Cosas Que Leo #76: HILLBILLY, UNA ELEGÍA RURAL, J.D. Vance

“Así que no escribí este libro porque haya logrado algo extraordinario. Escribí este libro porque he logrado algo bastante ordinario, cosa que no les sucede a la mayoría de los chicos que crecieron como yo. Porque yo crecí siendo pobre siendo pobre en el cinturón del Óxido, en un pueblo acerero de Ohio que ha estado perdiendo puestos de trabajo y esperanzas desde que tengo memoria. Por decirlo suavemente, tengo una relación compleja con mis padres, y mi madre ha luchado contra las adicciones durante casi toda mi vida. Mis abuelos, ninguno de los cuales acabó la educación secundaria, me educaron, y sólo algunos parientes lejanos fueron a la universidad. Las estadísticas dicen que los chicos como yo tienen un futuro lúgubre; que si tienen buena suerte lograrán no depender de las prestaciones sociales, y que si tienen mala suerte morirán de una sobredosis de heroína, como les sucedió a docenas en mi pequeño pueblo solo el año pasado.

Yo era uno de esos chicos con un futuro lúgubre. Casi dejé el instituto. Casi me dejé llevar por la ira profunda, por el resentimiento que sentía todo el mundo a mi alrededor”.

Hillbilly, una elegía rural

J.D. VANCE

Deusto, 2017 (publicado originalmente como Hillbilly Elegy en 2016)

251 págs.

Traducción de Ramón González Ferriz

Cosas Que Leo #75: ALEC, Eddie Campbell

 Viñetas de 'Alec', de Eddie Campbell
Alec: The Years Have Pants

Alec

EDDIE CAMPBELL

Astiberri, 2010 (publicado originalmente como Alec: the years have pants por Top Shelf en 2009)

315 págs.

Revancha

La Canción del Viernes #64: MARTIN NEWELL “Ain’t no silicone chip”

Una canción temprana de un viejo conocido de estas páginas, Martin Newell (uno de mis músicos favoritos desde hace décadas, como bien saben). La canción es de 1979, quizás por eso me recuerda tanto a Wreckless Eric o Johnny Moped. Todo apunta a que es una maqueta (si bien rutilante). Newell la incluyó en su disco escoba Martin Newell’s jumble Sale, que venía acompañado por esta escueta nota interior: “These selections recorded by Martin Newell mostly on 4-track or mono reel-to-reel, were made in classic lo-fi fashion. We hope you like them.“.

La canción cubre con una película acuosa mis cansados ojos, no sé si por el entusiasmo juvenil y epigramático de la frase principal, o por la metáfora futurista del título, o por la repetición casi autista del verso “I was standing in your kitchen / now I’m standing in your yard“, o por ese final abrupto, como si alguien hubiese pulsado el pause antes de tiempo (o él mismo hubiese dicho: “no sé cómo terminarla. A la mierda, me voy al pub”).

Cosas Que Leo #74: TARR, Wyndham Lewis

“Tarr had wings to his hips. He wore a dark morning-coat whose tails flowed behind him as he walked strongly and quickly along, and curled at either side of his lap as he sat. it was buttoned halfway down the body. He was taller than Butcher, wore glasses, had a dark skin and a steady, unamiable, impatient expression. He was clean-shaven with a shallow square jaw and straight thick mouth. His hands were square and usually hot -all these characteristics he inherited from his mother, except his height. That he seemed to have caused himself.

He impressed the stranger as having inherited himself last week, and as under a great press of business to grasp the details and resources of the concern. Not very much satisfaction at his inheritance was manifest and no arrogance. Great capacity was written all over him. As yet he did not appear to have been modified by any sedentary, sentimental or other discipline or habit: he was at his first push in an ardent and exotic world, with a good fund of passion from a somewhat frigid climate of his own. His mistakes he talked over without embarrassment -he felty them deeply. He was experimental and modest.

A rude and hard infancy, if Balzac is to be believed, is quite the best thing for development of character. Thereby a child learns duplicity and hardens in defence.”

Tarr

WYNDHAM LEWIS

Penguin 1982 (publicado originalmente en 1918)

334 págs.

Cosas Que Leo #73: LA FLOR, Mary Karr

“Si a la polio sumamos las víctimas de accidentes de caza -a uno le amputaron una pierna por debajo de la rodilla-, las caídas desde grandes alturas, los cortes que no se suturaban, las contusiones que no se vigilaban con radiografías, la salud mental mínima y la ausencia absoluta de ortondoncias, obtendremos una población tan desfigurada y mutilada, dentuda y deforme, que no nos quedaba otra que repartir insultos y golpes a mansalva, pues eran el contacto más estrecho para muchos.”

La flor

MARY KARR

Periférica & Errata Naturae, 2020 (publicado originalmente en el 2000 como Cherry)

432 págs.

Traducción de Regina López Muñoz

PSYCHOLAND T2 EO12: Jack The Ripper: Tripa a la victoriana (Especial Navideño)

Jack el Destripador es el asesino en serie más famoso de todos los tiempos. El doceavo y último episodio de la segunda temporada de Psycholand analiza la época, las víctimas (canónicas y no canónicas), las pruebas y los acusados del crimen más célebre, extraño y proclive a la conspiranoia de los últimos dos siglos. A los ripperólogos sólo les falta decir que a las prostitutas las mató Fofó, el delfín Willy o Batman, pero Benja Villegas y Kiko Amat, alumbradas las pipas y trasegados los ponches, sacarán sus propias (y fascinantes) conclusiones.

