “gordibuena” tiene que estar buena. Explicar hasta qué punto te afecta eso es un ejercicio de honestidad muy necesario. No conozco a ninguna mujer que sea inmune a ello. Caitlin Moran lo explica muy bien: todas queremos ser una versión más delgada de nosotras mismas. Tu ideal siempre pierde peso. Es muy fuerte. No se te pasa nunca.

Creo que ayudaría si los hombres dejaran de creerse en el derecho de puntuar los cuerpos de las mujeres.

Me gusta ver cómo algunos amigos han cambiado de mentalidad respecto a ese asunto. El otro día unos amigos le afearon la conducta a otro par que se puso troglodita a la hora de hablar de mujeres. Para los hombres es muy importante tener amigas. Si un hombre solo va con hombres, hay un problema. Yo me junto con hombres porque me interesan. Y me ilusiona ver cómo algunos comportamientos (el que habla fatal de su novia, por ejemplo) empiezan a parecerles mal, incluso cuando no hay mujeres delante. Solo juzgamos la violencia cuando es física, pero todos conocemos a gente que machaca a su pareja sistemáticamente. Cuando no hablamos, somos cómplices. Si creemos que lo personal es político, todos hemos vivido situaciones que sabíamos que no estaban bien, y en las que deberíamos haber intervenido. La frontera es difícil, pero lo es menos cuanto más reiterativa es esa conducta. Porque entonces queda claro que hay un patrón.

Como sucede con el fútbol, algunas conductas infames se toleran porque son mayoritarias. Como las fotos guarras en los chats.

Mira lo que sucedió con el caso de La Manada, la violación aquella en los Sanfermines. y cómo una mayoría de la sociedad lo vivió como algo normal y disculpó su comportamiento.  O luchamos contra esas cosas o somos cómplices, insisto.

En el libro lamentas que “a finales de los noventa no podías salir de casa sin tener una polla en la boca”. Que para parecer moderno y liberado tenías que estar todo el día hablando de porno y relatando gráficamente tu vida sexual.

Yo a lo de follar sí le puedo encontrar un deje político, con lo del post-porno, los cuerpos no-normativos, lo de que la exposición pública de ciertas prácticas no está asumida… Y me parece bien. Lo que me parece el demonio es la idea de consumo. Es decir: el sexo como capitalismo. Que de repente tengas que hablar de ciertas cosas con gente que no conoces de nada, y que eso suma puntos de guay, y que para colmo eso es feminista. Eso era puro tupper-sex. Se lanzó ese mensaje porque querían vendernos cosas. Dildos y un consumo pornográfico que se vendía como liberador. Ahora interesa que las tías vayamos depiladas porque eso es lo “guay”. La promiscuidad sexual no es siempre libre, a menudo es una imposición comercial. Es un modelo de consumo. Por eso quería tratar la pornografía. Porque para mí sería muy fácil decir que vale todo. Pero no es así. Diversidad sexual sí, pero hablemos de las condiciones en que se hace la pornografía. Me gusta que se estén haciendo documentales sobre eso. Si miramos de dónde viene la ropa que llevamos, cómo no vamos a querer saber de dónde sale el porno que consumimos.

Citas a la pornstar Stoya, quien afirma que su trabajo “no tiene nada de feminista”. Yo entrevisté una vez a una actriz porno, Amarna Miller, y tuve la sensación de que me estaba vendiendo un producto, de un modo muy calculado. Era un discurso articulado pero promocional.

A mí me parece interesante que Amarna Miller diga que ella es masoquista, y que eso forma parte de su imaginario, y que ella utiliza su cuerpo, y que esa es su herramienta. Yo soy partidaria de eso. Pero no puede afirmar que esa es la pornografía mainstream. Lo que ella dice contradice las estadísticas. El porno es muy neoliberal. A mí me gustaría que gente como Amarna Miller dijese: “señores, yo soy una privilegiada. Pero está pasando todo esto”. Y utilizara su voz como herramienta de protesta.