Este es el último episodio de la temporada 2. Lloren ahora. Es un especial navideño de más de una hora, porque nos flipan los especiales navideños de duración extendida.

Seguiremos informando sobre (posibles) nuevas temporadas cuando tengamos alguna idea de lo que sucederá en el futuro. Por el momento, pueden escucharnos aquí, y ver algunas de las paridas que hacemos (y cantar alabanzas) acá.

Cosas Que Leo #72: LA GRAN CAMINADA, Stephen King

“Recordava que un cop l’havien estimat, un cop ell també havia estimat. Però ara al cap només hi tenia jazz i un timbal que cada cop sonava més fort i la seva mare tan sols era un vestit de pell farcit de palla, la Jan res més que un maniquí de grans magatzems. S’havia acabat. Encara que guanyés, si aconseguia sobreviure a en McVries, a l’Stebbins i a en Baker, s’havia acabat. No tornaria a casa mai més.

Va començar a plorar una mica. La vista se li va entelar, es va entrebancar i va caure. L’asfalt era dur, d’una fredor sorprenent i increïblement agradable. Va rebre dos avisos abans d’aconseguir aixecar-se, amb una sèrie de moviments ebris com de cranc. Va fer que els peus li tornessin a funcionar. Va deixar anar un pet, un espetec llarg i estèril que no tenia res a veure amb els de tota la vida.”

La gran caminada

STEPHEN KING

Males Herbes, 2020 (publicada originalmente en 1979 como The long walk, y firmada con el pseudónimo de Richard Bachmann).

366 págs.

Traducció de Martí Sales.

T2 EO11: Güeyes que mataron a güeyes famosos: Hoy: ¡Lee Harvey Oswald! ¡Otra vez! ¡Con nuevas revelaciones! (Capítulo segundo)

Por clamor popular -y también por una serie de acuerdos comerciales con Pacificovisión que no vienen a cuento aquí, pero que tienen que ver con un intercambio de programas que resultaron en extremo ventajosos para solo una de las dos partes contratantes-, regresa Güeyes que mataron a güeyes famosos (GMGF), el secreto mejor guardado de la televisión por cable regional con conexión no idónea, pero tampoco mala. En este número, Bennie y Frank nos hablan de ese pérfido Oswald y de sus secuaces, y de lo que hicieron (¡o no! ¡No se pierdan el episodio!) en Dallas en noviembre de 1963.

Good shit aquí y acá.

Este es uno de mis capítulos favoritos de PsycholandGüeyes. Sufrimos una serie de azarosos problemas técnicos que nos obligaron a repetir la grabación. ENTERA. Del episodio. Acudimos a la segunda grabación con una aprensión creciente que se transformó en histeria premonitoria que se transformó en hilaridad manifiesta al poco de empezar a grabar. En Psycholand abundan, por norma, las paridas fuera de guión y las ingeniosidades y chanzas ad-lib, pero este segundo capítulo sobre Oswald se lleva la palma al respecto. El resultado es ese: dos notas riffeando, pasándolo madre de un modo contagioso, intentando que no se les vaya de las manos el enésimo ataque de risa.

T2 EO10: Güeyes que mataron a güeyes famosos: Hoy: ¡Lee Harvey Oswald! (capítulo primero)

Por problemas técnicos, el programa de televisión por cable Güeyes que mataron a güeyes famosos (GMGF) sustituye al episodio décimo de Psycholand. Un programa realizado con mucho entusiasmo, que compensa con entrega, invención, perjurio y gañidos de lo que adolece en presupuesto, documentación y seguidores. En este capítulo, sus conductores Benny y Frank nos hablan como buenamente pueden de Lee Harvey Oswald, el güey que mató (¿en solitario? ¿Con peña? ¡No se pierdan el episodio!), al presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy.

Once more with a feeling: el episodio aquí. Instagram de Psycholand acá.

PSYCHOLAND T2 EO9: Falsos culpables; serial killers que al final no lo eran

Ser culpado por algo que no has hecho no resulta placentero. Uy no. Que se lo digan al cerril camionero Timothy Evans, quien se comió los marrones de su necrófilo vecino John Christie. O al cándido morón Bruno Ludke, acusado de asesinar a más de 80 personas a lo largo y ancho del Reich. O al siniestro Wayne Williams, un tipo que seguro era culpable de algo, pero no de los crímenes de Atlanta (o al menos no de todos). Nuestro noveno episodio rompe una justa lanza por los falsos culpables del universo serial killer

Regurgitemos de nuevo la homilía: el episodio puede escucharse aquí. El fabuloso mundo instagramero de Psycholand yace acá. Ya tardan.

Cosas Que Leo #71: KARA Y YARA EN LA TORMENTA DE LA HISTORIA, Alek Popov

“- No le hagáis caso, a veces se le va la olla -les explicó un chico recio-; por lo demás, es de los nuestros hasta la médula. Yo soy el Último Clavo en el Ataúd del Capitalismo.

– Es decir, el Clavo -dijo alguien.

– ¿No será de Pernik, camarada? -preguntaron arqueando las cejas las chicas, que también habían recuperado en parte su compostura, una vez convencidas de que el peligro de ser despedazadas en el acto había desaparecido.

Todos se echaron a reír. Sí, el Clavo era de Pernik e incluso era pariente lejano del Enterrador, aunque, a diferencia de él, había estudiado en un instituto de Sofía y se abstenía de llamar a las camaradas “bochancas”. A finales de la década de 1930 los libros de Karl May habían adquirido gran popularidad entre la juventud progresista de la ciudad minera. Las hazañas del guerrero Winnetou estimulaban la imaginación de los militantes de la Unión de juventudes Obreras, que en cierta medida se identificaban con la lucha de los hermanos pieles rojas oprimidos. Estaban en boga los nombres de guerra largos: el Toro Salvaje de la Revolución, la Flecha de la Internacional Comunista, el Gran Oso Rojo, el Rayo de la Ira Proletaria, etcétera. El típico reduccionismo balcánico, sin embargo, impidió que la tendencia se extendiera.”

Kara y Yara en la tormenta de la historia

ALEK POPOV

Hoja de Lata, 2020

329 págs.

Traducción de Viktoria Lefterova y Enrique Maldonado

NANCY ISENBERG: “Los norteamericanos se niegan a aceptar que viven en un sistema de clases”

La historiadora estadounidense deshace en su libro White Trash (Capitán Swing) todos los mitos de clase de los Estados Unidos y traza una tradición proto-Trump que se remonta al nacimiento del país.

Libros de Nancy Isenberg. Biografía y bibliografía - txalaparta.eus

Donald Trump entró en la política norteamericana como proverbial elefante en cacharrería. Un elefante tardo, bravucón, pésimo negociante y (peor aún) millonario. El shock de aquella delirante entrada provocó que algunos tildaran su “política” de “novedosa”. Lo cierto es que, como demuestra White Trash; los ignorados 400 años de historia de las clases sociales estadounidenses el fenómeno Trump es tan viejo como el país. Siempre han existido políticos populistas, mendaces, bocazas y con retórica redneck. White Trash, un libro que no se escribió con Trump en mente pero logra mapear su existencia al milímetro, habla también de esclavismo, linaje, elitismo y oligarquía, y sobre todo de cómo un país obsesionado con la clase social ha creado el mito de ser un país “sin clases”.

Desde el principio, las colonias fueron consideradas por la clase dirigente “el retrete por donde excretar” la escoria del mundo.

Es difícil contar esto sin eufemismos [ríe]. Si algo me gusta del periodo isabelino es que no habían inventado la demagogia. Son muy directos, no tratan de disfrazar sus sentimientos, como harían a partir del siglo XVIII y la Ilustración, suavizando el tono. Jefferson siguió considerando que los pobres eran “basura” [ríe], pero lo decía con la boca pequeña. Me parece interesante la asociación que realizaban entre gente residual (waste people) y erial (wasteland), o tierra sin cultivar. Las metáforas basadas en la tierra eran muy importantes para definir identidad cívica, por eso los primeros votantes eran terratenientes. Eso todavía moldea la política estadounidense actual: la medida del éxito moderna sigue siendo poseer tu propia casa. Un ciudadano útil y productivo tiene que poseer tierras.

Los pobres eran “excremento humano” que solo servía para fertilizar dicha tierra, como dijo Thoreau (quien se las daba de progresista).

Exacto. Eran gente sacrificable. Hay gente que aún lo ve así. En los 90’s una escritora conservadora dijo aquello de que “pueden pasar un poco de hambre”.

El Nuevo Mundo era, esencialmente, un gran campo de trabajo.

Jamestown estaba a punto de fracasar, por las guerras indias y el hambre constante, hasta que lo transformaron en una colonia-prisión. En aquella época no temían usar el término, ni tampoco el de workhouse (hospicio de trabajo forzado). Los Estados Unidos eran lo mismo que Australia. Una prisión inmensa para gente que era una carga para la Gran Bretaña.

La diferencia entre Australia y Estados Unidos es que los segundos son unos maestros en la creación de mitos. Los australianos no tenían Disney.

A los norteamericanos nos chifla el mito. Por eso inventamos el de los Padres Peregrinos y los Puritanos, para fingir que la gente llegó aquí en busca de libertad religiosa. Pero los religiosos eran una minoría. Los factores que impulsaron la emigración a América eran económicos. Los creadores de mitos del XIX afinaron aún más la fábula, al añadir el concepto del Pionero que necesita moverse hacia el Oeste. Cuando la gente utiliza la palabra “pionero” o “colono” están borrando las connotaciones negativas que se asociaban a la gente que “supuraba” (como se decía entonces) hacia el Oeste. No eran colonos, eran pobres. Incluso la gente que es sensible contribuye a borrar la historia real. Rediseñan el pasado para sentirse mejor.

Por mucho que los padres de la patria se llenaran la boca con la Declaración de Derechos del Hombre, lo cierto es que la sociedad norteamericana siempre fue aristocrática y “semi-feudal” en su concepción. Igual que Gran Bretaña.

Sí, especialmente en el sistema de plantaciones del sur agrario. Jefferson defendía la expansión al Oeste, pero no prometía ascenso social, solo movilidad horizontal. Jefferson quería deshacerse de la Cámara de los Lores y de los títulos de propiedad, pero al final lo que hizo fue recrear una aristocracia de la riqueza. Los norteamericanos se niegan a aceptar que tenemos un sistema de clases. Jefferson quería creer que habíamos creado una nueva sociedad, pero en realidad había replicado la inglesa, con otros nombres. Cogimos sus leyes y cultura; no inventamos un país de la nada, como finge todo el mundo.