Un personaje de Vernon Subutex 2, de Virginie Despentes, dice “odia el porno. lo envilece (…), le llena la cabeza de guarradas a las que no está acostumbrado. No le piden su opinión, le meten porno en las narices a todas horas”.

Una amiga mía me dijo que había dejado de masturbarse fantaseando, y que ahora solo podía hacerlo con porno, y estaba cabreada. Decía que aquello le había roto la fantasía. A mí me parece bien que exista la pornografía, y puedo consumirla, pero he empezado a pensar de dónde sale e intento… Saber de dónde viene, como hago con el pollo [ríe]. Y por otro lado está lo de que el acto repetitivo de consumo genera problemas. Y nos estamos acostumbrando a imaginarios que dan miedo. Las categorías actuales del porno, si las lees enteras, dan miedo.

Sí. No me hace la menor ilusión que la primera imagen sexual que vean mis hijos tenga relación con bates de béisbol.

Lo primero que debería hacerse es limitar el acceso. Que pongas “bates de béisbol” y lo primero que aparezca, sin el menor filtro, sea una mujer, que en el fondo está siendo humillada… Internet lo ha democratizado (falsamente) todo. De golpe estás al mismo nivel que un tarado mental que vende cloroformo, que es algo con lo que me topé cuando investigaba la Deep Web.

El troleo en la red es 100% machista y abusón.

Es interesante ver cómo se construyen esas redes digitales. Hay redes que no permiten ese abuso. Twitter lo permite todo. Tendrías que cargarte a alguien para que te cerraran una cuenta. Es natural: la cúpula dirigente de Twitter, en su 90%, está formada por hombres blancos anglosajones de clase alta. Su realidad no entiende el abuso. Owen Jones dice lo mismo: háblale a alguien del establishment, que va de Eton al Parlamento o la Banca, sobre las ayudas sociales. Twitter perpetua el problema ofreciendo impunidad completa a los machistas o racistas. Luego vienen las amenazas físicas, y todo el mundo hace la vista gorda. Esto es un mal endémico de este país. Como cuando toleramos que el suplemento de El Mundo entrevistase a la líder de Hogar Social. Un medio de modernos le hace una entrevista estrella a una dirigente de ultraderecha como si fuese lo más normal del mundo.

En el libro citas la pancarta de aquella activista en Washington DC: NO PUEDO CREER QUE SIGA TENIENDO QUE MANIFESTARME POR ESTA MIERDA. ¿Tuviste tú algún momento de “No puedo creer que siga teniendo que escribir sobre esta mierda”?

A veces sentía que estaba diciendo obviedades. A ratos pensaba que quedaría blanda, como cuando lo de la tasa rosa. ¡Pero es que te están cobrando de más por un producto solo porque es de uso femenino! ¿Por qué los tampones están tasados como artículos de lujo? Tienen el mismo impuesto que el caviar. Son cosas obvias que han salido en los periódicos, pero hay que decirlas. Hablo mucho de filmes porque nuestro imaginario se cimentó en ellas. o en televisión. Cuando me tragué todos los realitys sobre bodas perfectas me di cuenta de lo potente que era su mensaje. Yo también quiero una epifanía como la de las novias de esos programas y su vestido blanco. Si el vestido blanco va a hacer que yo tenga una misión vital, voy a acabar comprándolo. Es más fácil que cambiarlo todo.

(Este es el corte del director -la charla entera- de la entrevista que realicé con Lucía Lijtmaer para El Periódico, y cuya versión breve y editada pueden ustedes leer aquí)

 

8 sólidas razones para jalear Blunt Talk (una mini-charla con JONATHAN AMES)

https://pmcvariety.files.wordpress.com/2015/08/blunt-talk-tv-review-starz.jpg?w=670&h=377&crop=1El escritor y guionista Jonathan Ames (Bored to death, ¡Despierte, señor!) habla en exclusiva para [Kiko Amat] sobre su última serie para la cadena Starz, Blunt Talk. Una chisporroteante oda cómica a la fraternidad, a saber caer de pie y al optimismo ante las trompadas. Protagoniza Patrick Stewart -profesor (Xavier) y capitán (Picard)- aquí en el papel de Walter Blunt, un presentador inglés en pleno defenestre espiritual y laboral que pugna por respirar en el hostil mundo de los noticieros yanquis. Y dirige Seth McFarlane, de Family Guy y American Dad.

1) Amor al prójimo

“Hay escritores que parecen detestar a la gente y escritores que la aman. Parece una simplificación excesiva, pero mi enfoque es ser cariñoso con mis personajes, y que los personajes sean amables los unos con los otros. No de una manera azucarada o sentimental, espero, sino de la forma en que la mayoría de nosotros lo refleja en la vida real: amamos a nuestros amigos y familias.”

2) Exaltación de la otredad y la rareza

“Todos estamos confundidos. Trato de no juzgar a mis personajes por sus defectos, pues son los que los hacen humanos y reales. Todos somos intrínsecamente diferentes. Todos somos el “otro”. Nos presentamos a nosotros mismos como “normales”, pero en el fondo todos luchamos con nuestra identidad y nuestro lugar en el mundo.”

3) Incluye chistes guarros…

“La comedia es mi prioridad, me gustan la astracanada y los trucos cómicos tradicionales. Mi objetivo es entretener a la audiencia. Trato de mezclar cosas, como una pieza de música clásica: lento, rápido, silencioso, atronador… Hay momentos de ternura, diálogo rápido, humor físico e imágenes divertidas. Todo tipo de cosas pueden hacer una escena divertida: la situación, el diálogo absurdo, el aspecto físico… Me gusta el humor guarro, pero intento no usarlo con demasiada frecuencia (mucha gente no lo considera divertido). Una regla de oro que tomo prestada de Oscar Wilde: “La brevedad es el alma del ingenio.” Hay que saber cuándo terminar una escena; es como marcharte de una fiesta. Si te quedas demasiado tiempo pierdes la comedia y la audiencia”.

4) … pero también melancolía y dolor

“Incluso gozando de comodidades materiales, la vida es difícil. Somos una especie compleja (aún en evolución, supongo) y nos creamos un montón de problemas, para nosotros mismos y para la sociedad. El dolor en la vida parece venir de nuestra propia visión de las cosas, de percepciones erróneas. Todos luchamos para encajar con nosotros mismos, con el mundo. Soy parte del confortable mundo occidental y llevo una vida fácil, pero todavía me las arreglo para hacer de esto una lucha confusa y dolorosa”.

5) Corazón de Albión

“Sí, soy bastante anglófilo. Este show en particular, debido al elenco, se basó en mi experiencia al escribir ¡Despierte, señor!, y el libro a su vez salía de mi amor por PG Wodehouse, que es un claro síntoma de mi anglofilia. Y uno de los grandes humoristas británicos (si no el mayor) del siglo XX.”

6) La amistad entre caballeros

“Me doy cuenta de que escribo mucho sobre amistad, incluyendo la que existe entre una persona más joven y una mayor. Lo del caballero y el escudero deriva de Don Quijote, una gran influencia para mí: ese dúo: el soñador y el encargado del soñador, y el amor que los une.”

7) Walter no tira la toalla

“Walter Blunt está en un punto bajo cuando comienza Blunt Talk, pero no se halla en completa decadencia. Todavía tiene fuerza para luchar. Es una historia icónica: fallar y luego levantarse. El Fénix y todo eso. Muchas historias van de una persona que pierde el norte. Toda la obra de Bukowski habla de disolución y locura, y de sobrevivir a pesar de eso. Siempre es bueno comenzar un personaje desde el fondo y luego verlo trepar hacia la salida. Todos nos identificamos con eso”.