El mito es tan potente que a uno le entran ganas de creérselo: heroísmo, libertad, “derecho a la felicidad”…

Jefferson mantuvo una conversación con una familia pobre, cuyos niños iban semidesnudos, sin zapatos, el padre de familia llevaba la camisa abierta… Eran “basura blanca”. Pero aquel descamisado le habló a Jefferson con orgullo, porque poseía un pedazo de tierra, y eso se consideraba libertad. Nuestros políticos aprenden muy rápido a hablar el lenguaje de los pobres y a utilizarlo cuando les conviene, pero cuando salen elegidos lo olvidan muy rápido. Excepto en el caso del New Deal, que es el momento más progresivo de la historia de los EUA.

Aniversario del nacimiento de Benjamin Franklin

Benjamin Franklin tampoco era el achuchable caballero con ratón parlante de la película de Disney.

Franklin no venía de la élite, y fue ascendiendo a través de las clases, por lo que solía ser un poco más honesto que los demás al hablar de clase social. Subrayaba que los americanos defendían la esclavitud, que a su vez se apoyaba en la explotación infantil, porque así perpetuaban la condición de la madre. Era como crear un pedigrí distinto. Cuando Franklin dijo que las colonias norteñas eran mejor que las sureñas era porque el norte podía reproducir una población vasta de familias numerosas, y así el hombre sobreviviría explotando a su mujer e hijos. Franklin siempre afirmó que la explotación familiar era esencial para la idea de moverse al Oeste y ascender socialmente. Por supuesto, no había ninguna garantía de que eso prosperara. En sociedades agrarias hay mucha menos movilidad social que en sociedades comerciales. En 1776, la época de la Revolución Americana, Gran Bretaña tenía mucha más movilidad social que las colonias. Es la gran paradoja [ríe].

El nuevo país desarrolló una obsesión con la pureza de la sangre, el “buen linaje” y la nobleza hereditaria que, de hecho, rivalizaba con la inglesa (y con los nazis).

La atención al pedigrí influencia al pensamiento racial y se hereda de la idea de clase. El sistema legal inglés está basado por entero en las ideas de herencia y estirpe. La aristocracia, es bien sabido, funciona por línea sanguínea y genealogía. El concepto de “buen linaje” proviene de comunidades agrarias, donde los humanos convivían con animales. Daniel Huntley, uno de mis “favoritos”, era un confederado que consideraba la élite sureña como “raza de jinetes” y siempre los equiparaba a los sementales [ríe], mientras que los pobres blancos eran jamelgos de sangre degenerada que pastaban en los páramos. Esto no eran solo metáforas. Su mundo no hacía tantas diferencias entre humanos y animales. Franklin pasó la vida estudiando hormigas y palomas; para él los impulsos biológicos eran más reveladores que las estructuras sociales a la hora de moldear comportamientos humanos.

Todas las guerras son guerras de clases. Los pobres blancos sureños no tenían esclavos, ni ningunas ganas de guerrear por las élites terratenientes del sur.

Algunos estados esclavistas del sur se unieron a la unión, como Virginia Occidental, y esclavistas sureños se afiliaron al ejército del “norte”. Las rebeliones internas eran incesantes (cosa que me encanta). En mitad del Mississippi, el estado natal de Jefferson Davies, surgió lo que llamaron Jones Free State, una sociedad libre independiente que creó su propio estado antiesclavista en medio de la Confederación. Algo así indica que los blancos pobres y los negros tenían redes subterráneas, y más contacto entre ellos que el que tenían las clases medias blancas con los blancos pobres. Ese es el problema con la sociedad actual: la gente ve esas manifestaciones pro-Trump y asume que son todo basura Blanca y que la cosa va de supremacía racial. Pero no es tan sencillo. En el sur, y en todos los Estados Unidos, clase y raza van siempre unidos. Los progresistas no ayudan, en ese sentido. Han perdido el foco de clase que existía en la política de los años sesenta, por ejemplo.

La vieja displicencia del Norte respecto al Sur explica eventos futuros, como la derrota de Hillary Clinton.

El género también tuvo que ver. Mira a Donald Trump. Está obsesionado con su fuerza y masculinidad. Vemos el liderazgo en términos de género. Pero es cierto que el partido demócrata solía ser el partido de la clase obrera y los sindicatos y apelaba a la clase “no-experta”. Joe Biden le critica a Hillary Clinton que ponga tanto énfasis en las “élites con pedigrí”. Yo estoy a favor de los expertos (no quiero vivir en un mundo donde un presidente idiota no presta atención a los hechos y nunca aprende), pero tienes que ampliar ese paraguas para no apelar solo a una sensibilidad de clase media. El problema con mi país es que la gente pobre no vota, y la mayoría de ellos estarían a favor de la política demócrata. Los mayores fans de Trump no son de clase obrera, sino gente que se ha movido a la clase media, adquiriendo valores conservadores y anti-estado, a la vez que conservan un resentimiento atávico por haber sido ignorados durante siglos. Por eso les gusta Trump. Él ha creado un espacio para ellos. Los medios de comunicación no han tenido más remedio que empezar a hablar en términos de clase social, cosa que odian. Aquí los periodistas son especialistas en hablar de raza, y a veces de género, pero nunca mezclados. Una periodista me dijo: “si hablamos de clase, ¿eso quiere decir que tenemos que dejar de hablar de raza?”. Como si solo pudieses hablar de una cosa a la vez [ríe].