8) Lo malo acaba bien

“No me interesa escribir una historia sin posibilidad de redención”.

(Escribí esto, y hablé con Jonathan Ames en exclusiva, hace año y medio, para el suplemento de un periódico que al final no lo publicó. Malaguanyat, que diria mi madre. Así que se lo recupero aquí para ustedes. Casi todo lo que me gusta del mundo está en Blunt Talk)

Décima Víctima era música pop

R-2591877-1292179678.jpegDÉCIMA VÍCTIMA

S/t (3LP boxset)

Munster Records 2011 (grabaciones de 1981-1983)

A no ser que uno sea seguidor acérrimo de la brigada del oscuro gabán, el encanto de Décima Víctima no se materializa así, a la primera de cambio. Los fans del pop solar nos vemos obligados a mirar más allá, brincar por encima de algunos de sus (dignísimos) referentes o aparentar no haber reparado en lo de “Sumido en la depresión” o “El vacío”. Es entonces, despojados de nuestra cota de malla de atolondrados prejuicios, cuando nos enfrentamos a la terrible verdad: esto es pop, a pesar de todo. A pesar, incluso (me temo), del propio grupo.

Décima Víctima eran un grupo madrileño compuesto por Carlos Entrena, ex-Ejecutivos Agresivos (parece increíble: del “Mari Pili” a “Más allá del silencio” en un par de amortajados pasos), y dos hermanos de sangre vikinga y alma de fiordo, Lars y Per Mertanen (anteriormente en Cláusula Tenebrosa, quizás el nombre de grupo más fúnebre del siglo). Cuando jubilaron la inefectiva (por primitiva) caja de ritmos se les uniría el batería, Jose Brena. El grupo alcanzó a publicar dos álbumes (el debut homónimo y Un hombre solo), dos EPs, dos sencillos y un maxi entre 1981 y 1983. Su dirección musical se orientaba hacia Bauhaus, Killing Joke, Joy Division o los primeros Echo & The Bunnymen; es decir, grupos con un alto índice de siniestralidad, pose de estar esperando a Godot (o jugando al ajedrez con la parca), luto integral, congelación melódica y una lírica existencialista que parecía inspirarse en al menos seis de las diez posibles razones para la tristeza de pensamiento de Steiner.

Décima Víctima se aplicaron, pues, a ser igual de sombríos y cariacontecidos que dichos ídolos, consagrándose al poco tiempo como grupo epítome del abatimiento espiritual español (con el permiso de Parálisis, Derribos y los primeros Gabinete). Carlos Entrena cantaba sentado, como un crooner asténico al que hubiesen comunicado un terrible accidente en la familia, y los suecos evitaban todo tipo de movimiento, brusco o de cualquier intensidad, en el escenario. Debieron parecer dos muñecos de cera, fruncido el sajón ceño e impasible el ademán (cuenta la leyenda que en la calle la gente solía tomarles por mormones) acompañados por un agente de seguros maníaco-depresivo con un aire a Alexei Sayle. Todos envueltos en trajes pulcros pero discretos, como burócratas-espías, como oficinistas de la RDA, buscando pasar desapercibidos en su respetabilidad; estilo Josef K, o mods de los sesenta, como prefieran.