Unknown Artist - La Ballade De Davy Crockett (Flexi-disc) | Discogs

Existe una tradición de proto-Trumps que se han paseado por la historia de tu país. Andrew Jackson, Davy Crockett, James K. Vardaman… Debo decir que caen mejor que Trump.

Esa es la razón del éxito de Trump. Está basándose en tradiciones que son parte de la cultura norteamericana. Es cierto que Davy Crockett cae más simpático, e hizo algunas cosas buenas: a) se rebeló contra Jackson, b) defendía los derechos de los squatters, u ocupantes ilegales de tierras, y c) también defendía los derechos de los nativos americanos. Hizo política, creó leyes, existía en el mundo real. Trump no presta atención a las condiciones materiales, para él todo es teatro y electoralismo. No tiene creencias. Cuando era la hora de codearse con demócratas era demócrata. Ahora se ha vuelto más viejo, más cascarrabias y más loco, la paranoia se le ha subido a la cabeza, así que encaja en el partido Republicano actual. Cuya idea es atacar y atacar, y buscar cabezas de turco.

Puedo entender cómo alguien de clase obrera vota por un paria que ha “triunfado” en el mundo, como Vardaman o Lincoln, aunque sus políticas le sean perjudiciales. Pero Trump nació millonario.

En Luisiana, donde yo vivo, la gente que votó por Trump le consideraba un buen hombre de negocios, porque los medios de comunicación no expusieron sus bancarrotas y sus fracasos. Primer error. El segundo error es que le votan por cómo se expresa. Es un billonario que habla como si estuviese en un chaflán de Queens. Esa gente rechazó a los otros candidatos republicanos, así como a Hillary Clinton, porque no querían un político con experiencia. La moda actual es antipolíticos, y por eso los candidatos tienen que vestir informal y hablar como la gente. La forma de hablar de Trump les resulta refrescante, y lo confunden con autenticidad. Que mienta o diga lo primero que se le pasa por la cabeza quiere decir que no está leyendo un guion. Y eso refuerza su atractivo.

La tendencia no es solo antipolíticos expertos, sino también anti-intelectual, ¿no?

En el 2016, solo un 32% de los estadounidenses tenían títulos universitarios. Los demócratas no pueden seguir utilizando la retórica meritocrática: educarse, superarse… Porque eso solo es aplicable a un tercio de la población. El resto de la gente tiene trayectorias profesionales completamente distintas. Los republicanos destruyeron los sindicatos, y los demócratas no hicieron nada para oponerse a las legislaciones del “derecho a trabajar” y todo eso. Por último, la clase obrera de hoy ya no son tipos blancos con cascos de construcción, como muestran los noticiarios. Es más diversa en raza y género. Pero Trump está atrapado en esa retórica, que le viene de Steve Bannon, un tío de origen humilde que se hizo superrico y super-corrupto, y se llenaba la boca con el Rust Belt y el declive industrial que él contribuyó a crear.

Donald Trump: A History of the Presidential Candidate's Involvement with  WWE | Bleacher Report | Latest News, Videos and Highlights

James K. Vardaman, senador demócrata de Mississippi, se apropió, como Trump, de la retórica white trash. Se definía a sí mismo como el “redneck original”.

Sí, es parecido a lo de Trump con el wrestling. Todo es exagerado y camp, es su simulación de millonario matón. La gente que va a los campeonatos de wrestling es de clase obrera, y saben que aquello es camp y falso y teatral, pero su sensibilidad sobre qué es divertido es distinta a la de la clase media. Quieren ver a gente con sus mismos gustos en el poder. Trump comprende y conecta con eso.

No esperaba empatizar con Lyndon B. Johnson. Le tenía demonizado por Vietnam, pero tu libro arroja una luz favorable sobre él.

La guerra del Vietnam es la crítica más habitual que se le suele hacer. Pero Johnson era un tipo honesto y un político de verdad: conseguía que se aprobaran leyes en el congreso (algo que hoy resulta imposible). Además, comprendía perfectamente los problemas de los pobres, porque él era un producto del New Deal: un profesor de escuela que había trabajado en proyectos del New deal y enseñado a niños pobres. Mucha gente piensa en su programa de la Great Society y solo recuerda los fondos destinados a los guetos negros urbanos, pero ignoran los fondos que se destinaron a los pobres blancos rurales de los Apalaches, por ejemplo. Para él, esas dos clases estaban sufriendo y necesitaban el mismo tipo de ayuda. Los demócratas actuales solo se fijan en raza y en entornos urbanos, dándoles una excusa a los críticos de las ayudas gubernamentales. Convertimos a los blancos pobres rurales en invisibles, y luego nos sorprendemos de que los conservadores logren incitar el odio racial.

Kentucky County That Gave War On Poverty A Face Still Struggles : NPR

En España sucede algo similar.

Los estados sureños proveen menos asistencia que los norteños, pero consiguen más ayudas. Luisiana tiene cargas fiscales regresivas, e impuestos a la propiedad bajísimos. El problema es que los pobres asumen que los políticos son corruptos, porque en el pasado lo han sido, y no esperan nada de ellos. Yo crecí en New jersey, donde la gente se queja. En el sur, la gente pobre acepta lo que le dan. Eso se convierte en un juego de suma cero que los republicanos explotan: el pobre blanco asume que no va a recibir ayudas, y no quiere que otros las consigan. Los terratenientes sureños no van a favor de la clase obrera blanca del sur. Es igual que en la Confederación. Los pobres blancos del sur ondean la confederada, la bandera de una gente que les odiaba y les aplastó [ríe].