https://i2.wp.com/lafonoteca.net/wp-content/uploads/2008/03/DecimaVictima.jpgPara los pop-optimistas y fans de Novos Baianos o la Motown que ya están amenazando en calzarse pantalones de tenis y tomar el primer avión a Río (buscando precisamente escapar de grupos como Décima Víctima), he de apresurarme a asegurarles que, después de todo y si le arrancan el pesado chambergo gris a Entrena, su estilo no es tan disimilar a la canción “oscura” que tenían todos los grupos de pop, post-punk y garaje de los ochenta. Exceptuando el ocasional salmo auténticamente grave a 2’5 rpm (como la espesa “La voz que me persigue”, de su primer disco), en muchos cortes la banda se acerca a los Cure del “Grinding halt”, Lack of Knowledge, los Pere Ubu más cantables (pero menos rock’n’roll), los Joy Division del “Disorder” y –muy especialmente- los New Order del “Procession” o “Dreams never end” (¿y quién no ha bailado el “Dreams never end”?). O sea: pop. Pop raro, pop con tortículis, pop torcido, cortante y angustiado, pop agujereado en el menisco con punteos martilleantes a lo Bernard Sumner; pero pop pese a todo y caiga quien caiga. Una música pop ambientada en calles ventosas de Varsovia, inspirada por lecturas de alemanes hundidos y enfermos, una música pop que acarrea valores de un pasado muy lejano (los 30’s, los 50’s) y que mira hacia el futuro con una mezcla de disgusto y resignación (aunque utilizando sus aparatejos espaciales). Canciones deprimidas cantadas sobre las ruinas de un imperio que le hacen a uno sonreír, por su fatalismo, empatía y coraje. Es la alegría que da la admisión de la debacle venidera: pase lo que pase, al menos no moriremos engañados.

En los tres discos topamos con hits tan rotundos como amplios y espaciosos. Hits nórdicos, tiritantes como un príncipe danés aquejado por la duda y la culpa, hits de un planeta más alejado del astro rey que el nuestro, pero –insistimos- hits aquí y en China. “La frontera perdida”, pese al simpático falso desenchufe del final de la canción (¡Se ha ido la luuuuuz! Ah, no, que es del disco), “Desarmado” (suban el pitch si se atreven: se enfrentarán a puro ye-yé esquimal), “Noctámbulo” (los Shadows tocando beodos en un cabaret en 1933, a la caída de la República de Weimar; con Alesteir Crowley a la voz), “Fe en ti mismo” o mi favorita “Almas perdidas” (cuyo estribillo prosigue diciendo “vagarán con el dolor”, ¡Viva la juerga!) son todas espléndidas canciones de música popular caucásica, muy blanca, llenas de guitarras reverberantes, agudos insólitos, ecos cavernosos y armonías cristalinas y delicadas, carentes por completo de negritud o calidez danzatoria.

Por fortuna no escuché todo esto en 1986, en mi adolescencia; no habría sabido apreciarlo ni por donde cogerlo, como si fuese algún plato exótico hecho de extraños mariscos punzantes. Considero un gran privilegio escuchar esto hoy por primera vez, a mis cuarenta, cercano el reúma, el estreñimiento crónico y la imparable putrefacción celular, familiar la derrota, el oprobio y la vergüenza, así como la conciencia terrible del “momento inútil”, lo perecedero de la belleza física y lo esquivo del éxtasis.

Paradójicamente, la música de Décima Víctima suena hoy tan hermosa, pura, inusual y fría (así como responsable y sobria, tremendamente adulta) que le pone a uno la mar de contento; pese a que el grupo insista en continuar susurrándonos al oído con aliento de cripta: “duele ver las huellas de la crueldad del tiempo”. Así pues, no queda más que celebrar -con voz queda, fados en el transistor y mirada melancólica; nada de matasuegras o vino espumoso-  a uno de los grupos más singulares de los ochenta, reeditados hoy en vinilo con extrema elegancia (y un LP extra de singles y temas inéditos) por los fieles camaradas de Munster Records. Kiko Amat

(A petición de un lector muy simpático que escribe desde Buenos Aires, recuelgo esta pieza sobre Décima Víctima y el triple disco epónimo, que escribí para la pasada encarnación -ya cadáver- de este blog, y que por tanto no podía leerse en ningún otro lado. Que yo sepa. Tampoco he investigado, la verdad. En todo caso, aquí está. De nada)

Sgt. Pepper’s: música para musicólogos

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Ay, no, que no es este

Antes de comenzar, y anticipando la crecida de hatemail en mis cultivos, déjenme decirles que soy fan de los Beatles. En cuanto a Sgt. Pepper’s., digamos que no lo considero abominable ni vomitivo, pero sí muy irritante. Es como ese amigo que te copia las muletillas o la gente que fuma en pipa. No son Klaus Barbie, no pedirías su extradición ni mandarías un escuadrón del Mossad, pero sí sientes de vez en cuando el impulso de aplastarles un cupcake en la cara.