La tentación de realizar otra comparación con España es casi irresistible.

Los terratenientes sureños intentaron quitarles el voto. Imagina. Temían que les sedujera Lincoln y empezara un levantamiento de clase. Pero la confederación ha sido tan romantizada tras los sesenta que es imposible discutir la realidad. La clase obrera sureña defiende los monumentos de Jefferson Davies o Robert E. Lee, oligarcas que les consideraban carne de cañón. Esas estatuas las construyó la nueva élite blanca sureña, no son en honor del pueblo.

Los ataques a Lyndon B. o Sarah Palin, dos políticos completamente distintos, se parecían en su naturaleza clasista.

Se centraban en que eran paletos sin educación, gañanes sin modales. Cuando la gente asciende en la escala social, empieza a desdeñar a los que se quedan abajo. La idea de que los que vienen de bagajes pobres van a ser automáticamente liberales o progresistas es falsa. Bernie Sanders habla siempre del 1% que tiene el poder, pero el sistema de clases se transmite por todas las clases. Infecta la relación que la clase obrera tiene con la clase pobre. La mayoría de gente trabajadora tiene miedo de empeorar económicamente. Las estadísticas muestran que la clase obrera no asciende: tiende a caer, luego tal vez vuelve a su estado anterior, pero raramente se muda a la media. Lo de que “solo hay un camino y es hacia arriba” es una patraña: la gente trabajadora desciende. El triunfo de algunas políticas (y de Trump) están basadas en la explotación del resentimiento: de las clases medias hacia las clases obreras y pobres, o de la clase obrera intentando conservar su identidad y distinguiéndose del lumpen. El redneck se define en contraposición a la basura blanca. Los llamados rednecks se ven a sí mismos como gente que trabaja duro y bebe duro, pero que tiene un empleo, mientras que la basura blanca vive de las ayudas y no aporta nada a la sociedad.

The Surprising Backstory of The Beverly Hillbillies - The Life & Times of  Hollywood

Repasas los estereotipos clasistas de la televisión norteamericana y el show business.

El propósito de una serie como The Beverly Hillbillies era hacer que la clase media odiase al banquero a la vez que sentía resentimiento por una familia de basura blanca que no merecía el regalo. La gente mira una serie como Here comes Honey Boo Boo porque es como un desfile de freaks. Te sentirás superior a ellos, porque son patéticos y puedes reírte de su estupidez. La clase media es profundamente insegura: solo se define a sí misma por quien tiene encima y debajo.

El esclavismo funcionaba por eso. Porque los pobres blancos temían descender al nivel del esclavo.

Sí. La confederación utilizaba esa idea para competir con el encanto de Lincoln. Los republicanos norteños querían pasar el Homestead Act, que pretendía entregar tierras a los pobres. Un cambio en las leyes de propiedad era algo muy peligroso para la élite sureña. Así que les dijeron a los pobres que el Norte les iba a hacer descender al nivel de esclavos negros. En realidad, los potentados sureños consideraban a la basura blanca por debajo de los esclavos, porque según ellos los esclavos eran productivos. Eso es revelador. Respetaban a sus esclavos porque les hacían ganar dinero, mientras que la basura blanca eran ladrones, usurpadores de tierras e inútiles. Solo querían librarse de ellos.

Reexaminas una de las imágenes más famosas del racismo blanco, que es Hazel Bryan increpando a la primera estudiante negra de Little Rock, Arkansas.

Es interesante reexaminar lo sucedido, porque Hazel Bryan ya no era basura blanca cuando se tomó esa imagen. Su familia se había mudado a la ciudad no hacía mucho, y de repente vivía en una casa con lavabos. A todos los efectos, había ascendido socialmente, y adoptado el temor a descender de la clase media. En segundo lugar: en Little Rock había tres institutos: el de la élite, que no era integrado; el afroamericano; y Central High, que era el de la clase obrera. Cuando empezaron a integrar, lo hicieron con el de clase obrera. Era un experimento social, que además no iba a salpicar a la élite, que continuaba teniendo un instituto solo para blancos. La explosión racista de Little Rock tenía mucho de ira de clase, y eso jamás se comenta. El caso de Hazel Bryan es interesante, porque descendió socialmente, y acabó viviendo en una caravana, como tanta otra gente de su generación. Sus padres, que eran hijos del New Deal, ascendieron; ella cayó.

Bill Clinton fue “el primer presidente negro”. Explícanos la teoría.

Sus experiencias con la pobreza eran similares a los de un afroamericano. Comprendía los aprietos de la comunidad negra porque venía de una clase similar. Los republicanos lo leyeron de otro modo: le llamaron el primer presidente white trash. Le odiaban como nunca odiaron a Obama. Cuando sucedió el escándalo Monica Lewinsky lo atribuyeron a su talante de basura blanca. Los republicanos creían que Reagan era un Rey: el dignatario perfecto, elegante, señorial… La señora Reagan miraba por encima del hombro a los Carter, que venían de la clase trabajadora, y una vez en el poder hizo fumigar la Casa Blanca. Reagan les hizo vivir de nuevo el sueño aristocrático americano. Pero Clinton… Era un insulto viviente a aquello. Los llamaban el príncipe y el mendigo. Insultaban a su madre, que había sido pobre y adicta a las drogas. El pedigrí era clave para analizarle. Con Sarah Palin hicieron lo mismo. Se ensañaron con que su hija se había quedado embarazada antes del matrimonio, como si aquello fuese un atributo lumpen. Twitter e internet difundieron el bulo de que el hijo disminuido de Palin era en realidad hijo de su hija. Cuando tratan de meterle alguna puya a Hillary Clinton (y las mujeres acarrean un mayor estigma de clase que los hombres) siempre es por algún defecto de clase: mala dentadura, por fumar, por no engendrar suficiente descendencia. Por ser una mala madre que alimenta a sus hijos con arcilla, como se decía antes.

Bill Clinton plays the sax - Iconic presidential campaign moments - CBS News

Danos tu apuesta para estas elecciones.

Trump ha quemado la mayoría de sus puentes. Su rabia y fealdad no son solo clasistas y racistas sino también machistas, y creo que casi nadie le soporta. Los republicanos del Lincoln Project, que son desertores anti-Trump, afirman que el partido republicano actual está dividido, y es por razones de clase. Los republicanos con cierta educación tienen Fatiga Trump, y se han dado cuenta de que Biden no es el anticristo [ríe]. Creo que ese tipo de republicanos va a cambiar su voto. Y todo empezará en Pensilvania, el estado de Biden. Está hablando de clase en su programa: señala a Trump como un snob que mira por encima del hombro a los pobres, el tipo que prohíbe el ingreso del trabajador corriente al club de campo. El sur sigue siendo un caso perdido, pero va a notarse un incremento de votantes negros y mujeres negras (que siempre han apoyado a Hillary). Resumiendo: la gente está harta de Trump. Lo que quieren ahora es un presidente aburrido. Pero aún van a votarle muchos, no nos engañemos. Las dos cosas que me preocupan post-elecciones son: a) las milicias (van a crear violencia, seguro) y b) la división absoluta de los republicanos, que, incapaces de rehacer el partido desde los cimientos, tal vez se vean obligados a buscar a alguien peor que Trump. Pues alguien como él ya ganó una vez. ¿Por qué no repetir?

Kiko Amat

(Hace un par de meses entrevisté a Nancy Isenberg para El Periódico, en la que todo apunta que fue la última entrevista que voy a realizar en un tiempo. Por razones de tiempo. Esta es la fabulosa charla sin cortes de aquella entrevista. Todos los derechos de Kiko Amat. Citen la fuente, si me hacen el favor)

TOP 12 LIBROS 2020 por Kiko Amat

Este es el festivo video anual con mi top 12 libresco del año. Realizado en casa de Benja y Auri con tres cámaras y media y mucho oficio. Está producido por 100patadas y colgado en @100patadas, insta de Psycholand y de las cosas que hacen Benja Villegas y el menda lerenda.

Por favor compártanla a placer y a destajo.

No sé mucho de redes sociales pero sé cuando CHRIS OFFUTT nos da las gracias. What. The. Fuck.

Todas las listas son imperfectas por definición, y esta no es una excepción (…vivo rimando, ¡hey!). Me dolió especialmente tener que dejar fuera los siguientes cuatro libros, que me encantaron también y quisiera recomendar, por si algún jabato/jabata se ha leído ya los otros doce:

  • Cerco II, Carl Frode Tiller (Sajalín)
  • El adolescente Savenko, Eduard Limónov (Libros del oriente y el Mediterráneo)
  • Caliban i la bruixa, Silvia Federici (Virus Editorial)
  • La caja negra, Alek Popov (Automática)

Cosas Que Leo #70: SHOCKAHOLIC, Carrie Fisher

“Now, I’ve always heard that one of the most important things in life is to be confortable in one’s own skin. Well, I may have come to the not illogical conclusion that the more skin you have, the more confort you’ll feel! Presumably you’ve heard of making a mountain out of a molehill? Well, that one fussy molehill was now this eternally black-clad mountain. And, if my alleged resemblance to Elton John turns out to be a problem for anyone out there, all I can really say (politely and in a sing-song voice) is “blow my big bovine, tiny dancer cock!” Or you could just skip the whole thing – your choice”.

Shockaholic

CARRIE FISHER

Simon & Schuster, 2011

156 págs.

“De gris niño a azul adolescente”: un prólogo de Kiko Amat para BOY ABOUT TOWN

He escrito otro prólogo. Vuelve a ser para un libro que me encanta, el Boy About Town de Tony Fletcher, que publica en España la editorial Chelsea en edición aumentada y a todo color.

Les muestro un fragmento de dicho texto (que, dicho de paso, me gusta mucho). Habla de (oh, sorpresa) adolescencia:

2. Mi juventud propiamente dicha empezó una tarde de sábado, recién clausurado el verano de 1985, cuando, con catorce años, a punto de empezar BUP, fui a jugar a muñecos de Star Wars en casa de mi primo, como llevaba ocho años haciendo. Pero aquel día traería un desenlace inesperado. Mientras mi primo intentaba mostrarme las prestaciones de la nave de Boba Fett, recién incorporada al parque móvil, me di cuenta de que, en lugar de escucharle fascinado, no podía dejar de hojear (terribles ganas de mear; ojos fuera de las cuencas) la remarcable colección de Guido Crepax de su padre[1]. El resto ya lo imaginan. Baste decir que si aquel día acabamos tomando la Estrella de la Muerte no fue gracias a mis famosos movimientos envolventes de tropas. Resulta difícil culminar con éxito la batalla decisiva de la flota rebelde cuando su almirante está encerrado en el baño, realizando una introducción apresurada al cómic erótico de calidad.