Uno de los problemas del álbum es su aureola. Sgt. Pepper’s es el tipo de elepé del que los musicólogos dicen, ajustándose pajaritas imaginarias al cuello, que es una “síntesis psique-clásica”, con sus “cadencias doble plagales” y “escalas pentatónicas”. ¿Uh? El octavo disco de los Beatles es el disco más sobrevalorado y pomposo de la historia. Cuando apareció en 1967 se escuchó un suspiro de satisfacción: eran los críticos decanos de Oxbridge, que por fin veían como el rock’n’roll dejaba de ser popular, flamígero y bailable (chusmero, por decirlo rápido y mal) y se convertía en… Intelectual. “Estableció el puente entre cultura popular y Arte legítimo”. Ecs.

Sgt Peppers es el tiro de gracia al rock’n’roll y el pop de single tal y como los conocimos hasta 1967: bobos y breves y épicos. Marcó el inicio del aburrimiento y la contemplación en el pop blanco, instauró el sombrío trienio del rock “adulto” (1968-70, hasta que llegó el glam rock), los cantautores para divorciados, el odioso blues rock. Sin Sgt Pepper’s no hay Genesis ni el Dark Side of The Moon de Pink Floyd, discos que exigían ser escuchados a oscuras, con reverencia y sumisión (que solo se rompían cuando algún no-creyente soltaba un pedo). Música estudiantil: Sgt. Peppers es un ornamento ideal para universitarios. Música para enmarcar y medir, en lugar de para morrear y dar cabriolas y enfrentarse a la policía. Arranca el pop de los clubes sociales, las discos, las fiestas caseras, la clase obrera, en suma, y lo coloca un anfiteatro repleto de catedráticos, para ser convenientemente diseccionado y embalsamado y degustado sin peligro de contagio.

Ustedes dirán que nada de esto es culpa del grupo o del disco. Al contrario. Este es un álbum que se confeccionó como un “concepto” unitario, como una pieza de museo. Un cerebral producto de laboratorio grabado durante 129 días por músicos hastiados al borde del cisma. 129 días de marear la perdiz y golpear el cadáver, de ir pegando mierdecillas y pedorretas, a ver si algo se quedaba pegado (Slade grababan sus discos en 2 días; saquen cuentas). Un disco que fue gestado a base de ideas tan presuntuosas como petrificadas, mientras una colosal pluma de emú emergía del sombrero de McCartney.

Inconsistente, extraviado y desganado; así es SPLHCB. Compárenlo a los dos discos previos del grupo, Rubber Soul (1965) y Revolver (1966): dos elepés llenos de vida y hits, melancólicos a la vez que audaces y frescos, realizados por un grupo cohesionado en su fase imperial. Y ahora echen un vistazo a esto: unos pocos hits inapelables (“Lucy in the sky with diamonds”, “She’s leaving home”, “A day in life”) conviven con puro material de cara B discreta: “Fixing a hole”, “Lovely Rita”, el pastiche raga “Within you without you”, el vodevil fotocopia-sin-toner de “Being for the benefit of Mr.Kite”. Que estas canciones de relleno fuesen aceptadas en el LP solo significa que los Beatles habían secado el manantial y creían que cualquier birria colaría. Y eso resulta deprimente, lo mires como lo mires.

(Escribí esta pieza para El Periódico del pasado nosecuantos. Hace tres o cuatro días. Era el aniversario del Sgt. Pepper’s, o algo así. Yo acusaba, otro caballero (Carles Estrada, de Los Negativos) defendía. Quedó bien. La cuelgo directamente en lugar de limitarme a emplastar el link para darle colorido a la página)