Justine fue, a la sazón, el principio pueril de algo fundamental. En el espacio de unos meses pasé de tararear con creciente aprensión la canción de Kenny Rogers que sonaba en el Seat paterno, a sentir escalofríos con el estribillo del “Wild boys” de Duran Duran, a berrear “In the city” de The Jam en el balcón familiar, dando brincos y tratando de escandalizar a los vecinos (que se negaron a ser escandalizados). Un día me ponía la ropa de mercadillo que me compraba mi madre, al siguiente le indicaba qué ropa de mercadillo debía comprarme, al otro me negaba a ponerme esa ropa “trapera” y salía de casa pegando un portazo, al final conseguía, tras mucho implorar, que mi madre me acompañara a Flexor[2] a comprarme un polo Fred Perry (español).

Un día bebía leche con Nesquik, al otro probaba la cerveza (asco), al tercero decidía confeccionar un batido de frutas y licores demodé del armarito de mis viejos (causa plausible de los brincos antes mentados), al cuarto decidía darle una nueva oportunidad a la cerveza (mmm… No, asco), y el viernes ya me echaba al buche el contenido de numerosas Xibecas, moscateles y calimochos, en la fiesta casera de un amigo heavy, antes de arremeter a bailar frenopáticamente el “You really got me” (versión Van Halen) y, como inmediata consecuencia del centrifugado danzón, echar las tripas en la cama de la hermana pequeña.

Poco a poco, mi voz pasó de fiable castrati a impredecible Gallo Claudio. Las chicas eran de repente lo más fascinante del mundo (después de Brighton 64), y me preguntaba cómo había podido odiarlas hasta entonces. Y, ya puestos a preguntar, ¿era sano desear de aquel modo unos zapatos new wave? ¿Debería pintarme las patillas con rimel hasta que me creciesen las de pelo? (decididamente no[3]). ¿Qué me estaba sucediendo? ¿Dónde iba a terminar aquel proceso de mutación? ¿Compraría mi tío nuevos cómics de Guido Crepax? (empezaba a sabérmelos de memoria).


[1] Aún no entiendo qué hacían en la habitación de mi primo, junto a los Astérix. Prefiero no pensar en ello.

[2] Famosa tienda barcelonesa de Fred Perry de concesión española (Comercial Ebro), meca de los mods ochenteros.

[3] Un niu wey de mi instituto lo hizo, en un arrebato de desesperación imberbe, y aún nos reímos de él.”

Coss Que Leo #69: THE STRANGER BESIDE ME, Ann Rule

“Leon County Chief of Detectives, Jack Poitinger, would give a deposition to the defense team in which he recalled that Ted had told him a day later he had a desire to cause great bodily harm to females. Poitinger had asked him why he had such a proclivity for stealing Volkswagens, and he’d said it was because they got good gas mileage.

“Well, come on, Ted. What else is there about it?”

“Well, you can take out the front seat”.

There was a hesitation on Ted’s part, and Poitinger said, “It might be easy to carry someone in the car that way”.

“I don’t like to use that terminology”.

The detectives and the suspect fished around for a word that would suit, and came up with “cargo”.

“It’s easier to carry cargo in them”.

“Why is it easy to carry cargo?”

“You can control it better…”

The stranger beside me

ANN RULE

Sphere, 2019 (publicado originalmente por WW Norton en 1980)

518 págs.

La Canción del Viernes #63: BILLY NOMATES “Hippy Elite”

Canción del mes FIJO y uno de mis más felices descubrimientos. Llegué a ella como el resto del planeta: por el “Mork n Mindy” de los Sleaford Mods. Otra de Billy que me flipa es “No“.

Ella es de Bristol. Me encantan sus letras, sus ritmos todo a cien post-punkos y sus moves. Y su nombre. La canción va de lo que anuncia el título. De putos hippys lucrados.

Cosas Que Leo #68: UNA OBRA MAESTRA, Charles Willeford

“En cuanto el surrealismo nihilista se estableció como corriente artística independiente, se empezó a requerir la presencia de Debierue como ponente. Él rechazaba esas propuestas, por supuesto…

– ¿Por supuesto? ¿No suelen pagar a los ponentes?

– Sí, y le habrían pagado bien, pero un artista no se pone a la defensiva. Y eso es lo que le pasa a todo ponente. Se supone que un crítico habla, agradece las preguntas porque su labor consiste en explicar lo que hace el artista, pero el artista no está formado para esa clase de cosas y lo único que hace es debilitar su postura. Hoy en día, algunos artistas recorren el país dando conferencias, cargados con montones de diapositivas de su obra, y no son más que un grupo de personajes tímidos con dificultades para expresarse. Supongo que cuesta rechazar el dinero, pero si así terminan derrotándose a sí mismos y negando su obra. Un artista creativo no pinta nada delante de un atril de conferenciante, y esto es aplicable a los poetas y a los novelistas tanto como a los pintores”.

Una obra maestra

Charles Willeford

RBA, 2020 (publicado originalmente en 1971 como The Burnt Orange Heresy)

206 págs.

Traducción de Pilar de la peña Minguell

Cosas Que Leo #67: EL DEPARTAMENTO DE TEORÍAS ALUCINANTES, Tom Gauld

Las tiras cómicas de Tom Gauld con un poco de ficción, bastante de ciencia  y mucho de absurdo
El Departamento de Teorías Alucinantes - Es la hora de las tortas!!!

El departamento de teorías alucinantes; tiras cómicas de ciencia

Tom Gauld

Salamandra Graphic

160 págs.